cimiento al indestructible edificiodenuestracultura, y reconocidos
casio, primer abad dedicha casa. Guardase este raro monumento en la Real
Academia de la Historia entre otros codices, traidos de Bcnevivere; y carcce
de principio, tratandose en el cuerpo del poema de las virtudes de don Diego,
su valia, su poder, y su piedad; y narrandose la fundacion,dotacion, cleccion
de abad, y confirraacion apostolica, amonestase por ultimo a seguir honesta
y santa vida, dandose noticia de la cristiana muertede don Diego, de la adop-
cion que hace Alfonso VIII del monasterio y de la visita, con quele honra y
favorece. Termina asi:
Permtneaut sancli, qoi loca sancta coliint,
Quain meruit territ Uidaco sit gloria cells;
Cum Xpo. viv.it, cui j>ia vita fuit Explicit.
Tambien mcrece especial rccuerdo la Relation de los desonlenes y homici-
dios perpetrados en cl monasterio de Serrateix en 1251 , inscrta por Villanucva
en el tomo VIII de su Viaje, pag. 274, ap. XXIX. Es notable qucmicntras en
el Poema de Denevivere apenas se hace uso de las rimas, se cmpleen en csle
los versos llamadosleoninos, tales comocnla mayor partede las poesias del si-
glo XII se encuentran. Pero estas obras no salian ya del circulo de los dodos
(clerigos), siendo muy cscasa su influcncia en el movimiento general dc las
letras, si bicn no dcja dc reflejarse.como en su lugar nolarcmos, en las poesias
popularcs. Oportunojuzgamos manifestar flnalmcntc que los poetas crudilos
cultivaron por cstos ticmpos cierto genero dc poesia salirica, la cual hubo do
conlribuir enalgun modo al dcsarrollo de los cantares y diclados dcescarnin,
y dc los rimos de dethonra, de que en siglos posteriorcs hacen mencion his
cronicas y aun los nionuinealos poeticos. Vease con cstc proposilo la Ilus-
Iracion I. a , num XXV de sus documcntos litcrarios.
PARTE I, CAP. XIV. POKTAS Y ESCRIT. DEL S1GLO IX AL XII. 251
en el largo trascurso de doce siglos los caract6res fundamentales
del ingenio ibero, tan grata como dificil tarea. Mas s&mos antes
permitido abrazar de una sola mirada el extenso cuadro que de-
jamos bosquejado, a fin de obtener por completo el legitimo fruto
de nuestras largas vigilias, probando asi con cuanta razon, obe-
deciendo al pensamiento trascendental de reconocer bajo todas
sus fases al ingenio espanol, uno, integro e" ide"ntico desde que da
las primeras senales de existencia hasta nuestros dias, hemos as-
pirado a bosquejar toda sn historia, para corresponder dignamen-
te a las exigencias de la filosofia y de la critica.
CAPITULO XV.
CONSIDERACIONES GENERALES SOBRE LA MANIFESTACION LATINA.
APARICION DE LA LITERATURE VULGAR.
Rdpida djeada sobre la literatura hispano-latina. Principalcs caracle>es
del ingenio espanol en todas sus edades. Aparicion del elemento hebrai-
cooriental. Su introduccion en la elocuencia y poesia cristiana. Refle-
jase en la hispano-latina. Varia suerte de las letras despues de la inva-
sion sarracena. Contribuyen algunos varones respelables a su restau-
racion en Italia y Francia. Acuden a nuestras antiguas escuelas doc-
tos extranjeros. Efectos de este comercio literario. Restablecimiento
de las disciplinas clericales y de la nocion aristotelica. Antagonismo en-
tre la civilizacion y poesia ardbiga y la espanola. Desarrollo de la poesia
latino-eclesiastica en todas sus fases. Aspiran las hablas vulgares al do-
minio de la poesia popular. Reducese el latin d la categoria de lengua
muerta. Espontaneidad de los cantos populares. Errores de los criticos
sobrc este punto. Influenciaarabiga e induenciafranco-provenzal: verda-
dera epoca en quo una y otra pueden insinuarse. Progresos de las poesias
populares hasta ser escritas. Su divorcio con la latino-eclesiastica. Su
propension d representar nuestra nacionalidad literaria. Unidad del inge-
nio espanol en sus difercntes manifestaciones.
Ljlevaraos recorrido el dilatado espacio do docc siglos, periodo en
quo hemos visto consumarse las mas grandes revohtcioncs poli-
ticas y sociales, percibiendo en medio do tan memo-rabies trastor-
nos los ppregrinos ecos de la musa espanola, quo ya lamcnta la
23 1 HISTOIUA CHtTICA DE LA L1TERATURA ESI'ASOLA.
p6rdida de la libertad y ruina del mundo antiguo, ya solemnizael
triunfo del cristianismo, santificando el valor y la sublime entere-
za de los mar tires; ora defiende la integridad y pureza del dog-ma
contra los embates de la herejia; ora limpia y purifica de todo
contagio de gentilidad las costumbres publicas y privadas, exal-
tando el entusiasmo religioso bajo las btivedas del templo; y ora
en fin reanima y fortifica el espiritu de independencia, fundiendo
en uno los dos grandes sentimientos que Servian de base a la
regeneracion total de la nacion espanola. Abrazando ese largo y
dificil periodo la historia de una sola lengua escrita, comprende,
sin embargo, la de dos diferentes literaturas. La literatura genti-
lica (clasica) y la literatura cristiana (romantica) tienen por uni-
co medio de expresion en el suelo de la Peninsula Iberica la len-
gua del Lacio, que perdiendo sucesivamente su magnificencia y
esplendor en medio de la oscuridad de los siglos, no puede ya
sostener su imperio sobre la muchedumbre, reducida al cabo al
dominio de la Iglesia y siendo exclusivo patrimonio de los doctos.
Este momento solemne, en que, amasados con sus ricos despojos,
aparecen los idiomas vulgares para disputar a la lengua latina su
antigua supremacia, interpretando con mayor ingenuidad los re-
gocijos y dolores, los deseos y esperanzas de grandes y peque-
nos *, es indudablemente de suma importancia en la historia dd
arte moderno, porque dandonos el primer testimonio de su exis-
lencia, nos advierte al par que ha dejado de ser popular el ha-
bla de Ciceron y de Virgilio, para merecer el significativo titulo
de lengua muerta.
Mas si domina, mientras vive, en ambas literaturas, merced a
la omnipotencia de la Republica y del. Imperio romano y a las
venerandas tradiciones del cristianismo, no se olvide que la his-
toria de la literatura latina, propiamente hablando, no fue", ni
[ivido ser completa en las Espanas, bien que no por esto hubieron
de aparecer menos scnsibles las consccuencias que en ellas pro-
1 Veanse las Iluxtraciones (num. II), dondc, sogun dcjumos advertido,
procuiMinos dar loda la extension quo realmenlc exige, a la invcstigacion do
los origcnes y formacion dc las Icnguas romances, cuya apuricion historicu
li'-tuos rcconucido ya en los capitulos prccodcnlcs.
PARTE I, CAP. XV. CONSID. GEN. SOBHE LA MAMK. LAI. 255
dujo. Cuando, vcncidos en dcsastrosa y porfiada lucha los anti-
ques moradores de Iberia, logro atarlos a su coyunda de hierro
el Senado de Roma, largo era el trecho andado por aquella lite-
ratura, que al enriquecerse con los envidiados lesoros del Atica,
perdia no pequena parte de su native vigor 6 independencia. Nin-
guna muestra de su lozania y frescura habian dado hasta enton-
ces los ingenios espanoles en el cultivo de las letras latinas: opri-
midos, ahogados bajo el peso de una dominacion militar, cuyos
mis celebrados y virtuosos caudillos hacian alarde de crueldad
sin egemplo *, falUMes animo para protestar siquiera contra las
violencias que los aniquilaban; y enojados profundamente contra
el nombre romano, negaronse a modular, asi sus himnos de vic-
toria como sus cantos de dolor, en aquella lengua que les impo-
nia, con la dureza de las armas, la politica del Senado. Reparadas
mi tanto por la mano de los Ce'sares las graves ofensas que exa-
cerbaban su espiritu, halagados por los dones de la paz (ya lo
hemos visto en lugar oportuno), brotaron por todas paries cultiva-
dores de la poesia y de la elocuencia, y a los toscos y desalinados
poetas de Metelo, ludibrio de la culta Roma, vinieron a reempla-
zar en breve generosos cantores, cuyas sublimes y desusadas ar-
monias atraen sobre Espana, si no el respeto, la estimacion al
menos de la Senora de las gentes.
Pero al verificarse este cambio, importantisimo como trascen-
dental en la historia de la civilizacion espanola, no solamente ha-
bia perdido el arte romano la viril energia de sus primitivos him-
nos guerreros, no solaraeute se habia confesado mcro imitador dc
las letras helenicas, sino que decaida ya la tribuna, con la destruc-
cion de la Republica, y abandonada la poesia en brazos de la sa-
tira con la corrupcion de las costumbres, estaba ya herido de
muerte *. S61o alcanzaron pues los ingenios espanoles a lamentar
1 Uecuerdese cuanlu sobrc estc punto dijimos en el cap. I, y con cspe-
rialitlad dcsdc la pag. 13 en adelante.
2 Mr. W. F. Hegel, coincidicndo en eslas ideas, dice: E1 arte olasico
tcrmina con la satira: no pudiendo ya dominar la idea, la combatc... La
v>satira es la forma de transicion, con que du fin el arte latino (('.urmi de
EslliMica, tomo II).
5aC HISTOR1A CIltTICA DE LA UTERATUUA ESPAJ50LA.
la postracion moral y politica del pueblo, cuya grandeza los ad-
miraba, dolie"ndose de la esclavitud de aquella literatura, cuyas
bellezas saboreaban tal vez demasiado tarde: oradores, aspiraron
a dar nueva vida a la tribunal poetas, pensaron restituir su an-
tiguo vigor al sentimiento de la libertad, enervado por los deleites
y embotado por los crimenes *: historiadores, procuraron desper-
tar, con las severas y magnificas tradiciones de la Republica, el
amortiguado patriotismo: preceptistas, acudieron a conjurar la
ruina del arte, que flel reflejo de la sociedad, se precipitaba, como
ella, en insondable abismo: fil6sofos, contemplaron, vacilantes
entre los caducos sistemas que aceptan y reprueban al par, la
horrible ansiedad que devoraba al antiguo mundo, y aspiraron,
mas generosos que discretos, a concertarlos y hermanarlos, pre-
sintiendo acaso la universal trasformacion que habia comenzado a
realizar la doctrina del Crucificado.
No otro parecia ser el empeno contraido por los ingenios es-
panoles desde el punto en que Porcio Latron abre en Roma su
celebrada escuela de retorica, siendo aclamado cual digno maes-
tro de la juventud dorada, hasta que dadas ya a luz por Quinti-
liano sus aplaudidas Instituciones, ejerce el magisterio en la mis-
ma capital Antonio Juliano. Mas asi como al arrimar el hombro
para sosteuer el vacilante ediiicio de la literatura greco-latina,
novieron que, apoyandose principalmente en el sentimiento de su
propia nacionalidad, solo podian contribuir a su mas pronto fra-
caso, tampoco advirtieron que desplomado ya, no habia fuerzas
humanas para restituirle su antigua majestad y su pristina belle-
za. Dirties sin embargo la misma independencia de su caracter alta
significacion en la historia de aquella literatura, que falta de fuer-
zas para defender sus conquistas, y combatida al propio tiempo
por incontrastables elementos, cedi6 al impulso de su fogosidad,
olvidada al cstruendo de los aplausos, con que saludaba la capital
del mundo los nornbres de Porcio Latron y Marco Anneo, Lucio
Anneo y Lucano, la gloria de Ciceron y de Yirgilio.
De exiguo valor serian para nosotros scmejantes hechos, si al
examinar las obras de tan renombrados ingenios, s61o bellezas
1 Terujusc prcscntc la causa del suplicio dc Seneca y dc Lucano.
lARTE I, CAP. XV. CONSIU. GEN. SOBRE LA MAMF. LAT. 2!>7
hubie"ramos encontrado en ellas, dejandonos llevar de la corriente
de los que canonizan sus extravios para sacarlos limpios de toda
culpa en la decadencia de las letras latinas i . Esta manera de juz-
gar podia unicamente producir lamentables contradicciones, re-
uunciando a los medios de expliear la indole propia de aquella
elocuencia y de aquella poesia, destinadas a trasmitir & las gene-
raciones faturas sus peregrines ecos, por entre las grandes revo-
luciones y trastornos que estaban amenazando la existencia del an-
tiguo mundo, fin principalisimo de nuestras vigilias. Porque ni la
aspereza y arrebatada facundia de Porcio Latron, ni la fogosa osa-
dia 6 hiperb61ica exuberancia de Lucio Anneo S6neca, ni la pin-
toresca y encendida grandilocuencia de Lucano eran en ellos pren-
das absolutamente personales, dando por el contrario inequivoco
testimonio de la energica nacionalidad espanola, que s61o habia
podido manifestar de esta forma su vitalidad y su fuerza en el
gran concurso de los pueblos, sujetos por Roma al carro de sus
triunfos. Aquellas cualidades intrinsecas, connaturales 6 inherentes
a la vida de la musa ibe*rica; aquellas dotes especiales que apare-
cen a la contemplacion de la critica, independientes de toda in-
fluencia momentanea; en una palabra, cuanto constituye y da fi-
sonomia a la originalidad oratoria y po6tiea de los ingenios cor-
dobeses, al ser comparados con los aragoneses y aun con los se-
villanos, digno era por cierto de madura consideration, pues que,
revelando aquella manera de orientalismo, que habia echado rai-
ces en el suelo de la Be"tica 2 , y sobreviviendo a las trasforma-
ciones de la sociedad, debia reproducirse, despues de muchos si-
glos, con igual energia, tanto en los can tores latinos del cristia-
nismo como en los poetas castellanos, constituyendo asi la unidad
1 Tal succde principalmente con los cruditos Mohedanos y con cl dili-
gente abate Lampillas; pcro ni la acriraonia de Tiraboschi, a quicn cl ultimo
impugna, ni la insistencia de Mr. Nisard, que sigue, aunquc bajo distinto
aspecto al historiador italiano, ban podido apartarnos dc la imparcialidad
que nos sirve de norte: quien todo lo niega (dice el proverbio), todo lo concede,
dcspojandosc aderaas de los medios de hallar la verdad, a que debc aspirar
toda critica ilustrada y fllosofica.
2 Veanse el cap. I, pag. 8,y el cap. Ill, pag. 121 del anterior volumen.
TOMO II. 17
258 HISTORIC CRlTlCA DE LA L1TERA1URA ESPAflOLA.
interna del arte espanol, amplisiraa 6 indestructible base de la na-
cionalidad literaria de la Peninsula Ib6rica.
Prueba y justifica la exactitud y oportunidad de estas observa-
ciones, el breve paralelo que en su lugar hicimos, de las princi-
pales dotes que resplandecen en tan senalados escritores con las
que brillan en el c6lebre Juan de Mena, preciado ornato de la
erudita c6rte de don Juan II, y en el esclarecido don Luis de
Gtingora, padre de la escuela culterana *; paralelo que tendre-
mos tambien ocasion de establecer respecto de otros ingenios en
el proceso de la historia, y que ban podido hacer con ppco es-
fuerzo los lectores, al reconocer la indole y genial fisonomia de
los escritores cristianos del Califato. Y es lo notable que no s61o
respecto de los ingenios que nacen en el suelo de C6rdoba, llama-
dos a ejercer cierta influencia revolucionaria en la historia de la
elocueucia y de la poesia espanola, existe esa prodigiosa seme-
jauza, cualesquiera que sean el tiempo y las circunstancias que
los separen : la comparacion establecida entre Marcial y Lupercio
Leonardo de Argensola, Coluraela y Rioja, Silio Italico y Pedro
de Quir6s, presentando a estos cultivadores de la poesia latina y
castellana cual celosos partidarios de las tradiciones artisticas, y
devotos imitadores de la belleza de las formas clasicas, enseiia de
una raanera clara y distinta que no alcanzan los cambios religio-
sos, sociales y politicos a borrar los rasgos peculiares que ani-
raan encada coraarca de las Espanas al ingenio espauol, cuyas di-
ferentes cualidades constituyen en raaravilloso conjunto el gran
caracter de nuestra literatura 2 .
Estos lazos secretos, que dan a su historia un fondo de admi-
rable unidad, en medio de la variedad extraordinaria de elemen-
tos que van sucesivamente acaudalandola, no se rompen ni debi-
litan, al dejar de ser la lengua latina inte"rprete del arte gentili-
co, para sorvir d)} instrumento a la nueva elocuencia y poesia,
que iban a recibir el nombre de cristianas. Predicada la doctrina
cat6lica en el idioma hablado de uno a otro confm del Imperio,
debia ser este el medio mas adecuado de que se valicran los Pa-
< Cap. Ill, pag. 140 y siguicntes. V. cl cap. IX de lalll. a Parto.
2 Cap. IV, pag. 102 y siguientes.
PAKTE I, CAP. XV. CONS1D. GEN. SOBRE LA MANIF. LAT. 239
dres de Occidente para defensa de la misma doctrina, al empren-
derse aquella lucha gigantesca entre el politeismo y la sublime
ensenanza del Crucificado; lucha que exaltando la fe" de los con-
fesores y los martires, no solamente levanta la elocuencia a las
desconocidas regiones, adonde jamas habia llevado su vuelo, sino
que en el dia del triunfo produce tambien los primeros cantos de
la musa sagrada. Hallo esta legitimada la Icngua de Iloracio, y
consagrtila tambien en cien y cien himnos, que reflejando viva y
poderosaraente el amor y la esperanza del mundo cristiano, se
revistieron de las formas artisticas creadas por la gentilidad,
bien que purificandolas de la repugnante groseria y torpeza con
que las habia manchado el monstruo del sensualismo ' .
Cupo entonces a los ingenios de Iberia la gloria de ser los pri-
raeros a tomar parte en el nuevo y maravilloso concierto, levanta-
do en todos los angulosde latierra, para solemnizar la gran victo-
ria del Evangelio; y alrespetuoso y grave acento de C. Vecio Aqui-
lino siguie"ronse en breve los apasionados cantos de Aurelio Pru-
dencio, que ya ensalzando la virtud de los martires, ya pintando
las luchas interiores del alma, venian a demostrar que no se habia
apagado la luz que ilumina los simpaticos versos de Marco Vale-
rio, cuando, lejano de las liviandades de los hombres, hablan en
sus labios la verdad y la fllosofia 2 . Inflamada mas tarde la elo-
cuencia de Orosio por las calurnnias del paganismo, y exaltada la
musa de Draconcio por la crueldad de los barbaros y la pertinacia
de la hcrejia, mientras son acusados por los rettiricos modernos
de afectada hinchazon y oscuridad, dandoles el mote de africa-
nos y revelaban en sus Hislorias y en sus Poemas que habian so-
brevivido a la gran catastrofe del mundo gentilico el genio im-
petuoso y la rica imaginacion de los S6necas y de los Floros 3 .
Mas esta ardiente cuauto generosa inclinacion do los ingenios
espafioles a lo grande y lo maravilloso, debia aparecer en los cul-
tivadorcs del arte cristiano, nuevamente excitada por un elemen-
\ Hecoidamos at^iii el laslimoso cuadro quo en cl cap. V bosqucjnmos,
valieiuloiios para cllo dc las dcclaraciones dc los Padres.
2 Veasc el cap. Ill, cilado arriba.
3 Cap. VI, pag. 26* y siguientes.
260 HISTOKIA CKlTICA DK LA L1TEHATUIU ESPAflOLA.
to, de todo punto dcsconocido de los poetas y oradores de la gen-
tilidad, quo alegando legitimos titulos a la estimacion de doctos e"
ignorantes, estaba llamado & ejercer no escasa influencia en el
desarrollo de las modernas literaturas ' . Tal era el elemento he-
braico-oriental, traido al seno de las naciones occiden tales por los
ap6stoles del cristianismo. Iniciado ya en la elocuencia sagrada
desde el primer instante de la predicacion evangelica, habiase ge-
neralizado con el asiduo estudio y contemplacion de las Santas
Escrituras; y penetrando al cabo en el terreno de la poesia, lle-
gaba a imprimir deterrainado caracter a los himnos religiosos.
Un pontifice y poeta espanol del siglo IV, a quien debi6 la Iglesia
senalados servicios, fue" el primero, segun en su lugar adverti-
mos, que introduciendo en la liturgia el canto de los salmos, abri6
de lleno las puertas de la literatura latino-eclesiastica a las inspi-
raciones orientates, dando egemplo en sus numerosas poesias,
inauguradas con una oda en alabanza de David [in laudem Da-
w'dis], de aquel linaje de imitacion, que debia refrescar y aun dar
nueva vida & los caducos elementos del arte gentilico. Recibida
pues esta legitima y saludable influencia por el cantor de la Vir-
(jinidad 2 , por el virtuoso San Damaso, cundia naturalmente a
todos los escritores cristianos, que contemplando en el Nuevo y
Viejo Testamento las verdaderas fuentes de la elocuencia y de la
poesia sagrada, acudieron a ellas para beber la luz que ambicio-
naban. Este nuevo faro, que brilla de lejos a los ojos de Yuven-
co, cuya musa procura empapar sus alas en las corrientes del Jor-
dan 3 , resplandece con mayor fuerza & vista de Aurelio Clemente,
ilurnina las pat6ticas pinturas de Draconcio, y anima por ultimo
la vigorosa frase de Orosio, infundiendo nueva fuerza a la pere-
grina llama del orientalismo, que habia brillado en las regiones
1 Cap. IX, juicio sobre las obras de San Julian, pag. 404.
2 Este pocma dc San Damaso no se lialla cntrc sus obras: cilalo San Gc-
ronimo en el num. XII de su Epistola ad Eustochium (que cs la XXll. a dc la
cdicion dc Verona), rccomcndando encarecidamente su leclura.
....I'nro mrntetn riget anine aanentii
Diilcii lordnnis, ut Christo digita loquamur.
(In praefatione Hist. Chrisli, vs. 34 y 3b.)
PAJITE I, CAP. XV. CONSID. GEN. SOBRE LA MAMF. LAT. 26!
de la B6tica desde la mas remota antigiiedad, 6 iluminado, cual
v& oportunamente advert ido, el genio de los S6necas y Lucanos.
Pero si sorprendemos ya en las obras de estos cultivadores do
las letras cristianas, al lado de aquellas dotes caracteristicas del
ingenio espanol, esos decisivos rasgos del genio oriental, quo fe-
cundan 6 imprimen ' nuevo sello a las formas exteriores del arto
gentllico, mas sensible se muestra aun este interesantfsimo mari-
daje, al fijar la vista en las producciones del episcopado hispano-
visigodo. S61o el estudio de las Sagradas Escrituras habia po-
dido sostener en su mayor pureza el dogma cat61ico contra los
combates y persecuciones del arrianismo; y s61o en el estudio del
Evangelic y de la Biblia hal!6 la elocuencia las armas de fino tem-
ple que habia menester para alcanzar la gran victoria, solemni-
zada en el tercer concilio Toledano. Preparada esta por los nobles
esfuerzos de Justo Urgelitano, Apringio Pacense y tantos otros
como en tan memorable lid defendieron la integridad de la creen-
cia *, adquiria el elemento biblico entera supremacia en la lite-
ratura hispano-eclesiastica, que reanimada al par con los estudios
griegos, traidos al centre de la Peninsula por la autoridad y
egemplo del gran Leandro, aparece a los ojos de la critica en
cierta manera de renacimiento. Hermanados, fundidos por la re-
ligion el genio espanol y el genio hebraico oriental, asociaronse
estrechamente la hipe"rbole de David y la hipe"rbole de Lucauo, y
comunicaron a la entonacion poe"tica y oratoria especial fisono-
mia, que a pesar del decidido empeno del grande Isidoro, para
restablecer la nocion pura del arte y de la ciencia del antiguo
nmndo, no solamente llego a reflejarse en Sus propias obras, sino
que trascendi6 con extraordinaria fuerza a las de sus discipulos 2 .
1 Cap. VII, pag. 304 y siguicnlcs.
2 Sobrc todas las obras de San Isidoro que por cl proposito didactico que
las guia, tienen mas exactitud que gala de lenguajc, rcsalta el libro titulado
Synonima, cuyo argumcnto y cuyo merito reconocimos oportunamcnlc (ca-
pitulo X). Escrito con cierto intento oratorio, parecio esle servir, como antes
notamos, de modclo al libro de Virginitale, debido a San Ildcfonso, cnya
vphcmencia y cxtraordinario arrebato estan revelando la influcncia biblica, a
que en cste lugar nos refcrimos. Ya sabcn los lectores que San ildcfonso
dio, como su maestro, cl litulo De Synonimtx a cslo peregrine tiatado.
2C2 HISTOR1A CRITIC A DE LA LITER ATURA ESPAffoLA.
No otros son en verdad los fundamentos do la elocuencia de Ilde-
fonso, Julian y Yalerio, cuya fogosa imaginacion se derrama en
frecuentes antftesis, osadas metaforas y exagerados y aim violen-
tos similes, excediendo los limites de la pasion y del sentimiento,
y ostenlando, especialmente los dos primeros, exuberancia tal de
voces y conceptos, que no sin alguna razon han merecido la nola
de verbosos, hinchados y declamatorios * .
No alcanza la posteridad a comprender c6mo se manifestti en
las poesias de estos ilustres varones la doble huella del genio es-
panol y del arte oriental, pues que sus versos no han llegado
desgraciadamente a miestros dias, segun en su lugar propio ad-
vertimos: los de Eugenio III, asi como los numerosos himnos can-
tados por Iglesia y pueblo desde Narbona a Cadiz y desde Finis-
terre a Barcelona 2 , ensenan sin embargo a conocer c6mo amal-
gamados perfectamente aquellos imporlantisimos elementos bajo
las formas exteriores de la poesia greco-latina, constituyen el
fondo principal de su caracter, y c6mo solemnizando todos los
actos de la vida publica y llorando todas las calamidades de la
grey cattilica, prometian trasmitirse a las edades futuras con nue-
vo y mas popular desarrollo.
En esta manera se iba consolidando el arte cristiano-latino,
euya esfera de actividad se ensanchaba notablemente, merced a
los fecundos esfuerzos del doctor de las Espanas, cuando extra-