alguno desconocerse en siglos anteriores 2 . Persuadelo asi, de-
mas de la ocasion, objeto e indole de estos cantos, la expresa
mencion que hace la Cronica de Alfonso VII de las diversas len-
guas en que saludaron los toledauos al referido rey, manifestan-
do que judios, sarracenos y cristianos cantaban cada cual en su
habla nativa 3 ; y no es menos seguro comprobante la relacion
que hace la misma historia de la manera en que la emperatriz
dona Berenguela se mostr6 al eje"rcito de los almoravides desde el
alcazar de Toledo [1138]: apareci6 esta esclarecida princesa a
vista de los africanos magnificamente exornada y rodeada de
gran nuinero de honestas mujeres, que cantaban al son de los
timpanos, citaras, cimbalos y salterios; siendo evidente que ha-
blandose en la ctJrte de Castilla , como en todas las comarcas de
su imperio, el romance que se perpetua con aquel nombre, y
habiendo sido menester repetidas leyes can6nicas para que con-
servara el clero la lengua latina , no en esta , sino en la vulgar,
1 Cum populus audisset quod Imperator venissct Toletum, omnes princi-
pes Christianorum, sarracenorum ct iudaeorum ct tola plebs civitatis longc
a civitalc cxierunt obviam, ct cum tympanis et cytharis ct psaltcriis ct omni
genere musicorum... laudautes ct glorificantes Dcum.quia prospcrabat omncs
actus Impcraloris (num. LXXM).
2 Veansc, dcmusde cuanto llcvamos obscrvado, las lluslraciones del pro-
scntc voliimen.
3 He aqui las palabras d^ la Crfinica: Unusquisque eorum sccuiulum lin-
g uam suam (ut supra).
PARTE I, CAP. XIV. POETAS Y ESCRIT. DEL S1GLO IX AL XII. 23i
de todos entendida, debieron componerse tales canciones *. Mas si
todavia se abrigase algun linaje do dudas, quedarian del todo
desvanecidas, al leer en la Historic compostelana los ruidosos
regocijos con que el pueblo gal lego acogi6 al obispo don Diego
Gelmirez, libertado ya del castillo, en que algunos pnjceres le te-
nian encerrado [1110]: todos los moradores de Santiago con in-
numerables turbas de j6venes y muchacbos , no solamente salie-
ron a recibirle a gran distancia de la ciudad, sino que acompa-
nandole hasta la misma iglesia, entonando himnos y cantares,
poblaban el espacio de tantos raudales de armonia que no alcan-
zaban los testigos oculares a describir tan jubiloso rccibimien-
to 2 . Claro es por tanto que en una ciudad, donde tan dificil-
mente logra restablecer el mismo obispo los estudios de las letras
latinas, no era ya posible ni verosimil siquiera que fuesen estas
patrimonio de la muchedumbre, avezada ya, segun testifica la
misma Jlistoria, al dialecto gallego 3 .
Habia tornado asi cuerpo la poesia vulgar en todas las regio-
ues de la Peninsula , llegado sin duda el ambicionado bien que
incierto dia en que hubieron de comenzar a escribirse sus pro-
ducciones 4 ; momento retardado por los esfuerzos de los eru-
1 No otra cosa se deduce, cuando se lee que aparecio a vista dc Teschim
(Texufmo): In solio regali... etornatam tamquam uxorem Impcraloris, ct in
circuitu eius magna lurba honestarum mulierum, cantantes in tympanis, et
cytharis et cymbalis et psalteriisw (num. LX1X).
2 La narracion rcferida dice: 0mnis compostollanorum turba cum lim-
panis et citliaris ct diversis musicorum instrumentis cantantes atquc dc rc-
cepti pastoris incolumitate supcrnae pietatis laudis pracconia pcrsolvcntes %
obviam exivil: innumcra namquc iuvcnum calerva tanto cxullationis iubilo
concincbant, quod si exprimere vellet in dcscribendo noslri cloquii ratio tanto
labori succumberct. Caetera deniquc adolescenlum multitudo cum luminis at-
quc dulcifluis armoniac melodiis eius optatae presentiac congaudcntes usque
ad composlcllanam Ecclcsiam cum eo, cantando, perveniunU (lib. 1, capi-
tulo LXII).
3 Vcasc la nota I de la pag. 171 del anterior capilulo, y la Ilustraciun
num. II, donde apareccn comprobados ambos extremos.
4 Respeclo de la poesia castcllana tendremos ocasion dc ilustrarla, en
cuanlo alcanccn nucstras fuerzas,con el cxamcn dc los pritneros monuincntos
cscritos que rcscrvamos para la II.* Partc de csla Historic crltica rcspccto de
232 HISTOR1A CRtTICA DE LA LITERATURA ESPA550LA.
ditos (empenados en sostener la antigua supremacia de la len-
gua latina) mas de lo que parecia consentir el estado intelectual
de las diferentes raonarquias, levantadas sobre los escombros
de la visigoda. Pero semejante contradiccion del clero, apo-
yandose al par en los habitos de la juventud y de la eiad ma-
dura , no s<Mo se expresaba respecto de la poesia vulgar, por
el absolutameute desdenada, sino que tenia mas decidida sig-
nification respecto de los monumentos escritos, destinados a
ejercer en la muchedumbre cierta manera de influencia. Habian
sido los epitafios desde los tiempos mas remotos brevisimo epito-
me de la vida y costumbres de los personajes, cuya memoriacon-
signaban '; y dueno el clero de los templos, donde hallaban se-
pultura reyes, prelados, pr6ceres y caballeros, hubiera tenido
por desdoro propio y profanacion del sagrado recinto el permi-
tir que se esculpicra inscripcion alguna en lengua extrana a la
empleada por la Iglesia 2 . Vinculaba por esta causa la poesia ele-
la catalana y gallega que brotan a la par, recordarcmos la canciono leyenda,
cuyo principio fue descubierto y trasmitido por Mr. Fauchet, y el canto de
Gonzalo Hermiguez, que los historiadores Portugueses prcsentan como el do-
cumento mas antiguo de su lengua y literatura. Una y otra composicion, ta-
les como han llegado a nuestros dias, van en las llustraciones, num. XXXV
y XXVI de la I. a
1 San Isidoro definia asi este linaje de composiciones: Est enim titulus
mortuorum, qui in dormitione eorum fit qui iam defuncli sunt. Scribuntur
enim ibi vita ct mores et aetas eorum (Etftym., lib. I, cap. XXXY1II).
2 El diligenle marques dc Llio, en las Memorias dela Academia de Buc"
nas Lelras de Barcelona (tomo I, pag. 575), inserta un epitafio, que supono
r^crito tres dias despues de la muerle del conde Bernardo [844] sobre su mis-
mo sepulcro. El indicado documcnto dice asi:
Assi jny lo comte Bcrnnrd,
Fiscl crrdcire al cang sngrat,
Que sfinpre prud'bom es psttt.
Prrgnrm la divina bnndat
Qu* nqucla li que lo tnat (
Poscua son aima auer salvat.
Ninguno de los opilafios, cuya autenticidad cs incontestable, fue sin em-
bargo escrito en dialccto Catalan, ni entonccs, ni mucho tiempo despues, co-
mo puede verse en la lli(stradon I." Los escritorcs calalancs quo mas cclo-
*os sc muestran dc su lengua y poesia, ponen por otra parte los primeius
PARTE I, CAP. XIV. POETAS Y ESCR1T. DEL SIGLO IX AL XII. 233
giaco-monumuntal las formas adoptadas ya de largas edades , y
trasmitiase a las futuras, sin mas alteraciones quo las produci-
das por el desarrollo material de las rimas que la exornaban;
pero sometida naturalmentc a las mismas leyes que dominaban el
arte en manos de los yramalicos (que asl eran llamados por an-
tonomasia los cultivadores de las letras), ofrecia el notable con-
traste de cobijar bajo las bflvedas de las basilicas y monasterios
los nombres y recuerdos consagrados por la civilizacion del anti-
guo mundo, comparando los defensores de la Cruz a los heroes
del arte clasico, asi como habia sucedido ya en los cantos guer-
reros, y aun en la misma historia.
Hie, Wielme, iaces, Paris alter, et alter Achiles,
Nonimpar specie, non probitate minor, etc.,
escribia el celo de los monjes de san Miguel del Fay en el
epitafio de Guillermo Berenguer, hijo de Berenguer el Curvo
[1057]; y no de modo distinto empezabael primitive lucillo de don
Sancho el Fuerte, puesto en el sepulcro de este malhadado sobe-
rano [1072]:
Sanctius, forma Pan's, et ferox Hector in arm/*,
Clauditur hac tumbo, iam factus pulvis et umbra '.
monumcntos escrilos a mcdiados del siglo XII, lo cual convcnce de la pocn
autoridad de este epitafio. En Castilla y sus dominios tampoco existen ni
podian existir documcntos de esta especic de la fecha atribuida al lucillo del
conde Bernardo: Ambrosio dc Morales solo mcnciona varias inscripciones se-
pulcrales, escrilas en gallego y castcllano, a mediados del siglo XIII (Cor6-
nica General, tomo III, apcnd., fol. 128 vuclto), que son acaso de las prime-
ras que so pusieron en scpulcros. Desde esta edad comicnzan ya a encontrar-
se algunos cpitafios en verso castellano, siendo notables entrc todos el quo
existe en la capilla de San Eugenio dc la catedral de Toledo en memoria dc
don Fernan Gudiel [1276] y el de Ruy Garcia [1207], que so conserve hasln
fines del siglo pasado en la parroquia de Santa Leocadia dc la misma ciudad.
{ Sc hadudado dc la autenticidad de eslc epitafio; pero tanto por las for-
mas de Icnguajc y dc mctrificacion, como por la tradicion que conserva res-
pecto dc la persona del rey don Sancho, pucde y dcbc tcnersc por rmiy poco
posterior a la cataslrofc dc Zamora. El obispo don Pdayo, que sin duda cono-
cio al indicado rey, decia de su figura: ((Sanctius Rex fuit homo formo-
sus nimis et miles strcnuus (Num. 9).
234 HIST01UA CltlTICA DE LA LITEHATURA ESPASOLA.
Los egemplos en el mismo sentido pueden facilmente multipli-
carse. Seguia, pues, esta poesia el lento impulse de los estudios,
quo raientras mis lejanos aparecian del verdadero arte clasico, se
inclinaban mas decididamente al conocimiento de la antigiiedad; y
fruto de los hombres doctos, contribuia & dar cabal idea del pro-
gresivo estado de la inteligencia, senalando de una manera clara
y terminante aquel primer divorcio, operado entre vulgares y
eruditos, por el menosprecio con que miraban estos las ingenuas
y sencillas producciones del arte popular que iba poco poco en-
sanchando la 6rbita de sus conquistas. Honrados con el favor de
reyes y prelados, 6 ya consignando sus propios nombres en los
mismos tumulos que ilustraban,ha llegado & nuestros dias la me-
moria de algunos de estos poetas: fueron los mas distinguidos Oli-
va, abad de Ripoll y obispo de Ausona (Vich), autor de un poema
historico en alabanza de aquel monasterio * ; Alon 6 Alfon Gra-
matico, quien no sin fundamento pudiera atribuirse el Cantar
de Gcsta sobre la conquista de Toledo, escrito en honra de Alfon-
so VI, en cuya c6rte florece 2 ; Arnaldo, docto en el arte de hacer
versos 5 , y Pedro, monje de Santiago de Penalva, celebrado por
su saber y doctrina 4 . Las obras que poseemos de estos ingenios,
{ Publicise csle peregrino monumcnto en cl tomo VI, pag. 306 y si-
gaientes del Viaje literario de Villanucva, copiado del cod. num. 57 de la
scccion XI de la Biblioleca dol indicado monasterio. En el mismo existio un
Necrologio, debido en su mayor parte al obispo Oliva, de donde saco Bofarull
casi lodos los epitafios, insertos en el primer tomo de sus Condes de Barcelo-
na vindicados. Veanse las Iluslraciones.
2 De esle poeta son los cuatro epitafios de la reina Coslanza, que van en
las Ilustraciones, bajo el numero XXIX dc la l. a : don Rafael Floranes en unos
Apuntamienlos Mss. sobre la poesia vulgar indica que Alon Gramatico fue
obispo de Astorga de H21 a i!32, y Florez da en efeclo noticia en dichos
afios de un prclado dc aquella diocesis, con el nombre dc Alon (Espaiia Sa-
grada, tomo XVI, pag. 198).
3 Villanucva cila una escritura otorgada en -1088, donde aparcce el nom-
bre de Arnaldo en csta forma (tomo XIII, pag. { 15):
Scrijisit Arnaldii!, coinponere cirinina doct/u.
4 Vease cl cpilafio dc Estcvan, abad del monasterio dc Santiago de Pe-
nalva, lluxlrationes, num. XXII de la I.*
PARTE I, CAP. XIV. POETAS Y ESCR11 . DEL Slf.LO IX AL XII. 231i
aunque reducidas al circulo en que el arte se agitaba, muestran
de una manera clara y positiva, en el largo espacio que abrazan,
el itinerario de las formas po6 ticas y el complete desarrollo de las
rimas, cuyos origenes respecto de las moderaas literatures ban
llenado los discretos de sombras y misterios ' .
Pero si estos y los demas monuraentos de igual naturaleza son
de mucho efecto para completar en cierto sentido la historia de la
poesia latino-erudita, contribuyendo poderosamente a esclarecer
la civil, politica y eclesiastica, no do raenor interns nos parecen
respecto de la poesia vulgar, cuyo desenvolvimiento fomentan,
bien que de una manera indirecta. Eran los epitaflos en algun
modo la consagracion dada por la Iglesia ya al valor de genero-
sos caudillos, que ofrendaban sus vidas en aras de la patria, ya a
la virtud y ciencia de egregios prelados y humildes ascelas, ya
finalmente a la munificencia y magnanimidad de los reyes: ex-
puestos a la contemplation constante de los fieles que al templo
concurrian, ofrecianse atodos como objeto de alta veneracion; y
avivando en los que aspiraban a cierta cultura el instinto de la
imitacion,despertado y fomentado sincesar por los cantos religio-
sos, contribuian a fijar la idea de las formas, siendo reputados
cual perfectos modelos. Fueron por tanto estos breves poemas,
verdaderos panegiricos de los varoncs mas senalados por sus vir-
tudes, una via mas por donde llegaron a ser familiares a la mu-
chedumbre las desfiguradas reliquias del arte antiguo, cumplie'n-
dose en tal concepto y aun a pesar de la repugnancia 6 indiferencia
delclero, aquella ley providencial que le habia conducido siemprc
a generalizar y hacer populares todas sus conquistas.
Ni dejaron tampoco de trascender a los vnlgares las formas
poe"ticas de la literatura latino-eclesiastica por medio de otros ele-
mentos de cultura, que como las inscripciones, los cantos del rezo
y los epitafios, debian ministrarles no este"ril enseiianza. Tal su-
cedio en efeclo con los proloquios, adagios, refranes, palabras 6
retraeres (que de todas artes eran apellidados), maduro fruto de
la experiencia y primera formula de la filosoQa de todos los pue-
blos. Expresadas estas maximas, ora relativas a la religion y a la
\ Hemitimos a nueslros Icctorcs alas llustracionet I.* y III.*
23G HISTORIA CRtTICA DE LA LITERATURA ESPA?iOLA.
moral, ora a la politica y a la guerra, y ora en fin a las ciencias
y a las letras en la lengua y raetrificacion empleadas por los doc-
tos; repetidas frecuentemente por estos, y aprendidas sin esfuerzo
alguno por la muchedumbre, natural era que diesen crecido au-
mento al caudal de las formas, de que iba a disponer la poesia
popular, vertidas al cabo a las lenguas romances, en igual linajc
de metros ! .
Con semejantes y analogos tributos contribuia pues el clero a
la exornacion exterior de aquel arte, cuyo nacimiento era debido
al gran cumulo de circunstancias que iban imprimiendo determi-
nados caracte"res a la civilizacion espanola en cada una de las co-
marcas, en que se hallaba dividido el cristianismo. Mas no porque
la literatura latino-eclesiastica le prestara sus armas, renunciaba
esta a su propia vitalidad, reconcentrandose por el contrario y
robustecie"ndose con el estudio de los poetas, historiadores y fi!6-
sofos del antiguo mundo, cuyas obras eran consideradas como uno
de los mas preciosos ornamentos de las bibliotecas 2 . Y no reci-
bian menor cultivo las disciplinas liberates, alentadas siempre por
el egemplo de las Etimologias, cuya ensenanza, lejos de inter-
rumpirse, habiase fortificado con el trascurso de los tiempos, hon-
radas las escuelas clericales y monacales con la asistencia de prin-
{ A csta importantisima parte de los origenes de la lileratura vulgar
consagramos exclusivamente la Ilustracion num. V.
2 Era este movimiento tan general en los dominiqs crislianos, que basta
cxaminar los indices de las bibliotecas de aquella edad que han llegado a
nueslros dias, para adquirir entero convencimienlo. Entre otros muchoscitare-
mos cl catalogo de la del monasterio de Ripoll, publicado por Villanueva (to-
mo IV del Viaje Litcrario, apcnd. IV, pag. 2J6), donde se hallan comprendi-
das las obras de Virgilio, Juvenal, Plutarco, Macrobio, Boecio y Donato (en
varios cjcmplares), asi como las de Aristoteles, a que parccian servir de com-
plcmentolas de San Isidoro y del venerable Beda. Las pocsiasdc Arator y Se-
dulio, cantores crislianos, y los himnos de la iglesia visigoda Servian tam-
bicn dc enlace al arte que rcconocia aquellos on'gones. La iglesia de Rueda
poscia del mismo modo numerosos volumcncs dc la antigiicdad, en que sc
conlaban las obras dc Horacio, las comedias de Tcrencio, comcntadas y cx-
plicadas, y abundantes fragmentos dc los pocnias dc Homcro (Villanueva,
tomo XV, pag. 171).
PARTE I. CAP. XIV. POETAS Y ESCRIT. DEL SIGLO IX AL XII. 237
cipes y magnates *, y obtenidas por los escolares no pocas prero-
gativas y privilegios 2 . No podian en verdad ser infecundos estos
esfuerzos; y aunque sin discernimiento, ni critica bastante para
saborear las bellezas que aquellos autores atesoraban, procur6 re-
vestirse do sus galas la poesia erudita, alejandose mas y mas de
los cantos vulgares, que encaminados & distinta meta, parecian
preludiar en sus rudas y desusadas armonias un porvenir esplen-
dido y majestuoso. Mas s61o alcanzaron los doctos d consignar en
sus obras, con el amor que profesaban las del arte greco-latino,
su impotencia para imitarlas, si bien, fijando su vista en la ju-
vcntud, que se dedicaba & las letras, atendieron con todo empeno
\ El Silensc escribia, tratando de Bcrmudo el diacono: Is ab ipsis pue-
rilibus annis iussionc Patris littcrarum studiis traditus, ubi adoluit, potius
caeleste quam terrcnurn sibi rcgnum afectavit (num. XXXII). Y hablando
despucs dc Fernando I y dc sus hijos, decia: Rex vero Fernandas filios suos
ct filias ila ccnsuit instruere, ut primo liberalibus disciplinis, quibus et ipse
studium dedcrat, erudientur. Deinde ubi aelas paliebatur, more Hispanorum,
equos cursare, armis et venationibus filios excrcerefecit, etc. (num. LXXXl).
Y dc que proseguian siendo las escuelas monacales centres de piiblica ense-
fianza, nos da inequivoco testimonio el privilegio otorgado por Alfonso V en
la Era 1045 (ano 1007) al monasterio de San Pedro de Rocas (Galicia), con-
firmando olros de Alfonso III, en que hablando de un inccndio, acaecido en
dicho monasterio, leemos: Per negligentiam puerorum qui ibi in schola ad-
huc degenles lilteras legebant, domus ipsa [Sancti Petri de Rocas] ab ignc de
nocte est succcnsa.
Mas adelante vcrcmos como aquella respetable inclinacion de los principes
al csludio, se rcgulariza y extiende a los proceres y caballcros, desmintiendo
la vulgan'sima creencia deque se opusieron 6 fueron indifercntes en la Penin.
sula Iberica al cullivo de las letras.
2 Tencmos la comprobacion dc estc ascrto en los fueros y cartas pueblas :
en el fuero de Carcastillo (Navarra), dado por Alfonso el Batallador en 1 129,
se Ice por egemplo: Escolano non prcngat posada abirto en casa de cava-
wllero: in casa de pcdon III nodes. En el de Ucles, mas conocido, se dice:
((Posadas non prcndat scolaiio a forcia in casa de clerigo nin de cauallero.
Fue otorgado por el maestrc dc Santiago don Pedro Fernandez en 1105. De
estos datos, que pudieran multiplicarse facilmentc, se deduce que, asi en
Castilla como en Navarra y aun Aragon, gozaban los escolares de ciertos
privilegios, siendo en verdad sensible que no se hayan publicado 6 acaso
trasmitido a nuestros dias las cartas, cedulas 6 fueros en que mus amplia-
mcntc se consignaban.
238 H1STORIA CRlTICA DE LA LITERATURA ESPASOLA.
a cimentar en ella el mismo respeto. Tienen estos ascrtos confir-
macion, entre otros documentos de aquella edad, en cierta ma-
nera de himno, cantado sin duda por los mismos escolares, y en-
caminado a despertar en ellos el amor de ciencias y letras. Tan
peregrina cancion, intitulada Ad pueros, y no conocida todavia
en la republica literaria, comienza de este modo:
Fistula, pange raelos puero, meditante camena;
Regia Pipino, fistula, pange raelos.
Oplime carpe, puer, salicis de frondibus ubas:
Celica dona libens optime carpe, puer.
Y repitiendo a cada verso esta especie de bordon, dice al ha-
blar de las letras:
Pervigil oro legas cecinit quod Musa Maronis:
Quaeque Sophia docet optime carpe, puer.
15 Cerne libens sonipedes, volucresque, canesque, ferasque;
Celica dona libens, optime carpe, puer.
Neglige ne iuvenis relegas pia facta Catonis:
Quaeque Sopbia docet optime disce, puer *.
Al exponerse estos celebrados nombres a la admiracion de la
juventud, aludiendo indudablemente a la obra inmortal de las
Georgicas y al libro de preceptos morales, conocido en toda la
edad media con el titulo de Disticha Catonis 2 , no se olvidaban
los estudios sagrados, observandose:
Omnia disce, canens, cecinit quod carmine psalmum:
\ Esta cancion, que reproducimos por complete en las Ilustraciones, sc
cncuenlra en uno de los codices, recogidos por la Real Acadcmia de la Histo-
riaen los ultimos afios, pcrteneciente al monasterio dc San Millan dela Cogu-
lla. Esta escrito todo el de letra isidoriana en el siglo XI, y contienc unexten-
so Vocabutario latino, con variaspiczas miscelancas. La cancion, cuyo facsimi-
le acorn pafiamos, sc halla asimismoescrita en letra isidoriana; y dc tinta mas
negra, bien que en el mismo caractcr, tiene al final la Era 1CLX, que equi-
vale al afio i!22. Tengase presente este hocho para en adelante.
2 En la Hibliolcca Tolcdana sc custodia un excelcnte codice del siglo X
6 XI, que conlicne cntre otras muchas obras, dcbidas a los poetas religiosos
do los siglos IV, V y VI dc la Era cristiana, y aun de tiempos mas recicn-
I'ARTE I, CAP. XIV POETAS Y ESCRIT. DEL SIGLO IX AL XII. 239
Quaeque Sophia docet, optime carpe, puer.
Pueden anadirse a estos plausibles esfuerzos, desde mediados
del siglo XI, en que cl refcrido himno se escribia, otros ensayos
que encaminaban y presentan la imitacion con un fin verdadera-
mentc didactico. Entro varies egemplos que pudie"ramos traer,
bastara sin duda el poema DC Musica, escrito por Oliva, monje
del raonasterio de Ripoll, coetaneo del obispo del mismo nombre ':
proponiaso este por modelo el apreciable tratado de Boecio sobre
la indicada arte, exornado ya por 61 con cierta manera de pr6logo
a suplicacion de otro monje, llamado Pedro 2 ; y
Rimans cum studio quid musicet eufona Clio,
segun dice del prelado su homtinimo, atendia a explicar las prin-
cipales reglas de dicho arte, poniendo de relieve el afan que le
aniraaba por hermanar los acordes y melodias de la musica con
las inspiraciones de la poesia. Pero a pesar de todas estas mani-
festaciones, que asi fijaban el derrotero de la inteligencia, no Cue"
posible a los eruditos libertarse de los vicios, en que el arte habia
caido: con la hinchazon y oscuridad hiperb<Mica del estilo y len-
guaje (defecto caracteristico de los ingenios espanoles, conforme
dejamos repetidas veces insinuado), trasmitiase a esta edad y pro-
tcs, los cclebrados Dlslicos de Colon, que empiezan de este modo: Marci Ca-
tonis ad /ilium:
Si !) us rst animus noliis, ot carmina dicunt.
Hie libi praecipuc sit pura meote colendus, etc.
Los disticos (que solo conscrvaban cl nombre cle Caton) se imprimieron des-
dc mediados del siglo XV, repiliendose las cdicioncs en 147a, 1408, 1538,
habicndo gozado antes y despucs singular aplauso de los doctos. En los ca-
pilulos, acordados para el regimen de los estudios de la Universidad de Va-
lencia [1412] se Icia, hablando dc los gramaticalcs: wltcm, post construat
[magister] illis [scholaribus] aliquem librum poctalcm, ut Calonem,ncic. Y cl
docto Luis Vivcs rccomendaba su lectura en el siglo XVI, dicicndo, al tra-
tar de los autores que debian consultarse: ((Simul cum his disces Calhonis
disticha (Epist. De ralione sltidiorum).
{ Villanueva, Yiaje Literario, tomo VIII, pag. 55 y sigs.
2 Asi se cxprcsa el mismo Oliva:
lam nunc, Pelrc, tibi plareant vrr<us monicordii,
Qaos prrrr mnllimnda monarbui fecit Oliva.
240 H1STOR1A CRtTICA DE LA LITKRATURA ESPAJSOLA.
pagabase a las siguientes el vano y pueril aparato de los acrdsti-
cos, laberintos, logogrifos y otros despreciables juguetes, propios
s61o para senalar el extravio de la razon y la maleable condiciou
del gusto; 6 inveteradas ya estas dolencias en la literatura ecle-
siastica, conserv6 con grande empeuo y teson semejautes frusle-
rias, auri a riesgo de oscurecer sus verdaderas conquistas '.
Y no fueron por cierto insignificantes las que a principios del
siglo XII hacia en otro terreno, no fecundado todavia en bien de
la civilization espanola: distinguidos ya desde el siglo anterior los
descendientes de Judah en el cultivo de las ciencias y de las le-
tras 2 , comenzaban a ser honrados por los reyes cristianos aque-
llos rabinos que abjurando los errores del judaismo, abrazaron la
verdad evangelica. Seguia en 1106 este noble impulse Rabbi
Mos6b, uno de los mas sabios varones de toda Espaiia, que apa-
drinado, al recibir las aguas de vida, por don Alfonso el Empera-