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José Amador de los Ríos.

Historia crítica de la literatura espanola (Volume 2)

. (page 11 of 64)

conducta, lanzaban contra los no vencidos confesores de Cristo
formidables acusaciones.

Era este sin duda el mayor conflicto en que habia puesto a los
cristianos la politica de los Califas, que habiendo hallado en Re-
cafredo facil instruments a sus designios, oprimia a los obispos,
abades y sacerdotes, que patrocinaban y defendian, con el egem-
plo de los primeros siglos de la Iglesia, la espontaneidad del mar-
tirio. Mas si cundiendo dolorosamente la cizaiia, poniase crecido
numero de cristianos de parte de los muslimes, no faltaron por
cierto denodados adalides, que guiados por la luz de la verdad y
revestidos con las armas invencibles de la elocuencia cristiana,
salieraii en defensa del Evangelic, que traido con ignorancia 6
protervia en auxilio del Koram, era diariamente profanado.

Distinguianse entre estos generosos atletas Eulogio y Alvaro
Paulo, varones estrechamente unidos desde la juventud por los
lazos de la amistad y de la doctrina, modelos de virtud y de cons-
tancia, y personificacion verdadera de la piedad y del patriotismo.
Hijo el primero de ilustre familia hispano-romana, habiase consa-
grado en la basilica de San Zoylo al cultivo de las letras latinas,
detestando la peligrosa y forzada ensenanza de los mahometanos;
y apurada alii toda la ciencia de sus maestros, Ilev61e la fama de
Esperaindeo a su docta escuela, donde sobre admirar la superio-
ridad de aquel hombre extraordinario, tuvo tambien la dicha de
conocer a Alvaro, cuya amistad debia perpetuarse mas alia del se-
pulcro 2 . Recibidas las 6rdenes sagradas, abrig6 el proyecto de
peregrinar a Roma, pensamiento de que le disuaditi su tierno
amigo, temeroso de perderle. Mas al cabo dejaba Eulogio la ciu-
dad nativa, en busca de dos hermanos suyos que comerciaban
fuera de Espana, dirigiejidose con dicho proposito a los Pirineos
orientales; y aunque fue" en este punto enteramente inutil su via-
je, por no consentirle la guerra que Guillermo de Barcelona sos-



1 Indie. Lum., num. IX.

2 Alvaro dccia con cstc proposito: Ibi [in aula Spcrandci] cum [Eulo-
gium] primitus videre morui ubi cius amiciliac dulci inhncsir ibi illi individua
sum nexus dulccdino) (Vita B. Mart. Eulog., num. II).



PARTE I, CAP. XII. ESCRITORES CRISTIANOS DEL CALIFATO. 95

tenia contra el rey Carlos, penetrar en las Galias, volvi6 a su pa-
tria honrado con la amistad de muy dignos varones, y enrique-
cido con numerosos ctidices, cntre los cuales se contaban las obras
inraortales de Yirgilio, Horacio y Juvenal, forraando, asi como
las de Porfirio y Avieno, singular contraste con la Ciudad de
Dios, debida a la pluma de Agustino, y con los himnos cantados
por la Iglesia visigoda y las poesias sagradas de Adhelelmo, te-
nidas a la sazon en mucha estima [849].

Grande fu<5 el efecto producido en lae escuelas mozarabes con
la reaparicion de estos preciados tesoros; pero mientras se mos-
traba Eulogio infatigable en promover y llevar a cabo, ayudado
de su amigo Alvaro, esta manera de restauraciou literaria ! , quo
tan de cerca tocaba a la religion y al patriotismo, Ileg6 el solem-
ne momento de poner a prueba la ciencia y la virtud en tantos
anos acaudaladas, comenzando desde entonces aquella vida llena
de augustias y sobresaltos, en que iban a resplandecer la grandeza
y ternura de su alma, cornpartiendo con su amigo, a quien da-
ba titulo de hermano, las penalidades y trabajos. Alvaro, que
se preciaba de traer su origen de antiquisima estirpe hebrea,
honrandose igualmente con llevar en sus venas sangre visigoda 2 ,



< Alvaro pintaba este noble afan de su amigo, dicicndo: Quae enim illi
non patucrunt volumina?... iQuae potucrunt cum latcre ingenia catholicorum ,
philosophorum, haercticorum, nccnon Gentilium? L 7 bi libri crant metric!, ubi
prosatici, ubi historici, qui eius invesligationem cfugercnt? Ubi versus, quo-
rum illi ignoraret canora? Ubi hymni, velperegrina opuscula, quae eius non
pcrcurrcret pulcherrimus oculus? Quotidie enim nova et egrcgie admiranda
quasi a ruderibus et fossis effodiens, thesauros elucidabat invisoso (Vila B.
Mart. Eulog., num. VIII). Hablando dcspues de su viaje a Francia, afiadia:
fndc secum librum ('.iritnii* Bcalissimi Augustini, el &neidos Virgilli, et Ju-
venalis metricos itidcm libros, atque Flacci satyrata pocmata, scu Porphirii
depicla opuscula, vcl Adlielelmi epigrammatum opera, nccnon Avieni fabu-
las mctricas, et Hymnorum Catholicorum fulgida carmina (num. IX). Conve-
nientc crcemos observar que estos himnos, de que habla Alvaro, dcbian scr
los comprendidos en el Himnario-Hispano-latino-gotico, de quo hemos liablado
en cl cap. X, y a los cuales dedicarnos las Iluslraciones del primer tomo.

2 "Veasc la Epist. XVIII, ad Transgressorcm (EspatlaSagrada, lomo XI,
pags. iOysigs.; id., 190ysigs.). Sobrc este punto debe noiarse que los con-
tomporaneos de Alvaro, Esperaindco y San Eulopio, Ic saludaban con los ti-



96 HISTORIA CRlTICA DE LA LITERATURA ESPAfiOLA.

habia alcanzado en tanto no menor autoridad entre sus compa-
tricios.

Dedicado antes que Eulogio al estudio de la literatura eclesias-
tica en la escuela de Esperaindeo, descubriti desde su juventud
tanta madurez y rectitud de juicio, que no solamente era con-
sul tado en toda dificil cuestion por sus condiscipulos, sino tam-
bien por su esclarecido maestro 1 . Debi6 a este sin embargo aque-
lla claridad de doctrina, aquel ardiente amor al catolicismo, y
aquella aversion profunda a los errores del Koram, desplegados
en el Apologttico contra Mahoma, prendas que brillaron despues
con toda su pureza en las obras de Alvaro; y ya ejercitandose en
arduas discusiones literarias, en las cuales sostenia contra Juan
Hispalense, que no escribieron los Padres para ostentar simple-
mente bellezas de estilo, ni ilustrar con sus obras el arte de Do-
nato 2 ; ya defendiendo la verdad evang^lica contra los here-



tulos de excelso, eximio, serentsimo, ilustre, y su amigo Juan Hispalense con el
de Aurelio Flavio, etc.; lo cualprueba, sobre mostrar lainfluencia clasica que
dominaba en las' esferas literarias, y la posicion ventajosa que alcanzaba Al-
varo entre los mozarabes,la facilidadcon que estos tratamientos se concedian,
seual evidente de mortal decadencia. Respecto de su origen visigodo no parece
dejar duda, cuando en la XX. a de sus Eplstolas, Transgresori directa, excla-
raaba, recordando las palabras de Isidore, al describir este el pueblo de Ataul-
fo: Ego sum, ego sum, quern Alexander vitandum pronuntiavit: Pyrrhus
pertimuit: Caesar exhorruit. De nobisquoqueet noster Hieronymus dicit: Cor-
nu habet in fronte; longefuge (Espana Sagrada, id., pag. 218; vease nuestro
tomo I, pag. 368). Notable es por cierto este lenguaje en quien padecia servi-
dumbre, y senal segura de que no habia logrado ahogar la politica de los
Califas el noble espiritu de los Ildefonsos y Julianes.

1 El abad Esperaindeo escribia al mismo Alvaro, recordandole que habia
sido consul tado por otros en las mas arduas materias.y pidicndole parecer y
consejo: Me iterum clam instruat, ut olim fecit alios (Espafta Sagrada,
tomo XI, pag. 148).

2 Alvaro, que scgutrveremos despues, parecia condenar las Icyes de gra_
maticos y retoricos, mientras hacia grandes csfucrzos para practicarlas, alu-
dia en la Epist. I. a , dirigida a Juan Hispalense, al cclebrado gramatico del
siglo IV, Elio Donato, maestro de San Agustin, cuyo arte, citado a mcnudo
por San Isidoro en sus Origenes, lograba en Espana singular aprccio duranle
el siglo XI, asi eatrc los mozarabes como entre los cristianos de Aslurias (Vea-
se el Chronicon Abeldense, num. V). Pcro es lo notable quc exliaclado ya y



PARTE I, CAP. XII. ESCRITORES CRISTIANOS DEL CAL1FATO. 97

jes *; ya en fin pulverizando los delirios del aptistata Eleazaro 2 ,
preparabase para entrar en la memorable Era del martirio, envi-
diando en Eulogio el ministerio del sacerdocio, de que le habian
apartado las flaquezas de la carne 3 .

Al inaugurarse pues aquella sorprendente lucha entre el Evan-
gelio y elKoram, saltaron Alvaro y Eulogio en la sangrienta are-
na, para defender y patrocinar con todas las fuerzas de su corazon
y de su inteligencia a los que ofrendaban sus vidas en aras de la
religion y del patriotismo. Asi los que juntos habian penetrado los
misterios de las Santas Esorituras, nutriendo su espiritu con las
ensenanzas de los historiadores, oradores y peetas de la antigiie-
dad clasica, y completando su educacion literaria con la asidua
lectura y discreta imitacion de los Padres y de los poetas.sagra-
dos 4 ; los que empenados vivamente en el restablecimiento de la



comentado, llegara al siglo XV con igual estima: en los Capilulos acordados
en 1412 para los estudios generales de Valencia, se lee en el parr. IX, des-
pues de tratar de la filosofia, la logica y la gramatica: cdlem... dictus magis-
ter facial aliquam utilem declarationem scholaribus de libro, qui dicitur Par-
vus Donatusn (Villan., Viage liter., tomo II, pag. 188). Lo raismo sucedia en
las demas universidades, y no otra cosa parecc adverlirnos, respecto de Italia,
el autor de la Divina Commedia, cuando en el canto XII del Paraiso le pone
entre otros varones, ilustres por su saber y santidad, diciendo:

e quel Douato,

Ch' alia prim'arte degno poner maiio.

Petrarca parecio profesarle igual respeto, dedicando a su memoria el libro
De Ignorant id sui ipsius et mullorum.

\ Epist. VII de las publicadas por Florez.

2 Episls. XIV, XVI, XVII, XVIII y XX. a citadas.

3 Alvaro decia, hablando dc Eulogio: Ille sacerdotii ornatus munere...
ego luxuriae et voluptatis luto confectus, terra tenus repens hactenus trahor
(Vita B. Mart. Eulog., num. I).

. 4 Refkiendo Alvaro estos ejercicios de la juvcntud, escribia: Agebamus
ntrique scripturarum delcctabilem lusum et scalmum, in lacu nescicntes rege-
re, Euxini maris credebamur fragori. Nam puerilcs contentioncs pro doctrinis,
quibus dividebamur, non odiose, sed delectabiliter epistolatim in inviccin
ogimus, ct rhitmicis vcrsibus nos laudibus mulcebamus: et hoc erat cxerci-
tium nobis melle suavius, favis iucundius, et in anteriora nos quolidie ex-
tendentes, multa inadibilia tentare in Scripturis, pueriles immatura docibilitas
coegit. Ha ut volumina condercmus, quae postea aetas mutata abolenda, ne
TOMO II. 7



98 HISTORIA CRtTICA DE LA LITERATURA ESPANOLA.

literatura latino-eclesiastica, habian protestado juntos contra la
politica de los Califas, dirigida a borrar, con el uso de la lengua
nativa, la nacionalidad de los mozarabes, y tras ella la religion
del Cruciflcado; oponian juntos su pecho a la incredulidad y a la
calumnia, y confortandose mutuamente en la ardua y dificilisima
carrera por ambos emprendida, brillaban en medio de aquella fu-
riosa tempestad, tanto por la pureza del consejo como por la efi-
cacia del egemplo.

Dotado Eulogio de la energia de Cipriano y de la perse veran-
cia de Atanasio, mostrabase cariiioso y tierno para con las vir-
genes, respetuoso y humilde para con los ancianos, insinuante y
digno para con las matronas, ardiente y fogoso para con los j6-
venes, sentencioso, exigente y severo para con los sacerdotes; y
prometiendo a todos la eterna bienandanza en premio a su herois-
mo, inculcaba en unos la salvadora doctrina del Evangelic, con-
vertia en otros la nieve de los afios en viva llama, ensenaba a
otros la senda de sus mas altos deberes, y acompanando a todos
en el glorioso trance del martirio, recogia despues sus despeda-
zados cuerpos para darles sagrado asilo en las basilicas, rodean-
dolos, con su adoracion, de la aureola de los santos l .

No otro-es por cierto el afan y constante anhelo de Eulogio,
revelados en todas las obras de su mano que ban llegado a los
tiempos modernos. Ya le consideremos en el Memorial de los
Santos (Memormle Sanctorum), empezado en medio de los con-
flictos de la persecucion, continuado en la carcel y en el destier-
ro, y terminado bajo el azote de Mahommad, terrible enemigo
del nombre cristiano 2 ; ya en la Ensenanza de mdrtires (Docu-



in postcros remancrent, dccrevit (Vita B. Martyris Eulogii, num. IV). Lasti-
ma es que cstas produccioncs, principalmenle lo's versos, fueran victimas de
la modeslia de uno y otro.

1 Alvaro, Vita vel Passio S. Eulog., nums. V y VIII.

2 Sobrc las diforentes epocas, en que San Eulogio escribio el Memorial de
los Santos, dcbe consultarse el erudito y razonado estudio que en el tomo X
de la E$pana Sagrada, pag. 440 y siguientes, lii/o el Mtro. Florez. Del mis-
mo resulta que el primer libro y los scis primeros capi'tulos del II cstaban ya
tcrminados en octubre de 8ai, prosiguicndo la obra desdc el afio dc 853 al de
850, cuyos martirios narra en el libro III .



PARTE I, CAP. XII. ESCRITOHES CRISTIANOS DEL CALIFATO. 99

mentum mar ty rial e), escrita asiraismo en las carceles de C6rdoba
para excitar el celo de Flora y de Maria, que debieron a tan pura
doctrina la corona del martirio '; ya en la memorable Epistola a
Wiliesindo, obispo de Pamplona, digna de todo elogio por los pre-
ciosos pormenores que eneierra 2 ; ya finalmente en el Apologtlico
de los Santos *, ultima produccion de su ardorosa pluma; en lo-
das partes resplandece aquel acendrado amor de la patria que
agitaba su alma, al verla presa de innumerables desdichas, aquel
sublime anhelo de perfeccion, que ardiendo en su pecho con ir-
resistible fuerza, se propagaba y difundia entre sus discipulos,
y aquella elocuencia extraordinaria que avasallando los sentidos,
desplegaba a vista de los verdaderos cristianos el apacible cuadro
de la felicidad eterna, ponie"ndoles delante al propio tieinpo el
afrentoso espectaculo de la esclavitud que los aniquilaba.

Llenos estan de clerigos los calabozos de las carceles (excla-
maba) y la Iglesia yace despojada del oficio de los prelados y sa-
wcerdotes. Ilorrorizan los divinos tabernaculos con su desalinada
soledad: teje el templo la arana; y duerme todo en profundo si-
lencio... Abandonados los himnos en la congregacion de las
wcanciones celestiales, resuenan los interiores de la carcel con el
wsanto murmurio de los salmos. No entona ya el cantor en pu-
blico el cantico divino, ni vibra la voz del salmista en el coro,
ni predica el lector en el pulpito, ni evangel iza el levita eft el
pueblo, ni lleva el sacerdote el incienso a los altares; porque he-
rido el pastor, introdujo el enemigo la dispersion en el rebano
cat61ico, privada enteramente la Iglesia de todo sagrado minis-
terio...

0primiendo con gravisimo yugo el cuello de los fieles, preten-
den arrojar de los confines de su reino la raza cristiana. Y ya
haci6ndonos ejercer a su antojo y capricho la religion del Sal-
wvador; ya obligandonos, cual otros Faraones, a soltar el quilo
en inhumani servidumbre; ora sacandonos por fuerza y de un
modo intolerable personates tributos [vectigalem chiroyraphum] ;



\ Escrito en 851.

2 En 85T

3 En 857.



100 HISTORIA CRlTICA DE LA LITERATURA ESPAfiOLA.

ora imponiendo publico censo sobre la cerviz de los miserables;
ora en fin despojandonos de los bienes, nos vejan y aniquilan
con ruina de las haciendas. Y fatigando asi con vario ge"nero de
opresion la congregacion cristiana, y afligiendo con diversa ma-
nera de persecucion a la grey del Sefior, juzgan hacer grata
ofrenda su Dios con nuestra mengua y dano! *.

Tal era el espiritu que animaba la elocuencia de Eulogio.
Pero si consagrado de lleno a la defensa de los martires, apenas
concebia pensamiento alguno que no se encaminara a mantener
encendida la hoguera de la f6, en ninguna de sus obras se estu-
dia y reconoce la amarga situacion del pueblo mozarabe como en
el Memorial de los Santos. Corapuestos estos dolorosos fastos de
tres distintos libros, que abrazan el sangriento periodo de la per-
secucion, descubren en sucesivo y vario panorama la vida civil,
moral y religiosa de aquel desafortunado pueblo; y tal vez con-
ducie'ndonos al interior de las basilicas y monasterios, donde her-
manadas con los ejercicios de la piedad recibian respetuoso culto
las ciencias y las letras; tal vez llevandonos a lo mas rectindito
del hogar dom^stico para escuchar, con las valerosas exhortacio-
nes del patriotismo, los saludables avisos de la religion; cuando
guiandonos & las plazas publicas para representarnos la deshonra
de los ancianos y el ludibrio de los sacerdotes, maltratados y es-
carnecidos por el furor de la plebe musulmana; cuando pintando-
nos con calurosas tintas las ultimas escenas de aquellos pat^ticos
dramas, embellecidos por la f6 y la caridad, siempre se muestra
el'discipulo de Esperaindeo solicito y apasionado del objeto que le
preocupa, recogiendo con el tierno afan que le lleva a rendir
adoracion a los cadaveres de los martires, las memorias de sus
virtudes.

Mas si varias son y multiplicadas las situaciones que traza en
estos peregrinos anales, varia es tambien la entonacion que d& en
ellos a su estilo, y distintas las fases que ofrece su elocuencia.
Animado del espiritu de controversia, encendido por la pertinacia
de los que afeaban el martirio, combate y pulvcriza en el primer
libro con la autoridad de los Padres y la doctrina del Evangelic,

1 Documentor* Martyriale, nums XI y XVIII.



PARTE I, CAP. XII. ESCR1TORES CR1STIANOS DEL CALIFATO. 101

cuantos cargos y acusaciones habian inventado y formulado la
pravedad y la codicia; y rechazando con igual brio las groseras
calumnias de los mahometanos, aparece en las impugnaciones
persistente y vigoroso, bien quo flexible y persuasivo, sembrando
al par de agresivas y nerviosas aptistrofes sus discursos. Mas tem-
plado en los dos siguientes libros, procura hablar en ellos el len-
guaje de la historia; y atesorando con extremada solicitud inte-
resantes pormenores relativos a la vida de cada uno de los mar-
tires, comunica a la narracion cierto candor y sencillez, que des-
pertando la mas viva simpatia, pone de resalto la sensibilidad y
ternura de su alma, preciosas dotes que contrastan grandemente
con el extraordinario vigor que le alienta y sostiene en mitad de
tantos peligros.

Admirador de las grandes obras de la antiguedad, y atento
sin duda al egemplo dado por Julian en la Historia de la rebe-
lion de Paulo, introduce no obstante en la exposicion hisWrica
frecuentes alocuciones, que sustituyendo a las aptistrofes del pri-
mer libro, vienen a dar cierto interns dramatico a estas singula-
res biograflas, completando al par los retratos en ellas bosqueja-
dos. Este sistema, seguido en todas las obras de Eulogio, sobre
declarar el empeno del erudito, que vive en la imitation de los
modelos, aspirando a restaurar los buenos estudios, debia tam-
bien imprimir determinado caracter al estilo y lenguaje de todas
ellas, manifestando el vehemente deseo de la cultura, que le se-
duce, y el excesivo y a veces inutil trabajo, empleado conseme-
jante prop6sito. Y sin embargo, reconociendo Eulogio que debia
preferir <da sencilla verdad a la ruidosa e" hinchada pompa de las
musas, mientras protestaba de que no afectando la hermosura
y gracia de la rettirica, ni temiendo la modestia de su inculto
lenguaje, i acometia la empresa por 61 llevada a feliz te"rmino,
hacia gala de no alcanzar y poseer las bellezas de estilo, que en-
carecia con sobrados elogios su predilecto amigo 2 ; y para mayor

1 Mem. Sanct., num. IV.

2 Alvaro dccia al mismo San Eulogio, sobre cl Mem. Sanct.. Tibi lac-
tcus Livii subditur zmnis, tibi dulcis cedet ilia saecularis lingua CatonJt, fcr-
vens quoque Dcmosthcnis ingentum, et dives Ciceronis olim cloqutllfX, flori-
lusquc Quintilianus,)) elc. (Epist. ad Eulogium, Collec. SS. fair. Eccl. ToleL,



i02 HISTORIA CRlTICA DE LA LITERATURA ESPAffoLA.

contraste, admitia en la prosa el ornato de la rima, generalizado
ya, como vamos demostrando, desde el siglo YII *.

La misma contradiccion literaria advertimos en las obras de
Alvaro: quien despues de excitar una y otra vez el entusiasmo de
los martires, infundia en Eulogio nuevas fuerzas para dar cima
a la meritoria empresa acometida en el Memorial de los Santos,
y colmaba de alabanzas la Ensenanza de mar (ires, lleno tambien
de aquel noble celo que habia inflamado a Esperaindeo, tomaba
al fin la pluma para defender el martirio, bien que juzgandose
indigno de tan alta empresa.

Debi (exclamaba) imponer silencio a la connatural rusticidad
de mi lengua y no mezclarme, fuera de sazon, entre los hom-
bres peritisimos y esclarecidos con el esplendor de la elocuen-
cia... Mas yo, pensando escribir, no conforme a la belleza, sino
conforme a la verdad, desprecie" la alabanza de todos los filtiso-
fos, no vedando a mis labios la defensa de la justicia con igno-
rante lengua. Sublimase la rusticidad provechosa y la desma-
nada impericia, al ensalzar los santos misterios, no manchada
e el cieno de la ihfidelidad, ni hundida aun en sus asperezas y
wabismos; pero con la humildad y belleza de la verdad, resplan-
dece a maravilla. For tanto, si trat6 acaso con negligencia al-
gunas cosas que repugnan al dogma cattilico, proviniendo esto
no del deseo, sino de la ceguedad del entendimiento, ruego a
wrnis lectores que las borren con lagrimas, las limpien con ruegos
y las purifiquen con oraciones: todos los defectos del lenguaje y
del estilo, rue"goles por el contrario que los dejen intactos 2 .



tomo II, pag. 422). Los mismos elogios hizo del Documentum Martyriale en
la carta, con que lo aprucba, y despues en la Vida de Euloffio, num. V.

{ Veanse los capitulos anteriores y la Ilustracion I. a de cste volumen.

2 Indiculus Luminosus, num. XX. Es por cicrto notable la mancra como
Alvaro condena en el mismo pasajc cl furor con que los filosofos y gramati-
cos sc emptfiaban en csturilcs cuesliones de forma: uAgnnt erucluosas quacs-
tioncs philosophi et Donatistae, genis impuri, latratu canum, gjunnitu por-
corum, fauce rasa et dentibus stridcntes, saliva spumosi grammalici ructent.
Nos vero evangelici servi Christi discipuli rusticanorum sequipedi, etc. Sin
embargo no es cl" Indlculo luminoso, segun nos proponcmos demostrar, una
obra acccsible a todas las inteligencias y grados de cultura.



PARTE f, CAP. XII. ESCRITOHES CRISTIANOS DEL CALIFATO. i03

116 aqui el intento quo Alvaro manifiesta al escribir el Indt'culo
luminoso, impugnacion aoerba del Korara y elocuente defensa del
oprimido cristianismo y de sus confesores. Pero al leer este pre-
ciado monumento de las letras espanolas en el siglo IX, por mas
que su autor se afane en exagerar la rudeza y desalino de su plu-
ma, no es posible olvidar que era Alvaro el escritor condecorado
con los titulos de doctor egregio y fuente caudalosa de la sabi-
duria, siendo celebrada su ciencia en todo el Occidente '. Esle
juicio de sus coetaneos queda por el contrario plenamente confir-
mado; y si en sus notabilisimas Epistolas le vemos hacer alarde
de la erudicion clasica, citando con frecuencia a los historiadores
y poetas del siglo de oro, y con singular predileccion, que le honra
por extrerno, al sublime cantor mantuano, a quion tomaba cuatro
siglos y medio despues por guia y maestro el inspirado Dante 2 ;



1 Mem. Sanct,, lib. II, cap. IX de la edition de los PP. Toledanos.

2 No puede menos de llamar la atencion de la crftica, cuando animada de
investigador y recto espfritu, fija sus miradas en cstos escritores, mcnospre-
ciados generalmente cual rudos e ignorantes, el verlos conservar en medio de
la servidumbre mahometanaaquel respeto inteligente que, segun adelante ob-
servaremos, se trueca en Italia durante el siglo X en superstition vergonzosa,
respecto del celebrado autor de las Gedrgicas y de la Eneida. Alvaro prueba
con oportunos pasajes, que vienen a corroborar sus doctrinas, que le era por
extremo familiar la musa de Virgilio, y cuando le vemos acotar con la Enei-
da, cuando con las Eglogas, cuando con las Georgicas, principahnente en las
Epistolas, dondc, tratando con los hombres mas doctos de su tiempo, hace
mayor gala de erudicion clasica que en los restantes tratados. DC advertir es,
porque nos da a conocer, con la dificultad de adquirir los codices, la corrup-
tion a que el texto de los poetas y escritores de la antigiiedad se hallaba cx-
puesto, que algunas citas de Alvaro ofrecen notables variantes con las edi-
ciones de Public Maron, mas estimadas entre los latinistas. Dirigiendosc a
Eleazaro, cuya protervia y pertinacia condena, le dice (Epist. XV111): Et mi-
ror frontis tuae duritiam... quae ut Virgilius ait:

Nee visa facilis, nee auilitu aff.il>ilis ulli.

Y excilandole en la raisma Eptstola a la controversia, afiadc: 0ui aculo
capite pugnet, hostcmquc non solum vulncrct, scd detruncet; de quibus Vir-
gilius dicit:

Teiitonico ritu toliti tnri|Uerr calcllis.



104 HISTOR1A CRiTICA DE LA LITERATURA ESPANOLA.

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