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José Amador de los Ríos.

Historia crítica de la literatura espanola (Volume 2)

. (page 9 of 64)
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pasada que dcjo Hixcm cstablecidas en Cordoba escuelas de lengua arabiga,
y en su tiempo se comenzo a obligar a los cristianos mozarabes a no hablar
ni cscribir en su lengua lalina (Hist. gen. de Esp., parlc II, lib. I, capi-
tulo VII).



PARTE I, CAP. XIF. ESCRITORES CRISTIANOS DEL CALIFATO. 75

costumbres orientates, debia resfriarse tambien el patriotisrao de
los cristianos, relajados insensiblemente los vinculos de la creen-
cia; y no a otro fin se encaminaba la ley dictada por Hixem y
sostenida con todo empeno por los Califas que se asientan des-
pues de 61 en el trono de C6rdoba. El pueblo mozarabe, que vi-
via, segun dejamos ya advertido, con el recuerdo de su pasada
cultura, y que en medio de las calaraidades que le afligen durante
el siglo VIII, s61o habia enconkrado fuerzas para resistirlas en la
f6 de sus mayores, veiase pues amenazado de lenta pero segura
disolucion, estrechado por todas partes en el circulo fatal en que
lo iba encerrando la politica de los mahometanos.

Pero si tan doloroso estrago produce en los mozarabes este sa-
gaz y desorganizador sistema, venciendo con el incentivo de las
riquezas y de los privilegios a los que flaqueaban en la fe~ de sus
padres; si raezclada ya la sangre cristiana y sarracena, crecia ili-
mitadamente el numero de los mahometanos *, enflaqueci6ndose
mas y mas por este camino la grey verdaderamenle cat61ica; si se
dejaba arrebatar y desvanecer por ultimo la juventud educada en
las escuelas arabigas por la novedad de una poesia y literatura
que halagaban sobremanera la fantasia, dominando los sentidos,
no por esto se habia apagado en los dominios musulmanes el
santo fuego de la religion cristiana, ni ardia en C6rdoba con me-
nos vigor la llama del patriotismo.

Puesta la Iglesia como valladar indestructible en medio de tan-
tos infortunios, estrellabanse a sus plantas, a pesar de su servi-
dumbre, todas las leyes y decretos dirigidos borrar del Impe-
rio mahometano aquella ofensiva nacionalidad, arraigada pro-
fundamente en los mozarabes. Prohijada por ella la lengua del
Lacio desde sus primeros dias, habia llegado esta al siglo IX

1 No debe olvidarsc que, segun dejamos indicado, los hijos habidos en
matrimonio de un musulman y una cristiana, 6 de un cristiano y una sarra-
cena, debian neccsariaraente profesar la ley dc Mahoma, por dcterminarsc en
el Koram que cl niiio ha de seguir forzosamente al padre 6 a la madrc, cuya
religion sea vcrdadera. Y dicho se esta que dondc imperaban los sarrace-
nos y el Koram era fuente dc legislacion, solo podia ser considcrada corno
buena y verdadcra la religion dc Mahoma (Reinaud, luvag. des Sarrac., pagi'
na i42).



76 HISTORIA CRtTICA DE LA LITERATURA ESPANOLA.

consagrada por la tradicion y la liturgia, siendo depositaria de
cuantos elementos de cultura tuvieron desarrollo en el seno del
cristianismo. Las Sagradas Escrituras, fuente no enturbiada del
dogma; las inmortales obras de los Padres, crisol donde aquel so
puriflcaba y robustecia; los himnos sagrados, emblema del valor
henMco y de la inmarcesible gloria de los martires, y consolado-
ra plegaria que mitigaba los dolores de la grey cristiana; los ofl-
cios divinos; las oraciones del rezo, y en una palabra, todo lo
que se referia a la creencia cattilica y a su manifestation en el
culto, se hallaba consignado, interpretado y expuesto en lengua
latina, sin que al pasar de las letras sagradas a las profanas hu-
biera dejado esta de ser unico medio de expresion, como lo ha-
bia sido en la gloriosa edad de los Isidoros, Eugenios 6 Ildefon-
sos. La contradiccion de los Califas s61o debia producir tocante a
la Iglesia efecto contrario al empeno que habia inspirado aque-
llas leyes; y aunque no era dado a esta madre comun oponer re-
sistencia activa a los poderes del mundo, que la sojuzgaban, em-
ple<3 todas sus fuerzas para conservar ileso el inextimable dep6-
sito que le estaba conflado, y reconcentrando en si toda la vida
del pueblo mozarabe, dispusose & entrar denodadamente en la lid
que era provocada *.

i Llamamos desde luego muy seriaracnte la atencion de los leciores sobre
cste punto, para que fijada, como pidela imparcialidad de la historia y la vcr-
dad manda, la respectiva situacion de mahometanos y moz-drabes, sea posible
entrar, libres de toda preocupacion, en el estudio que a continuacion rcaliza-
mos. Aunque va ya de vencida la moda de juzgar las grandes trasformaciones
y catastrofes que la historia nos ofrece, conforme al capricho de las escuelas
y a las inspiraciones de las sectas religiosas, cs oportuno y de cxtremada im-
portancia, respeclo del sangriento drama que va a desplegarse a nuestra vis-
ta, orillas del Betis, el reconocer maduramente su exposicioa en los prcli-
minares del martirio, a fin dc caracterizar perfeetamente la lucha moral y re-
ligiosa, provocada por los cdictos de los Califas. Y llamamos en esta parte la
atencion de los hombrcs doctos con tanto mayor cmpcno, cuanlo que al lie-
gar a nucstras manos la Historia de los musultnanes de Espana, dcbida al cru-
dito R. Dozy, vemos reproducida, no sin sorpresa, la vulgar calificacion he-
cha en el pasado siglo de los marlires dc Cordoba, condcnandolos como fa-
naticos. A la verdad no se concibc como un escritor que cmpicza reconocien-
do la scrvidiiinbre de la Iglesia (lomo II, pag. 46); que scfiala tcrminante-
mcnte como causa de la infraccion dc los tratados el cngrandecimicnlo de los



PARTE I, CAP. XII. ESCRITORES CRISTIANOS DEL CALIFATO. 77

Distintos eran en verdad los medios quo tenia a sus alcanccs
cada uno de los contendientes. Fomentada la cultura arabiga por
el brazo poderoso de los Califas, contaba nuftierosas escuelas sos-
tenidas con las rentas publicas; acaudalabase con suntuosas bi-
bliotecas, cuya riqueza rayaba en lo fabuloso ', y estimulada con
los premios y recompensas prodigados por aquellos generosos
principes, caminaba sin obstaculo alguno a su mas completo des-
arrollo. Contrariada la cristiana por la politica de los muslimes,



mahometanos y la seguridad de su domination (Id., pag. 48), manifcstando
con el testimonio de Alcutia que el mismo Abd-er-Rahman habia quebran-
tado los pactos, y que fueron estos modificados 6 cambiados a tal punto que
durante el siglo IX apcnas ofrecian vestigios de lo que fueron, al consumarse
la conquista (Id., pag. 50); que asienta repetidamente, llevado de plausible
imparcialidad, que los Califas impusieron a los cristiauos, a instancia de los
faquies y ulcmas, tantos y tan gravosos impuestos, que ya en el siglo IX se
habian empobrecido muchas ciudades y con ellas la misma Cordoba (Id., id.
y i09); que dcclara paladinamente que de dulce y humana al principio se
habia trocado la dominacion arabiga en despotismo intolerable (Id., pagi-
na 50); que reconoce en los faquies y doctores del Islamismo un verdadero
podcr del Estado, como lo prueba el reinado de Hacam (Al-Hakem); que no
vacila en asegurar que Abd-er-Rahman II estaba dominado por los faquies y
con ellos por el eunuco Narc, enemigo cruel de los cristianos con todo el odio
de un apdstata (Id., pag. 96); que halla, mas que en la diferencia de religion,
en la antipatia de raza las causas principales de la lucha que vamos a estu-
diar (Id., pag. 108), y que no puede negar finalmente la ciencia ni la virtud
de los principales personajes cristianos que en ella intervienen, se deje do-
minar tan fucilmentc de una preocupacion que ha debido combatir su misma
ciencia historica. Notable es por cierto que este cntendido escritor, que tanta
riqueza de pormenorcs atcsora en su Historia, no haya querido levantar sus
miradas ;i una esfera superior, para fijar la vcrdadera situacion de la raza his-
pano-latina (le parti exalte et fanatiquc), y mas notable todavia que sehaya
dcscntendido, al juzgar el drama sangriento del martirio, del valor y efcclo
de las leyesde los Califas, que tendian a absorberla y aniquilarla. La impar-
cialidad historica no ha de scr tal que cobre alas a su sombra la injusticia, ni
parahistoriar los musulmancs convienc tarapoco poner&e el turbante.

\ Sciscientosmil volumcncs, suma verdaderamentc prodigiosa para aquc-
Hos tiempos, llego a contar en cl de Al-Hakem I la bibliotcca rogia do Cordo-
ba, segun afirman los historiadorcs musulmanes. Pero a pesar dc que este
numcro sea hipcrbolico, todavia dani la misma cxagcracion, aim reconocida,
ventajosa idea dc la proteccion sin limitos que los Califas dispensaron a las
letras.



78 H1STORIA CRtTICA DE LA LITER ATURA ESPA^OLA.

y tenida en menos por la muchodumbre de los mozarabes, velase
reducida al retiro del claustro 6 al modesto albergue de las igle-
sias parroquiales [basilicaej; y sin mas tesoros literarios que los
libertados del universal naufragio en que perece la monarquia vi-
sigoda; sin mas estimulo que la f6, ni otra recompensa que los
desdenes del mundo, enardeciase en medio de su forzado aisla-
miento, y convencida de su propio valer, ni esquivaba ni temia
el prtiximo combate.

Eran no obstante las ciencias cultivadas por los mahometanos
tan fastuosas y amigas de lo sobrenatural y maravilloso como s6-
brias y sencillas las de los mozarabes: trasmitida a los primeros la
filosofia de Platon y de Aristo" teles por incorrectas versiones siria-
cas, donde apenas se conservaba idea de los originales *, habianla
plagado ya de oscuros y revesados comentos, empleandola en de-
fensa del Koram y dando por este camino nacimiento a una teo-
logia absurda que, alimentando el espiritu de secta, s61o tenia
por norte'la fantasia 6 el capricho 2 . Igual pendiente seguian las
demas ciencias: E1 saber de los arabes, dice un respetable escri-
tor, era en aquellos tiempos una selva confusa, en que con es-
ntrechez intima andaban unidas la sofisteria, la supersticion, la
incultura y la utilidad... Adelantaron notablemente la astrono-
mia, haciendola servir para vanisimas predicciones. Debi61es la



1 M. Langles, a quien siguen respetables criticos del prcsente siglo, de-
cia sobre este punto: Todas las traducciones arabes de las obras griegas fuc-
ron hechas por muy malas versiones siriacas, y los textos no estan en ellas
menos desfigurados que los norabres propios. No existe acaso una sola obra
traducida inmediatamente del griego en lengua arabiga. Todas las traduc-
wciones arabes que se conoccn, parecen hechas a despecho del sentido comun,
y no pueden dar idea de los autores originales (Nota Ms., citada por Gin-
guene, tomo I, cap. IV de su Histoire Litteraire d'ltalie).

2 Fuera de los schiytas, y demas scctas heterodoxas, que siguieron las
opiniones de All, se conocieron entre los sarracenos cualro sectas ortodoxas,
de quo fueron cabeza Hanbal-Schafcy, Abu-Hanifah y Maleq-bcn-Anas, cuya
doctrina trajo a Espana Said-ben-Abdusch-cl-Godei duranle cl reinado de
Hixem I, y difundio y aseguro en el de Abd-cr-Rahman II Yahya-bcn Yaliya-
cl-Leyly. Aunque estas diferentes escuclas teologicas tcnian por base la tradi-
cion, de donde toraaron el nombrc de sunilas, todavia fueron tan notables las
difercnciasque los separaban, quo producian entre cllos vcrdadcros conflictos.



PARTE I, CAP. XII. ESCRITORE8 CRISTIANOS DEL CALIFATO. 79

raedicina admirables aumentos al tiempo mismo quo la afeaban
con especulaciones imaginarias y monstruosos sistemas. Con nue-
va y feliz maestria aplicaron la quimica al auxilio de las dolen-
cias, y la llenaron tambien do enigmas portentosos y credulida-
des que animaba la execrable hambre del oro... Tomaron de la
docta Grecia [anade] la general noticia de las doctrinas, e" inter-
pretando perversamente sus escri tores, corrompieron aquello
mismo quo les sirviti de norma *.

Respetuosos los mozarabes a la memoria de los esclarecidos
varones que habian ilustrado en Espana la ciencia divina y la cien-
cia humana, seguian por el contrario las huellas del grande Isi-
dore, y estudiaban en sus Etimologias las disciplinas liberales,
iniciandose al propio tiempo en las demas ciencias, cuyo conoci-
miento les ministraba aquel memorable libro 2 ; y remontandose
a las claras fuentes de Ger6nimo y Agustino, de Arnobio y Lac-
tancio, adquirian segura y luminosa ensenanza de la ciencia de
Dios, que se acrisolaba en el retire con las frecuentes contradic-
ciones del siglo. De esta manera conservaban las escuelas cris-
tianas de C6rdoba la nocion pura de la filosofla aristote"lica, tal
como habia sido aceptada y Irasmitida por Isidore 3 , mientras
ahogada desde los tiempos de Almamun entre los arabes, bajo la
inutil balumba de extraviadas exposiciones, impertinentes aposti-
llas y nebulosos comentarios, apenas daba indicio de sus primiti-
vos origenes. Asi tambien, respetada la autoridad de los Padres,
conservabase en aquellos pacificos gimnasios de la antigua civili-
zacion el lustre de la verdadera teologia, no sin que hallaran en
ellos merecido culto las bellas letras.

Mas si distaban en gran manera las ciencias de sarracenos , y
mozarabes, trayendo diferente orlgen y encaminandose a fin di-
verso, no mayor semejanza existia entre la literatura de uno y otro
pueblo. Ya fuese en odio de la idolatria, segun afirman respeta-
bles criticos, ya por ignorancia de la lengua hel^nica, como pre-

1 Forner, Mtrito literario de Espana, pag. 46 y 47.

2 Vcasc el examcn dc los Origenes hccho on cl cap. VIII del anterior
volumen.

3 Id. , id., pags. 356 y siguientcs



80 H1STORIA CRtTICA DE LA LITERATURA ESPANOLA.

tenden mostrar entendidos orientalistas, ninguno de los grandes
poetas, oradores e historiadores griegos, a excepcion de Plutarco,
habia sido traducido a la lengua arabiga, si6ndoles por tanto des-
conocida la literatura que anim6 con la gloria de sus creaciones
la civilizacion del antiguo mundo 1 . Enriquecida en cambio su fo-
gosa imaginacion con las maravillosas creaciones de la India 2 ;
excitada en todas partes con el espectaculo de la naturaleza, cuya
risuena lozania les recordaba en la Peninsula Iberica los verjeles
de Persia y de la Arabia, habian intentado aclimatar en Cordoba
aquella poesia, arrebatada siempre en su vuelo, osada hasta la
temeridad en el uso de las iraagenes, ostentosa y violenta en las
raetaforas, exuberante y oscura en los similes 6 inclinada sin ce-
sar a la grandilocuencia, al fausto y a la hip6rbole. A imitacion
de los Califas orientales, habian los de Espana derramado a manos
llenas honras y distinciones sobre los cultivadores de aquella arte,
no menos artificiosa que complicada en su metrificacion 3 , pre-



1 A favor de la primera opinion milita la autoridad de M. Silvestre Sacy,
seguida porM. (Eisner, y aceptadaen cierto modo por el Institute de Francia,
que premio en 1809 la memoria en que el segundo la sostenia (Des Effets de
la Relig. de Afah., Paris, 1810, pag. 133). Defiende la segunda M. Langles, a
quien dcjamos citado respecto de las traducciones arabigas, rcconociendo el
hecho que en este lugar consignamos el erudito Andres, cuyo voto, segun
oportunamente observamos (Introd., pag. LXXXI), no puedc ser sospechoso
en cuanto a la cultura arabiga se refiere (Ginguene, Hist. litt. d'Kalie, tomo I,
cap. TV, pag. 197).

2 Al cxaminar en el cap. XIV de esta I. a Parte la Doctrina clericalis del
converso Per Alfonso, y al explicar en el siguiente volumen la introduccion del
upologo oriental en la literatura ya propiamente castellana, tendremos ocasion
mas oportuna de apreciar lo que debio la poesia y literatura arabiga a las
tradiciones y fabulas de la India.

3 Discordcs andan los orientalistas respecto de la melrica arabiga: tienenla
unos por intrincada y por demas difi'cil, y suponcnla otros facil y acccsible a
todo el mundo, al vcr el maravilloso mimero de poetas quo escriben en la
lengua de los Califas. Para demostrar de quo parto esta la razon en csta con-
trovcrsia, sera bien que aun a ricsgo de pareccr prolijos, demos aqui algunos
pormenorcs sobre la versificacion de los muslimes. Fue el primero que procu-
ro fijar las rcglas artisticas de la poesia arabe Abu-Abd-cr-Kahman Aljalil
Ebn-Ahmed-el-Farahidi, uno dc los hombres mas cxclarecidos que florecicron
en la corte y bajo la proteccion de Arun-al-Raschid (100 a 170 dc la Hcgira).



PAHTE I, CAP, XII. ESCRITOUES CRISTIAPJOS DEL CALIFATO. 81

ciandose tambien de entendidos poetas. Abd-er-Rahraan, Hixem,

Su arte conocido con el titulo de Jalilea, logro suma autoridad entre los poe-
tas y escritores mahometanos, siendo comentado yexplicado difcrentes voces*
la exposicion mas importante de su doctrina, fue debida a Abu-Ismael-el-
Tograi, bajo el nombre harto caprichoso de Lamiat-el-acham, precioso mo-
numento iluslrado, desde Samuel Clerc hasta nuestros dias, por muy doctos
orientalistas. Ante todo conviene advertir que la metrica arabiga se divide en

dos paries, ^sjyJ\, alarudh (metro) y LJ'Ju), alcafia (rima). Los versos



constaban de pies regulareso primitives Jtj^oi^osul (raices)y de irregulares 6
sccundarios, & j foru' (ramas).



Los pies primitivos no ticnen menos de tres silabas ni pasan de cinco. Sus
nombres tecnicos y su valor son como sigue:

,.fj*3 faulon; bacchio (j^* 3 fatlon, epititro i. 6 yambo espondeo
mafdilaton, yambo anapesto -ji'-teLs fdildton, epitrito 2. 6
trocheo espondeo ^Jil 3 fdilon, anfimacro ^Jx-L^'.^ mostaftlon, epi-
trito 3. 6 espondeo-yambo ^AiuLx_>> motafdilon, anapesto-yambo , y

^jj>jj> mafuldtu, epitrito 4. 6 spondeo-trocheo.
En la composicion de los pies entran seis elementos figurados, que son:

i. .jj tan: ,j-^*- v -^r- sdbabjafif, 6 cuerda ligera.

2. .ji tana: c |^*- ) ^^ sAbab tz-aquil, 6 cuerda grave.
3. /r - ' tanan: fjZ? >^Jj wdtad machmti, 6 palo conjunto.
4. ^LJ' tani. (J^jj^ ^j wdtad mafruc, 6 palo disyunto.

5. .j^J tananan: ^j*~ wL3 fasila sogra, 6 pequeuo tabique (se-
paracion).

6. ,-^J tanananan: ^vf "^>^ fasila cobra, 6 gran tabique.

Es de notar que los arabes llaman al verso ^^~> bait 6 tienda de campa-
na, y comparando su extructura a la de una tienda, ban dado a los elementos
desu versificacion dcnominaciones tomadas de las paries que compusieron
aquclla mansion primitiva.

Los ocho pies referidos formaron por efecto de la variedad de su combinacion
6 disposicion respecliva, diez y seis melros primilivos, llamados jsr? bahr,

plural, \js^. bohur, cuyos nombres tecnicos son: 1. Jj^JJ! cl tha-
wil 6 el prolongado. 2. Jo,xJ! el madid 6 el cxtcnso. 3. -la~~^ el



basith 6 el amplio. 4. ^-3^1 el wafir 6 cl cxhuberante. 5. J^l el cd-
TOMO li. 6



82 HISTOR1A CRiTICA DE LA LITERATURA ESPA^OLA.

AI-Hakem, Abd-er-Rahman II y Mahommad , todoshabian aspira-



perfccto. 6.^=s-r! cl hdchaz 6 el lirico. 7. V~M^ el rdchaz- 6
el tremulo. 8. J.-'Vl el raml 6 el breve. 9. sJ^Jl cl sari 6 el veloz.



10. ~j~~l cl monsdrih 6 el movil. H. .iJux-M cl jaftf 6 cl levc. 12.



%Lis*Ji cl modhari 6 asimilado. 13. w^^_^JUJ! cl moctadhab 6 el con-
V



ciso. 14. ^jL-^s-^l el mochtattz 6 el cortado. 15. v__^.LiLx<Jl c\ motacri-
rib 6 conjunto. Y 16. Jj 1 ^Av I el moladdric 6 el consig-uiente. De estos
metres cl mas facil y que mas se acerca a la prosa y a la versificacion sin
medula, es el 7., el rtichaz, en que se suelen cscribir los poemas didacticos.
Los macstros del arte poelica arabiga han clasificado los diez y sejs metres

" * I
primitivos en cinco eategorias, llamadas SoO dalra 6 circulos, comprcn-

diendo en cada Una los que mas analog-ia ofrecen entre si, por el orden si-
guicnte:

1. al^s^i Jyl^ daira almojtalif 6 circuit) del discordante: compren-
de el thawil, madid y basith.

2. .JlJu<Jl iiyO daira almutalifo ctrculo del unsociable, compren-
de el wafir y camil.



3. ^_^c^sr] $jj3 daira almochtalib 6 clrculo del excitante. comprcn-
de el hdchaz, el rachaz y cl raml.

4. <uxi*ji 'iy}\5 daira almoxtabih 6 clrculo del asimilante. comprcndc
el sari, monsarih, jafif, modhari, moctadhab y mochtattz.



5. .i-a! iJ li daira almottafic 6 clrculo del concordante. compren-

do el motacarib y el motadaric.

Bajo cada uno de los mctros primitives se comprcnde un mimero mayor 6
menor dc metros sccundarios, que se consideran como altcraciones del primi-
tive, modificado relativamente al numero de pies de que se componen. Las
modificaciones de los pies consistcu en afiadirles o quitarlcs algunos dc los
seis elemcntos primitivos, llnmados cuerdas, palos 6 tabiques. En razon de
estas modificaciones, comprendc cada metro js?? muchas variedades, que
se dividen en \_&3f- arudh pi., ^Jjlil aaridh y v- r ^= J dharb pi.
dhorub: cada una de las variedades comprcndidas bajo el nombrede
f' arudh, se determina por cl ultimo pie del primer hcmistiquio, lla-
mado igualmente arudh, y cada una de las que forman cl ^^ dharb se



PARTS I, CAP. XII. ESCR1TORES CRISTIA1SOS DEL CALIFATO. 83

do a la palraa de senalados versificadores f y extremados musicos,

dotermina por el ultimo pie del scgundo hemistiquio, al cual pertenece la
rima, llamado dharb.

Un bait vJ!^-> 6 verso se componc dc dos mitadcs 6 hemistiquios, lla-
mados p'*^* tnisra , hoja de puerta, 6 Jaw xathr, mitad; y todo el de
ocho 6 scis pies, partidos igualmente cntre los dos hemistiquios.

Por LiU cafia 6 rima cnlicndcn los arabes todo lo que hay cntre las dos
ultimas letras quiescentes del verso, y en ciertos casos hasta las dos letras
quicscentes y la vocal que precede a la penultima quiescente. La rima se di-
vide en cinco especies, segun el numero de letras movidas que hay entre las
dos ultimas quiescentes, que son los limites de ella: la l. a tiene lugar cuando
las letras movidas son cuatro; la 2 a cuando son tres; la 3. a cuando dos; la

4. a cuando una, y la S. a cuando el verso acaba en dos quiescentes, como en
' </

la palabra ,J n'.... Por lo tanto, el verbo puede terminar 6 en una vocal
(que se supone seguida de la quiescente analoga), 6 en una consonante: en

el primer caso se llama .a \,.n? mothlac 6 suelto, y en el segundo J-IjL
mocayyad 6 aprisionado (Bibl. Escur., H. ij, 26). Tales fueron pues los prin-
cipales elementos y Icyes metricas de la poesia arabiga, quellegaba a contar,
ya con relacion al me'.ro, ya a la rima, mulliplicadas combinacioncs, pro-
bandose, sin otro esfuerzo que el de ver confirmados estos canones desde
los sietc madllacat 6 poemas, colgados en el templo de la Kaiiba hasta las
obras de Ebn-Abd-r-rabbehi, Ebn-Al-Jaltib, Abu-Ali-Al-kali, Ebn-Zeydun,
Ebn-Jafacha, Ebn-Abdun, y tantos otros como ilustran con sus nombres la
historia de las letras arabico-hispanas. Ahora bicn: comparcsc todo este fas-
tuoso aparato con la sencillez de la tradicional metrificacion de los hispano-
latinos y mozarabes; hugase igualmente con la versificacion de nuestras pri-
milivas pocsias vulgares, y sc comprcndera facilmenle con cuanta ceguedad
e injusticia sc ha dicho y sostenido que debemos a los arabes las primitivas
formas de la poesia caslellana. Pero de este punto volveremos a tratar opor-
tunamcnte, dcdicaudole adeinas las Ilustraciones niims. II, III y IV del pre-
sentc volumen.

i Conde, en su Domination de los drabes, inscrta a menudo, siguiendo la
coslumbre dc los historiadores que compila, poesias debidas a eslos sobera-
nos, conservadas en los Mss. de que se valio para exlractar su obra. Laslima
es que el cmpefio dc traer de estas poesias el origen de la melrificacion popu-
lar dc los caslellanos, le obligara a somctcr todas aqucllas composiciones a
una inisma versificacion y sistema. La mayor partc de los historiadores mo-
dernos roproduccn los cxprcsados canticos sin mas cxamen. R. Dozy, al citar
algunosde cllos, consulta con bucn critorio los originales.



84 HISTORIA CRlTICA WE LA LITERATURA ESPAfSOLA.

siendo el mas estimado ornato de su c6rte ingenios tan afamados
como Ahmer Aben-Djafar, rey de los poetas de su siglo *, Abez-
ben-Nasih, principe de los musicos 2 , Abdalah-ben-Scamri y Ya-
hya-ben-el-Hakem-el-Gazeli, tenidos por los mas doctos varones
del Islamismo 3 . Esta decidida proteccion a la poesfa, no puede
menos de reflejarse en la historia: dados los arabes a las narra-
ciones maravillosas, aficionados a los sucesos sobrenaturales, in-
clinacion que habia fomeutado el tixito prodigioso de sus conquis-
tas, sembraron la historia de fabulas e" invenciones extraordina-
rias, y salpicandola de flores y cantares, cargaronla de prolijas,
bien que entretenidas digresiones, sin que atinaran con la sencillez
de las formas narrativas, ni alcanzaran tampoco aquella sobriedad
y templanza del verdadero historiador, careciendo de los grandes
raodelos de la antiguedad clasica 4 .

Alentados los mozarabes por la doctrina de Isidore, quien se-
gun dejamos probado, procurti restaurar las letras con el estudio
de los antiguos escritores griegos y latinos, volvian entre tanto la
vista a aquellas fuentes del buen gusto, y conocidas por ellos las


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