Gustavo Adolfo Becquer.

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the city. It was built on the site of a Jewish synagogue, after the
expulsion of the Jews by the Christian kings of Spain. Its present
architecture is Doric and dates only from the eighteenth century.]

Comentando las últimas palabras, las dos mujeres doblaban la esquina
del callejón y desaparecían.

Creemos inútil decir á nuestros lectores quién era una de ellas.




IV


Había transcurrido un año más. La abadesa del convento de Santa Inés y
la hija de maese Pérez hablaban en voz baja, medio ocultas entre las
sombras del coro de la iglesia. El esquilón llamaba á voz herida á los
fieles desde la torre, y alguna que otra rara persona atravesaba el
atrio silencioso y desierto esta vez, y después de tomar el agua
bendita en la puerta, escogiá un puesto en un rincón de las naves,
donde unos cuantos vecinos del barrio esperaban tranquilamente que
comenzara la Misa del Gallo.

- Ya lo véis, decía la superiora, vuestro temor es sobremanera pueril;
nadie hay en el templo; toda Sevilla acude en tropel á la catedral
esta noche, Tocad vos el órgano y tocadle sin desconfianza de ninguna
clase; estaremos en comunidad... pero... proseguís callando sin que
cesen vuestros suspiros. ¿Qué os pasa? ¿Qué tenéis?

- Tengo... miedo, exclamó la joven con un acento profundamente
conmovido.

- ¡Miedo! ¿de qué?

- No sé... de una cosa sobrenatural.... Anoche, mirad, yo os había
oído decir que teníais empeño en que tocase el órgano en la Misa, y
ufana con esta distinción pensé arreglar sus registros y templarle,[1]
á fin de que hoy os sorprendiese... Vine al coro... sola... abrí la
puerta que conduce á la tribuna.... En el reloj de la catedral sonaba
en aquel momento una hora... no sé cuál.... Pero las campanadas eran
tristísimas y muchas... muchas... estuvieron sonando todo el tiempo
que yo permanecí como clavada en el dintel y aquel tiempo me pareció
un siglo.

[Footnote 1: templarle. See p. 66, note 1.]

La iglesia estaba desierta y obscura.... Allá lejos, en el fondo,
brillaba como una estrella perdida en el cielo de la noche, una luz
moribunda, la luz de la lámpara que arde en el altar mayor.... Á sus
reflejos debilísimos, que sólo contribuían á hacer más visible todo el
profundo horror de las sombras, ví... le ví, madre, no lo dudéis, ví
un hombre que en silencio y vuelto de espaldas hacia el sitio en que
yo estaba, recorría con una mano las teclas del órgano, mientras
tocaba con la otra á sus registros... y el órgano sonaba; pero sonaba
de una manera indescriptible. Cada una de sus notas parecía un sollozo
ahogado dentro del tubo de metal, que vibraba con el aire comprimido
en su hueco, y reproducía el tono sordo, casi imperceptible, pero
justo.

Y el reloj, de la catedral continuaba dando la hora, y el hombre aquel
proseguía recorriendo las teclas. Yo oía hasta su respiración.

El horror habia helado la sangre de mis venas; sentía en mi cuerpo
como un frío glacial, y en mis sienes fuego.... Entonces quise gritar,
pero no pude. El hombre aquel había vuelto la cara y me había
mirado... digo mal, no me había mirado, porque era ciego.... ¡Era mi
padre!

- ¡Bah! hermana, desechad esas fantasías con que el enemigo malo[1]
procura turbar las imaginaciones débiles.... Rezad un _Pater
Noster_[2] y un _Ave Maria_[3] al arcángel San Miguel,[4] jefe de las
milicias celestiales, para que os asista contra los malos espíritus.
Llevad al cuello un escapulario tocado en la reliquia de San
Pacomio,[5] abogado contra las tentaciones, y marchad, marchad á
ocupar la tribuna del órgano; la Misa va á comenzar y ya esperan con
impaciencia los fieles.... Vuestro padre está en el cielo, y desde
allí, antes que á daros sustos, bajará á inspirar á su hija en esta
ceremonia solemne para el objeto de tan especial devoción.

[Footnote 1: el enemigo malo. That is to say, the devil.]

[Footnote 2: Pater Noster. See p. 33, note 1.]

[Footnote 3: Ave Maria. "A form of devotion used in the Church of
Rome, comprising the salutation addressed by the angel Gabriel to
the Blessed Virgin Mary. (Luke i. 28.) The words Ave Maria are the
first two, in Latin, of the form as it appears in the manuals of the
Roman Church, thus: ' Hail Mary (Ave Maria), full of grace, the Lord
is with thee, etc.' To which is appended the following petition:
'Holy Mary, mother of God, pray for us sinners now, and in the hour
of our death. Amen.'... It was not used before the Hours, until the
sixteenth century, in Romish offices." Hook's _Church Dict._,
London, 1887, p. 72. Some say earlier.]

[Footnote 4: San Miguel = 'St. Michael.' "An archangel mentioned in
the Bible. He is regarded as the leader of the whole host of
angels... He is spoken of five times in the Bible, always [or to be
more exact _usually_ as fighting] John mentions him as fighting at
the head of the angels against the dragon and his host." _Century
Dict._]

[Footnote 5: San Pacomio = 'St. Pachomius.' "Born probably in Lower
Egypt, about 292: died about 349. One of the founders of
monasticism. He established a monastery on the island of Tabenna in
the Nile, and was the first thus to collect the monks under one roof
and establish strict rules of government for the community."
_Century Diet_.]

La priora fué á ocupar su sillón en el coro en medio de la comunidad.
La hija de maese Pérez abrió con mano temblorosa la puerta de la
tribuna para sentarse en el banquillo del órgano, y comenzó la Misa.

Comenzó la Misa, y prosiguió sin que ocurriese nada de notable hasta
que llegó la consagración.[1] En aquel momento sonó el órgano, y al
mismo tiempo que el órgano un grito de la hija de maese Pérez....

[Footnote 1: consagración = 'consecration.' "The form of words by
which the bread and wine in the Mass are changed into Christ's body
and blood." Addis and Arnold, _Catholic Diet_, London, 1884, p. 216.
See also p. 101, note 2.]

La superiora, las monjas y algunos de los fieles corrieron á la
tribuna.

- ¡Miradle, miradle! decía la joven fijando sus desencajados ojos en
el banquillo, de donde se había levantado asombrada para agarrarse con
sus manos convulsas al barandal de la tribuna.

Todo el mundo fijó sus miradas en aquel punto. El órgano estaba solo,
y no obstante, el órgano seguía sonando ... sonando como sólo los
arcángeles podrían imitarlo en sus raptos de místico
alborozo...............

- ¡No os lo dije yo una y mil veces, mi señora doña Baltasara, no os
lo dije yo!... ¡Aquí hay busilis!... Oidlo; qué, ¿no estuvísteis
anoche en la Misa del Gallo? Pero, en fin ya sabréis lo que paso. En
toda Sevilla no se habla de otra cosa.... El señor arzobispo está
hecho, y con razón, una furia.... Haber dejado de asistir á Santa
Inés; no haber podido presenciar el portento... ¿y para qué? para oir
una cencerrada; porque personas que lo oyeron dicen que lo que hizo el
dichoso organista de San Bartolomé en la catedral no fué otra cosa....
Si lo decía yo. Eso no puede haberlo tocado el bisojo, mentira ...
aqui hay busilis, y el busilis era, en efecto, el alma de maese Pérez.




LA CRUZ DEL DIABLO


Que lo creas ó no, me importa bien poco. Mi abuelo se lo narró á mi
padre; mi padre me lo ha referido á mí, y yo te lo cuento ahora,
siquiera no sea mas que por pasar el rato.[1]
***

[Footnote 1: por pasar el rato = 'to while away the time.']


I


El crepúsculo comenzaba á extender sus ligeras alas de vapor sobre las
pintorescas orillas del Segre,[1] cuando después de una fatigosa
jornada llegamos á Bellver,[2] término de nuestro viaje.

[Footnote 1: Segre. A river of the province of Lérida in northern
Spain. It rises in the Pyrenees, and joins the Ebro twenty-two miles
southwest of Lérida. Its chief tributary is the Cinca. Length about
250 miles. See _Century Diet_.]

[Footnote 2: Bellver. A little town of some 650 inhabitants,
situated in the valley of the Segre, in the diocese of Urgel,
province of Lérida, Spain. Its situation is very picturesque. It
contains an ancient castle.]

Bellver es una pequeña población situada á la falda de una colina, por
detrás de la cual se ven elevarse, como las gradas de un colosal
anfiteatro de granito, las empinadas y nebulosas crestas de los
Pirineos.[1]

[Footnote 1: Pirineos = 'Pyrenees.' A mountain range which separates
France from Spain, and extends from the Bay of Biscay to the
Mediterranean. The highest points are about 11,000 feet. A visit to
the Eastern Pyrenees from the Spanish side is much more difficult
than from France, as both traveling and hotel accommodations are
sadly lacking.]

Los blancos caseríos que la rodean, salpicados aquí y allá sobre una
ondulante sábana de verdura, parecen á lo lejos un bando de palomas
que han abatido su vuelo para apagar su sed en las aguas de la ribera.

Una pelada roca, á cuyos pies tuercen éstas su curso, y sobre cuya
cima se notan aún remotos vestigios de construcción, señala la antigua
línea divisoria entre el condado de Urgel[1] y el más importante de
sus feudos.

[Footnote 1: el condado de Urgel = 'the earldom (_or_ county) of
Urgel.' The town of this name (2800 inhabitants) is situated on the
Segre, seventy-four miles northwest of Barcelona, in the province of
Lérida, Spain. It has been the see of a bishop since 840, and
possesses a Gothic cathedral. The earldom was of considerable
importance in the fourteenth century, Count Jaime (James) de Urgel
(d. 1433) being a most dangerous claimant of the crown of Aragon.]

Á la derecha del tortuoso sendero que conduce á este punto, remontando
la corriente del río, y siguiendo sus curvas y frondosas márgenes, se
encuentra una cruz.

El asta y los brazos son de hierro; la redonda base en que se apoya,
de mármol, y la escalinata que á ella conduce, de obscuros y mal
unidos fragmentos de sillería.

La destructora acción de los años, que ha cubierto de orín el metal,
ha roto y carcomido la piedra de este monumento, entre cuyas
hendiduras crecen algunas plantas trepadoras que suben enredándose
hasta coronarlo, mientras una vieja y corpulenta encina le sirve de
dosel.

Yo había adelantado algunos minutos á mis compañeros de viaje, y
deteniendo mi escuálida cabalgadura, contemplaba en silencio aquella
cruz, muda y sencilla expresión de las creencias y la piedad de otros
siglos.

Un mundo de ideas se agolpo á mi imaginación en aquel instante. Ideas
ligerísimas, sin forma determinada, que unían entre sí, como un
invisible hilo de luz, la profunda soledad de aquellos lugares, el
alto silencio de la naciente noche y la vaga melancolía de mi
espíritu.

Impulsado de un pensamiento religioso, espontáneo é indefinible, eché
maquinalmente pie á tierra, me descubrí, y comencé á buscar en el
fondo de mi memoria una de aquellas oraciones que me enseñaron cuando
niño; una de aquellas oraciones que, cuando más tarde se escapan
involuntarias de nuestros labios, parece que aligeran el pecho
oprimido, y semejantes á las lágrimas, alivian el dolor, que también
toma estas formas para evaporarse.

Ya había comenzado á murmurarla, cuando de improviso sentí que me
sacudían con violencia por los hombros.

Volví la cara: un hombre estaba al lado mío.

Era uno de nuestros guías, natural del país, el cual, con una
indescriptible expresión de terror pintada en el rostro, pugnaba por
arrastrarme consigo y cubrir mi cabeza con el fieltro que aún tenía en
mis manos.

Mi primera mirada, mitad de asombro, mitad de cólera, equivalía á una
interrogación enérgica, aunque muda.

El pobre hombre, sin cejar en su empeño de alejarme de aquel sitio,
contestó á ella con estas palabras, que entonces no pude comprender,
pero en las que había un acento de verdad que me sobrecogió: - ¡Por la
memoria de su madre! ¡Por lo más sagrado que tenga en el mundo,
señorito, cúbrase usted la cabeza, y aléjese más que de prisa de esta
cruz! ¡Tan desesperado está usted, que no bastándole la ayuda de Dios,
recurre á la del demonio!

Yo permanecí un rato mirandole en silencio. Francamente, creí que
estaba loco, pero él prosiguió con igual vehemencia:

- Usted busca la frontera; pues bien, si delante de esa cruz le pide
usted al cielo que le preste ayuda, las cumbres de los monies vecinos
se levantarán en una sola noche hasta las estrellas invisibles, sólo
porque no encontremos la raya en toda nuestra vida.

Yo no pude menos de sonreir.

- ¿Se burla usted?... ¿cree acaso que esa es una cruz santa como la
del porche de nuestra iglesia?...

- ¿Quien lo duda?

- Pues se engaña usted de medio á medio, porque esa cruz, salvo lo que
tiene de Dios, está maldita... esa cruz pertenece á un espíritu
maligno, y por eso la llaman _La cruz del diablo_.

- ¡La cruz del diablo! repetí cediendo á sus instancias, sin darme
cuenta á mí mismo del involuntario temor que comenzó á apoderarse de
mi espíritu, y que me rechazaba como una fuerza desconocida de aquel
lugar; ¡la cruz del diablo! ¡Nunca ha herido mi imaginación una
amalgama más disparatada de dos ideas tan absolutamente enemigas!...
¡Una cruz... y del diablo!!! ¡Vaya, vaya! Fuerza sera que en llegando
á la población me expliques este monstruoso absurdo.

Durante este corto diálogo, nuestros camaradas, que habían picado sus
cabalgaduras, se nos reunieron al pie de la cruz; yo les expliqué en
breves palabras lo que acababa de suceder; monté nuevamente en mi
rocín, y las campanas de la parroquia llamaban lentamente á la
oración, cuando nos apeamos en lo más escondido y lóbrego de los
paradores de Bellver.



II


Las llamas rojas y azules se enroscaban chisporroteando á lo largo del
grueso tronco de encina que ardía en el ancho hogar; nuestras sombras,
que se proyectaban temblando sobre los ennegrecidos muros, se
empequeñecían ó tomaban formas gigantescas, según la hoguera despedía
resplandores más ó menos brillantes; el vaso de saúco, ora vacío, ora
lleno y no de agua, como cangilón de noria, habia dado tres veces la
vuelta en derredor del círculo que formábamos junto al fuego, y todos
esperaban con impaciencia la historia de _La cruz del diablo_, que á
guisa de postres de la frugal cena que acabábamos de consumir, se nos
había prometido, cuando nuestro guía tosió por dos veces, se echó al
coleto un último trago de vino, limpióse con el revés de la mano la
boca, y comenzó de este modo:

- Hace mucho tiempo, mucho tiempo, yo no sé cuánto, pero los moros
ocupaban aún la mayor parte de España, se llamaban condes[1] nuestros
reyes, y las villas y aldeas pertenecían en feudo á ciertos señores,
que á su vez prestaban homenaje á otros más poderosos, cuando acaeció
lo que voy á referir á ustedes.[2]

[Footnote 1: condes = 'counts,' 'earls.' The word conde comes from
the Latin _comes, comitem_, 'companion,' and during the Roman empire
in Spain was a title of honor granted to certain officers who had
jurisdiction over war and peace. During the reign of the Goths it
was likewise an official and not a nobiliary title. Later, with the
growth of the feudal system, the counts became not merely royal
officers, but hereditary rulers, with coronets and arms and an
assumption of absolute authority in their counties. In some of these
counties the title developed later into that of king.]

[Footnote 2: The epoch referred to is doubtless in the eleventh
century before the first crusade. See p. 122, note 1.]

Concluída esta breve introducción histórica, el héroe de la fiesta
guardó silencio durante algunos segundos como para coordinar sus
recuerdos, y prosiguió así:

- Pues es el caso, que en aquel tiempo remote, esta villa y algunas
otras formaban parte del patrimonio de un noble barón, cuyo castillo
señorial se levantó por muchos siglos sobre la cresta de un peñasco
que baña el Segre, del cual toma su nombre.

Aún testifican la verdad de mi relación algunas informes ruinas que,
cubiertas de jaramago y musgo, se alcanzan á ver sobre su cumbre desde
el camino que conduce á este pueblo.

No sé si por ventura ó desgracia quiso la suerte que este señor, á
quien por crueldad detestaban sus vasallos, y por sus malas cualidades
ni el rey admitía en la corte, ni sus vecinos en el hogar, se
aburriese de vivir solo con su mal humor y sus ballesteros en lo alto
de la roca en que sus antepasados colgaron su nido de piedra.

Devanábase noche y día los sesos en busca de alguna distracción propia
de su carácter, lo cual era bastante difícil, después de haberse
cansado como ya lo estaba, de mover guerra á sus vecinos, apalear á
sus servidores y ahorcar á sus súbditos.

En esta ocasión cuentan las crónicas que se le ocurrió, aunque sin
ejemplar, una idea feliz.

Sabiendo que los cristianos de otras poderosas naciones, se aprestaban
á partir juntos en una formidable armada[1] á un país maravilloso para
conquistar el sepulcro de Nuestro Señor Jesucristo, que los moros
tenían en su poder,[2] se determinó á marchar en su seguimiento.

[Footnote 1: armada = 'fleet.' The reference is probably to the
first crusade under Godfrey of Bouillon (1096-1099), which resulted
in the capture of Jerusalem and the temporary establishment of a
Christian kingdom in Palestine.]

[Footnote 2: que los moros tenian en su poder. See p. 35, note 4.]

Si realizó esta idea con objeto de purgar sus culpas, que no eran
pocas, derramando su sangre en tan justa empresa, ó con el de
transplantarse á un punto donde sus malas mañas no se conociesen, se
ignora; pero la verdad del caso es que, con gran contentamiento de
grandes y chicos, de vasallos y de iguales, allegó cuanto dinero pudo,
redimió á sus pueblos del señorío, mediante una gruesa cantidad, y no
conservando de propiedad suya más que el peñón del Segre y las cuatro
torres del castillo, herencia de sus padres, desapareció de la noche á
la mañana.

La comarca entera respiró en libertad durante algún tiempo, como si
despertara de una pesadilla.

Ya no colgaban de los árboles de sus sotos, en vez de frutas, racimos
de hombres: las muchachas del pueblo no temían al salir con su cántaro
en la cabeza á tomar agua de la fuente del camino, ni los pastores
llevaban sus rebaños al Segre por sendas impracticables y ocultas,
temblando encontrar á cada revuelta de la trocha á los ballesteros de
su muy amado señor.

Así transcurrió el espacio de tres años; la historia del _mal
caballero_, que sólo por este nombre se le conocía, comenzaba á
pertenecer al exclusivo dominio de las viejas, que en las eternas
veladas del invierno las[1] relataban con voz hueca y temerosa á los
asombrados chicos; las madres asustaban á los pequeñuelos
incorregibles ó llorones diciendoles: _¡que viene el señor del
Segre!_[2] cuando he aquí que no sé si un dia ó una noche, si caído
del cielo ó abortado de los profundos, el temido señor apareció
efectivamente, y como suele decirse, en carne y hueso, en mitad de sus
antiguos vasallos.

[Footnote 1: las. See vocabulary.]

[Footnote 2: ¡que viene el señor del Segre! Compare the familiar
English expression used to frighten children: "The boogy-man is
coming."]

Renuncio á describir el efecto de esta agradable sorpresa. Ustedes se
lo podrán figurar mejor que yo pintarlo, sólo con decirles que tornaba
reclamando sus vendidos derechos, que si malo se fué, peor volvió, y
si pobre y sin crédito se encontraba antes de partir á la guerra, ya
no podía contar con más recursos que su despreocupación, su lanza y
una media docena de aventureros tan desalmados y perdidos como su
jefe.

Como era natural, los pueblos se resistieron á pagar tributes, que á
tanta costa habían redimido; pero el señor puso fuego á sus heredades,
á sus alquerías y á sus mieses.

Entonces apelaron á la justicia del rey; pero el señor se burlo de las
cartas-leyes de los Condes soberanos;[1] las clavó en el postigo de
sus torres, y colgó á los farsantes de una encina.

[Footnote 1: Condes soberanos. See p. 121, Note 1.]

Exasperados, y no encontrando otra vía de salvación, por último, se
pusieron de acuerdo entre sí, se encomendaron á la Divina Providencia
y tomaron las armas; pero el señor reunió á sus secuaces, llamó en su
ayuda al diablo, se encaramó á su roca y se preparó á la lucha. Ésta
comenzó terrible y sangrienta. Se peleaba con todas armas, en todos
sitios y á todas horas, con la espada y el fuego, en la montaña y en
la llanura, en el día y durante la noche.

Aquello no era pelear para vivir; era vivir para pelear.

Al cabo triunfó la causa de la justicia. Oigan ustedes cómo.

Una noche obscura, muy obscura, en que no se oía ni un rumor en la
tierra ni brillaba un solo astro en el cielo, los senores de la
fortaleza, engreídos por una reciente victoria, se repartían el botín,
y ebrios con el vapor de los licores en mitad de la loca y estruendosa
orgía, entonaban sacrílegos cantares en loor de su infernal patrono.

Como dejo dicho, nada se oía en derredor del castillo, excepto el eco
de las blasfemias, que palpitaban, perdidas en el sombrío seno de la
noche, como palpitan las almas de los condenados envueltas en los
pliegues del huracán de los infiernos.[1]

[Footnote 1: huracán de los infiernos. The idea is taken from
Dante's _Inferno,_ v.

I came into a place mute of all light,
Which bellows as the sea does in a tempest,
If by opposing winds 't is combated.

The infernal hurricane that never rests
Hurtles the spirits onward in its rapine;
Whirling them round; and smiting, it molests them.

_Longfellow's translation_

It is to this realm, where the carnal sinners are punished, that
Dante relegates the lovers Paolo and Francesca da Rimini.]

Ya los descuidados centinelas habian fijado algunas veces sus ojos en
la villa que reposaba silenciosa, y se habian dormido sin temor á una
sorpresa, apoyados en el grueso tronco de sus lanzas, cuando he aquí
que algunos aldeanos, resueltos á morir y protegidos por la sombra,
comenzaron á escalar el cubierto peñón del Segre, á cuya cima tocaron
á punto de la media noche.

Una vez en la cima, lo que faltaba por hacer fué obra de poco tiempo:
los centinelas salvaron de un solo salto el valladar que separa al
sueño de la muerte;[1] el fuego aplicado con teas de resina al puente
y al rastrillo, se comunicó con la rapidez del relámpago á los muros;
y los escaladores, favorecidos por la confusión y abriéndose paso
entre las llamas, dieron fin con los habitantes de aquella guarida en
un abrir y cerrar de ojos.

[Footnote 1: That is to say, they passed suddenly from sleep to
death. Tasso uses much the same figure, when he says, in his
_Gerusalemme Liberata_, ix. 18:

_Dal sonno a la marts è un picciol varco._
Small is the gulf that lies 'twixt sleep and death.
]

Todos perecieron.

Cuando el cercano día comenzó á blanquear las altas copas de los
enebros, humeaban aún los calcinados escombros de las desplomadas
torres, y á través de sus anchas brechas, chispeando al herirla la luz
y colgada de uno de los negros pilares de la sala del festín, era
fácil divisar la armadura del temido jefe, cuyo cadáver, cubierto de
sangre y polvo, yacía entre los desgarrados tapices y las calientes
cenizas, confundido con los de sus obscuros compañeros.

El tiempo pasó; comenzaron los zarzales á rastrear por los desiertos
patios, la hiedra á enredarse en los obscuros machones, y las
campanillas azules á mecerse colgadas de las mismas almenas. Los
desiguales soplos de la brisa, el graznido de las aves nocturnas y el
rumor de los reptiles, que se deslizaban entre las altas hierbas,
turbaban sólo de vez en cuando el silencio de muerte de aquel lugar
maldecido; los insepultos huesos de sus antiguos moradores blanqueaban
al rayo de la luna, y aún podía verse el haz de armas del señor del
Segre, colgado del negro pilar de la sala del festín.

Nadie osaba tocarle; pero corrían mil fábulas acerca de aquel objeto,
causa incesante de hablillas y terrores para los que le miraban
llamear durante el dia, herido por la luz del sol, ó creían percibir
en las altas horas de la noche el metálico son de sus piezas, que
chocaban entre sí cuando las movía el viento, con un gemido prolongado
y triste.


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