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José Amador de los Ríos.

Historia crítica de la literatura espanola (Volume 2)

. (page 44 of 64)

En efecto: s6Io volviendo la vista a los estudios que llevamos
hechos en este volumen, es dable onlazar de una manera indes-

I Esl. hist., pol. y lit. sobre lot jndio>> dc Lsi/aua. Ens II, cap I



430 HISTOR1A CRlTICA DE LA LITERATURA ESPAINOLA.

tructible la historia de las formas po6ticas, y explicar satisfacto-
riamente c6mo deben ser consideradas, no cual servil imitation 6
pr6stamo de otros pueblos, sino cual legftima 6 indeclinable he-
rencia de los siglos. Pruebas abundantes de esta verdad nos ofre-
ce la exposicion histtirica que llevaraos hecha, y no menores tes-
timonios hemos recogido en las Ilusfracionesl. del I y de este II
tomo, al estudiar el desarrollo y progreso de las formas poeticas
de la literatura latino-eclesiastica: alii hemos visto adoptados los
metros de la antigiiedad clasica con tanto respeto como imperfec-
Cion y radeza, efecto natural de los grandes trastornos por que
habia ido pasando la tradicion viva del arte: alii hemos visto na-
cer las rimas como inmediata consecuencia del olvido de las ar-
monias prosddicas de la lengua del Lacio, y como espontaneo
t'ruto de la aplicacion de dos figuras creadas por el arte hom6ri-
co, figuras cuyo uso es comun todas las naciones meridionales,
produciendo en todas analogos, si no id6nticos resultados: alii
fmalmente hemos apuntado la manera en que metro y rimas pu-
dieron trasmitirse de los doctos & los populares, siendo la misma
Iglesia, depositaria y conservadora de toda nocion artistica, el
mas poderoso y eficaz vehiculo de aquella trasmision, tan natu-
ral como poco estudiada y menos comprendida. Muchas veces lo
llevamos dicho: el pueblo que ama y respeta al mas alto pun to
cuanto ainan y respetan la Iglesia y sus ministros; que tributa
igual veneracion que sus reyes y sus pr6ceres & los objetos que
excitan la veneracion del clero, cum clericis voces modulando in
Dei laude, para valernos de la expresion del cronista *, no pue-



1 Crdn. Sil., num. CI1I. Tan grandc y trascendeutal cs en efecto la parti-
cipation que da la Iglesia a los fieles en la liturgia, durante toda la edad me-
dia, que el autor de la Estrella del Cielo, prccioso Ms. dc principios del si-
glo XVI, dccia hablando de la cducacion de los ninos:

Quando son ninos 6 mochachos no ha de aver enlre ellos difcrencia en la
doclrina: quiero decir que no mires ententes qual ha de ser clerigo 6 qual
casado, porquc en lodo eslado y condition se devc procurar el leer y escre-
vir y mediano ente ndimiento DE LO QUE EN LA IGLESIA SE CANTA (Bibl. Escur. ,
IV, b. 27, cap. 41).

Observese quo esla ensenanza del canto sigue siendo elcmento eilucador
respect" del punblo, y quo su infliioncia Cue poi tnnlo acliva y direrla.



PAItTE I. 1LUSTR. KOIIM. ART DE LA P. VULC. ESC. 431

de en raodo alguno rechazar las ensenanzas quo recibe en coraun
bajo las btivedas del templo, si bien al sacarlas al mundo las al-
tere y desfigure. Semejantes conquistas son para 61 de tan buena
ley, que no le es dado vacilar en hacer de ellas publica ostenta-
tion, asimilandoselas por completo, al considerarlas cual digno
inteYprete de sus alegrias y do sus dolores.

Claro es y evidente que esta dificil inquisicion y trabajosa pes-
quisa, segun apellidaba el celebrado Marque's de Santillana a la
investigaeion de los origenes de los metres erapleados por los ro-
raancistas *, ha menester comprobarse con el estudio compara-
tive de los monumentos latino-eclesiasticos y de los primeros mo-
numentos escritos de las poesias vulgares. Mas cuando tornados
aquellos en cuenta, de la manera que pueden hacerlo nuestros
lectores % fijamos la vista en las mas auliguas poesias castella-
nas que ban salvado las tinieblas del tiempo, esta misma compa-
racion nos abre camino para llegar sin grave fatiga al termino
deseado. Aun anticipando algunas ideas y noticias propias del si-
guiente volumen, conforme al plan que en nuestros estudios se-
guimos, dirigiremos pues nuestras miradas a los cinco monumen-
tos de mas respetable antigiiedad que tienen por instrumento el
idioma del Rey Sabio. Tales son los dos libros de Los Reyes Ma-
gos 3 , la Vida de Santa Maria Egipciaqua, la Cronica 6 Le-
yenda 4 y el Poema del Cid, venerables primicias de un arte,



1 Carta al Condestable, num. IX.

2 llustracion I.* dc estc volumen.

3 Refiriendonos ahora unicamente a las formas arli'sticas, no crccmos
oportuno dar aqui descripcion alguna del poema dcscubicrto por nosotros en
la Biblioteca Toletana, quc tiene por asunto el viaje y prcsentacion a Hero-
dcs dc los Reyes Magos. Cuando expongamos nucslro juicio critico sobre tan
peregrine monutnento de la primitiva poesia escrita, no solo advertiremos la
diferencia que existe entre cl y el dado a luz por don Pedro Jose Pidal con ol
titulo de: Los tres Reys d'Orienle, sino que procuraremos presenlar un exac-
to facsimile, con particular noticia del c6dice - que lo conlienc.

4 Hablamos dc un raro monumento lilerario, dado a conoccr por don Eu-
crcnio de Ochoa, publicado en Paris por el diligcntc Mr. Michel, y roprodu-
cido en Alemania por cl docto critico don Fernando Jo^sc de Wolf con el ti-
lulo de: Crdnica rimada de las aventuras del Cid, y mas tardo por el diligenti-
!>imo don Aguslin Duran en su Romancrro. Al tratar do Ins primoros monn-



432 IHSTOR1A CRlTICA DE LA LITEKATUItA ESPANOLA. t

que recibiendo generoso impulse de manos del c!6rigo de Berceo,
debia hallar inusitado desarrollo de sus formas en la ctirte del
tercer Fernando, y muy principalmente bajo los auspicios de su
primoge'nito el d6cimo Alfonso.

Veamos en efecto cual es la ensenanza que respecto de sus
formas artisticas debemos a estos monumentos. El metro y la ri-
ma aparecen en ellos informes, toscos y groseros, luchando al
par con la rudeza de la naciente lengua y con su inexperiencia
propia; pero dando cuenta de sus verdaderas fuentes y descu-
briendo en su ing6nua tosquedad las leyes a que unicamente po-
dian estar sujetos. Dos son las formas principales del metro en
tan peregrinas poesias; formas que fueron en todas las naciones
meridionales consagradas a celebrar los hechos dignos de eterna
fama durante el lento desarrollo del arte latino-eclesiastico, cons-
tituyendo al nacer las lenguas vulgares todo el caudal artistico
de la epopeya. Sin otra norma que la del canto, 6 de una reci-
tation semejante a la de las oraciones, sequentia y prosas de la
Iglesia *; sin otra medida que la determinada por el aire musi-
cal, a que se ajustaron; sin otro juez que el oido, sujeto siempre
a los varios accidentes de la educacion y de una organization
mas 6 menos privilegiada, pasaron dichas formas a ser patrimo-
nio de los populares, fijandose despues en alguna manera por los
semidoctos, y recibiendo por ultimo cierta perfeccion de mano



inentos escritos de la poesfaespanola, estudiaremos detenidamente este,que
cs sin duda Uno de los mas peregrines que han llegado a nuestras manos.

1 Aunque se ofrecera adelante ocasion de hablar de la influencia de las
prosas eclcsiasticas en la poesia erudita, y de consignar lo que este nombre
significa enlre nuestros melriflcadores de la edad media, no juzgamos fuerade
sazon el dar aqui algun egemplo de estas singulares composicioncs rimicas,
que abundan por cierto en nuestros ritualcsde los referidos tiempos. Oigamos
pues como priucipia la del oficio del Beuto Raimundo Rolensc (dc Rueda):

Corus i'.it- tibi, Clirisle, adsit rum Irtitia,
Ccinlis, oris im-los proinnl dulci cum melixlia.
iir .inl.iri et letari mine clchet l.n-li p...
Sic Br.ili Huimiiiitli celelirrnt snlemjinid,
1 'mi . vita ifdiuiii.i ipirilali f*ratia,
)'i4i-&uliiluin t>ibi datum rrxit hat- custodi, rtc.

(Villanueva, tomo XV, pag. 329 )



PARTK I, IMJSTll. FORM. ART. DE LA P. VULG. ESC. 433

do los erudites, quienes para imprimirles el sello de sus estudios,
upelaron de nuevo a la imitacion do los modelos latinos.

Tres son en consecuencia las edades que importa observar en
su historia para comprender dignamente este desarrollo. l. a La
en que hermanadas con las hablas vulgares , sirven de instru-
mento a la rauchedumbre (ajena a toda aspiracion literaria) para
acomodar al canto sus ideas y sentimientos. 2.* La en que for-
madas ya las referidas hablas, cautivan, asi como estas, la aten-
cion de los que ban aprendido a escribir sin deliberado intento
erudito, mereciendo ser reducidas a escritura, ora como tales me-
tros, ora como simple prosa, sin otro deseo que el de conservar
de una manera mas estable lo que s61o so habia hasta enlonces
fiado a la memoria. 3. a La en que generalizadas ya las lenguas
romances a todas las clases de la sociedad, deponen los doctos el
desden natural con que hasta alii las consideraron, adoptando
con ellas los metros populares, que en cierto modo habian cano-
nizado, con el mismo empeno que ponian en el cultivo de los in-
dicados idiomas.

Formas po6ticas 6 idiomas caminaban pues por id^ntico sende-
ro, no pudiendo ser ahora propiamente conocidos sus peculiaresca-
ract6res hasta el segundo perlodo de su existencia, que empezaba
precisamente en el instante de ser escritos. A. tal momento nos
llevan los poemas arriba mencionados, siendo la confirraacion mas
satisfactoria de estas observaciones: sus metros, derivacion pal-
maria de los exdmetros y pentdmetros latinos, asi como tambien
de los tetrdmetros ydmbicos u octonarios, segun nos prueba el
sapientisimo Antonio de Nebrija ' , tienon desde diez hasta diez y
ocho silabas, manifestando asi la inseguridad yfalta de (ijeza de
los medios de apreciacion, de que los can tores del pueblo dispo-
uian, aun llegadaesta segunda edad del arte. Pero tan extraor-



1 No solamentc hablando de los versos de diez y seis silabas, hallo Ne-
brija razon para buscar su origen en la antigucdad latina: Todos los versos
(decia), cuantos yo he visto en el buen uso dc la Icngua castellana, sc pue-
wlcn'rcducir a seys generos; porque 6 son monometros 6 dimctros 6 com-
pucstos dc dimetros c monomelros, 6 tn'metros 6 tetramctros 6 adonicos
scncillos 6 adonicos doblados (Arte de la lengna castellana, lib. II, ca-
pitulo VIII).

TOMO II. 28



434 HISTOFIIA CRfTICA DE LA LITER.VTURA ESPAISOLA.

dinaria variedad, si bien puede reputarse capricho del mal edu-
cado oido de aquellos cantores, no carece de cierta ley que viene
a dar razon del especial origen de los citados metres, agrupan-
dose a cada tipo un numero determinado de los castellanos , con-
forme a la naturaleza misma de sus hemistiquios. No debe negarse
que muchos versos no siguen en los poemas de que tratamos
esta disposicion general ; mas siendo ella la unica relacion que
puede establecerse con cualesquiera-otros versos, ajenosde nues-
tra poesia, claro es y evidente que bastara a legitimar la filiacion
de aquellos metros que ofrecen mayor regularidad y mas cons-
tante semejanza en los mencionados monumentos.

A. Ires principales tipos se reducen los que en ellos encontra-
mos, fijandose en silabas pares, como mas adecuadas a la recita-
cion musical y mas propias del canto, insistiendo casi siempre en
hemistiquios de diferente naturaleza. Tales son los metros de diez
y ocho silabas, cuyo hemistiquio de nueve se ha confundido por
algun critico moderno con los versos de ocho ', los de diez y seis,
a que el gran canciller Pero Lopez de Ayala apellida, en la forma
que en la siguiente Ilustracion notamos, versetes de antiguo ri-
mar, recibiendoen el siglo XV el nombre de pits de romance*;
y los de catorce, que divididos por un hemistiquio de siete, lo-
graron en la poesia erudita de Castilla mayor fortuna que los de-
mas, asi como la habian tenido en la latino-eclesiastica , y la al-
canzaron al par en la provenzal y la francesa, y poco tiempo des-
pues en la italiana 5 . Oportuno juzgamos observarque estos metros,



1 Mr. George Ticknor escribe sobre la Vida de Santa Maria Egipfiaqtia: E1
oautor usa de versos cortos de ocho silabas, aunque con alguna irregulari-
dad,etc. (Hist, de la literatura Espafi. epoc. I, cap. II). Prescindiendo dc
que Ticknor solo ha podido conocer este poema en la forma en que se ha pu-
blicado, observarcmos que aun asi rnidio unicamente los cualro primeros
versos por el citados, sin advertir que por terminar en agudo, tenian una
silaba menos. De esle error pudo salir con haber medido algunos mas versos.

2 Nebrija dice: El tetrametro iambico que llaman los latinos octonario
e nuestrospoetas pies de romances, tiene regularmenlc diez y seys silabas. E
llamaronlo tetrdmetro, porquc ticne cuatro asientos; octonario, porque tiene
oocho pies (Arte de la lengua castellana, cap. VJII).

3 No crccrnos dcsaccrlado advertir que csle cs el metro, en que sc hallan



PARTE I. ILUSTR. FOKM. ART. DE LA P. VULG. ESC. 435

ruda imitacion de los pentdmetros, se asocian con los de die/
silabas, ya emanados de los exdmetros, ya de los octonarios,
admitiendo al par el consorcio con los de quince, trece y doce, y



escritos los pocmas del ciclo carlovingio, que se ban conscrvado en la lengua
de los trovadores. La literatura francesa no sc ha desprendido todavia del
penlametro, que, como la espanola, acogio en su cuna. Digno es de tenerse
en cuenta que el primer poeta vulgar queflorece en Sicilia, lo cmplea tam-
bien en la unica obra suya que ha llegado a nosotros: Ciullo d'Alcamo, a
quien aludimos, decia:

Ro*a freca nuleutissiiua | capari in ver 1'eitale,
!. Jonae te dessiano | pulcelle e maril.ite;
Traheiuc cleste fucora; | se teste a bolontate, etc.

(Allacci, Poeli Antiqui, pag. 408).

No ignoramos que algunos escri tores, tales como Mr. Ginguene (Histoire
lilt, d'ltal., tomo I, cap. VI), quieren dividir estos versos por su primer he-
mistiquio, para obtener metros de siete silabas, como lo han hecho con el
Tes&oreto de Bruneto Latino; pero csto mismo puede hacerse con todos los
versos pen tame tros de cualquiera lengua y edad, por consentirlo asi su ex-
tructura, puesque constan dc dos partes absolutamente iguales. Asf se ve por
cierto en los versos de Pietro Jacobo Martelli, quien procuro introducir de
nuevoen la literatura italiana los pentdmetros, los cuales recibieron entonces
nombre de martelianos. Este poeta decia en su tragedia titulada Perstlides:

Siete vni care inura | dore fui prigionera,
Scnza brainir fra Ucci | la liberta premiera.

Los csfuerzos de Marteli fueron incficaccs, puesque ya habia llegado a su
mayor pcrfeccion la metrica italiana. Muchos afios despuesde trazadas estas
lincas, se da a luz en Paris la traduccion del Poema del ('.id, debida al docto
Damas-Hinard y ya antes citada. En su Introduction, escrita con sumo inge-
nio, intcnla probar que los metros castellanos son hijos de los franccses,
como lo intenta respecto de la lengua, del arte y de ft civilizacion; pcro con
pocafortuna. Damas-Hinard pretende, fijandose principalmente en los versos
de catorce sllabat, que son imitacion dc los alcjandrinos francescs, a tos cua-
les da solo doce; y como para obtener el forzadisimo rcsultado a que aspira,
necesita quitar y poner silabas en los hemisliquios,segun mejor le place, aca-
ba por dcsnaturalizar la poetica y la lengua castcllana, dandonos vocalesmu-
das y declarandolas a su arbitrio. Pero eso no puede consentirlo ningun oido
espanol; en nuestro parnaso tiencn todas las voces graves entcro valor al fi-
nal de uno u otro hemistiquio: lasagudas ganan gcneralmcnte en esta situa-
cion una siluba, y las csdrujulas lapicrdcn; mas sin allcrar la naturaleza del



436 HISTORIA CRlTlCA DE LA LITERATURA ESPAftOLA.

rechazando toda amalgaraa con los de diez y ocho, menos culti-
vados por la musa espauola. Los egemplos de otros raetros, rela-
tives a esta primera 6poca de la poesia escrita, no pueden autori-
zar a la critica para fundar teoria alg-una, pareci6ndonos aventu-
rado cuanto sobre este punto se asiente, pues que sobre ser
excepciones, s61o provienen dichos versos de la incuria 6 de la
ignorancia de los cantores del vulgo, 6 acaso tambien de los pri-
moros copistas.

Inseparable ornato de la metrificacion moderna, se muestra la
rima en estos peregrinos poemas con los mismos caracleYes que
hemos reconocido en los monumentos de la poesia latino-popular
y latino-eclesiastica, recogidos en lugaroportuno. Ya exornando
los hemistiquios y finales de los versos, como en los metres lla-
mados Iconinos; ya colocada solamente en los finales, como en
los pentdmetros , a que se ha dado el poco justificado nombre de
atejandrinos, ofrece analogo desarrollo al que dejamosestudiado,
al examinar los mencionados monumentos del arte erudito ; no
pareciendo sino que al escribirse los cinco poemas castellanos, de
que vamos tratando, eran sorprendidas las formas de la poesia la-
tina por los indoctos cantores del pueblo en el punto de aspirar a
su mayor perfeccionamiento. Por eso advertimos que resultando
del uso de las dos figuras homoeptoton y homoeteleuton cierta
especie de asonancia que satisfacia indudablemente el oido de los
discretos ', hubieron tambien de darse por contentos los popula-
res con aquella incompleta armonia, mientras procuraban al mis-
mo tiempo alcanzar la mas perfecta del consonante. Mas asi como



metro. Y estoes comun a todo linaje de versos, y ha sido observado, ya ins-
tintiva, ya deliberadamente en todas edadcs, porque es ley superior de lalen-
gua espanola, como lo es de la italiana, de que son prueba los citados ver-
sos de Ciullo, cuyos primeros hemistiquios resultan esdriijulos y graves,
por lo que tienen aquellos quince y catorce silabas. Mr. Damas-Hinard, pudo
ver lo que sobre este punto habiadicho ya en el siglo pasado el erudito Sar-
micnto (Mem. para la Hist, de la Poes., num. 438); pero en este caso no ha-
bia lugar a la teoria que sosticne, ingeniosa es cierto, mas contraria al genio
dc la lengua espanola, y a todas luces repugnante a la vcrdad historica, quo
solo puede dsscansar cnla tradicion, tal como la dejamos reconocida.
1 Veansc las tablas dc la lluslracion /. a



PARTE I. ILUSTR. FORM. ART. DE LA P. VULG. ESC. 437

en esta priraera 6poca de la poesia escrita no es posible determinar
con todo acierto la ley seguida por los vulgares para colocar la
rima, tampoco nos es dado seiialar la norma que adoptaron en el
uso de consonancias y asonancias ; pues que ambas galas apare-
cen a nuestros ojos de una manera promiscua. Juicioso creemos
apuntar sin embargo, que en una y otra se nota ciert4 progresion,
scmejantea la que llevaban los modelos lalino-edesidsticos y/a/t-
no-populares *; progresion inequivoca, encuanto a la exornacion
de los metros, que ostentando primero la rima en finales y he-
mistiquios, acaban por tenerla unicamente en los finales. Tan ade-
lante se Ileg6 en esta parte, que ya en la Crdnica 6 Leyenda de
las Mocedades del Cid se hallan muy raros versos rimados, como
los leoninos, contandose en todo el Poema dos s61os *. Pero to-
das estas observaciones recibiran mayor ilustracion, exponiendo
algunas breves muestras de la metrificacion y de la rima, emplea-
das en los referidos poemas. Veamos, en efecto, c6mo cmpieza el
descubierto por nosotros en la Biblioteca Toletana, que nemos
designado con el titulo de los Reyes Magos:

Deus Criador qudl maraue/a!... non s6 qudl es achesta slre/a:
Agora primas la e \\cida: poco ticmpo a que es nacieto.
Nacido es el Criador, que es de las gentes Senior...
Non es uerdad, nin s6 qu6 digo: todo esto non ual uno tigo, etc.



1 Veansc cl cap. XIV y la Ilustracion citada arriba.

2 Sobre serrnuy reducido el mimero de los versos rimados more leonino
on la Crdiiica 6 Lcycnda du las Mocedades del Cid, dcbemos observar que
ilichas rimas insistcn principalmcnte en la asonancia. Asi lectnos:

l.ien.i un cauallo prccia>/o r 1111 ainr rn In niiino.
Muc iii> ('logo .i cattellanoi, que oyeron cite mandot/n.
K traen los uasa/los > qoanlo tienc en la> ina<.
K Iraen los gtnados e|u*atos aadau por el tampo.

Los unicos versos del Poema, donde la rima se halla dispucsta en esta for-
ma, dicen:

Vos que por mi dexade* | caias et hr.tedadei.

Los que el debdo aiedes | trrremos ciieiDO la acnrtetlei.

Para nosotros aparcce indudable que era cstc un progreso del arle poclica,
por m;is que todavia se muestrc en el estado de rudczn, en que la vcmos en
el Poema y en la llamada Crdnica. Los versos llamados leoninos son ya en
uno y olro monumento vcstigios mas casuales que deliberados.



438 H1STOR1A CRtTICA DE LA LITERATURA ESPA$OLA.

Y hablando despues de la presentacion de los Reyes a Hero-
des, leemos:

Rey unic es nacido, | ques senior de terra;
Qui mandard el seclo | en grand pace sines guerra.
Es assi por vertad?... Si es, Rey, por caridaf.
Et cuemo lo sabedes, et aprouado lo Auedesl etc.

El librode Los Tres Reys d'Oriente, no mas uniforme en cuan-
to al metro, nos ofrece analogos egemplos:

Los Reys sallen de la cibdaf, et catan a toda part:
E vieron la su estre//a tan luciente 6 tan bella,
Que nunqua dellos se parti<J fasta que dentro los metw
D6 la gloriosa era, el rey del cielo et de la tierra.

E aquel-ninyo que alii jaz que tales miraglos foa,
Atal es mi esperansa, que Dies es sines dubdawaa.

Y lo mismo advertimos respecto de la Vida de Santa Maria
Egipciaqw:

Esta de qui quiero fablar Maria la hoi nombrar;

Et su nombre es en escripto, porque naci6 en Egiplo.

De pequenya fue bautizada, malamientre fu6 ensenyada;

Mientre que fu6 en mancebia, dex6 bondat et priso follta, etc.

La metriflcacion de la Crdnica 6 Leyenda de las Mocedades
del Cid estriba principalmente en el octonario latino 6 pit de ro-
mances, llevando la rima al final de cada verso y quedando en
consecuencia libre el primer hemistiquio. Como en la mayor parte
de los can tares her6icos de tan apartada edad, se halla dispuesta
la rima, casi siempre imperfecta, en grupos de doce, quince,
veinte, treiuta 6 mas pi6s *, hasta apurar 6 cansar un asonante

1 Empleamos aqui esta voz en la acepcion que tuvo fen la cdad media y
conserva todavia cnlre nucstros poelas. Ncbrija escribia sobre cstc punto, rc-
prcndiondo el nso vulgar: ((Digamos de los pits dc los versos, no como los
wtoman nucstros poctas, que llaman pits a los que avion de llamar versos;
mas por aqucllo que los mide (Arte de la leng. cast., lib. II, cap. V). Juan
lcl Enzina observaba: Dcbcmos considerar que los latinos llaman verso a
lo que nosotros llamamos pie (Arte poet., cap. V). Aun se dice en el len-
puaje lilerario dar pit, para significar que se designc un verso cunlquiera con
el proposito de que sirva de base a cierlas composiciones; frasc que ha pa-



I'AHTE 1. 1LUSTK. FORM. AKT. OK LA P. VULG. ESC. 439

6 consonante, propendiendo por tanto al monorimo. Traigamos
aqui algunos egemplos, bien que tornados al acaso:

305 Paradas cstan las liases, | el comiensan de lidiar:
Rodrigo mat6 al Conde, | ca non lo pudo lardar.
Venidos son los oiento, | et piensan de lydiar:
En pos elios salli6 Rodrigo | que los non da vagar,
Prisso & dos flios del Conde | d todo su mat pessar,
A Hernan Gomes e Alfon Gomes, | et trdxolos a Bivar.
Tres fijas avia el Gonde, | cada una por cassar, etc.

1043

Sennos cauallos caualgan | entre el Rey 6 el castellano,
Amos lanzas en las manos, \ mano por mano fablando:
Aconseiandol' Ruy Diaz | a guisa de buen l\i\algo:
Senor, en aquesta fabla, | sed vos bien acordcrfo:
Ellos fablaran muy manso \ et vos fablat muy bra0;
Elios son muy leydos | et andarvos ban enganawdo:
Senor, pedildes balalla | eras en el albor quebrando, etc.

El Poema del Cid, ya mas conocido en la repiiblica literaria,
si bien abuuda en pi 6s de trece, quince, diez y seis, diez y siete
y aun diez y ocho silabas, reconoce por mas constante modelo de
su versificacion el pentdmetro latino. Comienza con aquellos re-
petidisimos versos:

De los sos oios tan | fuorte mientre lorawrfo
Tornaba la cabeza | et estdualos catando:
Vio puerlas abiertas | et uzos sin cann0do,
Alcandaras vacias | sin pielles et sin manias,
Et sin falcones et | sin adtores mudado*, etc.

Si bien no as posible hallar en estos melros entera semejanza
con sus modelos, n6tase que a pesar de los obstaculos con que
lucha el poeta, pretende ser ficl a la tradicion que le servia de
norte; consideracion que ban procurado algunos escrilores nacio-
nales poner de relieve, sujetando los citados versos a la raensura
latina, y reconociendo que con frecuencia se acomodan tambieri a
la estructura de los exametros '. Debe repararse por ultimo en qur,



sado al Icnguaje vulgar con el valor lc dar ocasion, molivo, canxa <i prcloxlo
para haccr alguaa cosa.

1 Trigucros, Memoria Ms. sobre los vrigencs de mclro y rima. Sanclio/,



440 HI3TORIA CHtTICA DE LA L1TEUATURA ESPANOLA.

asi como en la Leyenda 6 Cr6nica de las Mocedades, se agru-

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