mo sentido, conservandole el valor historico que de antiguo presentaba.
Usada por los eclesiasticos", connatural a la lengua latina, madrc y maestra
de la espanola, por que no se ha de creer que de ella se deriva al ha-
bla vulgar, asi de este como del otro lado de los Pirineos? Teniendola por
de bucna ley, la aplico sin duda a su historia el autor de la Gesta Roderici
Campidocti, y de igual manera declara el cronista de Alfonso VII que escri-
bia Gesta Aldefonsi Imperatoris,sicut ab Hits (dice) qui viderunt didici et atidivi.
Siendo pucs todas estas narracioncs historicas en prosa, no es posiblc afir-
mar que solo de las escritas en verso fuera de Espana, vino a los romances 6
cantos belicos de los espafioles esa denominacion peregrina. I>a literatura
cclesiastica en Francia, en Espana y en olras naciones meridionals, dijo
igualmentc: Gesta Christi, Gesta Romanorum, Gesta danorum, clc., etc., ma-
nifcstando en todas partcs la misma aplicacion y proccdcncia.
2 Vease el cap. XIII.
474 H1STORIA CRtTICA 1)E LA LITER ATURA ESPA^OLA.
linaje de narraciones poe"ticas. Esta observacion, que tiende a
precavernos de notables errores, merece ser ilustrada con algu-
nos datos histtiricos, de cuya apreciacion resulta naturalmente
demostrado que la voz romance signific6 en Espana por mucho
tiempo todo escrito en lengua vulgar, aplicandose tambien con
entera propiedad a las obras eruditas. No por otra razon vemos
que dice Berceo:
Aun raerced te pido por el tu trobador:
Qui este romance fizo, fu6 lu entendedor, etc.- 1
Y lo mismo sucede en el Poema de Apolonio:
En el nombre de Dios et de Santa Maria,
Si ellos me guiasen, estudiar queria
Componer un romance de nueva maestria, etc. 2
Siendo pues evidente que ni la esencia ni las formas de estas
poesias tienen punto alguno de contacto, a excepcion de la len-
gua, con las poesias populares, de que vamos tratando, no puede
quedar g6nero de duda en que la palabra romance abarcaba toda
suerte de composiciones po6ticas en idioma vulgar. Don Alfon-
so el Sabio, que tanto aprecio hizo de los cantos populares,
dandoles una y otra vez entrada en sus historias, segun en sa-
zon oporluna raostraremos, decia al definir en las Partidas
qu6 walegrias deue usar el rey a las vegadas, para tomar co-
norte en los pesares et en los coibdados, lo siguiente: A.le-
grias y ha otras, sin las que dexiraos en las leyes ante desta,
que fueron falladas para tomar ome conorte en los coibdados et
en los pesares, quando los ouiesse: et estas son oir cantares et
sones de estrumentos, iugar axedrez, 6 tablas 6 otros iuegos se-
meiantes destos: eso mesmo decimos de las estorias et de los ro-
vmances et de los otros libros que fablan daquellas cosas, de que
los omes resciben alegria et plager 3 . S61o cuando erapieza a,
reflejarse en el parnaso castellano la influencia de extrafias poe-
\ Looren de Nuestra Senora, copl. CCXXX1I.
2 Copl. 1.
3 Partida II, tit. VI, Icy XXI.
PARTS I. ILUSTR. FORMAS DE LA POESIA VULGAR. 475
sias, merced al ilustrado anhelo del Key Sabio, y comienzan a
generalizarse entre los eruditos los nombres de dictado, faction,
cantiga, etc., & que so agregan mas tarde los de decir, reqiles-
ta, esparza y otros varies, tornados asimismo de ajenas litcratu-
ras, oslentan los antiguos cantares de gesla, como unica y ex-
clusiva, la denominacion de romances ', con que a fines del pri-
mer tercio del siglo XV eran designados por el marque's de San-
tillana. Antonio de Nebrija y Juan del Enzina les conservan la
misma denominacion ya al mediar el reinado de los Reyes Cat6-
licos, bien que diferiendo en la manera de escribirlos. Atento el
primero a sus origenes latinos, despues de definir el metro de
diez y seis sflabas del modo que manifestamos en la anterior
Ilustracion 2 decia: Como en este romance antiguo:
Digas tu, el ermitano, | que fa^-es la santa vida,
Aquel <;iervo del pie" bianco | ^ddnde fa?e su raanida? 3
Hablando el segundo de las diversas especies de coplas cono-
cidasenel parnaso castellano, observaba: fi si es de quatro pi6s
puede ser cancion, 6 ya se puede llamar copla; 6 aun los ro-
vmances suelen yr de quatro en quatro pi6s, aunque no van en
vconsonanles sino el segundo y el quarto pie" 4 . De esta contra-
1 Do observar cs que a pcsar de la declaracion de Alfonso X prosiguie-
ron los doctos empleando esta voz para designar sus poemas, escritos en cas-
tellano. El beneficiado de Ubeda, en el que escribio sobre la Vida de San
Ildefonso, d fines sin duda del siglo XIII, del cual daremos oportuna razon
en el siguiente volumen, decia en una de sus primeras coplas:
Drurlo creer el que el romanet retire.
El archipreste de Hita, casi un siglo despues de escribir el Rcy Sabio
[1330], observaba tambicn:
Kri dr mill et trecientos t srienta rl ocho ino
Fur compurito el romonc* por mucbo* males t ilai'ios, rtr.
(Copl. IfiOS; vease el cap. XVI de la II. m Parte.)
Don Alfonso seguia usando en cambio la denominacion dc cantor de gfsta
en el mismo sentido qne antes cxprcsaba, sogun veremos luego con la auto-
ridad dc las Partidax.
2 Pag. 434, nota 2.
3 Arte Ae la leng. eatt , lib, II , cap. VIII.
t Artf de poesfa caslellana, cap. VIII.
476 HISTOFUA CRtTICA DE LA L1TERATURA ESPASOLA.
diccion puede racionalmente deducirse que en la segunda mitad
del siglo XV se habian ya dividido los versos octonarios por sus
hemistiquios, produciendo cada dos una cuarteta de romance, tal
como hoy se escribe, sin que por esto deba rechazarse, respecto
a e"poca anterior, el aserto de Nebrija. El erudido Mr. Jacobo
Grim, en su Silva de Romances viejos ', y el entendido Mr. Do-
zy, en sus Recherches sur I'histoire politique et litter air e de
I'Espagne pendant le moyen dge 2 , ban adoptado la misma teo-
ria, aim desconociendo tal vez la autorizada opinion del ilustre
maestro de la Reina Cat61ica. Por nuestra parte no hallamos di-
ficultad alguna en recibirla bajo el punto de vista meramente his-
tdrico, pues que nos abre expedite camino para resolver la tan
debatida Question de los origenes de esta forma me"trica, popular
por excelencia.
El egemplo de Antonio de Nebrija y la declaracion de Juan del
Enzina nos indican, demas de lo dicho, que cuando uno y otro
escribieron era el consonante la forma unica de este linaje de
cantares, de que las gentes de baja e servil condition se alegra-
ban, comenzando a ser yacultivados por los eruditos, circunstan-
cia que no han querido reconocer algunos escritores de nuestros
dias 3 .0tros deducen, tocante al primer punto, que todos los ro-
1 Viena, 1815.
2 Leyden, 1849.
3 En efecto, es vulgar la suposicion de que durante el siglo XV ningun
poeta erudito cultivo esta forma h'rico-popular; pero contra dicha opinion ci-
taremos aquf tres poetas castellanos y uno aragones, que convencen de su
cxactitud. Diego de San Pedro, que se educa en los reinados de Juan II y En-
rique IV, floreciendo en el de los Reyes Catolicos, aludia a los muchos que
habia hecho en su juventud, del modo siguiente (Faber, Floresta, tomo I,
pag. 152):
E aquelloi romances, frrhos
Por moslrar el inal all/.
Para llorar mis tlrsperhof,
jQui leran sine prrlrcchos
Con que tireu contra inif...
Mas cxplicito, y emplcando ya dichos metros, decia Fray Inigo Lopez de
Mendoza, en su Vida de Cristo, al pinlar cljtibilo de la novena orden celes-
tial (que son los seraftnes) en el nacimiento del Salvador:
liofn rmicslrcn rn In tirrra.
PARTE I. ILUSTR. FORM AS DE LA POESIA VULGAR. 477
mances de la edad media estaban rimados en consonantes riguro-
sos, teniendo por seguro que s<Mo en el siglo XVI so introdujo en
ellos la asonancia. Mas contra esta errada opinion podemos alegar
el triple testimonio de los citados Antonio de Nebrija, Juan del
Enzina y el magnffico caballero Alonso de Fuentes, poeta y escri-
tor que floreco en la primera mitad del expresado siglo XVI. El
autor del Artc de la lengua castellana decia sobre este punto:
uNuestros mayores no eran tan ambiciosos en tassar los conso-
nantes; y harto les parecia que bastaba la semejanza de las vo-
cales, aunque non se consiguiesse la de las consonantes. fi assi
fazian consonar estas palabras santa, morada, alva, etc., como
en aquel romance antiguo:
Digas tii, cl hermitano, | que f;n;i>s la vida santa,
Aquel (jiervo del pie" bianco | idtfnde fa9e su morada?
Por aqui pass6 esta noche | una ora antes del alua f .
Juan del Enzina, despues de manifestar c6mo se rimaban los
romances, anadia que los del ttempo viejo non yvan por verda-
deros consonantes 2 ; y Alonso de Fuentes, dando a la asonancia
en la epistola dedicatoria de su Libro de los quarenta cantos el
nombre de consonantes mal dolados, declaraba que habian sido
Et en el limbo alt-grin:
Fieita fagan en el (ielo
Por el p.irlo de Mnria, etc.
Juan del Enzina escribia y publicaba en 1496 varios romances, siendo muy
de notar el que dedica d la conquista de Granada, que empieza:
jQue et de li, decon>ol>do,
I,)IM- ei de li. rry de Granada? etc.
Don Pedro Manuel de Urrea lloraba al condestable de Navarra de este
modo:
F.I famoto rn tndai coiat,
Magninco et efor^ado,
EsforQado Conde>lable.
De KaTnrra inlilolado, etc.
(Cancionero, fol. 30.)
En su lugar aduciremos nuevas pruebas para desvanccer este rancio prror.
Veaseentre tanto el Cancionero general (Valencia, 15H), donde cxisten trein-
ta y siete romances de pootas enulitos del referido siglo.
\ Cap. VI.
2 Cap. VII.
478 HISTOIUA CRlTICA DE LA LITERATIM A ESI'AJlOLA.
estos erapleados en dichos cantos, para que se semejason mas a
los romances antiguos. Resta agora, decia por el autor destos
cantos, satisfazer a algunos que son mas amigos del consonante
con sayo y capa que les hiriera los oidos que no del proptisito
de la historia, que no dexan de poner objectos en ellos, diziendo
que fuera mejor compostura seguir el hilo de sus consonantes
limados 6 trabados (y algunos, segunY. S. apunta, lo ban ya
dicho). Y a estos digo que el intento deste auctor fiie" querer
mostrar estas historias con el origen destos cantos viejos; y que
toda aquella cosa que se contrahace y asimila a otra, sera mas
perfecta quanto mas se llegase 6 paresciese a aquella, de quien
se saca. Y assi imitando estos cantos de los nuestros antiguos,
aquella rusticidad de vocablos y consonantes mal dolados *, les
da la auctoridad y le"xos que les quitaren los consonantes tra-
vados 6 limadosw 2 . No es ya posible abrigar dudas legitimas so-
bre la forma primitiva de las rimas populares, debiendo por tanto
ser considerado el empeno que ponen los eruditos del siglo XVI
en el uso de las asonamias, no como una faz nueva, y si como
una restauracion de las indicadas formas.
Mas si todavia cupiese algun recelo sobre cuanto arriba mani-
festamos respecto de los primeros instantes de la poesia popular,
nos bastaria, para disiparlo, el traer aqui la autor idad de un mo-
numento literario del siglo XIII, en donde explicandose la dife-
rencia que existe entre la prosa y la poesia, se da cabal idea de
las rimas imperfectas. Hablamos del Libro del Tesoro, obra no-
tabilisima que procuraremos examinar en lugar oportuno, y que
ya fuese debida al Key Sabio, ya a su hijo don Sancho, en lo cual
andan discordes los pareceres, no puede ser de mas peso en la
1 Dozy, que usa extremada severidad en materia de crilica (Recherches
ur I'histoire pol. el lilt. d'Espagne, pag. G95), y dcspues Wolf (Studien der
Spanischen und portugiesischen nationalliteratur, pag. 325), Icycron equivoca-
damentc consonantes mal dotados; y aunque eslalcccion noes enteramente
.ibsurda, dcbieron reparar tan doclos escritores en que teniendo la voz dola-
do\OL signiftcacion de perfeccionado, limado, quiso decir y dijo Alonso de
Kuentes que los consonantes mal dolados cran los no limados, los no perfec-
ts, osto os: los asonantes.
2 Loc. oil., ad ftnem, Sevilla, 15aO.
i-Aitii: i. ii.rsut. FORMAS iii: LA POESIA VULGAR. 479
inateria: La carrera de fablar en prosa (dice) es larga et liana,
asy como es la comunal manera del fablar de las gentes; mas el
sendero de fablar en rima es mas eslrecho et mas fuerte, asy
como que es (jercado et engerrado de muros et do setos; que
quiere desir de puntos et de cuento et de cierta medida, de que
ome non puede nin deue traspassar; ca el que bien quiere rimar,
Hconviene conlar los puntos et sus dichos en tal manera que scan
wacordados en cuento et que los unos non ayan mas que los
)>otros: et convie"nete mesurar que las dos postreras sylabas scan
semeiantes, et al mcnos la vocal de la sylaba que vd ante la
nposlrimera; et conviene que contrapasen los acentos et las vo-
ces, asy que en las rimas se acuerden en sus acentos, ca ma-
ngtier que las letras se acuerden, sijn facer las sylabas cor las,
la rima non sera derecha, si el acento dcsacuerda* '. Claro
aparece en esta breve y exactisima teoria de la metrificacion mo-
derna, que aun reducido el uso de las semi-desinencias 6 aso-
nantes & los yoglares de boca, eran sus cantos conocidos de los
doctos, no esquivando dar noticia de ellos de la misma suerte que
lo hizo en las Partidas don Alfonso, y dos siglos despues el sa-
pientisimo Nebrija.
Otra ensenanza no menos digna de tenerse en cuenta y relativa
a las rimas antiguas, debemos a.este varon respetable. Preten-
den probar algunos crfticos extranjeros, y entre ellos el renom-
brado Wolf y el diligente Dozy, que ignorando los primeros edito-
res de los Romanceros que era rasgo caracteristico de toda la
antigua poesia romana 6 neo-latina el considerar la asonancia fe-
menina (grave) como masculina (aguda); en lugar de conservar
las segundas, las convirtieron en femeninas por medio del pro-
cedimiento tan sencillo como ridicule de anadir en todas paries
una e muda. De esta manera (anade Dozy) se escribi6: amare,
nmale, pane, hane, Juane, y otras mil formas que jamas existie-
ron fuera del caletre de editores ignorantes *. Por mas respe-
table que sea para nosotros la opinion de estos doctisimos escri-
tores, y en especial la de don Fernando Jose" de Wolf, que fitf el
1 Partc flF, cap. X.
2 Rechrrches $ur histoire. clc.. pag. 615
480 HISTORFA CRlTICA DE LA LITERATURA ESPAJiOLA.
priinero en enunciarla ' , nos sera licito manifestar que anduvieron
sobradamente duros con los primeros editores de nuestros Ro-
manceros, perdiendo de vista que alguna razon debian tener para
proceder en tal manera, oyendo can tar frecuentemente los mis-
mos romances que daban a la estampa. A. la verdad nosotros,
que percibimos las armonias de la lengua castellana por lo menos
tan distintamente como estos escritores, no concebimos c6mo pu-
dieron ajustarse a la misma canturia y llenar de igual suerte el
contrapas 6 ritrao de la musica las voces vdn , usaie , delant,
traen, mds,naturales,6 varon, monies, nos, ciclatones,sol, taia-
dores, etc., sin que hubiera necesidad de suplir en algun modo
lo que faltaba a las dicciones agudas. Y de que esto era asi, pres-
cindiendo ahora de la formacion de multitud de palabras, que con
el tiempo dejaron de ser graves, demas de las preciosas declara-
ciones del libro del Tesoro ya alegadas, depone el docto Antonio
de Nebrija, como irrecusable testigo, cuando despues de explicar
los origenes de los pits de romances, anadia, dados ya a conocer
con oportuno egemplo: Puede tener este verso una silaba menos,
wquando la final es aguda, como en el otro romance :
Morir se quiere Alexandre | de dolor del cora9on:
Embi6 por sus maestros | quantos en el mundo son.
Los que lo cantan, porque hallan corto y escaso aquel ulti-
mo espond6o, suplen, 6 rehacen lo que falta por aquella figura
que los gramaticos llaman paragoge , la qual... es anadidurade
silaba en fin de palabra; e" por coracon 6 son, dizen corazone 6
sone 2 . No fu6 pues simple ni ridiculo capricho de los primeros
editores de los Romanceros, sino deseo de ser fieles a la tradicion
musical de estos cantares, lo que los movi6 y aun obligti a tras-
mitirlos a la posteridad, tales como llegaron a su tiempo, siendo
evidente que bajo este punto de vista son merecedores de galar-
don, en vez de vituperio. La e que ha parecido a Dozy falta gro-
sera, lejos de ser muda y por tanto de mero adorno, tiene en la
historia de esta forma de la poesia popular una significacion im-
1 Wiener Jahrbiichcr, tomo 117, pags. 118 y 119.
2 Art. de la leng. cast., lib. H, cap. VIII.
ISTBRIA CIITICA DE LA LITERATURE ESPANOLA.
lento. ASTIK1UO.
h !
n.na yerbaenel cam.po
que se
J .1 J
lla.ma la bor. ra _ T;
to da mu ger que la
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pi _ sa lue.go se sii te ppe_ na _ da
Allegretto. MAIIJZ ^ CASTEI1ANO.
lion son hue nas fe _cho_ri _ as . quel
os
73 *^
ho _ mes de le . on que los ho.mes de Le_
r -* e-
- on fie ran el ros _ troa
y no el
-Et
pe ehoaun in -fan zon y noelpechoaunin fan zon
CATALAN,
loderato .
A la vi _ la de lo.lo-san'hi ha tres es_tu_di-
_ants tyu'ense j^ueixenels es.liiLdispe ra ser ne ca_pe.
^T d;|J
. llans pe ra sep ne ca.pe.llans.
AIRES TRADICIONALES DE LOS ROMANCES ESPANOLES.
PARTE I. 1LUSTR. FORM AS UK LA POESIA VULGAR. 481
portante, la cual ha conservado respoctode los dialectos yallego y
bable, hablados todavia en las comarcas norte-occidentales de la
Peninsula '.
Tal es en suma el desarrollo que ofrece a los ojos de la critica
el metro que guarda aim en el parnaso espanol el titulo de ro-
mance, metro que derivandose por iguales sendas a las poesias
populares de Catalufia y Portugal, 6 ya propagandose a uno y
otro extreme desde el centre de Espana , sirvi6 en una y otra
parte de adecuado instrumento a los cantos de la muchedumbre.
Lastima que al comenzarse a Qjar los castellanos, fuesen vistos
con absoluto desden los catalanes y Portugueses, habiendo sido
necesario llegar a nuestros dias para que estos peregrinos roman-
ces, hasta ahora desconocidos, hayan despertado la curiosidad y
i For las causas que vcran los lectorcs en el Aptndice II, y para no repc-
tirnos, sin necesidad, suprimimos aqui todala explanacion que tcniamos dada
a esta parte del prcsente estudio, remiliendonos al lugar indicado. Encuanto
a la razon que durante la cdad media, obligaba a los cantores de nuestros ro-
mances a completar el numerode silabas de los pies 6 hemistiquios agudos,
parecenos bicnobservar no obstante queestribabaen la naturaleza misma del
canto. La voz insistia siempre en los finales de cada frase musical, que se dc-
terminaba precisamcnte en las rimas 6 asonancias, y prolongandose a placer
de los cantores, daba a este primitivo aire, canturia 6 tonada un movlmienlo
uniforme y aun monotono. Conservado tanto en las montaiias de Asturias, en
las llanuras de Castilla, en las campinas de Andalucia (pais donde tienen to-
davia profundas raices las tradiciones heroico-caballerescas), como en las re-
giones orientales y occidentales de la Peninsula, digno es sin duda dc ser co-
nocido por su agrestc melodia y nativa Crescura el cxpresado aire, dc cuantos
aprecien la poesia popular espafiola, con las singulares variantes que ofrece en
cada comarca.comprobante inequivoco de las que experimcnto la letra al fl-
jarsc en cada region. A la amabilidad del maestro Saldoni, que se ha presta-
do a poner en la escritura musical corricntc la tonada que mas dc una vcz
hcmos oido on los campos de Andalucia y dc Castilla, y a la intcligencia del
profesor del Conscrvatorio, don Jose Inzcnga y Castellanos, que ha largos afios
se ocupa en formar, no sin fortuna, prcciosa Co lection de cantos y bailet popu-
lares de Expand, y que nos ha facilitado los de Asturias y Cataluna, debomos
pues la salisfaccion de ofreccr a nuestros lectores en lamina especial estimn-
bles mucslras de dichos cantos tradicionales, talcs como hoy se entonan. Esl
sin perjuicio dc dar a conoccr oportunamentc la musica, con quo sc cantaron
rii los siglos XV y XVI.
TOMO II. 51
432 HisrouiA ciinicA DE LA LITEKATUUA ESPANOLA.
promovido los estadios de doctos investigadores *. El hecho { sin
embargo, es de suma importancia, conflrmando la espontancidad
do esta forma en toda la Peninsula Iberica y ministrando nuevos
argumentos contra los que por el vano anhelo de dar a luz nue-
vas teorias, han acudido ya a esta, ya aquella literatura, para
buscar los origenes de los romances castellanos. Pero no sola-
mente hubieron de renanciar al verdadero estudio de la forma los
que asi procedieron, deslambrados sin duda por algunas analo-
gias mas 6 rnenos directas : dando por resuelta de un modo tan
decisivo la cuestion artistica, propiamente hablando, no se cura-
1 El diligente cuanto malogrado Almeida Garret, honra dc la moderna
lileratura portuguesa, formo y dio a luz un copioso Bomanceiro, en que reco-
irio la mayor parle de estas poesias populares, hasta ahora despreciadas de los
doctos. Lo mismo ha hecho respecto de Cataluna don Mariano Aguilo, con
tanto amor a las letras como perseverancia en su estudio, habiendo allegado
copia notable de romances catalanes y mallorquines, algunos de los cuales
llevan el sello de una antigiiedad respetable. El digno profesor de la Univer-
sidad de Barcelona don Manuel Mila y Fontanals, previniendoen parte tan pa-
triotico pensamiento, ha publicado algunas muestras de este gencro de poesias
en lengua catalana, si bien no se descubre en todas ellas la antigiiedad que
en las recogidas por el seiior Aguilo (Observations sobre la poesfa popular,
1854). Tambien nosotros, largo tiempo despues de hechos estosestudios, ho-
mos recogido en los valles y montanas de Asturias no escaso ramillete de
oslas flores populares, dando a luz una parte, para que scan gozadas de los
doctos, segun en otro lugar advertimos. Y tan popular y espontanea Cue esta
forma en el suelo espanol que no laesquivaron tampoco nuestros vascos: Ar-
gote de Molina cita en efecto (Discurso sobre la poesia castellana, num. V),
un romance en euscaro, relativo a un acontecimiento acaecido en 1321; y
antique solo se rcmonte en su forma actual al siglo XVI, en que lo recogio
Estebande Garibay, todavia este egemplo nos induce a creer que no fue es-
ta combinacion metrica de la poesia popular espaiiola extrana a la lengua
vizcaina. Comienza asi:
Mill.i urte igarota:
I ra IK re videan.
Guipuzcotarrac aartudiru:
(iazteluco echean, etc.
Copiolo, con otros muchos can tares vascuences.en superegrino libro titula-
<lo Guipuzcoaco Dantza don Juan Ignacio dc Izlueta, pag. 103, y dio tambien
MI otros zorctcoK inequivocas pruebas dc que no cs solo cl citado por Argotc
cl romance, que tiene por mcdio dc manifeslacion la lengua euscara.
PARTE I, ILUSTR. FORMAS HE LA POES1A VULGAR. 483
ron ya de la filosofica. Y sin embargo, s6lo siguiendo este ratio-
nal sistema,- y quilatando los divorsos elementos que so congre-
gan y fanden en nuestro suelo, duranto la e"poca de la reconquis-
ta, y dan por resultado la Espana de los siglos XVI y XVII, era
posible bosquejar el magnlfico 6 interesante cuadro hist6rico de
este linajo de poesia popular, senalando los diferentes malices,
que llegan a constituir bajo una misma forma otros tantos g6-
neros.
111.
En histtiricos, caballerescos, moriscos, pasloriles, y vtilga-
res, pueden principalmente dividirso aquellos notables cantos,
quo sirviendo de constante base a la musa de la muchedumbre,
revelan en su vario y maravilloso conjunto el caracter nacional,
y constituyen, conforme se ha repetido muchas veces, uuestra
verdadera epopeya.
Dos son las bases sobre que giran los romances historicos : el
sentimiento religiose, y el sentimiento patriiitico. Partiendode tan
purisimas fuentes, ni se descubre en ellos la amarga duda que
revelan las poesias de otros pueblos *, ni se adrnite tampoco la
mas ligera discusion sobre los venerandos objetos que constituyen
la creencia. Aquellos rusticos poetas, que llenos de noble entu-
siasmo, ya cantaban en el campo de batalla los triunfos de los
heroes, ya en el hogar dome"stico las milagrosas apariciones de
los Santos, creian Qrmisimamente , y hubieran caminado resuel-
tos al martirio, como sus hermanos de CoYdoba, para sellar do
nuevo la f6 renibida de sus padres, que sustentaban con las ar-
mas. Obligados & rechazar con ellas las frecuentes invasiones del
enemigo de su Dios y de su patria, rechaaaban tambien con igual
teson cuanto podia ofender la pureza de este doblo dogma ; y ini-
rando con religiose desden, ya que no con odio profumlo, los su-
persticiosos ritos y falsas creencias de los musulmanes, se acogie-
ron bajo el misterioso manto de la Iglesia y se fortalecieron con
1 Voaso In Ilitxtracion \\
484 H18TOIUA CKlTICA DE LA LITERATURA ESPANOLA.
sus sagrados hiinuos *. Kudos y grbseros en la forma exterior,