Gustavo Adolfo Becquer.

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maese Pérez proposiciones magnificas, verdad que nada tiene de
extraño, pues hasta el señor arzobispo le ha ofrecido montes de oro
por llevarle á la catedral... pero él, nada.... Primero dejaría la
vida que abandonar su órgano favorito.... ¿No conocéis á maese Pérez?
Verdad es que sois nueva en el barrio.... Pues es un santo varón;
pobre sí, pero limosnero cual no otro.... Sin más parientes que su
hija ni mas amigo que su órgano, pasa su vida entera en velar por la
inocencia de la una y componer los registros del otro.... ¡Cuidado que
el ergano es viejo!... Pues nada, él se da tal mana en arreglarlo y
cuidarlo, que sueña, que es una maravilla.... Como que le conoce de
tal modo, que a tientas... porque no sé si os lo he dicho, pero el
pobre señor es ciego de nacimiento.... Y ¡con que paciencia lleva su
desgracia!... Cuando le preguntan que[2] cuánto daría por ver,
responde: mucho, pero no tanto como creéls, porque tengo
esperanzas. - ¿Esperanzas de ver? - Si, y muy pronto, añade sonriéndose
como un angel; ya cuento setenta y seis años; por muy larga que sea mi
vida, pronto veré á Dios....

[Footnote 1: In women's convents the organ is played by the nuns
themselves, and in Sta. Inés it is in the choir and not in a gallery
apart, as Becyuer puts it.]

[Footnote 2: que. A redundant use of the conjunction quite
frequently found in Spanish.]

¡Pobrecito! Y si lo verá ... porque es humilde como las piedras de la
calle, que se dejan pisar de todo el mundo.... Siempre dice que no es
más que un pobre organista de convento, y puede dar lecciones de solfa
al mismo maestro de capilla de la Primada;[1] como que echó los
dientes en el oficio. Su padre tenía la misma profesión que él; yo no
le conocí, pero mi senora madre, que santa gloria haya,[2] dice que le
llevaba siempre al órgano consigo para darle á los fuelles. Luego, el
muchacho mostró tales disposiciones que, como era natural, á la muerte
de su padre heredó el cargo. ¡Y qué manos tiene! Dios se las bendiga.
Merecía que se las llevaran á la calle de Chicarreros[3] y se las
engarzasen en oro.... Siempre toca bien, siempre; pero en semejante
noche como ésta, es un prodigio.... Él tiene una gran devoción por
esta ceremonia de la Misa del Gallo, y cuando levantan la Sagrada
Forma[4] al punto y hora de las doce, que es cuando vino al mundo
Nuestro Señor Jesucristo ... las voces de su órgano son voces de
ángeles....

[Footnote 1: la Primada =:'the primatical church.' Here the
cathedral of Seville.]

[Footnote 2: que santa gloria haya. In speaking of one who has died,
it is customary in Spain to express some similar hope for the
welfare of his soul. Notice the use of _haya_ instead of tenga,
although possession is indicated.]

[Footnote 3: la calle de Chicarreros. A street in Seville connecting
the Plaza de San Francisco and the Calle de Francos. It was famous
at this time for its jewelry-shops.]

[Footnote 4: la Sagrada Forma = 'the consecrated host.' It is at the
moment of the elevation of the host that the miracle of
transubstantiation is believed by the Roman Catholic Church to take
place. See p. 106, 1. 4.]

En fin, ¿para qué tengo de ponderarle lo que esta noche oirá? baste el
ver como todo lo más florido de Sevilla, hasta el mismo señor
arzobispo, vienen á un humilde convento para escucharle; y no se crea
que solo la gente sabida y á la que se le alcanza esto de la solfa
conocen su mérito, sino que hasta el populacho. Todas esas bandadas
que véis llegar con teas encendidas entonando villancicos con gritos
desaforados al compás de los panderos, las sonajas y las zambombas,
contra su costumbre, que es la de alborotar las iglesias, callan como
muertos cuando pone maese Pérez las manos en el órgano... y cuando
alzan ... no se siente una mosca ... de todos los ojos caen lagrimones
tamaños, y al concluir se oye como un suspiro inmenso, que no es otra
cosa que la respiración de los circunstantes contenida mientras dura
la música.... Pero vamos, vamos, ya han dejado de tocar las campanas,
y va á comenzar la Misa; vamos adentro....

Para todo el mundo es esta noche Noche-Buena,[1] pero para nadie mejor
que para nosotros.

[Footnote 1: Noche-Buena = 'Christmas eve.' It is impossible to
render in English the play upon the words _Buena_ and _mejor_.]

Esto diciendo, la buena mujer que había servido de cicerone á su
vecina, atravesó el atrio del convento de Santa Inés,[1] y codazo en
éste, empujón en aquel, se internó en el templo, perdiéndose entre la
muchedumbre que se agolpaba en la puerta.

[Footnote 1: Santa Inés. See p. 94, note 3.]




II


La iglesia estaba iluminada con una profusión asombrosa. El torrente
de luz que se desprendía de los altares para llenar sus ámbitos,
chispeaba en los ricos joyeles de las damas que, arrodillándose sobre
los cojines de terciopelo que tendían los pajes y tomando el libro de
oraciones de manos de las dueñas,[1] vinieron á formar un brillante
círculo alrededor de la verja del presbiterio. Junto á aquella verja,
de pie, envueltos en sus capas de color galoneadas de oro, dejando
entrever con estudiado descuido las encomiendas rojas y verdes, en la
una mano el fieltro, cuyas plumas besaban los tapices, la otra sobre
los bruñidos gavilanes del estoque ó acariciando el pomo del cincelado
puñal, los caballaros veinticuatros,[2] con gran parte de lo mejor de
la nobleza sevillana, parecían formar un muro, destinado á defender á
sus hijas y sus esposas del contacto de la plebe. Ésta, que se agitaba
en el fondo de las naves, con un rumor parecido al del mar cuando se
alborota, prorrumpie en una aclamación de jubilo, acompañada del
discordante sonido de las sonajas y los panderos, al mirar aparecer al
arzobispo, el cual, después de sentarse junto al altar mayor bajo un
solio de grana que rodearon sus familiares, echó por tres veces la
bendición al pueblo.

[Footnote 1: dueñas. See p.67, note 1.]

[Footnote 2: veinticuatros. See p. 96, note 4.]

Era lá hora de que comenzase la Misa.

Trascurrieron, sin embargo, algunos minutos sin que el celebrante
apareciese. La multitud comenzaba á rebullirse, demostrando su
impaciencia; los caballeros cambiaban entre sí algunas palabras á
media voz, y el arzobispo mando á la sacristía uno de sus familiares á
inquirir el por qué no comenzaba la ceremonia.

- Maese Pérez se ha puesto malo, muy malo, y será imposible que asista
esta noche á la Misa de media noche. Esta fué la respuesta del
familiar.

La noticia cundió instantáneamente entre la muchedumbre. Pintar el
efecto desagradable que causó en to do el mundo, sería cosa imposible;
baste decir que comenzó á notarse tal bullicio en el templo, que el
asistente se puso de pie y los alguaciles entraron á imponer silencio,
confundiéndose entre las apiñadas olas de la multitud.

En aquelmomento, un hombre mal trazado, seco, huesudo y bisojo por
anadidura, se adelantó hasta el sitio que ocupaba el prelado.

- Maese Pérez esta enfermo, dijo: la ceremonia no puede empezar. Si
queréis, yo tocaré el órgano en su ausencia; que ni maese Pérez es el
primer organista del mundo, ni á su muerte dejará de usarse este
instrumento por falta de inteligente.... El arzobispo hizo una señal
de asentimiento con la cabeza, y ya algunos de los fieles que conocían
á aquel personaje extraño por un organista envidioso, enemigo del de
Santa Inés, comenzaban á prorrumpir en exclamaciones de disgusto,
cuando de improviso se oyó en el atrîo un ruido espantoso.

- ¡Maese Phez está aquí!... ¡Maese Pérez está aquí!... Á estas voces
de los que estaban apiñados en la puerta, todo el mundo volvió la
cara.

Maese Pérez, pálido y desencajado, entraba en efecto en la iglesia,
conducido en un silón, que todos se disputaban el honor de llevar en
sus hombros.

Los preceptos de los doctores, las lágrimas de su hija, nada había
sido bastante á detenerle en el lecho.

- No, había dicho; esta es la última, lo conozco, lo conozco, y no
quiero morir sin visitar mi órgano, y esta noche sobre todo, la
Noche-Buena. Vamos, lo quiero, lo mando; vamos a la iglesia.

Sus deseos se habían cumplido; los concurrentes le subieron en brazos
á la tribuna, y comenzó la Misa.

En aquel punto sonaban las doce en el reloj de la catedral.

Pasó el introito[1] y el Evangelió[2] y el ofertorio,[3] y llegó el
instante solemne en que el sacerdote, después de haberla consagrado,
toma con la extremidad de sus dedos la Sagrada Forma y comienza á
elevarla.

[Footnote 1: introito. "In the ancient Church a psalm was sung or
chanted immediately before the Collect, Epistle, and Gospel. As this
took place while the priest was entering within the septum or rails
of the altar, it acquired the name of Introitus or Introit." Walter
F. Hook, _Church Dict._, London, Murray, 1887, p. 407.]

[Footnote 2: Evangelio = Gospel.' "The First Council of Orange in
441, and that of Valentia in Spain, ordered the Gospel to be read
after the Epistle and before the offertory." Addis and Arnold,
'_Catholic Dict._, London, 1884, p. 380.]

[Footnote 3: ofertorio. The offertory or "service of song while the
oblations were collected and received is of ancient date. St.
Augustine speaks of the singing of hymns at the oblation." Walter F.
Hook, _Church Dict._, p. 540. The offertory is said immediately
after the _Creed_, and before the Preface and Sanctus.]

Una nube de incienso que se desenvolvía en ondas azuladas llenó el
ámbito de la iglesia; las campanillas repicaron con un sonido
vibrante, y maese Pérez puso sus crispadas manos sobre las teclas del
órgano.

Las cien voces de sus tubos de metal resonaron en un acorde majestuoso
y prolongado, que se perdío poco á poco, como si una ráfaga de aire
hubiese arrebatado sus últimos ecos.

Á este primer acorde, que parecía una voz que se elevaba desde la
tierra al cielo, respondió otro lejano y suave que fué creciendo,
creciendo hasta convertirse en un torrente de atronadora armonía.

Era la voz de los ángeles, que atravesando los espacios, llegaba al
mundo.

Después comenzaron á oirse como unos himnos distantes que entonaban
las jerarquías de serafines; mil himnos á la vez, que al confundirse
formaban uno solo, que, no obstante, era no más el acompañamiento de
una extraña melodía, que parecía flotar sobre aquel océano de
misteriosos ecos, como un jirón de niebla sobre las olas del mar.

Luego fueron perdiéndose unos cantos, después otros; la combinación se
simplificaba. Ya no eran más que dos voces, cuyos ecos se confundían
entre sí; luego quedó una aislada, sosteniendo una nota brillante como
un hilo de luz.... El sacerdote inclinó la frente, y por encima de su
cabeza cana y como á tráves de una gasa azul que fingía el humo del
incienso, apareció la Hostia á los ojos de los fieles. En aquel
instante la nota que maese Pérez sostenía trinando, se abrió, se
abrió, y una explosión de armonía gigante estremeció la iglesia, en
cuyos ángulos zumbaba el aire comprimido, y cuyos vidrios de colores
se estremecían en sus angostos ajimeces.

De cada una de las notas que formaban aquel magnífico acorde, se
desarrolló un tema; y unos cerca, otros lejos, éstos brillantes,
aquellos sordos, diríase que las aguas y los pájaros, las brisas y las
frondas, los hombres y los ángeles, la tierra y los cielos, cantaban
cada cual en su idioma un himno al nacimiento del Salvador.

La multitud escuchaba atónita y suspendida. En todos los ojos había
una lágrima, en todos los espíritus un profundo recogimiento.

El sacerdote que oficiaba sentía temblar sus manos, porque Aquél que
levantaba en ellas, Aquél á quien saludaban hombres y arcángeles era
su Dios; era su Dios, y le parecía haber visto abrirse los cielos y
trasfigurarse la Hostia.[1]

[Footnote 1: trasfigurarse la Hostia. See p. 101, note 2.]

El órgano proseguía sonando; pero sus voces se apagaban gradualmente,
como una voz que se pierde de eco en eco, y se aleja, y se debilita al
alejarse, cuando de pronto sonó un grito en la tribuna, un grito
desgarrador, agudo, un grito de mujer.

El órgano exhalo un sonido discorde y extraño, semejante á un sollozo,
y quedó mudo.

La multitud se agolpo á la escalera de la tribuna, hacia la que,
arrancados de su extasis religiose, volvieron la mirada con ansiedad
todos los fieles.

- ¿Qué ha sucedido? ¿qué pasa? se decían unos á otros, y nadie sabía
responder, y todos se empeñaban en adivinarlo, y crecía la confusión,
y el alboroto comenzaba á subir de punto, amenazando turbar el orden y
el recogimiento propios de la iglesia.

- ¿Qué ha sido eso? preguntaban las damas al asistente, que, precedido
de los ministriles, fué uno de los primeros á subir á la tribuna, y
que, pálido y con muestras de profundo pesar, se dirigía al puesto en
donde le esperaba el arzobispo, ansioso, como todos, por saber la
causa de aquel desorden.

- ¿Qué hay?

- Que maese Pérez acaba de morir.

En efecto, cuando los primeros fieles, después de atropellarse por la
escalera, llegaron á la tribuna, vieron - al pobre organista caído de
boca sobre las teclas de su viejo instrumento, que aún vibraba
sordamente, mientras su hija, arrodillada á sus pies, le llamaba en
vano entre suspiros y sollozos.




III


- Buenas noches, mi señora doña Baltasara; ¿también usarced[1] viene
esta noche á la Misa del Gallo? Por mi parte tenía hecha intención de
irla á oir á la parroquia; pero lo que sucede... ¿Dónde va Vicente?
Donde va la gente.[2] Y eso que, si he de decir la verdad, desde que
murió maese Pérez, parece que me echan una losa sobre el corazón
cuando entro en Santa Inés... ¡Pobrecito! ¡Era un santo!... Yo de mí
se decir, que conservo un pedazo de su jubón como una reliquia, y lo
merece... pues en Dios y en mi ánima, que si el señor arzobispo tomara
mano en ello, es seguro que nuestros nietos le verían en los
altares.[3] ... Mas ¡cómo ha de ser!... Á muertos y á idos, no hay
amigos.[4] ... Ahora lo que priva es la novedad... ya me entiende
usarced. ¡Qué! ¿No sabe nada de lo que pasa? Verdad que nosotras nos
parecemos en eso; de nuestra casita á la iglesia, y de la iglesia á
nuestra casita, sin cuidarnos de lo que se dice ó déjase de decir...
sólo que yo, así... al vuelo... una palabra de acá, otra de acullá...
sin ganas de enterarme siquiera, suelo estar al corriente de algunas
novedades.... Pues, sí señor; parece cosa hecha que el organista de
San Román,[5] aquel bisojo, que siempre está echando pestes de los
otros organistas; aquel perdulariote, que más parece jifero de la
puerta de la Carne[6] que maestro de solfa, va á tocar esta
Noche-Buena en lugar de maese Pérez. Ya sabrá usarced, porque esto lo
ha sabido todo el mundo y es cosa pública en Sevilla, que nadie quería
comprometerse á hacerlo. Ni aun su hija que es profesora, y después de
la muerte de su padre entró en el convento de novicia. Y era natural:
acostumbrados á oir aquellas maravillas, cualquiera otra cosa había de
parecernos mala, por más que quisieran evitarse las comparaciones.
Pues cuando ya la comunidad habrá decidido que, en honor del difunto y
como muestra de respeto á su memoria, permanecería callado el organo
en esta noche, háte aqui que se presenta nuestro hombre, diciendo que
él se atreve á tocarlo.... No hay nada más atrevido que la
ignorancia.... Cierto que la culpa no es suya, sino de los que le
consienten esta profanación... pero, así va el mundo... y digo, no es
cosa la gente que acude...[7] cualquiera diría que nada ha cambiado
desde un año á otro. Los mismos personajes, el mismo lujo, los mismos
empellones en la puerta, la misma animación en el atrio, la misma
multitud en el templo... ¡Ay, si levantara la cabeza el muerto! se
volvía[8] á morir por no oir su órgano tocado por manos semejantes. Lo
que tiene que,[9] si es verdad lo que me han dicho las gentes del
barrio, le preparan una buena al intruso. Cuando llegue el momento de
poner la mano sobre las teclas, va á comenzar una algarabía de
sonajas, panderos, y zambombas, que no haya más que oir... pero
¡calle! ya entra en la iglesia el heroe de la función. ¡Jesús, qué
ropilla de colorines, qué gorguera de cañutos, qué aires de personaje!
Vamos, vamos, qué ya hace rato que llego el arzobispo, y va á comenzar
la misa... vamos, que me parece que esta noche va á darnos que contar
para muchos días.

[Footnote 1: usarced. Contraction of _vues(tr)a merced_, 'your
grace.']

[Footnote 2: ¿Dónde va Vicente? Donde va la gente. See vocabulary.
Note the two senses in which the adverb of place, _donde_, is used.]

[Footnote 3: en los altares. That is to say canonized.]

[Footnote 4: Á muertos y á idos, no hay amigos = 'The dead and
departed have no friends (_or_ are soon forgotten)'.]

[Footnote 5: San Román. A church, originally a mosque, situated in
the northern part of Seville, on the Plaza de San Román. It was
reconstructed by D. Pedro I. Its façade is very plain, the chief
decorative features being an ogival doorway in the center and a
window of similar form to the right. It contains some fine statuary
by Montañés. The fifteenth-century painter Juan Sánchez de Castro is
buried here.]

[Footnote 6: la puerta de la Carne. One of the ancient gates of
Seville, situated in the north wall near the _Matadero_
('slaughter-house'). Hence its name. It was once called the _Puerta
Judía_. But little remains now of the old walls of Seville, which
had a circumference of upwards of ten miles, and were pierced by
fifteen gates and strengthened by one hundred and sixty-six towers.]

[Footnote 7: no es cosa la gente que acude = 'the crowd in
attendance is not small' or 'what a lot of persons have come!' The
expression _no es cosa_ is used familiarly in the sense of _es
mucha_.]

[Footnote 8: volvía. A Common use of the imperfect indicative
instead of the conditional.]

[Footnote 9: Lo que tiene que = 'the fact is.']

Esto diciendo la buena mujer, que ya conocen nuestros lectores por sus
exabruptos de locuacidad, penetró en Santa Inés, abriéndose según
costumbre, un camino entre la multitud á fuerza de empellones y
codazos.

Ya se habiá dado principio á la ceremonia.

El templo estaba tan brillante como el año anterior.

El nuevo organista, después de atravesar por en medio de los fieles
que ocupaban las naves para ir á besar el anillo del prelado, había
subido á la tribuna, donde tocaba unos tras otros los registros del
órgano; con una gravedad tan afectada como ridícula.

Entre la gente menuda que se apiñaba á los pies de la iglesia, se oía
un rumor sordo y confuso, cierto presagio de que la tempestad
comenzaba á fraguarse y no tardaría mucho en dejarse sentir.

- Es un truhán, que por no hacer nada bien, ni aún mira á derechas,
decían los unos.

- Es un ignorantón, que después de haber puesto el órgano de su
parroquia peor que una carraca, viene á profanar el de maese Pérez,
decían los otros.

Y mientras éste se desembarazaba del capote para prepararse á darle de
firme á su pandero, y aquél apercibía sus sonajas, y todos se
disponían á hacer bulla á más y mejor, solo alguno que otro se
aventuraba á defender tibiamente al extraño personaje, cuyo porte
orgulloso y pedantesco hacía tan notable contraposición con la modesta
apariencia y la afable bondad del difunto maese Pérez.

Al fin llego el esperado momento, el momento solemne en que el
sacerdote, despues de inclinarse y murmurar algunas palabras santas,
tomó la Hostia en sus manos.... Las campanillas repicaron, semejando
su repique una lluvia de notas de cristal; se elevaron las diáfanas
ondas del incienso, y sonó el organo.

Una estruendosa algarabía llenó los ámbitos de la iglesia en aquel
instante y ahogó su primer acorde.

Zampoñas, gaitas, sonajas, panderos, todos los instrumentos del
populacho, alzaron sus discordantes voces á la vez; pero la confusión
y el estrépito sólo duró algunos segundos. Todos a la vez como habían
comenzado, enmudecieron de pronto.

El segundo acorde, amplio, valiente, magnifico, se sostenía aún
brotando de los tubos de metal del organo, como una cascada de armonía
inagotable y sonora.

Cantos celestes como los que acarician 'los oídos en los momentos de
éxtasis; cantos que percibe el espíritu y no los puede repetir el
labio; notas sueltas de una melodía lejana, que suenan á intervalos,
traídas en las ráfagas del viento, rumor de hojas que se besan en los
arboles con un murmullo semejante al de la lluvia, trinos de alondras
que se levantan gorjeando de entre las flores como una saeta despedida
á las nubes; estruendo sin nombre, imponente como los rugidos de una
tempestad; coro de serafines sin ritmos ni cadencia, ignota música del
cielo que sólo la imaginación comprende; hímnos alados, que parecían
remontarse al trono del Señor como una tromba de luz y de sonidos...
todo lo expresaban las cien voces del órgano, con más pujanza, con más
misteriosa poesía, con más fantastico color que los habían expresado
nunca .....

Cuando el organista bajó de la tribuna, la muchedumbre que se agolpo á
la escalera fué tanta, y tanto su afán por verle y admirarle, que el
asistente temiendo, no sin razón, que le ahogaran entre todos, mando á
algunos de sus ministriles para que, vara en mano, le fueran abriendo
camino hasta llegar al altar mayor, donde el prelado le esperaba.

- Ya véis, le dijo este último cuando le trajeron á su presencia;
vengo desde mi palacio aquí sólo por escucharos. ¿Seréis tan cruel
como maese Pérez, que nunca quiso excusarme el viaje, tocando la
Noche-Buena en la Misa de la catedral?

- El año que viene, respondió el organista, prometo daros gusto, pues
por todo el oro de la tierra no volvería á tocar este órgano.

- ¿Y por qué? interrumpió el prelado.

- Porque... añadió el organista, procurando dominar la emoción que se
revelaba en la palidez de su rostro; porque es viejo y malo, y no
puede expresar todo lo que se quiere. El arzobispo se retiró, seguido
de sus familiares. Unas tras otras, las literas de los señores fueron
desfilando y perdiéndose en las revueltas[1] de las calles vecinas;
los grupos del atrio se disolvieron, dispersándose los fieles en
distintas direcciones; y ya la demandadera se disponía á cerrar las
puertas de la entrada del atrio, cuando se divisaban aún dos mujeres
que, después de persignarse y murmurar una oración ante el retablo del
arco de San Felipe,[2] prosiguieron su camino, internándose en el
callejón de las Duenas.[3]

[Footnote 1: revueltas= 'turns.' The streets of Seville are many of
them crooked like those of Toledo and other Moorish cities in
Spain.]

[Footnote 2: San Felipe. See p.95, note 4.]

[Footnote 3: el callejon de las Duenas. See p.98, note 1.]

- ¿Qué quiere usarced? mi señora doña Baltasara, decía la una, yo soy
de este genial. Cada loco con su tema.... Me lo habían de asegurar
capuchinos[1] descalzos y no lo creería del todo.... Ese hombre no
puede haber tocado lo que acabamos de escuchar.... Si yo lo he oído
mil veces en San Bartolomé,[2] que era su parroquia, y de donde tuvo
que echarle el senor cura por malo, y era cosa de taparse los oídos
con algodones.... Y luego, si no hay más que mirarle al rostro, que
según dicen, es el espejo del alma.... Yo me acuerdo, pobrecito, como
si lo estuviera viendo, me acuerdo de la cara de maese Pérez, cuando
en semejante noche como ésta bajaba de la tribuna, después de haber
suspendido al auditorio con sus primores.... ¡Qué sonrisa tan
bondadosa, qué color tan animado!... Era viejo y parecía un ángel...
no que éste ha bajado las escaleras á trompicones, como si le ladrase
un perro en la meseta, y con un color de difunto y unas... Vamos, mi
señora doña Baltasara, créame usarced, y créame con todas veras... yo
sospecho que aquí hay busilis....

[Footnote 1: capuchinos= 'Capuchins.' An order of mendicant friars
founded in 1528 by Matteo di Bassi, and named from the pointed
capouch or cowl that distinguishes their dress. Honesty, as well as
poverty and humility, is supposed to be one of their crowning
virtues.]

[Footnote 2: San Bartolomé. The church of St. Bartholomew is
situated on the Plaza de San Bartolomé in the northeastern part of


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