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José Amador de los Ríos.

Historia crítica de la literatura espanola (Volume 2)

. (page 39 of 64)

mo lenguaje adoptado por la Iglesia y destinado a la ensenanza
de las disciplinas liberales 3 . Desde entonces todo testimonio pu-
blico, ya en el 6rden civil, ya en el religioso, aparece en lengua
latina: breviarios, libros liturgicos, obras po!6micas, dogmaticas
y misticas, c6digos eclesiasticos, rituales, himnos, inscripciones,
epitaflos, todo monumento publico y privado de esta edad se ha-
lla formulado en aquel venerado idioma: hasta las leyes militares
y civiles, dictadas por los monarcas bajo los mismos auspicios, se
redactaron en la mencionada lengua, que a pesar de su visible
decadencia y corrupcion, se mostraba aun iluminada por la bri-
llante aureola de la literatura romana.

Pero estos hechos, que es necesario reconocer y fijar conve-
nientemente para obtener el acierto, han llevado sin duda mas
alia de lo justo a algunos de nuestros mas senalados criticos. Los
espanoles (dicen) en todos los siglos de la monarquia go" tica ha-
blaron del mismo modo que en los de la dominacion romana:
no bubo entonces otra lengua vulgar y comun al pueblo que la
lenua latina, y esta conservti su propiedad en Espana hasta la



^ Veanse los caps. IX y

2 V&iseel cap. VII.

3 Veaseel cap. VIII.



PARTE I. ILUSTR. ORIG. Y FORM. DE LAS LENC. ROM. 377

total ruina del imperio g6tico '. A la verdad, cuando se ban
asenlado tales proposiciones, sobre haberse perdido de vista los
hechos ya alegados respecto do la 6poca romana, olvidandose al
par la especial constitucion del pueblo visigodo y del pueblo his-
pano-latino, no se ha reparado en lo que significa y vale la decla-
racion hecha sobre este punto por San Leandro en el III concilio,
ni se ha fijado tampoco la consideration en los frecuentes testi-
monies que ofrece San Isidore en su gran libro de las Etimolo-
gias sobre la existencia por lo menos de otro idioma, distinto del
empleado por la Iglesia y del adoptado finalmente por la c6rte vi-
sigoda. Justo es (exclamaba el aptistol de los visigodos) que los
que tenemos un Dios y un raismo origen y padre, de quien to-
dos procederaos, quitada la diversidad de las lenguas (lingua-
rum diversitate), con que entro en el mundo gran muchedum-
bre de errores, tengamos un mismo corazon y estemos entre nos
watados con el vinculo de la caridad, que es la cosa que entre
los hombres hay mas suave, mas saludable y mas honesta *.

Claro aparece por tanto que al celebrarse el memorable concilio,
en que se abjura la herejia de Arrio, no solamente habia diferen-
cia de idiomas entre el pueblo hispano-latino y el pueblo visigo-
do, que conservaba el alfabeto ulfilano, a que nos referimos en
lugar oportuno 3 , sino tambien entre el clero arriano y el cat61i-
co, cuya union y fraternidad solemnizaba la voz autorizada del
virtuoso metropolitano de Sevilla. Enlregd a las llamas la intole-
rancia, que desde aquellos dias comienza a germinar en el suelo
espanol, todos los libros contaminados con la doctrina arriana,
sentencia que se ejeouta en la misma corte de Leovigildo 4 ; y este
lamentable suceso despoju a la critica de los medios de conocer
por completo y de apreciar aquella lengua, que proscrita ya, con
los errores en ellaconsignados por los sucesores de Arrio, dej6 sin
duda de ser escrita en adelante.

Mas no porque el pueblo visigodo, traido al conocimiento de la



{ Marina, Mem. de la Real Acad. de la Hist., tomo IV, pag. (5.

2 Homilia de S. Leandro, Mariana, lib. V, cap. XV, tomo I, cap. VII.

3 Tomo I, cap. VII, pag. 331, y cap. VIII, pag. 339.

4 Espana Sagrada, tomo V, pag. 194.



378 HISTORJA CRtTICA DE LA LITERATURA ESPANOLA.

verdad por la elocuencia de Leandro y de Eutropio, de Juan do
Valclara y de Isidore, adoptase la lengua latina, como interprete
de aquella misma verdad, para todos los afctos religiosos y civi-
les, se ha de entender que renunciara at habla de sus mayores,
aprendiendo en un solo dia y por virtud de la abjuration el idio-
ma de los hispano-latinos. Antes bien la misma luz de la histo-
ria raaniflesta que asi como conservaron dentro de su raza la do-
mination politica, y negaron una y otra vez la diadema real a
los que no hubieran nacido de la nobleza visigoda, debieron se-
guir hablando la lengua perfeccionada por Ulfilas, que sobre ha-
ber sido depositaria de las sagradas escrituras, encerraba tambien
(y en esta parte la p6rdida de los libros ulfilanos es irreparable)
las tradiciones be"licas de sus mayores. Solo al hundirse orillas del
Guadalete el trono de Rodrigo, pudo caer envuelto en aquella
universal ruina el idioma propiamente visigodo, como cay6 la ley
expoliatoria de lapropiedad, y la mas intolerable 6 inhumana de
raza, entregando sus ya menospreciadas reliquias a las genera-
ciones que se levantaron, no sin portentoso esfuerzo, sobre tan
desusada catastrofe *.

Ahora bien: si al asentar los visigodos su domination en la
Peninsula no habian desaparecido en modo alguno los restos do

1 No es posible concebir cstos hechos de otro modo, despues de medi-
tar larga y maduramente sobre la naturaleza de los mismos. En cuanto a los
caracteres ulfilanos, no desconocidos de los discipulos de Isidoro, como per-
suade la frase de San Eugenio, al tratar De Inventoribus liflerarum (quas vi-
demus ultimas), conviene advortir que no siendo los que senalan nuestros
paleografos con nombre de goticos, mal pudieron llegar, segun con visible
error supone algun historiador moderno, al ano de ^091, en que fue abolida
la letra isidoriana 6 loletana. Los referidos caracteres, con que Ulfilas susti-
luyo en el siglo IV de la Iglesia la antigua escritura rtinica, d fin de prcser-
var los Sagrados Libros de toda mancha de idolatria y de magia (Favre,
Melanges d'Hisloire litteraire, pag. 2^0), no pueden en modo alguno confun-
dirse con los que nos ofrecen cuanlos codices se escribicron hasta fines del si-
glo XI en la Peninsula Iberica. Ulfilas al componer su alfabeto, que segun
el famoso Ctdice Argenteo consta de vcinticinco signos, acudio a las fucntes
mas autorizadas que a la sazon cxistian, y suplio con nuevas letras las que
para llenar su intcnto faltaban. Asi, restaurado dicho alfabeto por los mas
doctos filologos, que ban procurado ilustrar csta dificil materia, observamos
que cxistcn en el cinco caraclercs puramcntc gricgos, seis puramcnte latinos,



PARTE I. ILUSTB. ORIC. Y FORM. DE LAS LEKG. ROM. 379

los antiguos idiomas hablados por los espanoles; si durante el lar-
go periodo de dos siglos y medio habia existido entre uno y otro
pueblo insuperable barrera, teniendo los vencidos cerradas todas
las vias para conquistar la representation politica, de que esta-



diez greco-latinos, y cuatro originates 6 derivados en algun modo de la an-
tigua escritura riniica, en la manera siguiente:

Signos griegos F. A. II. X. u.

Signos latinos d. F. G. h. R. S.

Signos griegos y latinos. A. B. E. I. K. M. N. S. T. Z.

Signos nuevos Q.Q.I'.Y.

El sonido y valor de los caracteres, ya griegos, ya latinos, eran en sentir
de Wetstein, Knittel y otros, del todo analogos al que tenian respecto de sus
propias lenguas; los cuatro restantes equivalian a los Ae_wh,qu,th yw,no re-
presentados por ninguno de los signos clasicos. Mezclados todosestos caracte-
res en la escritura, conforme a la naturaleza fonica decadadiccion,es evidente
que, aparte de la consideracion de emplcarse solo en la lengua visigoda, tan
distinta dc la latina, ofrecian muy diverso aspecto material en la escritura,
no siendo posiblc a ningun paleografo, medianamente versado en el estudio de
los antiguos codices, el confundir los propiamcnle ulfllanos 6 visigodos (dado
que hubiesen llcgado al siglo XI en la abundancia que sc supone) con los
verdaderamente isidorianog, toledanos 6 latinos. Como indicamos en otro lu-
gar (pag. i70, nota 2), el error ha procedido de las palabras del arzobispo
don Rodrigo, quien a su vcz parecio copiar las del concilio de Leon (1099),
que en odio a la antigua independencia de la Iglesia espanola, pudo acaso
decir que era la letra toledana quam Gulfilas, gothorum episcopus, adinvenit, si
bien no so conservan los canones originales y en el extracto publicado por
Aguirre nose menciona al refcrido obispo, scgun adelante advcrtimos (Aguir-
re, tomo HI, pag. 298; don Rodrigo, Rerum Hisp. Gest., lib. VI, cap. XXIX).
Pero lo notable deestas aseveraciones, que mal uuestro grado nos vemos for-
zados a combatir, es que sc ha desconocido lo que San Isidoro manifesto a
tiempo en que la letra ulfllana se escribia aun por los arrianos, respecto dc
su origen, asentando que Ulfllas ad instar graecarum gothicas reperit lit-
teras (Chron., anno 5576), y que se ha desconocido igualmente la declara-
cion de su discipulo San Eugenio, ya alcgada por nosotros, cuando escribe
hablando dc las letras lalinas: latini scriptitamus qnas edidit Mcostrata. Apa-
rece pues a todas luces manifiesto que la escritura, como la lengua visigodas,
difieren y no pueden confundirse con la escritura y lengua latinas; y si aun
pudiera haber duda, tornados en cucnta los datos cxpuestos, valdria consul-
tar la Gramdtica de Grimm, y con ella la obra nolabilisima dc los doctos II.
C. de Gabelcnt y J. Loebe, publicada en Leipsik en 1843, con cl titulode: Ui.-
ULAS, Veteris el Novi Testamenti versionis gothicae fragmenta quae tuptnunl.



380 H1STORIA CRlTICA DE LA LITERATURA ESI'AfJOLA.

ban despojados, y no pudiendo formar parte, por medio del ma-
trimonio, de la comunion visigoda; si por el espacio de ciento se-
senta y seis anos los habia tarabien separado el espiritu de secta,
que Ileg6 a ensangrentar el mismo trono c6mo ha de conceder-
se que pudiera el latin ser hablado por visigodos y romanos del
mismo modo que en los dias del Imperio, conservando su integri-
dad y su pureza?... Desde el III concilio toledano, ya lo hemos
probado con el examen de los monumentos escritos ', se desar-
rolla en el clero cat61ico extraordinaria predileccion a los estu-
dios clasicos, que se refleja por ultimo en principes y magnates,
acrecentando la gloria de Sisebuto, Receswinto y Chindaswinto.
Esta predileccion fomenta por algun liempo y sostiene el lus-
tre que recibe la decadente lengua latina de manos de los Lean-
dros, Eugenios 6 Ildefonsos; pero aunque de mucho efecto para
restablecer aquella literatura y aquella lengua, doblemente ofl-
cial, bajo los auspicios de la Iglesia y del gobierno, no por esto
alcanza a borrar todo vestigio de antiguo espanolismo y de mo-
derno goticismo, ni aun despues del citado concilio, segun nos
ensena el respetabilisimo testimonio del grande Isidore.

Abramos, en efecto, las obras de este doctor celebe"rrimo, que
tan alia y duradera influencia ejerce en la civilizacion espanola.
^Que" nos ensena su libro magistral de las Elhymologias, cuando
se refiere al uso comun de multitud de voces, corrientes en su
tiempo, cuyo origen ya puede ser griego, ya punico, ya celtib6-
rico, ora latino, ora visigodo? Las frases mas frecuentes, con que
procura San Isidore dar a conocer el valor de dichas palabras, no
pueden por cierto ser mas explicitas: Vulgus vocat; dicitur vul-
yo\ hispani vacant; quod nos corrupt?; corrupte vulgo dicitur;
quod vulgo vocalur, etc.; y con estas singulares advertencias,
que fijan la distancia existente entre el latin de los que se paga-
ban de doctos y la lengua hablada por la muchedumbre, nos da
a conocer el ilustre maestro de Braulio y de Ildcfonso que apelli-
daban los espanoles cuculos a los coccyges (cuclillos); mustiones a
los mosquitos (bibiones); suillos (sollos) a los puercos marines;
lurgos a los ediflcios (habitacula) derramados por los campos;

1 Vcasc cl cap. IX, al final.



PARTE I. ILUSTR. ORIG. Y FORM. DE LAS LENG. ROM. 38 <

campanas a las chozas de guardas y campesinos; camisias a cier-
ta especie de tunica usada para dormir; armelausa a la veste quo
asentaba sobre la avmadura; tubrucos a cierto modo de gregiies-
cos, que cubrian las tibias y las bragas; libitonarium&l colobium
6 saco sin mangas de los latinos (levita); reclinatoria al pi6 6 ta-
rima que servia de sosten y ornato a los lechos(camae); mantelia
a los lienzos con que se cubrian las mesas; vela a los toldos que
cerraban la parte superior 6 interior de los habitaculos; capitu-
lare a la mitra de dos puntas (a cappa); bracile a la faja que li-
gaba el cuello, bajando a revol verse en el seno (redimiculum);
folleatos a las sandalias que habian determinado los latinos con
nombre de lingulatae; ventilabrum a la pala para aventar la mies;
ciconia y telo a cierto instrumento de agricultura. Innumerables
eran las voces que llevaban este mismo sello, cuando Isidore es-
cribia, y muy digno de advertirse que procuraba este ajustar siem-
pre sus terminaciones a las desinencias latinas ' .

No es por tanto prudente, conocidos tan claros testimonios,
come no es verosimil siquiera, dados los hechos que nos revela
la historia, el dudar de que demas del latin cultivado por los doc-
tos, que el mismo Isidore anhela restaurar cuando traza sus
Etimologias , se hab!6 durante la dominacion visigoda otro idio-
ma, cuyo caracter sena!6 tal vez el docto metropolitano de Se-
villa, cuando al tratar de la version de algunas palabras hebreas,
anadia: Duo verba amen et alleluia nee graecis, nee latinis, nee
barbaris in suam linguam omnino (ransferre, vel alia lingua
anuntiare 2 . Siendo para nosotros indudable que quien se pre-
ciaba de pertenecer a la grey hispano-latina, y tanto hizo para
resucitar las letras y las ciencias del antiguo mundo, di6 a la pa-
labra barbaris su genuino y primitive valor, comprendiendo en
esta denominaciori a los visigodos, peregrines a la civilizacion an-
tigua, no es posible desconocer que aludia en esta y olras ooa-



1 Lib. XII, caps. VII y VIII; lib. XV, caps. IX y XII; lib. XVI, cap. IV;
lib. XVII, caps. VII, IX y X; lib. XIX, caps. I y XXIV; lib. XX, caps. XVI
y XXIII, etc., etc. Vease tambien el Glosario del mismo santo, incluso en
el libro IX.

2 Lib. VI, cap. XVIII, De offidit.



382 HISTORIA CRiTICA DE LA LITERATURA ESI'A^OLA.

siones & la leugua generalmente hablada por los visigodos, asi
como en otras varias se refiri6 a la vulgar de la raza latina * .

Todos estos datos debi6 tener sin duda presentes el esclareci-
do espanol Juan Luis Vives, cuando al tratar de la cultura de los
visigodos y de su influencia en las Espanas, se expresaba, con
alguna hipe"rbole, en los siguientes t6rminos: Los que Servian
(y ciertamente a senores muy soberbios y crueles) admitieron su
lenguaje y en 61 se ejercitaron, para poderlo usar con sus due-
nos. Asi a la lengua verdadera y puramente latina sucediti cierto
mixto de latin y de barbaro 2 . SiguhMe el diligente Aldrete,
daodo mayores proporciones a esta opinion, que se apoyaba, cual
va indicado, en el estado- politico de la raza hispano-latina; y fi-
jando la corrupcion de la lengua durante el Imperio visigodo: A
este modo de hablar (observaba) se acomodaron los... espano-
les, como en el que hablaban los que tenian el gobierno y se-
norio de la tierra y a quien por su crueldad y soberbia temian
y querian, si no de grado, a lo menos para lisonjearlos, darles
gusto y contento 3 .

Cualquiera cfue sea la exageracion de estos asertos, resultara
siempre que si bien era la lengua latina la preferida y dominan-
te, sobre todo despues del referido concilio III, se hablaba tam-
bien en Espana, como iba sucediendo en Italia y demas regiones
meridionales 4 , otro u otros idiomas, que ya fuesen hijos del an-
tiguo greco-celtibe>ico, ya producto de este, del latin y del visigo-



1 De notar es que el mismo Santo menciono Icrmhiantemente esa lengua
barbara, cuando refiriendose a los mauritanos, que pertenecian al Imperio vi-
sigodo, dijo: Barbara lingua mauros appellantur (apellantes) (Ethym., li-
bro IX, cap. II, Gentium vocabulis).

2 Ha sermon! vere latino ac pure succesit mixtus quidam ex latino et pe-
regrino (De causis corruptions artium, lib. I, Basilea, 1555).

3 Or {genes de la lengua castellana.

4 Adelante volvcremos a tocar este punto: no debe ignorarse sin embar-
go que el mismo Isidore de Sevilla nos da alguna noticia de la descompo-
sicion que iba teniendo el latin en el antiguo Lacio, senalando con nombre
do itala lingua a la que se hablaba en aquella peninsula, y anadicndo rcs-
pocto dc la pronunciacion de algunas voces, que habian trocado el valor de
cicrtas letras, tales como la z por la d, sicul solent itali (escribe) dicere ozzfc
pro hodien (Etlnjm., lib. XII, cap. VII, lib. XX, cap. IX).



PARTE 1, ILUSTR. ORIG. Y FORM. DE LAS LENG. ROM. 383

do, debieron influir, aunque sin escribirse, en la corruption de la
misma lengua romaua, por mas que la Iglesia y los doctos tra-
bajaran para conservarla. Ni es dable suponer otra cosa, cuando
se considera que aquellos ind6mitos conquistadores que habian
trastornado los destinos del mundo y de quienes se dice que traje-
ron a las regiones occidentales de Europa el sentimiento de la in-
dependencia individual, no podian respetar en comun ni recibir
leyes gramaticales, cuyo valor ni estimaban ni comprendian, apa-
reciendo a su vista como despreciables 6 insignificantes trabas.
Aquel empeno que pusieron los principes oslrogodos y visigodos
en remedar la majestad romana, si tuvo en las costumbres el de-
cisive efecto que dejamos probado ' , y pareciti consagrar, con el
aplauso de las artes esc6nicas, la degenerada lengua del Lacio,
ni fu6 bastante a salvar su pureza del naufragio y universal ruina
del Imperio, ni pudo tampoco obligar del todo a la muchedumbre,
trasformandola de improvise y hacie" ndole guslar las elegancias de
Horatio y de Virgilio, de Ciceron y de Tacito. El tiempo, que habia
dado extraordinario triunfo a las tradiciones clasicas por mano de
San Isidore, consumaba por ultimo aquella inevitable y natural
fusion y mezcla de lenguajes, presupuesta por nuestros eruditos;
fusion en que predominaban constantemente la riqueza y vigoro-
sa vitalidad del latin, que absorbiendo los antiguos restos de los
idiomas celtibe'ricos, originariamente hermanos, era hablado ex-
clusivamente en los concilios, en las escuelas clericales y monas-
ticas, y universalmente escrito en todos los angulos de la mo-
narquia.

Tal es la ensenanza que debemos a la filosofia y a la historia,
pareci6ndonos tan arbitraria 6 insostenible la opinion de los que
suponen haberse conservado por la muchedumbre, durante la do-
mination visigoda, la integridad y pureza de la lengua latina, co-
mo la de los que despojan a esta de la influencia legltima que tu-
vo y debi6 tener en aquella 6poca, cual micleo principal del idio-
ma hablado, y como unica lengua escrita.

\ Veasc cl cap. X.



384 HISTORIA CRlTICA DE LA LITERATURA ESPA^OLA.

IIL

Experimentaba entre tanto la Peninsula Ibe"rica un cambio
trascendental, que debia reflejarse naturalraente en las esferas de
la leugua. Ya hemos visto el universal trastorno que produjo la
invasion sarracena, y c6mo las antiguas razas de visigodos y ro-
manos, a quienes habian separado leyes opresoras y arbitrarias,
ora obligadas del comun peligro y unidas por una sola creencia,
constituian un solo pueblo bajo las ensenas de don Pelayo, ora so-
juzgadas por la fuerza, conservaban en el centro del Islamismo
la religion de sus mayores *. No otra fue" la suerte de los cristia-
nos libres y de los cristianos mozdrabes. Apelando los primeros
al juicio de las armas, y negandose, en aquellos dias, a todo co-
mercio con los sarracenos, robustecieron en el centro de las mon-
tafias, con el amor de la patria sojuzgada, el carino a las cos-
turn bres y a la lengua hablada 'y escrita por sus padres; unico
resto de su anterior .grandeza, que halagaba los origenes de la
raza hispano-latina, no desplaciendo ni contrariando ya las tradi-
ciones de la raza visigoda. Reducidos a un estrecho circulo, ni
comprendieron siquiera la necesidad de reconocer la lengua de los
invasoreSj rechazando, como cosa contaminada y peligrosa, cuan-
to provenia de los enemigos de su Dios y de su patria. Sobrevi-
via de esta manera la lengua del Lacio, aun en raedio de su cor-
rupcion, a la ruina del Imperio visigodo; y destinada a perpetuar
las veneradas tradiciones de la Iglesia, continuaba siendo culti-
vada por los eruditos en la forma que hemos probado con irre-
cusables documentos *.

Ni dejaron los reyes y magnates de la monarquia asturiana,
entre quienes nace muy luego el no cumplidero intento de restau-
rar la grandeza de los visigodos 3 , de emplear aquel degenerado
idioma en todo linaje de documentos publicos: fundaciones de
basilicas y monasteries, privilegios de cabildos yaba<lias,donacio-

1 Vease el cap. XI.

2 Cap. XII, al principle*, y la Hustrucion I. a dc eslc voliimcn.

3 Cap. XIIF.



PARTE I, 1LUSTR. ORIG. Y FORM. DE LAS LENG. ROM. 385

nes y ofrendas, exenciones y aforamientos, cuanto se refiere en
una palabra al ejercicio de la potestad real y al de la piedad cris-
tiana, todo se halla consignado en la unica lengua hasta entonces
escrita: sirviendo igualmente de int6rprete a las transacciones de
lamuchedumbre, mostraba en reyes, magnates, pueblo 6 historia-
dores, obrada ya la fusion en vano intentada por Receswinto,
cuan arraigado estaba en su seno el respeto a la antiguedad y
cuan alto era el aprecio en que tenia la nacion su origen latino.
Espectaculo es en verdad digno de contemplarse, y hecho de im-
ponderable trascendencia en la historia de Espana: mientras, ago-
biados por la guerra y rodeados donde quiera de poderosos enemi-
gos, hacen los descendientes de Pelayo prodigiosos esfuerzos para
cimentar en los valles de Asturias la independencia proclamada
en Covadonga; mientras, ensanchado algun tanto el horizonte de
su inseguro imperio, ven levantarse en Ctirdoba el califato de Oc-
cidente, cuya grandeza se eclipsa al cabo en el Cerro de los Bui-
tres (Calatanazor), senalan aquellos guerreros y aquellos historia-
dores con nombre de bdrbaros a cuantos son ajenos a su cultura
y a su raza, heredando en este, como en otros muchos conceptos,
la idea de la majestad romana, por ellos representada *.



1 Las pruebas de este aserto son innumerables, si bien menudean princi-
palmente en los cronistas y poetas. Los primeros, por egemplo, desde que
empiczan a tratar de los arabes, escriben: Ulit fortissimus rex barbarorum:
terrebant barbarum rcgem laqueosi doli Tingitani comitis; ad praclium bar-
barus [Muza] arguerecocpit; a barbarorum dominationc; Alchaman barbarus;
tanlam barbarorum stragcm; foedus barbarus [luzeph-ben-Lopia] servans; Al-
dcfonsus [III] ad domandas barbaran gentes, sobolem mulliplicavil; Com-
postella a barbaris destructa est; postratis barbaris [a regc(iarsia]; a maxi-
mo barbaro regc; tolius Mauritaniac barbari; inter christianos et barbaros pro
limilo habobatur [flumen Dorium]; Barbarus [Almanzor] rcccpit se in patria;
in expugnandos barbaros; barbarae gentes; gens barbarorum, etc. Lo mismo
nos dicen los poetas: el cantor de Borell III, condc dc Barcelona, exclama:

Slr.-ivil liorli.irii'iii, f.'innqun trivit
Culturaeque Dei teaipla dicavit:

pintando el autor del Cantar del Campeador a este heroe popular, escribe:

Kqnuin asccndit, quem trans mare vexit
ll.irli.irii'. ijinil.ini, i.rc ne cominutarit
Aureis inillr, elc.

TOMO ir. 25



386 HISTOR1A CRtTICA DE LA LITERATURA ESPANOLA.

Natural parecia sin embargo, respecto de la lengua, que hu-
biera considerable distancia entre la de los cle>igos y prelados,
quienes aspiraban a conservar con el cultivo de la historia la tra-
dition de los estudios y el lenguaje cancilleresco, te>mino medio
entre la lengua escrita por los eruditos y la hablada por el vulgo;
y esta diferencia, que se reconoce con la simple comparacion de
cronicones 6 instrumentos cancelarios, viene a dar cuenta, aun
en aquella primera 6poca de la reconquista, de la inevitable y
nueva fusion que iba ya operandose entre todos los elementos de
expresion, existentes al verificarse la invasion sarracena. De esta
nueva 6 inevitable fusion debian irremisiblemente surgir las len-
guas, que ban recibido por antonomasia titulo de romances, bri-
llando entre todos el castellano.

Inundada en tanto la mayor parte de Espana de ejercitos ma-
hometanos, engrosados por di versos linajes de gentes ', no habia
sido posible a los mozdrabes contrastar su pujanza; y si merced
a las circunstancias especiales que concurrieron en la conquista,
pudieron conservar la religion de sus mayores en la forma que
antes de ahora hemos manifestado 2 , vi6ronse al fin contrariados
por la politica de los Califas, que ya emplea la seduccion, ya usa
de la fuerza, para lograr sus intentos. Cuando examinamos la si-
tuation de mozarabes y sarracenos, respecto del estudio que va-
mos haciendo, conviene sin embargo tener muy en cuenta un he-



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