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José Amador de los Ríos.

Historia crítica de la literatura espanola (Volume 2)

. (page 1 of 64)
THE LIBRARY

OF

THE UNIVERSITY
OF CALIFORNIA

LOS ANGELES







HISTORIA CRITICA



DE LA



LITERATURA ESPAfiOLA.



HISTORIA CRIT1CA



DE LA



LITERATURA ESPANOLA,



POR



DON JOSE AMADOR DE LOS RIOS,



IM>IVIIM u DE M'MI-.KU DE LAS REALES ACADEMIAS DE LA HISTORIA v NOBLES

ARTES DE SAN FERNANDO, DECANO DE LA FACULTAD DE FILOSOFIA Y LETT.AS
DE LA UMVERSIDAD CENTRAL, ETC.



TOMO II.




MADRID.

IMPRENTA DE JOSE RODRIGUEZ, FACTOR, NUM. 0.



1MO*.



Es propiedad del autor, quien se rescrva
cl derecho de traduccion y de cxtracto.



Library






ADVERTENCIA.



Consignamos en la Introduction las razones que nos forzaban a es-
tudiar, con mayor esmero y cuidado del que ban mostrado hasta
ahora cuantos trataron de nuestra historia literaria, el largo pe-
riodo que media desde el gran desastre del rey don Rodrigo hasta
el momento en que empiezan a ser escritas las producciones del
arte vulgar en el habla de las regiones centrales de la Peninsula.
Sobre la afrenta del Guadalete (deciamos) se levanta una nueva
monarquia, destinada a restituir a Espana su libertad, su indepen-
dencia y su poderio en la mas tremenda y tenaz lucha que ban
visto los siglos. Fdrmase en esta lucba el pueblo espanol, propia-
mente dicho: ella es el campo siempre abierto, donde se forta-
lecen las creencias, donde nace y florece su patriotismo, donde
se crea finalmente su caracter: por eso es la epoca mas intere-
sante de su historia y la que mas debe llamar la atencion de la
critica '.

Partiendo de este principio, no podiamos jnenospreciar, sin roe-
recer titulo de frivolos e inconsecuentes, el glorioso y dificil perio-
do que se inaugura con eltriunfo de Covadonga y se cierra con la
conquista de Toledo, la cual tiene por coetanea la mas prodigiosa,
aunque transitoria, de Valencia. E1 examen de los poetas, fildsofos



Pig. XCIX.



VI

e historiadores que florecieron en la antigiiedad, el estudio de los
historiadores y primeros poetas del cristianismo, y el no menos in-
teresante de los claros varones que ilustran los tiempos visigodos
(anadiamos sobre este punto), nos abriran el camino para penetrar
en la oscuridad de los primeros siglos de la reconquista, donde
aprenderemos a quilatar maduramente, y ajenos de arbitrarias teo-
rias 6 sistemas preconcebidos, asi los elementos que sobreviven a la
gran ruina del Guadalete como los que van surgiendo dia tras dia
en medio de los grandes conflictos de la sociedad cristiana, ora la
consideremos en las libres montanas de Asturias y Aragon, ora bajo
el yugo del Islam a orillas del Betis. Cuantas investigaciones nazcan
y se deriven de este estudio con relacion al arte, seran consideradas
por nosotros como cuestiones de origenes, y caeran por tanto en la
primera parte de nuestra Hisloria critica, ya se refieran a las fuen-
tes de las formas artisticas 6 populares de la poesia y de la historia,
ya a las de los romances espafioles y de la lengua castellana ' .

Y era tanto mas necesario fijar nuestras miradas en tan poco es-
tudiado periodo, cuanto que son mayores y mas trascendentales los
errores, que cunden por desgracia entre los doctos, suponiendose,
6 mejor diciendo, dandose por cosa indubitada que los cristiarios
acogidos a las montanas de Asturias; aquellos beroes que salvaban
la independencia de Espafia, fundando sobre mas anchas y durade-
ras bases una nueva monarquia; aquellos prelados y sacerdotes que
arrojados de sus sillas y de sus hogares, buscaron asilo una y otra
vez en los valles de Cangas y en las gargantas del Infiesto, llevan-
do alii, como en sagrado deposito, los tesoros de las ciencias, de
las letras y de las artes, tales como liabian sido defmidas y enseiia-
das por el grande Isidore; aquellos reyes, que mientras con animo
infatigable defendian y ensanchaban el nuevo imperio, mostraban
su generosa iluslracion, ora levantando bellas basilicas, en que se
reflejaba poderosamente el arte latino-bizantino cultivado en la ciu-
dad de los Concilios, ora fabricando riquisimas preseas para el cul-
lo, donde se recogian e incrustaban con plausible celo inextima-
bles reliquias del arte griego y romano, ora acaudalando las basili-
cas y monasteries, verdaderos centres de ciencia y de cultura, con
numerosos libros de literatura profana y sagrada, 6 ya en fin exei-
tando a los mas doctos al util cultivo de las letras,... habian caido



Til

rn total barbarie, pennaneciendo largo tierapo sin artes ni litera-
tura *.

Esta aseveracion, desmentida por tantos hechos y monumentos,
enteramente desconocidos de los que la ban emitido y sustentado,
estaban exigiendo saludable correctivo. La tradicion de las letras y
de las artes no se interrumpe en el suelo de Asturias, donde logra
salvarse, con la independencia del pueblo espafiol, la civilizacion
hispano-latina, representada en Sevilla y Toledo por los Leandros
e Isidoros, los Eugenics e Ildet'onsos. Demostracion irrecusable de
esta verdad hemos presentado ya al mundo artistico en el ensayo
bistdrico-critico, dado a luz el afio ultimo con el titulo de El Arte
latino-bizantino enEspana y las coronas visigodas de Guarramr:
abrigamos aliora, respecto del mundo literario, la esperanza de que
suspenderan al menos su juicio los hombres doctos e imparciales,
deteniendose a considerar, en vista de los estudios que en el pre-
sente volumen ofrecemos, lo que fue y signified en sus primeros
dias bajo todos conceptos, la obra inmortal de la reconquista, y lo
que signified y todavia significa en la historia de la civilizacion es-
panola.

Y cuando, tras estas consideraciones de drden tan superior, repa-
rabamos en la necesidad, por extreme imperiosa, de seguir paso a
paso y reconocer en su vario desenvolvimiento el genio artistico-
literario deEspafia, para quilatar debidamente, segun en lugar pro-
pio observamos, las leyes internas, a que sujeta su existencia, y las
vicisitudes y accidentes que atanen a la realizacion de sus creacio-
nes, no podiamos ya abrigar duda alguna en que solo adoptando
el metodo realmente histdrico, era hacedero echar durables cimien-
tos a esta parte de nuestra Historia critica, enlazando de una ma-
nera indestructible la gran manifestacion latina con la manifestacion
que tiene por instrurnento el babla de Berceo y del Hey Sabio, de
Mena y de Santillana, de Lope y de Cervantes.

La dificultad de llegar felizmente a la meta indicada, parecia ser
mayor a medida que se mostraba a nuestra vista mas erizada de
errores y contradicciones la unica senda que a ella conducia: con
el anhelo de la verdad y con la firme conviccion de que no serian
de todo punto esteriles nuestras vigilias, hemos atendido a dar



\ Enrique Tomas Blucklc, Historia de la civilization de Inglaterra, to-
mo II, cap. I. Londrcs, i86l.



VIII

cima si estas arduas tareas, procurando despojarnos en nuestras in-
vestigaciones de toda formal predilection y de todo espiritu de escue-
la. A los hombres doctos que buscan la verdad, ajenos de todapreo-
cupacion y exentos de toda idea d teoria por ellos irreflexivamente
halagada, sometemos pues gustosos el resultado de los trabajos
comprendidos en este voliimen, sin duda los mas improbos por su
naturaleza de cuantos puede ofrecer una historia critica, respecto
de cualquiera de las literaturas modernas. Seguros estamos de que,
si no aplauden y siguen en toda ocasion nuestros juicios y opinio-
nes, sabran al menos mirar indulgentes nuestras inadvertencias 6
extravios, en gracia del anhelo y de la buena fe, con quehemos so-
licitado el acierto.



HISTORIA CRIT1CA



E LA



LITERATURA ESPAflOLA.



I.' PARTE.



TOMO l|.



CAPITULO XL
ESCRITORES DE LA INVASION MAIIOMETANA,



JUAN HISPALENSE. CIXILA. ISIDORO PACENSE, etc.

Primeros estragos de la conquista. Armanse los judios para oprimir d los
cspauoles. Esperanzas defraudadas de estos sobre la permanencia de los
arabes en Espana. Su establecimiento. Caracterde la invasion mahome-
tana. Pueblos que vienen d la Peninsula. Resultado de la conquista.
Capitulaciones. Su indole y naturaleza especial. Cristianos reducidos &
servidumbre: los mozdrabes. Cristianos independientes: monarquia astu-
riana. Su constitucion. La nobleza. La potestad real: don Pelayo.
Rdpidos progresos de las armas cristianas. Paralelo entre los mozarabes
ylos cristianos independientes. Recbazan unos y otros la influencia mus-
limica. Califato de Cordoba. Abd-er-Rahman. Cardcter de la civiliza-
tion musulmana. Su ineficacia para infundir su espiritu a la de otros
pueblos. Polilica de Abd-er-Ralunan. Ingenios espanoles del siglo VIII.
Juan Hispalense. Cixila. Isidore Pacense: sus obras. Cardcter de es-
tos escritores. Conturbacion de la Iglesia. Elipando. Ethorio y Bea-
to. Resumen.



oiete largos siglos habian vivido los espanoles eii servidumbre,
desde la ultima guerra de Augusto, sin que pudieran dar testi-
monio de aquel indomable esfuerzo, que oblig<3 a la Ropi'ibliw
romana a decretar su exterminio, para lograr la dominacion do
la Peninsula Ib^rica. Mas si a costa de su indepcndencia ronsi-
guieron las Espauas el fruto de la civilizacion del antiguo mundo,
y si esta misma civilizacion, modificada y dirigida pnr ol



4 HISTORU CKhlCA OF. I.A LITERATURA ESI'ANOLA.

mo a un fin mas alto, habia ternplado la barbaric de los visigo-
dos, (jue suplantaron a Roma en la domination de Iberia, rota
ahora por el alfange mahometano aquella pesada coyunda, iban a
rcnacer pur una parte los antiguos instintos guerreros de los pri-
mitives pobladores, despertando por otra la bravura de aquel pue-
blo, que habia levantado el imper-io de su espada sobre el trono
de los Cesares.

Costosa era sin embargo aquella manera de renacimiento, y
tristo el espectaculo quo presentaba la monarquia, temida antes de
las naciones. Sola y odiada en medio de los pueblos que habia li-
ranizado con la fuerza y envilecido con la servidumbre, faltabanle
on aquel instante supremo sus naturales ayudadores. El no resis-
tido valor de sus guerreros, la generosa magnanimidad de sus
eaudillos y dc sus principes, el terror prestigioso de su nombre,
que basto a domar en otro tiempo dilatadas regiones, la doctrina
de los obispos catolieos, la adhesion fraternal de la grey hispano-
latina, la intcligente devotion de los hebreos, la sumision de los
esclavos idulatras , todo le faltaba para afrontar en larga y renida
eontienda la pujanza de los mahometanos; y abandonado en mi-
tad de su disipacion y de sus crimenes, cayfr aquel soberbio im-
perio que se juzgaba eterno, derribado por el dedo del Altisimo,
para ejemplo de pueblos que, olvidadas las virtudes nacidas dc la
religion y de la moral, se acuestan en los placcres de los vicios,
despertando en las angustias de la muerte.

Derramandose por todas las provincias de Espafia, despues del
iriunfo de Jerez [19 de julio 711], no hallaban las escasas huestes
de Tariq-ben-Zeyad 1 , enviadas por Muza-ben-Nosayr solo para
tontar nueva fortuna 2 , valladar que refrenarasu pujanza: enojado



1 Segun los m;is aulorizados historiadorcs arabes, componianse las falan-
gM dc Tariq <\c side mil eombnlientos, casi todos africanos, los cualcs pasa-
ron nl Eslrccho en cuatro navios do mcrcaclcros que habia facilitado ol con-
<lc don Julian, dosdc quo animadu del ospiritu dc la rebclion y la vcnganza,
^xcilo :i Muza ronlra sn palria, colocando su nombrc en el catalogo do los
traidoros.

2 Esla era la sc^unda tonlativa. En 710 habia enviado el mismo Muza
con ciiatrocicnlos infantes y rien rabnllos, al valcroso Tarif-Ebn-Zarc:i, quie-
nos habicndn dadu i!e rclialo sobre Algeeiras, snquearon sus onntornns, vol-



1'ARTE I, CAP. XI. ESCRITORES Mi LA LVVASION MAHOMETAN. S

cl walid de Africa contra su lugarteniente, que sc habia exeedido
desus mandates tras el exito de aquella batalla, y eiividioso de
sus victorias, pasaba tambien a la Iberia para tomar parte en aque-
lla inesperada conquista [junio de 712]: Cordoba, Ecija, Sevilla y
Elvira en la Be"tica; Paz-Augusta y Me"rida en la Lusitania; Toledo,
Guadalajara y Murcia en la Cartaginense; Braga, Astorga y Lugo
en la Gallega; Zaragoza, Huesca y Barcelona en la Tarraconense,
cuantas ciudades y fortalezas osaron resistir dentro de la Penin-
sula el frapetu de los vencedores, victimas de la crueldad de Ta-
riq 6 de la codicia de Muza, caian bajo el yugo del Islam, rcdu-
cidas a misero cautiverio. En vano Teodorniro, a quicn apellida-
rou sus coetaneos amador de las letras y orador admirable, y cuya
lanza se habia blandido la primera contra los sectarios de Maho-
ma, buscando asilo en las comarcas, que gobernaba en nom-
bre de Rodrigo, procuraba defender la independencia del suelo
espanol, recordando el valor hertiico de sus antepasados: ven-
cido por Abda-1-aziz en las llanuras de Lorca, encerrabase al fin
en Orihuela, y agotadas sus fuerzas en 'la defensa, sujetabase a la
soberania de los Califas de Damasco, quedando asi derribado en
las Espaiias el ultimo baluarte visigodo 1 .

viendose rapidamentc al Africa. Gcncralmcntc confundcn nucstrus historiado-
rcs eslas cxpodicioncs, haciendo uno dc arabos caudillos. El arzobispo don
Rodrigo dctcrmino sin embargo pcrfcclamcntc una y otra cmprcsa: liablaudo
dc la primera expedicion, dcspues de indicar que el Califa Al-walid (Abulit
Amiramomenino Arabum) previno a Muza que enviasc ;l Espana muy poca
gente, para probar las promesas del eonde don Julian, docia: I\luxa aiitoin mi-
sit cum comite Inliano quemdam Tarif nomine, cl c'ognominc Abenzarcha,
cum C militibus cl C'C'CC pcdilibus africanis; el hi in qnator navibus tran-
sicrunt, anno arabum XC primo, yEra DCCL in mense qui dicilur Ramadan.
Et isle (nil primus advcnlus arabum cilra marc, elc. (Lib. Ilf, cap. XVIIlj.
Tralando luogo expresaincnlc De sccundo introilu arabum in llispaniam, i-scri~
Ilia: Post haec Muza vocatus Abulit a Miramomenino, ivit in Friquiam, 1-0-
licto in patriae principalu Taric Abcnliel, qui oral strabo, cui iniunxit, ut lu-
lianocomiti auxilio largirctur, ct amiciciam conservaret, etc. (Id. id., capi-
tulo XIX). Prosigue la narracion do la segunda cnlruda dc los arabes t\f\ nmdo
generalincnte rccibido, no sin admirar la inesperada forluna dc Tariq-l>fMi-Xo-
yad, quicn Iraia c-ncargo do hacor solamcnte lo que en aralte se llama una (,a-
ma 6 razzia t _* ji, s'j ji.
\ El convcni-j ciilrc Teodjiniro y Abia-I-azis ci'lobra-lo on Uriliucla [An-



fi HISTORIA CIliTlCA DE LA LITERATURA ESPASOLA.

Tres anos no cumplidos bastaron a consumar la obra comen-
zada en las sangrientas jornadas de Guadalete [Guad-al-Leccaj;
Espana, que al decir de los mismos arabes aventajaba la bondad
de la Siria en cielo y tierra, la blandura del Y6men en la benig-
nidad de su clima, la dulzura de la India en sus aromas y sus flo-
res, la abundancia del Hegiad en sus frutos y la riqueza del Ca-
tay en sus preciosas minas *, cruzada sin cesar por las terribles
lalanges mahometanas, veia saqueadas 6 incendiadas sus mas no-
bles ciudades, despojades sus templos, vilipendiadas sus virgenes,
en infamantes suplicios sus ancianos, y en triste esclavitud sus
mas valientes hijos 8 . Las riquezas en tantos siglos amontonadas



riola] comprehdia tarabicn las ciutladcs de Valencia, Alicante, Mula, Bocsara,
Ota y Lorca, sicnclo notable la tcmplanza dc las capilulaciones, efccto del va-
lor y la pcricia de Teodomiro (Conde, Domin. de ios drabes, pag. 50 del to-
mo I). Pueden verse en Casiri (tomo II, pag. 106), donde se inserta el texto,
y su extracto en la Cronica del Moro Rasis (Mem. de la Real Acad. de la Hist.,
tomo VIII, pag. 79). Esta sombra de soberania duro solo hasta la venida a
Espafia de Abd-er-Rahman I, que procure dcstruir cuantos obstaculos sc opo-
nian a la unidad de su nuevo imperio. El Pacense, a quien en el tcxto aludi-
mos, elogia en efccto sobremanera el talcnto e instruction de Teodomiro, di-
cicndo: (cfuit enim scripturarum amator, eloquentia mirificus, in praeliis ex-
pedilus,)) etc. (Num. XXXVIII).

1 Vease cl cap. XX del lib. Ill del arzobispo don Rodrigo, que luvo pre-
sentos los liistoriadores mahometanos, y el VIII de la Domination de los dra-
bes por Conde, de quien ban tornado csta pintura la mayor parte de los histo-
riadores del presenle siglo, si bien cargandole al propio ticmpo dc acusacio-
nes y dicterios.

2 He aqui las dolorosas clausulas en que Isidore Pacense, condenada lara-
paz codicia de los primcros conquistadores, nos reficre como el insaciable Mu-
za, elegidos los mas nobles ancianos de Espafia que habian escapado al hierro
musulman, partio en busca del Califa Al-walid, llcvando consigo inmensos
tesoros: Muza explclis quimlccim mensibus [Sel.de 713] a Principis iussu
[de Al-walid] praemonilus, Abdallazis filium linquens in locum suum, leclis
HispaniaeScnioribus, qui cvascrant gladium, cum auro, argenlove, trapczita-
rum studio comprobatos, vel Insigniorum ornamenlorum, etc... Ulit Regis re-
patriando sese praescntans,)) etc. (Chron., EraDCCLI). Uno dc los historiado-
rcs arabes mas digno de rospclo, cuyo teslimonio tcncmos abajo presenle, -ob-
serva, al tocar cstcpunto, que Muza (dlcvaba consigo cien mil prisioncros
cntre hombrcs, mujercs y nifios, con cuatrocienlos varonos dc la sangrc real
))'le los godos.n



PARTE I, CAP. XI. ESCR1TOIIES DE LA IISVASION MAHOMETAN. 7

por reyes, prelados y magnates visigodos, hartaban apenas la sed
de oro de los conquistadores '; y aun las ciudades y los monu-
mentos que las encerraban, derivation suntuosa de la grandeza
romana, daban pabulo a su furor y a su codicia 2 . No parecia

1 Sin el Icstimonio, no sospechoso, de los historiadorcs arabcs, nos seria
hoy de todo punto imposible el format idea de la riqueza allegada por los vi-
sigodos en alcazares (aulas rcgias), palacios episcopales (alrios) y basilicas.
Ebn Alwardi, en su Perla de las maravillas, Bayan-Almoghreb, Abdelmelic-
Ebn-Habib, Allaitz-Ebn-Sad, Ebn-Hayan, Al-maccari, Aben-Adhari y otros,
en sus historias, noshan trasmitidoen efecto las mas interesantcs noticias res-
peclo de los tesoros de Toledo, corte de los rcyes visigodos, cuyos maravillo-
sos palacios describen llenos de admiracion y dc entusiasmo. Por ellas se con-
firma ampliamcnte cuanto el grande Isidoro nos ensefia sobrc el fausto y la opu-
lencia de la corte visigoda en su Libra de las Etimologias: las preseas y vasos
de oro y plata llenaban un aposento del sunluoso alcazar; cicnto setenta coro-
nas y diademas dc oro, exornadas de picdras preciosas, hallaba Tariq en el
referido palacio; y en medio de tanta riqueza brillaba un Psalterio de David,
escrito en laminas de oro (bracteae) con caracteres yunanies (griegos) y agua
dc rubi disuelto, faltando palabras para dcscribir la prodigiosa Mesa de Sa-
lomon, cuajada de perlas y esmeraldas, incrustada de gruesos rubies, zafiros
y topacios, y ornada de trcs coronas 6 collaresde oro, guarnecidos de aljofar.
IS'i fue menor la magnificencia de las basilicas, donde reyes, prelados y mag-
nates, ofrcndaban de continue coronas, baltcos, columbas, cruces, atriles y
todo genero de vasos para el culto, labrados de oro y enriquecidos de picdras
preciosas; todo lo cual ban comprobado, con grande y vcrdadero inlcres para
la historia, los dcscubrimienlos licchos en 1858 y 1859 en las Huertas dc
Cuarrazar (partido de Guadamur, provincia de Toledo), que mucho ticmpo
despues de terminados estos estudios hcmos procurado ilustrar en cl libro
publicado por la Real Academia de San Fernando, bajo cl titulo de El arte
latino-bizantino en Espana y las coronas visigodas de Gtiarrazar (1861). Dado*
alii a luz los lextos originales, tornados de los historiadorcs arabcs, juzgamos
innccesario cl reproducirlos en estc sitio. Dc lodo rcsulta que sorprendidus
los mahometanos por lantas riquezas, dieron rienda suelta a su codicia, lle-
gando hasla trcinta el numero de carros de oro, plata y todo linajc dc pedre-
ria, como rubies, zafiros, perlas y esmeraldas, que presento Muza-ben-Nosayr
al Califa Al-walid, lo cual no le libcrlo de las sospechas que le seiialaban
como ocultador de grandes tesoros.

2 Pintando cl arzobispo don Rodrigo el doloroso cuadro dc la invasion
mahomctana, escribia; uSancluaria dcstruunlur, ccclesiae diruuntur; cl quac
laudabant in cymbalis, provocant in blasphemiis: lignum salutis a sanctis
eiicitur. Noncsl, quiaspiciat, ulsalvclur; solemnia pcnitus ccssaverunl, el cc-
clesiac organa in blasphemiam transicrunl. Non ost qui iubilct in ccclesiis, *t



8 H1STORIA CRiTICA DE LA LITERATURA ESPA?OLA.

sino que enviados por la Providencia para castigar las torpczas de
aquella sociedad, envejecida por los crimenes y los vicios, dupli-
eabari a sabiendas la dureza, haciendo mas sensible el castigo de
los que, sin virtud bastante para defender los profanados hoga-
res, traian a la memoria, en medio de su envilecimiento, la li-
bertad y poderio de sus mayores.

Y para colrno de humillacion y de ignominia, no apurada aim
la amargura del vencimiento, contemplaban los espanoles levanta-
do sobre sus cabezas cl azote de una raza, perseguida antes y pros-
erita, la cual pagaba en un solo momento las ofensas de muchos
siglos. Faltos sin duda de presidios para las ciudades vencidas y las
que temerosas de mayor estrago les abrieron sus puertas, armaban
los arabes a, los descendientes de Judah, confiandoles la custodia
de las mismas ciudades, mientras volaban a nuevas conquistas; y
aquellos bombres que fueron los primeros a despertar la codicia de
los mahometanos, brindandoles con las riquezas de Espana, no ol-
vidados de las persecuciones de Sisebuto y de Egica, ofrecieronse
facilmente a ser instrumento de opresion, sin reparar en que
grabada profundamente esta injuria en la memoria de los cristia-
nos, debia ser terrible la expiacion, trasmitida de edad en edad
la obligacion de la venganza ' .

subsannat confcssio Machometi. Defocdat abusio ornamenta, ct vasa sancta con-
taminant alieni: religionem devorant inimici et omnis habitatio desolatur, cum
occiditur habitator. Civitates ignominiis consumuntur ct quaeque viridia suc-
ciduntur. Adeo enim pcstis invaluit, quod in tota Hispania non remansit ci-
vilas cathcdralis, quac non fuerit aut inccnsa aut dirula (Lib. Ill, cap. XXI).
Adelante vercmos como aun en los dias en que los mahometanos aspiran a
cmular la grandeza de los monumcntos espanoles, los destruyen para apli-
carlos a la construccion de sus mezquitas, alcazares y fortalezas.

1 Vease lo que sobre la conducta observada por los judios, dice el moro
Rasis (41. a Parte de su Crdnica, Mem. de la Real Acad. de la Hist., tomo VI,
paff. 67 y siguientes). El arzobispo don Rodrigo, tratando de la perdida de
Cordoba, escribia: Iudaeos autem, qui inibi morabantur, cum suis arabi-
bus, ad populationcm et custodiam Cordubae dimiserunt (lib. Ill, capftu-
lo XXII). Y al hablar de la toma dc Malaga, Murcia y Granada, afiade so-
bre Sevilla: Ipse autem, captam Hispalim de iudaeis et arabibus populavit,
't inde ivit Beiam et non dispendio simili occupavit (Id., cap. XXIII). Mcn-
cionando por ultimo la conquista de Toledo, observaba: Taric autem ex ara~
quos secum duxerat, et iudacis quos Tolcti invencrat, mnnivit Tole-



PARTE I, CAP. XI. ESCRITOKES DE LA INVASION MAHOMET ANA. 9

Creyeron sin embargo los espanoles, al caer sobre las desam-
paradas provincias las huestes dc Tariq y de Muza, que pasando,
cual veloz torrente, aquel enjainbre de trlbns feroces, que todo lo
asolaba y destruia, y saciada ya la avaricia de los caudillos que les
arrebataba sus tesoros, tornarianse al Africa los vencedores, pa-
gados de lajnaudita presa hecha en las Espanas. Alentaba esta es-
peranza la misma sana y crueldad de los conquistadores, no com-
prendi6ndose que empezaran por esquilmar y destruir el suelo don-
de intentaban asentar su poderio, los que no se habian raostrado
avaros en las capitulaciones otorgadas a los vencidos: confirmaba
aquella sospecha el corto numero de los combaticntes traidos del
Africa, y coutribuia por ultimo a darle color la misma necesidad
en que los capitanes mabometanos se habian visto, de poner en
manos de los hebreos la guarda de las fortalezas, atentos solo a
evitar el alzamiento de los pueblos, que dejaban a las espaldas en
sus triunfantes expediciones. Mas cuando aplacado el primer dcs-
6rden de la conquista, vieron pasar a las costas de la Be"tica nue-
vos eje"rcitos, y supieron los castigos impuestos por los Califas a
Muza y Abda-1-aziz, acusado el primero por su rapacidad y perse-
guido el segundo por atribuirsele el proyecto de coronarse rev de
Espana; cuando tras estos amires contemplaron en el gobierno a
los walies Ayyub-ben-Habib, Al-Horr-ben-Abd-er-Rahman y As-
samh-ben-Maleq, los cuales procuraban no solamente afianzar la
conquista, dando forma a la administracion publica, sino llcvar



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