dar a su Chronica la estima y valor que anhela.
Digno es de observarse: asi como eran a los ojos de Sebastian
verdaderas maravillas, superiores a toda descripcion, las basilicas
erigidas por Alfonso II y Ramiro I 2 , obras donde halla la critica
reflejadas vivamente, con la decadencia y apocamiento de las be-
lias artes, al imitar los antiguos templos latino-bizantinos, la ru-
deza y tosquedad de las costumbres; asi tambien, aunque siguien-
do a egemplo de Julian la antigua escuela histtirica y admitiendo
las arengas 6 conciones, tan usadas de los clasicos, como singula-
res primores del arte, en la estructura y forma de su Chroni-
1 Ocupa en el tomo XIII de la Espaiia Sagrada desde la pag. 477 a la 492,
ambas inclusive.
2 Hablando de la basilica de San Tyrso, inmediata a la de San Salvador,
habia escrito: uCuius operis pulchritudinem plus praesens potest mirari quam
eruditus scriba laudareu (Num. XXI).
PARTfi I, CAP. XIII. PRIMEROS HISTORS. DE LA RECONQUISTA . 143
con, en su desalinado estilo y peregrine lenguaje, y hasta en el
fatigoso anhelo con que procura exornar sus dificiles clausulas de
uniformes rimas *, aparece palpable la infeliz postracion de las
letras, que guardando estrecha consonancia con las artes, ponian
de relieve la vida entera de aquella sociedad, vacilante aun en-
tre el temor y la esperanza.
Casi al mismo tiempo que verificaba Sebastian este laborioso
ensayo, dabase a luz otra Chronica, que ha llegado a nuestros
dias con el titulo de Albeldense, cuyo autor es todavia un raisterio
en la historia de las letras espanolas, si bien ha sido alguna vez
publicada con el norabre de Dulcidio *. Este Chronicon, que
un respetable investigador de las antigiiedades patrias supone an-
terior al de Sebastian, consta sin embargo de dos partes, termi-
nada la primera y principal de 881 in 883, y escrita la segunda
en 976 por Yigila, monje de Albelda 3 . Precede a toda la
\ "Vease, por egemplo, el numero VIII de esta peregrina Chronica, donde
so hallan las siguientes rimas verbales al final de sus compasadas clausulas:
apersolverunt, elegerunt, firmaverunt, perierunt, remanserunt, petierunt, in-
traverunt, elegerunt, cognoverunl, perierunt y tniserunt.n Debe advertirse que
estos once consonantes se lecn en trecc lineas.
S Tal sucedio en efecto con la primera edicion, debida al erudito Pellicer,
la cual aparecio con este titulo: Chronica de Espana de Dulcidio, Presbytero de
Toledo, obispo de Salamanca (Barcelona, 1663). Pero este visible error de Pe-
llicer, nacido de no haber logrado un Ms. complete, queda desvanecido ple-
namcnte, cuando al final de la misma Cronica se lee, tratando de las treguas
otorgadas por Alfonso Magno al Califa de Cordoba, Pro quo etiam el Rex
noster legatum, nomine Dulcidium, toletanae urbis presbyterum, cum episto-
lis ad Cordobensem regem direxit septembrio mense: undo adhucusquc non
est reversus, novembrio discurrenten (Num. LXXIV). Si pues Dulcidio es-
taba en Cordoba, cuando se escribia la Chronica, jcomo podia ser autor
de ella?
3 El erudito Mtro. Florez, cuyos trabajos seran sicmpre de gran provecho
en estas materias, juzga en efecto la primera parte anterior a la de Sebas-
tian; pero asi como hemos snguido su autoridad en otros muchos puntos, li-
cito nos parece apartarnos dc ella, cuando no se ajusta a las severas loyos dc
la critica. La mayor prueba contra el scntir del P. Florcz la deducimos de es-
ta observacion, debida a su pluma. Apunta el docto agustino, al hablar del
cpitdfio de Alfonso el Casto, que el autor de la Chronica Albeldense cscribio
acasoen la misma ciudad de Oviedo, dondc estaba elrey sepultado: pues esto
[escribe] parece dan a entender las cxpresioncs, con que habiendo hablado
141 HISTORIA CRtTICA DE LA LITERATURA ESPAflOLA.
obra cierta manera de preambulos geografico-cronoltigicos, en
que siguiendo las huellas de los antiguos cronistas, se trascriben
y copian las noticias dadas por el doctor de las Espanas en su
Chronicon del Mundo, y sin olvidar las seis edades de San Ju-
lian, ajiistase despues a la Historia de los godos del metropolita-
no de Sevilla, haciendo de ella riguroso extracto, bien que alte-
rando notablemente el m6todo expositivo.
Como es facil de suponer, tratandose de una obra escrita a fi-
nes del siglo IX, comienza el verdadero interns de la Cronica Al-
beldense con la Era de la reconquista, trabada ya aquella eter-
na lid sostenida dia y noche contra los sarracenos, a quie-
nes sin tregua combatian los cristianos hasta que la Providencia
(praedestinatio divina) consintiera arrojarlos del suelo ibero '.
Necesario es observar, no obstante, que si el obispo de Salamanca
se detiene algun tanto, al mencionar los reinados de Pelayo y Al-
en lo inmediatamente precedents de cosas de Galicia, dice ahora haec altaria,
nhic tumulatus (Num. 58 de la Chron.). Estos altares y este tiimulo denotan a
0viedo, y si el autor no escribiera alii, no dijeraconpropiedad: Aqul estd en-
vterrado, sino que fue sepultado en Oviedo (Esp. Sagrada, torao XIII, pagi-
na 43i). De esta fundada observacion de Florez debe deducirse: i. Que a
haberse escrilo csta Chronica por persona que asistia a la corte de Alfonso III,
no hubiera dejado de llegar a manos de aquel rey, quo tan amante se mostro
de los estudios historicos: 2. Que dado este caso, inevitable sin duda en la
epoca de que se trata, no hubiera podido con justicia acusar el mismo don
Alfonso, en su carta a Sebastian, la pereza y silencio de los suyos en esta
materia. Si pues ninguna mencion se hace en dicho documento, claro es y
evidente que no existia la Chronica Albeldense, al escribirlo el referido sobe-
rano, sin que sean bastantes a debilitar esta legitima conclusion las razones
que el mismo Florez alegapara sostener el indicado aserto. Dignoes tambicn
de notarse en este sitio que gran numero de nuestros escritores, y a su egemplo
algunos extranjeros, citan la primera parte de este monumento historico bajo
el tftulo dc El Monje de Albelda, en lo cual se comcte un error tan notable
como facil dc desvaneccr, cuando se considera que la Chronica fue escrita
en 883 y el monasterio de Albelda no existio hasta 924, en que lo funda don
Sancho Abarca. El nombrc de Albeldense, que lleva dicha hisloria, no pro-
viene de ser escrita por un monjc dc aquella casa, sino de habcr sido conser-
vada en ella y afiadida por Vigila casi un siglo despues de haberse dado a
luz. Lo mismo ha podido apellidarse Emilianense, etc. Don Nicolas Antonio
indico la idea harto racional, de ser dcbida a algun obispo del siglo IX.
\ Num. XLVI.
PARTE I, CAP. XIII. PRIMEROS HISTORS. DE LA RECONQUISTA. 145
fonso el Cattilico, dando aun mayor extension a los de Alfonso,
el Casto, Ramiro * y Ordoiio, el autor de la Albeldense, bien
que no olvidando los sucesos de mas bulto, pasa someramente
por todas estas e"pocas, fijando sus rairadas en el prtispero y glo-
rioso reinado de Alfonso el Magno, en cuya ctirte parecia es-
cribir su libro *.
Todo cuanto precede a esta parte del Chronicon, parece en
efecto escrito para servir de introduccion y fundamento a la his-
toria del tercer Alfonso.. Ascendido este al trono en 806, ouando
solo contaba diez y ocho anos .de edad, fu6 despojado de la coro-
na por Fruela, conde de Galicia, refugiandose en las ciudades
nuevamente pobladas en el territorio de Castilla. Sacole de alii,
con muerte del usurpador, la lealtad de sus naturales; y 6mulo
de las proezas de sus raayores, parec-id desde entonces llevar ata-
da a sus estandartes la victoria 3 . Vencida y humillada por dos
veces la ferocidad de los vascones, salia despues al encuentro de
los ejrcitos raahometanos, que acaudillados por el principe Al-
mondhir (Abulmundar) , penetraban en las tierras de Leon; y
dandoles recia batalla, quebrantaba alii la arrogancia de tan va-
leroso capitan, quien hallaba unica salvacion en la fuga. Igual
fortuna cabia a otro eje"rcito de musulmanes que se habia inter-
nado hasta el Bierzo(Vergidum), quedando enteramente destrui-
do; y alentado Alfonso por tan sefialados triunfos, rompia luego
por las regiones occidentales sujetas a los Califas de Ctirdoba, ca-
yendo en su poder Deza, Atienza, Coimbra, Braga, Porto, Auca,
Yiseoy Lamego [876]. Creci6 en su tiempo la Iglesia y ensan-
ch6se el reinado, exclama el cronista, al referir tantas victo-
rias, que se multiplicaban en breve por la nueva irrupcion hecha
1 Al mencionar el reinado dc Ramiro, a quien da nombre de Virgo iuslitiae,
observa que pcrsiguio a los magos que infestaban su reino (magicis per ignem
finem imposuit, num. LIX), circunslancia que debe ser consignada, para rc-
conocercomo se perpetuan entre los cristianos las artes goeticas, severamcn-
tccondenadas por San Isidoro, con no poca influencia en los cantos popula-
res (Vease el cap. X, pags. 447 y siguientes del anterior volumen).
2 Vease la nota 3 de la pag. i 43 :
3 El cronista dice: Qui ab initio regni super inimicos favorom victoria-
ruin habet scmper (Num. LXI).
TOMO II. 10
UB HISTOR1A CRtTICA DE LA LITERATURA ESPASOLA.
on la Lusitania, sometiendo a su imperio abundanto niimero de
ciudades fronterizas, entre las cuales se contaban Coca y Egita-
nia, y yermando y destruyendo desde las campinas de M6rida
hasta las playas del Oc6ano. Alfonso coronaba todas estas empre-
sas, desbaratando en los confines de Galicia las falanges agare-
nas, capitaneadas por Abul-Walid (Abuhalit), consejero de Ma-
hommad y general de las fronteras [consul Spaniae], apresandole
en el campo de batalla y llevandole cautivo a su c6rte [877].
Ofendido el Califa de tantos descalabros enviaba contra el reino
de Asturias nuevos ej6rcitos, conducidos por Almondhir, quien
llegando sin obstaculo a las comarcas de Astorga y de Leon, avis-
taba en Polvoraria, orillas del Orbigo, las huestes del rey Alfonso.
Trece mil musulraanes quedaron tendidos en el campo de bata-
lla, dejando semejante matanza tan profunda huella en el animo
de Almondhir que dirigindose algun tiempo despues a Sublan-
cia, torcia velozmente el camino hacia la frontera sarracena en
medio de la noche (ante lucentem diem), al saber que le aguar-
daba en dicho castro el rey de Asturias. Entre tanto pedia y ob-
tenia Mahommad, por medio de Abul-Walid, tregua de tres anos;
mas no bien expiraba este plazo, entraba Alfonso en los dominios
agarenos por la Lusitania, y pasando el Tajo, llegaba a los con-
tornos de M6rida, atravesando el Guadiana a diez millas de aque-
lla ciudad, sin detener su curso victorioso hasta los Monies Maria-
nos (Oxiferium montem), donde ningun principe cristiano habia
osado penetrar hasta entonces. Alfonso volviaasu corte (sedem
regiani) cargado de riquezas y coronado de laureles; siendo esta
la ultima expedicion referida por el cronista hasta el afio de 881 ,
en que pareci6 poner t6rmino a su obra con cierto numero de
versos, donde despues de ilustrar la historia eclesiastica, dando a
conocer los obispados que tenia a la sazon el reino de Asturias,
compendiaba las glorias de Alfonso con no poca utilidad de la
historia literaria, por senalar de una manera inequivoca el estado
del arle en aquellos dias. En esta forma concluia aquella especie
de epilogo:
Rex quoquc claruomni mundo faclu*
lam suprafafu* Adefonsus \ocatus,
Regni culmine daftu, belli titulo ap/u*,
PARTE I, CAP. XIII. PRIMEROS HISTORS. DE LA RECONQUISTA. Hi
Clarusin astur, fortis in vascone*,
Ulciscens arabw, et protegcns ci\es.
Cui principi sacra sit victoria data,
Christo duce iuva/s, semper clarifica/u*.
Polleat victor saeculo, fulgeat ipso caelo:
Deditus hie triumpho, praeditus ibi regno '.
Nuevos sucesos, acaecidos en los dos siguientes aiios, volvian
a poner la pluma en la mano al cronista do Alfonso III; y ya
apuntando las infructuosas expediciones de Almondhir y de Abul-
Walid contra Zaragoza y Tudela, donde imperaban los Beni-Lopez
con entera independencia de los Califas; ya reflriendo con exce-
siva brevedad las entradas hechas poco tierapo despues en el ter-
ritorio de Alava y Castilla por los mismos capitanes, cuyas cor-
rerias refrena desde Leon la fama de que salia a su encuentro el
rey de Asturias, halla oportuna ocasion para terminar el bosquejo
de aquel insigne principe, cuya ilustracion igualaba a su piedad y
su largueza 2 .
Ni olvida el cronista las disensiones intestinas, que como efecto
de estas algaras, estallaron en el seno mismo de los descendientes
del renegado Muza, empenados unos en la defensa de sus domi-
nies y puestos otros de parte de los Califas, si bien aguijados por
el deseo de su propio engrandecimiento. Al cabo Abdallah-ben-
Lopia (Ababdella, filius luph), que lograba senorear en Zarago-
za, rota laantigua obligacion, con que se reconocia amigo y tri-
bulario de Alfonso, era vencido en Celorico por los Condes de
{ El Mtro. Enrique Florez coloco estos versos entrc los preliminares del
Chronicon, si bien advirtiu que en el codicc dc Pellicer y en el de la Biblioteca
Nacional (entonces Real) se hallaban despues del afio 881 , al terminar el nu-
mcro LXV de su edicion. Esta observacion, confirmada por nosotros con el
examen del ultimo Ms., determina la fecha en que fueron escritos dichos ver-
sos: dalo a la verdad no escaso de intercs para los estudios que vamos ha-
ciendo.
2 Ab hoc principe omnia tcmpla Domini restaurantur, et civitas in Ovcto
curarcgiis aulis aediQcatur: statquc sciencia clarus, vultu. et habitu, statura-
que placidusu (Num. LXV). Este elogio da mayor consistcncia a cuanlo de-
j.unos diclio respecto del lugar y epoca, en que se escribio la Cronica, puesto
que vicne precisamonto despues dc manifcstar que cl rey don Alfonso liabia
vuelto victorioso a su corte de Oviedo.
148 HISTOIUA CRITIC A DE LA LITERATURA ESPA^OLA.
Alava y Castilla, pidiendo una y otra vez, aunque sin fruto, la
renovacion de la pasada alianza. Contra 61 salian de C6rdoba
en 883 * el valeroso Almondhir y el experto AbuMValid, gano-
sos de castigar su veleidad 6 inconstancia; pero no mas afortuna-
dos que contra Ismael-ben-Muza, volvian sus armas sobre los
dominios cristianos; y rechazados en Celorico y Pancorbo, por cl
esfuerzo de los Condes Yigila Jimenez y Diego Rodriguez, se di-
rigian por tercera vez a las comarcas de Leon, para esquivar de
nuevo la presencia de Alfonso. Tan viva estaba en el animo del
prinoipe musulman la memoria de Polvoraria!... Abul-Walid as-
piraba, entretanto, con todassus fuerzas a obtener treguas dura-
deras del rey de Asturias, quien accedieniio a sus reiteradas de-
mandas (verba plura), enviaba en setiembre del mismo ano al
Califa de Cordoba por mensajero el presbitero Dulcidio, cuya
vuelta no se habia verificado aun en el mes de noviembre, en que
suspendia el cronista sus tareas. Abdallad solicitaba una y otra
vez, y siempre sin 6xito, la perdida amistad de Alfonso.
Esta breve exposicion convence de que fue" el principal intento
del cronista bosquejar el reinado de Alfonso III, atendiendo asi a
Pijar, bien que con brevedad excesiva, los grandes acOntecimientos
que celebraba el cristianismo. Anadi6 a esta parte, sin embargo,
algunas breves observaciones sobre la venida de los sarracenos a
Espana; y colocando despues el catalogo de los capitanes que la
gobernaron en nombre de los Califas Orientates y de los Amires
independientes, insertaba las generaciones de los mismos, toma-
das desde Abraham, a la manera biblica, y daba tgrmino al Chro-
nicon, senalando el origen de los godos, conforme a la doctrina de
Isidoro, no sin apuntar que era debida a los crimenes de aquella
gente la perdicion de Espana 2 . Yigila, que habia anadido al ca-
talogo de los reyes asturianos los nombres de los que suceden a
Alfonso el Magno hasta Ramiro III 3 , cerraba todo el Chrom'con
{ EraDCCCCXXI quac est praesc'nti anno dice el cronista (num. LXX1V).
2 In qua [Spania] Ismaclitac proplcr dclicta gcntis gothicae ingres-
si sunt ct cos gladio concidcrunt atquc tribularios sibi fecerunb) (Numc-
ro LXXXV1).
:i Numeros XLVIII y XLIX.
PARTE I, CAP. XIII. PRIMEHOS HISTORS. DE LA RECONQUSTA. 149
con una breve aunque-importante noticiade los monarcasde Na-
varra (reino a quo habia dado nacimiento la magnificencia do Al-
fonso), comprendiendo desde Sancho Garcia, apellidado Abarca
en las historias posteriores, hasta Sancho II, que debia ser cono-
cidoadelante con el renombre de Mayor. Vigila, que s6lo atieii-
de, cual vasallo de los reyes de Navarra, a ilustrar la historia de
esta naciente monarquia, cuyos orf genes deja no obstante en-
vueltos en tinieblas, escribia dichos apuntamientos en la Era
de 1014 (ano 976), segun arriba dejamos ya manifeslado.
La importancia de esta obra corresponde bajo el aspecto li-
terario a su utilidad hisWrica ', cuando bosqueja la noble figura
de aqtiel rey, que tan prodigioso impulse habia dado a la recon-
quista, cuyo espiritu se comunica tambien a la pluraa del histo-
ritigrafo. Animado de aquel generoso celo de la religion y de la
patria, que excitaba su entusiasmo, al ver diariamente acrecenta-
dos los dominios de Asturias y restaurados en ellos, 6 fundados
de nuevo los templos del cristianismo, parecia corapendiar todos
los deseos y esperanzas de sus compatriotas, exclamando al men-
cionar por ultima vez las proezas de Alfonso: De aqui adclan-
te, humillado y nunca ensalzado el nombre de los ismaelitas,
arn!)jelos sin tardanza la divina clemencia de nuestras provincias
del lado alia de los mares, y conceda su reino a los fieles de
Cristo, para que sea perpe'tuamente poseido V Mas si acert6 el
autor de este raro monumento a imprimirle el sello de sus creen-
cias, que eran las de su pueblo, dandole asi levantado precio en
la ostimaoioQ de la crltica, no le fu6 dado, comunicar belleza ni
aun correccion a su estilo y lenguaje 3 , por mas que haciendo cier-
1 Contienese en el ya citado tomo XIII de la Espana Sagrada desde la pa-
gina 433 a la 466, ambas inclusive. Florez da en los prcliminares de esta
edicion noticia de las que se habian heclio antes, en 1603, 1721, 1727
y 1744 por Pellicer, Bcrganza, Ferrcras y Saz, y de los codices quo le sir-
vieron de paula en la suya.
2 Numero LXXXIH.
3 Eldocto Mariana decia sobrc esle punto: i<Chronicon... confcctum nidi
slylo ac pcne barbaro: nimirum inter anna, ct captivilatis mala, stadia litte-
rarum silebanto (Espana Sagrada, tomo XIII, pag 1 . 425). Pcbcmos notar sin
embargo que solo habian enmudecido los cstudios bajo el aspcclo dc la forma
150 HISTOR1A ClUTICA DE LA LITEKATUIU ESl'ANOLA.
to alarde de los nombres mas celebrados do la antigiiedad latina,
y de la edad dorada de la literatura hispano-eclesiastica, mostrase,
como los retoricos de C6rdoba y Sevilla, que no le era peregrino
el arte de Donato '. Cortado, desalinado y rudo en los preliminares
del Chronicon, tomaba sin embargo su estilo nueva fisonomia
al llegar & los acontecimientos de la reconquista; y aunque salpi-
cado de rimas verbales, que uniforman y embarazan el movi-
miento de la frase, prestandole excesiva monotonia, manifesta-
ba entonces en su lenguaje el deliberado proptisito de aspirar al
verdadero tono de la historia. La diccion, mas adulterada y cor-
rompida que nunca, hallabase no obstante & no corta distancia
de la empleada en el suelo de C6rdoba por Eulogio y Alvaro;
prueba irrecusable de que iba precipitandose de dia en dia la cor-
rupcion de la lengua latina, siendo detodopunto este" riles cuantos
esfuerzos hacian los erudilos para sostener su ya olvidada pureza
en medio de aquella sociedad, que sin repudiar la antigua cultura,
estaba realizando una trasformacion, a que debian forzosamento
someterse todos los elementos que abrigaban aun alguna vida.
Un siglo entero trascurre dolorosamente sin que hallo la critica
otro monumento sobre que fljar su atencion, por mas que sea in-
verosimil que en aquel largo periodo quedase reducida la historia
profundo silencio 2 . Sampiro, notario real de Leon y mas ade-
lante obispo de Astorga, cuya silla ocupa por el espacio de veinte
ydel gusto; pues que en absolute no puede admitirse, como vamos probando,
la ascveracion de Mariana, la cual nos llevaria de nucvo al error y a la igno-
rancia de la historia literaria, con el desprecio de estos estimablcs monumen-
los. La forma es una gran cosa respecto del arte; pero, segun dejamos nota-
do, no lo es todo.
1 Ilablando en el Chronicon de esle famoso gramatico decia: Donatus,
qui grammaticae artos Roma claruit, eodem tempore passus est (Num. V).
2 Esta consideracion se halla robustecida por el examen de algunos pa-
sajes de la misma Chronica de Sampiro, de que a continuacion hablamos.
Reftriendose al reinado de Frucla 11, cmplca el rcfcrido escritor las frascs ut
aulumant, ut dicunt, para apoyar la narracion de los hechos al expresado rey
atribuidos; y aunque pudiera suponersc que unicamcnte aludia a la tradicion
oral, por mcdiar solo cincucnta y oclio aiios desde la epoca do Frucla a la en
que se escribe la Chronica [924 a f)82]; tudnvin nos parece dc algun peso la
oliservacion expuesta.
PARTE I, CAP. XIII. PR1MEROS HISTORS. DE LA RECONQUISTA. 151
anos [1020 & 1040], acudia a reanudar aquellos estudios, escri-
biendo el Chronicon, que ha llegado afortunadamente a nuestros
dias con su nombre. Abrazando en 61 desde el reinado de Alfonso
el Magno hasta la rauerte de Kamiro III [866 a 982], al paso que
indicaba desconocer la Chronica Albeldense, con la cual no guar-
da entera concordaucia, parecia proponerse continuar la de Se-
bastian, quien segun han visto ya los lectores, habia dejado la
pluma, al dar noticia de la muerte de Ordono I. Con mayor bre-
vedad que el autor do la Albeldense refiere Sarapiro los hechos
relativos al tercer Alfonso, anteriores al ano 883, y no se detiene
mas por cierto al narrar lo restante de su gloriosa vida. Llegado
a la indicada 6poca, pres6ntale sin embargo poblando las ciuda-
des conquistadas por sus mayores en los campos goticos, y forti-
ficando con singular preferencia a Zamora, Simancas, Toro y
Duenas. De este modo aseguraba aquel ilustrado principe las
fronteras de su reino, gozando de los bienes de la paz, cuando
allegado por los sarracenos numeroso eje"rcito, rompianpor los do-
minios asturianos, poniendo sus reales sobre Zamora [901]: en-
contrtilos alii Alfonso y ayudado por la clemencia divina (coope-
rante divina dementia), hacia en ellos horrible matanza, dejando
tendido en el campo de batalla a Ahmed-ben- Alchamah, su cau-
dillo *. Tomaba Alfonso poco tiempo despues la ofensiva, y diri-
gi6ndose sobre Toledo, imponia a tan poderosa ciudad copiosos
tributes, destruyendo a la vuelta algunos castillos, y encami-
nandose a sus Estados cargado de opulentos despojos. Pero lojos
de gozar tranquilo del lauro conquistado en tantas lides, veiase
forzado a castigar la traicion de sus magnates, y victima de la
deslealtad 6 codicia de sus propios hijos, abandonado de sus pue-
blos, solo en mitad de sus victorias, era al cabo despojado de la
corona 2 . Invadido el territorio crisliano, vestia de nuevo el sexa-
genario principe la loriga; y obtenida la venia de Garcia, su hijo,
1 El cronisla Ic da cl tilulo dc profela, dicicndo: uEtiam Alclinman, qui
prophcta corum diccbatur, ibidem corruit, ct quievit tcrra(num. XIV) Es
impurtantc esta observacion para comprendcr como considcraban los crislia-
nos a los sarracenos en estos liempos.
2 Estc hecho que todos los historiudorcs mcncionan con cierta admira-
io2 HISTOR1A CKlTICA DE LA LITERATURA ESPANOLA.
ahuyentaba a los muslimes del suelo tantas veces defendido por su
espada, haciendo en las huestes agarenas terrible estrago (multas
cion, sin detenersc a determinar sus vcrdadcras causas, cs de alta trascenden-
cia en la historia de la civilizacion espanola y por tanto de las letras patrias.
^Como un principe, sicmpre vencedor (qui favorem victoriarum habet sem-
per); por quien crccia la Iglesia y se ensanchaba el rcino (Ecclesia crcscit el
regnurn ampliatur); a quien inspiraba sicmpre Dios para que rigiese piadosa-
mente a sus pueblos (inflectatque Dominus eius semper animum ut pie regat
populum); para quien deseaban los cronistas que narran sus victorias la eter-
na bienandanza, tras largo principado (post longum principatus imperium dc
regno terrae ad regnum transeat caeli); que engrandece a Oviedo y edifica
numerosos templos, castillos y palacios (omnia templa restaurantur ct civi-
tas in Ovetocum regiis aulis aedificatur); queconvoca ycelebraen su corlere-
nombrados concilios, amparando a los obispos fugitivos.de distantes comarcas
(vease la nota3 de lapag. 135); que puebla crecido numero de ciudades.fue-
ra de Astiirias, extendiendo prodigiosamente el dominio cristiano; un rey, en
fin, que brilla tanto por su generosidad, su ilustracion y su magnificencia co-