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José Amador de los Ríos.

Historia crítica de la literatura espanola (Volume 2)

. (page 8 of 64)

que siguiendo las leyes generales de la civilization, caminaba a
una trasformacion completa ' . Beato daba asimisrao insigne prue-
ba de su erudition en las Santas Escrituras, confesada por todos
los escritores modernos, al comentar los misteriosos libros del
Apocalypsi *.



1 Hemos notado ya como en Cixila y en el Pacense se perpetiia y aun va
toraando creces el ornamento de las rimas, que agrupan principalmente en
aquellos pasajes de mayor interes e importancia. Etherio y Beato adoptan el
misrao sistema, y desde los primeros parrafos de su tratado leemos: Sed ubi
negavit, Christus ligatus tenebafwr: ante praesidem staba/: alapis et colaphis
caedebafwr: conspueba/r. Nox erat, tenebrae erant, in praetorio erat: ancilla
ostiaria ostium clausum teneba/. Adhuc spiritus santus plenius Petro non fue-
rat dadtx. Ubi vero confesstts est Christum filium Dei, non erat ligatws. lesus
nequc sol: sed multitudo sequebatur cum, quorum mortuos susciiabat, cae-
cos illumiiiflZw/, leprosos mundafca/, daemones effugafraJ, et diversas infirmi-
tatcs curafra/, etc. (Lib. I, parr. II). Facil nos seria presentar otros muchos
egemplos, donde las rimas sc repiten con la misma insistencia: comprobado
el hecho, bastenos dejar rcconocido el curso de la tradicion, para oblener en
el momento oportuno las legitimas consecuencias que en el texto indicamos.

2 Menciona, aunque de pasada, don Nicolas Antonio los comentarios In
Apocalypsin, refiricndose al docto Mabillon, quicn habia expresado el dcseo dc
que se diesen a la estampa, como antes lo hizo el jesuita scvillano Luis de Al-
cazar (/ Apocalipsin, pag. 89). El entendido don Jaime Villanueva trae en su
Viaje literario & las Iglesias de Espana noticiacxacla y un tanto circunstancia-
da de dos preciosos codices del Comentario del Apocalipsi de Beato, exislentes
en las catedrales de Urgel y de Gcrona. El primer Ms. es un vol. fol. en per-
gamino, exornado dc grandes miniaturas, en que se rcpresentan todas las vi-
siones de San Juan, y parece de mediados del siglo X (tomo XI, carta LXXXV,
pags. \~\ y 281): casi iguales condiciones ofrecc el scgundo, bien que cs to-
davia mayor el niimero de las miniaturas, y ticne la circunslancia de conser-
var los nombres del copiante y del pintor, y el ano en que sc acabo aquel pe-
regrino trabajo. Villanueva dice: A1 fin de la ultima columna sc lee con
letras mayusculas: Senior presbiter scripsit. Sobre la il (con que termina)
hay una linca de mayusculas que dice: Dominus Abba liber fieri precepit. Y
en otra, dcbajo de dicha letra, se lee: Ende pintrix el Dei aititrix frater
nEmeterins et presbiter, invent portum volumine, VI feria, II nonas lulias. In

TOMO II. 5



66 HISTORIA CRiTICA DE LA LITERATURA ESPANOLA.

Hallaba pues el error de Elipando merecido correctivo en el

mismo suelo en que habia comenzado a hacer tan doloroso estra-

go, salvando una vez mas la elocuencia cristiana la pureza del

dogma cattilico; pero faltando ya la autoridad suprema de los

concilios que habian dado unidad y fijeza a la creencia, si produjo

la clara facundia de Etherio y de Beato el saludable efecto a que

aspiraba, no por eso abandonaron Felix y Elipando la herejia,

que eundiendo del lado alia de los Pirineos, llegaba por ultimo a

escandalizar los oidos del pontiflce Adriano, despertando al par la

piedad del ilustrado principe que iba a cenir en breve la corona

del Imperio. Califlcada pues la herejia por Adriano I, reprobada

en los concilios de Ratisbona [792], Francfort [794] y Aquisgran

[799], y combatida nuevamente por tan esclarecidos varones eo-

mo Pedro, obispo de Milan, Paulino de Aquileya, y el renombra-

do Alcuino, era flnalmente condenada en Roma por Leon III, que-

dando, como natural consecuencia, quebrantada la indtimita en-

tereza de Felix y de Elipando l , y acrisolada de nuevo la verda-



is diebus erat Fredenando Flagini et Avillas Toleta civitas, ad debellando
Mauritaniae, Era millessiraa XIII [afio 975] (tomo XII, Cart. XCI, pagi-
nas Ii8 y H9). La Real Academia de la Historia ha adquirido en los ultimos
ahos otro codice, que pertenecio al monasterio de San Millan de la Cogulla,
de letra del siglo XI, y enriquecido de miniaturas e iniciales de colores: Cue
escrito (dempore Benedicti, Abbalis VIIII SanctiEmiliani, per Albinum mona-
chura eiusdem, in JEra MCCXVI (afio H78). La Biblioteca National posee fi-
nalmente otro Ms. del Apocalipsi, por extremo curioso e interesante, que es el
mismo examinado por Morales en San Isidoro de Leon, adonde lo hubo de
ofrendar sin duda Fernando I, quien tanto enriquecio aquella iglesia, y en cuyo
tiempo se escribe. Estos dos codices procuro describir don Jose Eguren en su
Memoria de los cddices notables conservados en los archives ecle&iasticos, pre-
miada por la Biblioteca Nacional. Beato dividio su Comentario en doce capi-
tulos, y segun advierte en varios pasajes, lo escribio desde 784 en adelante,
terminada sin duda la controversia de Elipando, y lo dedico a Etherio, a cuya
instancia lo compuso.

i Felix abjuro una y otra vez la herejia, quedando por ultimo despojado
de la silla de Urgel, depcndiente de la autoridad de Carlo-Magno. Creese que
Elipando reconocio tambien su error, volviendo al scno del catolicismo (Flo-
rez, Clave Historial, siglo VIII). Los leclorcs que desearen mas pormenores
sobre esta tribulacion dc la Iglcsia espanola, pucden consultar cl tomo V dc
la Expafta Sagrada, dondcse publican muy importantcs documentos ineditos



PARTE I, CAP. XI. ESCRITORES DE LA INVASION MAHOMETANA. 67

dera f6 de los Isidores 6 Ildefonsos, que iba a ser en breve sellada
con la sangre de los martires.

Lejos pues de haber roto aquella desconsoladora aberracion los
vinculos que unian a los cristianos, s61o contribuyo" a estrechar-
los, exaltando con el triunfo de la verdad su entusiasrao religioso.
Mas no porque fueran esteYiles los esfuerzos de Felix y Elipando
para sembrar la cizana, creyendo acaso hacer el bien, dejan de
revelar el miserable estado de la Peninsula Ibe"rica en la segunda
mitad del siglo VIII. Sernejante extravio, que se ha considerado
principalmente como una prevaricacion hija de la vanidad y so-
berbia de los prelados que siguen tan perniciosa doctrina, cor-
responde en el 6rden moral a la gran catastrofe que lloraba la
nacion entera en el 6rden politico, y advierte al historiador y al
fi!6sofo que no era este el unico peligro, a que estaba expuesta la
fti de los mozarabes, bien que exaltada sin cesar por los males del
cautiverio.

S61o un camino podia conducir por entre innumerables escollos
a puerto de salvation en medio de aquella borrasca y de los nue-
vos conflictos, con que la sagaz politica de los Califas amenazaba a
los cristianos sometidos al yugo del Islam; y este camino fiie" se-
guido con tan extraordinario aliento, que ni escollos ni abismos
pudieron contener a la generosa grey que, oprimida bajo insufri-
ble coyunda, todo lo sacrificaba en aras de la libertad de su con-
ciencia. Ya lo hemos indicado: sin mas armas que la f6, ni otro
guia que la tradition recibida de sus may ores, rechazando toda in-
fluencia contraria a la religion y a la moral que de ella emanaba,



y se reproducen otros dc no menor cstima. Entre ellos merecen especial con-
sideracion los Fragmentos de algunos escritores antiguos e.rtranjeros, que em-
piezan a la pagina 561. El ultimo es un pasaje De geslis Caroli Magni r anales
cscritos 'en verso por un pocta sajon del siglo IX. Este da a Felix por autor
dc la herejia, diciendo:

Cclsa Pyrinaei supra iuga condita montis
I'rlis est Orgellis, Praesul cui nomen Felix
I'r.u-fiiii. Hie haeresim molitus condere pravam,
Dogmata tradcbat 1 idi-i contraria Sanctac,
Affinuan.s, Christus Dominus, quia corporc JiinijHo
K-t homo dignatui I'uri, non pro|)rias ex hoc,
.Scd <]uoU adoptivus sit Filiui Umnipolcotis, etc.



"68 HISTOFUA CRlTICA DE LA LITERATURA ESPANOLA.

se aprestan los mozarabes a sostener una de las mas her6icas lu-

chas que ofrece la historia de los tiempos medios; y si no. pueden

la f6 y la tradition darles sobre los sectaries de Mahoma el mismo

triunfo, alcanzado dos siglos antes contra los secuaces de Arrio,

revistenlos de aquel invencible espiritu que animaba a los cristia-

nos independientes, habielidose menester al cabo del exterminio

para sofocar su perseverancia religiosa y domenar su patriotismo.

Contemplemos este interesante y maravilloso espectaculo en el

capitulo siguiente, no sin dejar antes consignada una observacion,

interesante por extremo para los estudios que vamos realizando.

Cuantos escritores florecen en los primeros dias de la servidumbre

mahoraetana, debian su educacion literaria a la decadente monar-

quia visigoda, apareciendo filiados en la triple escuela de los Brau-

lios, Eugenios y Paulos Emeritenses, que reconocia su centro y

cabeza en la escuela de Sevilla, fundada por Leandro e Isidoro 1 :

cuantos cultivan las letras, tras estos primeros mementos de zo-

zobra, lejanos mas cada dia de aquella fuente, viven s<Mo de la

tradicion, conservada por la Iglesia en medio de los mayores con-

flictos, ora volvamos la vista al suelo de la Betica, ora fljemos

nuestras miradas en los valles de Astiirias. Expuesto ya, si bien

con la sobriedad que pide la naturaleza de nuestros trabajos,

cuanto a los primeros se reflere, conveniente juzgamos pasar al

estudio de los segundos.



1 Inutil nos parece cargar esta parte de nuestros estudios con los nombres
de ciertos escritorcs, talcs como Servando, obispo de Orense, Julian, diacono
de Toledo y griego de nacion, famosisimo por los croniconcs que se le atri-
buyen, Arcarico, Venancio, Gudilita, Laimundo, Isidoro Selabiense, Severo
y otros muchos, de quienes solo haccn mencion los falsos Cronicones citados.
Reducidos estos a su verdadero valor por la diligencia y perspicuidad del doc-
to scvillano don Nicolas Antonio, probadas asimismo las incohcrcncias rela-
tivas a estos supuestos escritores del siglo VIII (Bill. Vetus, lib. VI, caps. I
y IV), y no exisliendo obra fchacientc de las que el fccundo forjador de los
expresados Cronicones les atribuye, juzgariamos reprensiblc empefio el de atri-
buirles un lugar solo conccdido por la cn'tica a los varones, decuya cxislencia
y mcrito no puede dudarse, reputando ademas como pcligrosa, sobre inutil
para los hombres realmente doctos, toda disquisicion que pudicra dcrramar
nuevas dudas respecto de hechos cnteramente depurados y hasta la saciedad
cxclarccidos.



CAPITULO XII.
ESCR1TORES CRISTIANOS DEL CALIFATO.

ESPERAINDEO, ALVARO, EULOGIO, SAMSON, etc.

Politica de los Califas respecto de los cristianos mozdrabes. Veda Hixem
el uso de la lengua latina y obliga d la juventud d educarse en las escuelas
ardbigas. Reaccion del sentimiento catolico.' La Iglesia, el culto y la li-
turgia. Escuelas mahometanas: escuelas cristianas. Su ciencia y litera-
tura respectivas: distintos fines de unas y otras. El abad Esperaindeo: su
Apologttico contra Mahoma. Nueva exaltation del sentimiento religioso.
El martirio. Conciliosde Cordoba. Alvaro y Eulogio. Su autoridad e
influencia respecto de los mozdrabes. Sus obras. El Documentum marti-
riale y el Indiculus luminosus. Su examen. Cardcter de la elocuencia de
Eulogio y de Alvaro. Martirio de Eulogio. Su vida escrita por Alvaro.
El himno en su alabanza. Poesias de Alvaro. Efecto de la muerte de
Eulogio en la raza mozdrabe. El abad Samson y su ApologMico. Cansan-
cio y postracion de los cristianos. Leovigildo y Cipriano: sus escritos.
Caracteres generales de todas estas obras. Su identidad con el estado so-
cial del pueblo que las produce. Aversion de las razas drabe y cristiana.
Efectos de la misma. Expulsion de los mozdrabes andaluces: su aniqui-
lamiento, como pueblo, en la Peninsula Iberica.



Apartando la vista de los disturbios intestines e interrainablos
rebeliones que alteran la paz del Amirato espanol, cual testimonio
inequivoco de la ferocidad nativa de aquellos guerreros que, des-
pues de sacudir el yugo de los Califas de Damasco, no se daban
por satisfechos sin tener encendida la tea de la discordia; sepa-



70 HISTORIA CRtTICA DE LA LITERATURA ESPASOLA.

rando igualmente nuestras miradas del cuadro que presentan los
paladines del cristianismo, cuyas conquistas se extendian y aflan-
zaban a principios del siglo IX, asi en las regiones del norte y
occidente como en las vertientes orientates del Pirineo, cumplenos
ahora contemplar de cerca el peregrino espectaculo que en medio
de su cautividad ofrece el pueblo mozarabe, despertando con las
simpatias de la historia el mas vivo interns de la critica.

Digno es en verdad de alta consideracion el lastimoso estado
de aquella grey, que despojada de su libertad politica, vejada
con diarios y gravosos pechos y objeto de la desconflanza, ya que
no de la malquerencia, arrostra con el antiguo valor de los mar-
tires la saiia de los muslimes; y mientras sella con sangre la f6
de sus mayores, procura defenderla y acrisolarla en sus escritos.
Pero si notable es sobremanera este doble movimiento de la inte-
ligencia que se opera a mediados del siglo IX, sube de punto la
admiracion que inspira, cuando se repara en el extraordinario
contraste que forma la cultura de los mozarabes con la civiliza-
cion que ha recibido el nombre de arabiga. La antigua Colonia
Patricia, que envi6 un tiempo a la capital del mundo sus orado-
res y sus poetas, sus declamadores y sus fil6sofos, centro ahora
del imperio musulman, iba a ser teatro de aquel drama, en que
debian lanzar sus ultimos gemidos las ciencias y las letras, patro-
cinadas dos siglos antes por el doctor de las Espanas, cuya gran
sombra se proyectaba todavia sobre las reliquias del magnifico
edificio, entre cuyas ruinas se descubren las interesantes figuras
de Alvaro y de Eulogio. Y mientras se prolongaba aquella dolo-
rosa agonia, desarrollabanse con fuerza desacostumbrada las ar-
tes, las ciencias y las letras bajo la proteccion de los nuevos Ca-
lifas, mostrando en su precoz desenvolvimiento que, siendo hijas
de la imitacion, no podian tener tan larga como deslumbradora
existencia.

Era pues la celebrada Medina- Andalus teatro y centro al par de
ambas civilizaciones: abandonada a sus propias fuerzas y perdida
toda esperanza de prosperidad, parecia postrarse la mozarabe ante
el poderio de los sarracenos, para levantarse por un momento con
nuevo espiritu, cayendo por ultimo en mortal abatimiento: hala-
gada la arabiga por el poder y las riquezas, extendia & todas par-



PARTE I, CAP. XII. ESCRITORES CRISTIANOS DEL CALIFATO. 71 '

tes su dominio, y penetrando al cabo en el centre de los cristianos
sometidos al yugo del Islam, lograba adormecer su patriotismo,
introduciendo entre ellos la perturbation de las ideas y el desma-
yo; sensible quiebra que s61o podia saldar, bien que pasajeramen-
te, el heroismo de los martires.

Semejante resultado, que es necesario reconocer con todo em-
peno, si ha de comprenderse la lucha que sostiene el cristianismo
en la c6rte de los Califas, donde habia refluido la vida entera de
la nacion vencida en Guadalete, fruto era de la politica iniciada
por Abd-er-Rahman, cuya conducta debia servir de norma a sus
descendientes. Para dar fuerza y unidad al nuevo Imperio, habia
procurado aquel prfncipe derramar entre sus vasallos la luz de
las ciencias y de las letras, echando los fundamentos a las famo-
sas escuelas, que perfeccionadas en adelante, debian templar la
ferocidad de tan diversas tribus como habian tornado asiento en la
Peninsula: para reprimir los sorprendentes progresos de los cris-
tianos de Asturias, habia esparcido el terror entre los mozarabes,
que favorecian y alentaban aquellas osadas empresas. Mas logrado
su intento, segun mostramos en el anterior capltulo, y conven-
cido Abd-er-Rahman de que no repeliendo & los cristianos sojuz-
gados, sino atray6ndolos al seno del Islamismo, era posible coro-
nar por su cima la grande obra de la unidad por el acometida,
resolviose a dar los primeros pasos en la nueva senda que preten-
dia dejar abierta a sus hijos.

Protegiendo pues a los mozarabes de COrdoba, cuyo primer
magistrado acerc6 a su palacio y persona 1 ; fomentando la union

1 Algunos historiadorcs, y cntrc ellos el entendido academico Lafuente
(Historia general de Espana, parte II, lib. I, cap. X), asientan'que llevo Abd-
er-Rahman su respcto y su justicia en orden a los mozarabes hasta crear en
C6rdoba un magistrado con el cargo y titulo de protector de los cristianos.))
Pero en ninguno de los documentos coetaneos hallamos confirmada esta dig-
nidad. Los oficios publicos que dcntro de su propia raza cjercieron los cris-
tianos, son: l. El de Conde, que siguiendo la tradicion visigoda, era su go-
bernador especial y supremo, como delegado de los rcycs, y despues dc los
amircs y los Califas: 2. El de Censor, que segun la auloridad de Eulogio,
oquivalia a la dignidad de juez (Docum. martyr., lib. I, proli., y lib. Ill, ca-
pitulo XVI): 3. El dc Exceptor , quo ajuicio de Florezcra igual al de tcsorcro
6 administrador dc las rentas publicas (Espana Sagrada, tomo X, trat. XXXIII,



72 H1STORIA CRlTICA DE LA L1TEIUTURA ESPASOLA.

de las razas orientates que seguian el Korara y las razas occiden-
tales que profesaban el Evangelio, union que debia no obstante
producir con el tiempo aciagos frutos *, aspiraba por una parte a
hacer mas aceptable y duradera la alianza interior entre cristia-
nos y muslimes, y caminaba por otra a debilitar en los primeros
todo sentimiento de patriotismo, enlazandolos a su Imperio con
los intereses terrenales, y prodigando honras y distinciones a los
que, por satisfacer su menguada ambicion, renegaban de la f6
de sus abuelos. Esta doble politica, ensayada desde los ultimos
anos del primer Califa de C6rdoba, sobre estar autorizada por el
mismo Koram, era la unica que .podia convenir a la prosperidad
de aquel multiple Estado, cuyo mayor numero de habitantes per-
tenecia a las razas hispano-latina y visigoda; y mientras aparen-
taba respetar los pactos y capitulaciones de la conquista, ya tan-
tas veces quebrantados 2 , dirigiase principalmente a introducir la
discordia en el seno de los mozarabes, quienes si al verse dura-
mente perseguidos, habian rechazado toda influencia mahometana,
lisonjeados ahora por la esperanza de mejor vida, comenzaban a
prestar oidos a tan manosas seducciones, encaminadas a labrar su
perdicion con el aparente halago de una felicidad transitoria.

cap. VII); y4. El de Publicano 6 arrendador de las referidasrentas. De cual-
quier raodo, lo que importa notar es que desde el momento en que Abd-er-
Rahman I concibe aquella politica de seduccion respecto de los mozarabes,
llamo a su palacio al Conde de los raismos, prodigandole, asi como a los
Censores y Exceptores, toda suerte de honras y distinciones.

1 La casla de los muladies, mulados 6 mestizos, que resulto naturalmente
de la union y consorcio de ambas razas, bien quo musulraana, segun la letra
y espiritu del Koram, fue vista por los islamitas 6 arabes puros con tal des-
precio que, negandoles toda participacion en la gobernacion del Estado, llego
a concebir en cambio contra cllos profundo odio; y cuando sc sintio fuerte ya
y numerosa para dar con las armas testimonio de sus ocultos rencores, apelu
a la fuerza para protestar dc tan injuslificado desden, encendiendo aquella fe-
roz y sangricnta lucha, que algunos historiadores apcllidan guerra social, la
cual llena con sus terribles peripecias casi todo el siglo IX y partc del siguien-
te, acarrcando por ultimo la decadcncia y ruina del Califato.

2 Vease el juicio critico de la Chronica dc Isidoro Pacense, dondc se no-
tan ya, antes del ano 774, las infracciones que los referidos paclos habian su-
frido. La relacion de los hcchos que vamos u narrar, advertira del modo
como so respetaron eu adclanle.



PARTfi I, CAP. XII. ESCRITORES CRISTIAISOS DEL CALIFATO. 73

Segundaba Hixem y daba mayor ensanche a esto sistema, que
formaba por cierto singular contraste con la conducta de los an-
tiguos dorainadores de Espana: negandose los romanos a raezclar
su sangre con la de los iberos, apenas habia alcanzado la demen-
cia de Tito a borrar los anejos rencores, engendrados por una
guerra de dos siglos: despreciando los visigodos a la raza hispano-
latina, cuyo consorcio tenian en menos, tampoco habia sido bas-
tante a constituir una sola familia la tardia ley de Receswinto:
mas cuerdos, si no mas ilustrados, tenian los Califas presente
que s6lo consistia el engrandecimiento y fuerza del Islam en la
fusion y mezcla de tantos pueblos como reconocian su dominio; y
fleles a esta respetable tradicion, apoyada igualmente por la re-
ligion y la politica, comprendieron que unicamente podrian lla-
marse senores de la Peninsula, cuando extinguido en el suelo que
ocupaban, todo espiritu de cristianismo, s61o imperase el interns
de una religion en el seno de una sola familia.

Hixem, que inaugura su reinado con la guerra santa para te-
ner a raya a los cristianos de Asturias y de la Marca Hispanica;
que fomenta en Ctirdoba las artes y las ciencias, ya levantando
suntuosos ediflcios y llevando a cabo la famosa mezquita empeza-
da por Abd-er-Rahman *, ya perfeccionando las escuelas publicas
y creando otras nuevas; que merece por ultimo ser apellidado en
premio a sus virtudes el bueno y el justo, no solamente hace suyo
aquel sistema de dominacion sobre los mozarabes, dadas las leyes
del matrimonio y del proselitismo, sino que, siguiendo el mismo
impulse, da un paso agigantado en aquella dificil carrera. El ilus-



\ Dcspues de tcrminada la mezquita por Hixem, tnvo grandes adilamen-
tos: segun afirman los historiadores arabigos, y con espccialidad Almaccari,
aumentole Al-Hakem de norte a mediodia ciento cinco codos, y mas adelante
agregole Almanzor, regente de Hixem II, otros ochenta a la partc del Este,
con lo cual llego a contar el numero de diez y nueve naves, que hoy ostcnta
a la admiracion y esludio de la posteridad. Vease sobre este punto interesante
de la historia de las artcs el ensayo sobre la Architecture des arabes el des
mores por Girault dc Prangcy, periodo bizantino (pag. 47 y 48, Paris, 1841),
y el tomo dc los Recuerdos y bellezas de Espana, en que nucslro cntcndido
companero don Pedro de Mailrazo describe y quilata la grandc aljama dc Me-
dina- Andalus (Madrid, 1855).



*



74 HISTOR1A CRlTICA DE LA LITERATURA ESPAflOLA.

trado Califa, quo se tenia por dichoso con promover la cultura
del pueblo musulman, prohibia en todos sus Estados quo se ha-
blara y escribiese la lengua latina, y para obtener cumplido logro
de este acuerdo, ordenaba por ultimo que acudiesen a las escuelas
publicas por 61 fundadas, los hijos de los cristianos, a fin de que,
olvidada de todo punto el habla de sus mayores, fuese la lengua
arabiga la unica del Imperio mahometano.

Estas disposiciones, consignadas por los cronistas musulmanes,
bien que olvidadas a la continua por nuestros historiadores, 6 ya
calificadas como una rareza por alguno de los escritores moder-
nos que mas se precian de fi!6sofos, ya consideradas como simple
efecto de intolerancia religiosa l , eran las mas importantes y tras-
cendentales de cuantas dicta la sagaz politica de los Califas espa-
noles. Funestas debian ser, sin embargo, para los mozarabes, que
reducidos al mismo estado en que dos siglos antes se vieron los he-
breos bajo el yugo de los visigodos, y forzados por otras leyesaun
mas tiranicas a la circuncision, hallabanse en la dura alternativa
de provocar la sana de sus dominadores, quedando sumidos en
lastimosa barbarie, 6 de entregarles sus hijos para que los edu-
caran en sus escuelas. Era evidente que no s61o habia de que-
brantarse con leyes semej antes la tradicion de los estudios hispano-
latinos, sino que engendrado desde la infancia cierto amor a las



i Menciona esta notabilisima ley el historiador Abu-Meruan-Ebn-Hayyan,
y citala Conde en el capitulo XXIX del tomo I de la Historia de la domination
de los drabes, pag. 229. Tambien la recuerdan en nuestros dias MM. Carlos
Romey (Histoire d'Espagne, parte II, cap. IX) y Rosseeuw de Saint Hilaire
(Histoire d'Espagne, lib. IV, cap. Ill), bien que dandole diversa signification
c importancia. El primcro la considera como una extravagancia, hablando de
ella incidentalmente: cl segundo, aunque animado de mejor cn'tica, hallando
en clla el medio de explicarel profundo selloqucdcjaen las regiones meridio-
nales de la Peninsula la lengua de los drabes, la ve mas bien como un exceso
de la piedad muslimica de Hixem que como un premeditado efecto de su poli-
tica. Laslima es que nuestro amigo y compafiero Lafuente no le haya atribui-
do la importancia quo realmente tiene, contentandose con apuntar muy de

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