Madrid Sociedad Española de Historia Natural.

Anales, Volume 27 online

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como de 6ste en el Mapa de la Comisi6n, cuando en realidad
no son, k nuestro juicio, mis que restos de la antigua meseta
infrali&sica cuya gran extensi6n antigua comprueban.

De dichos manchoncillos el m&s pr6ximo k Molina, en el
que se alza el pueblecillo de Prados Redondos, dista de ella
12 km., y consiste en un cerro de denudaci6n, asentado sobre
el keuper y coronado por tres mesetitas calizas; otro se halla



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19*2 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (16)

cerca y al W. de Tordellego y uno y otro apenas Uegan k 2 km.
<jn su mayor longitud. Entre Piqueras y Tordesilos existe un
tercer manch6n mucho m&s extenso, que los ahora mencio-
nados, el cual no tuvimos ocasi6n de visitar; pero por las noti-
cias que adquirimos de su composicion, parece no diferir de la
de los anteriores.

Estin constituldos estos manchones por capas de tierra arci-
llosa con arena, y entre ellas se interponen otros bancos de
un conglomerado cuarzoso grueso. En el de Piqueras, estos
bancos, con un espesor de 70 m., se componeu, seg-iin elseftor
Castel, de cantos calizos redondeados con un cemento arcilloso-
ferruginoso. El coronamiento en todos lo forman unas capas
de caliza tenaz, cavernosa, de color gris obscuro, pardo 6
rojizo, por alteraci6n del hierro que contienen. En Prados Re-
dondos, y suponemos que en los demds manchones que no
hemos visitado, esti plagada de cavidades, grandes, alarga-
das, de paredes lisas y de contorno ondulante, con el aspecto
€Scoriaceo descrito al tratar de la caliza siliciosa. Alii se utili-
zan como un buen material de construcci6n, por ser suscepti-
bles de dar trozos del tamano que se desee y por la compaci-
dad de la piedra, sin ser muy pesada, k causa de sus cavida-
des, las cuales facilitan que en sus superficies agarre muy
bien el mortero.

Semejantes formaciones han sido consideradas como mioce-
nas sin otra raz6n que su cardcter lacustre; pero notando el
Sr. Castel sii poca analogia con el terciario de la Alcarria,
inducia que serian dep6sitos locales que no comunicaron con
los grandes lag6s del Tajo ni del Ebro, es decir, sedimentos
en lagunillas, como las actuales de Gallocanta y de Taravilla.
Nosotros hemos recogido las calizas siliciosas y los conglome-
rados de Prados Redondos y hemos comprobado su identidad
<:on las rocas correspondientes de la gran meseta infrali&sica
del S. de Molina, de las cuales son continuaci6n hoy interrum-
pida por las grandes denudaciones que esta regi6n ha experi-
mentado. Otro tanto creemos podri decirse de los demis man-
chones indicados (1).



(1) La representaoida de los pantanos terciarios existe probablemente, d nuestro
jaicio, en el valle de Molina, en la gran formaci6n de toba, la oual parece ofreoer
dos miembros: uno inferior, m&s compacto, con Umo^ al descubierto en los k>bar$t de



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(17) Calder6n.— GEOLOGiA de molina de arao6n. 198

8. Aunque varies ge6\ogos, particularmente los que se han
ocupado del NE. de la Peninsula, no han dejado de hacer
menci6n de las formaciones de que tratamos, la escasez de
f6siles, nunca hallados por ellos, y la dificultad de reconocer
su estratigrafia, por aparecer las mas veces en retazos denu-
dados en las cumbres y reposando sobre las arcillas triisicas
de estratificaci6n confusa, han sido causa de que no se hayan
estudiado suficientemente. Y por lo mismo que se conocen
mal, se han emitido varias opiniones respecto k su edad, ori-
g'en 6 importancia.

V6zian (1) admiti6 que el tri&sico de Catalufia se.componia
de cuatro pisos, de los cuales el ultimo, el de la caliza supra-
iridsica, segun su denominaci6n, que pasa k menudo k dolomia,
descansa sobre el keuper y le compara k las calizas de Saint
Cassian, en el Tirol. La opini6n de V6zian ha sido seguidapor
Cort&zar, ocup&ndose de las provincias de Cuenca (2) y Te-
ruel (3). De Verneuil y CoUorab (4) consideran dichas forma-
ciones como fades locales del triisico, sin admitir que sean la
representacion de un miembro especial; manerade verseguida
per Castel describiendo la provincia de Guadalajara (5), y, en
fin, Carez (6) no acepta tampoco el cuarto piso de V6zian, y
considera aquellas formaciones como del li&sico; idea que
emitiraos antes que aquel como hipot^tica ocup4ndonos de la
provincia de Guadalajara (7), y que hemos rectificado.

Las razones que tenemos para no participar de ninguna de



la yeffa de la Torrecilla que atraviesa la carretera de Madrid, y otro superior, des-
provisto de bivalvos, con Limnea palustris^ Bythinia y Planorbis umbilieatua, Uno y
otro horizon te estdn separados por bmcos de arcillas oarbonosas, aluviones y arenas
carboDoeas de forinaci6n moderna, pero este segundo, cubre y no deja ver el anterior,
que creemoa de edad terciaria, m^s que en los bordes de la cuenca del antiguo
pantano.

En Albarracin el Sr. CaWo pensaba encontrar tambi6n representacidn del terreno
terciario en unas d^biles capas de calizas tobiceas, entre las cuales Yi6 uaa vez can-
tos rodados, en lechos paralelos y alternando con otros de arena.

(1) Du terrain pott 'pyr4ii4en des environs de Barcelone 1836.

(2) Deserip./is.^ geoU y agrol. de la provincia de Cuenca 1875

(3) Bosqu^o fU.^ geol. y min. de la provincia de Teruel. rBol. de la Com. del Mapa,
t. xii, 1895 )

(4) Bnll. Soe. ff^l. de Pf.; 2t»« 86r., t x, 18"^.

(5) Descrip. fie., geol, ^agron.y forutal de la provincia de Quadalajara. rBol de la
Com. del Mapa^ t. Tin, 1881. )

(6) Etudes des terrains er^tap et tertiar. du Nord de VEspagne. 1881.
C7) Caldeb6n: Reseiia geol. de la provincia de Qnadak^ara. 1874.

ANALU8 DB HIST. NAT.— XXYII. IH



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194 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (18)

las tres opiniones ahora expuestas y para emitir la consignada
en este ensayo, se desprenden claramente de lo dicho sobre la
composici6n, fauna y estratigraffa de estas formaciones. El
estudio corapleto del terreuo en sus dos miembros, que se
puede reconocer bien en la provincia de Guadalajara, es el
que nos ha permitido formar respecto de 61 un juicio m^s com-
pleto que el de los observadores que s61o ban examinado reta-
zos del miembro inferior. Asl, por de pronto, hemos podido
confirmar que el conjunto del terreno alcanza espesores de
200 .k 250 m. en varios sitios; cifra demasiado considerable
para tratarse de meros accidentes 6 facies locales, y despu6s
hemos llegado k la persuasi6n de que no consisten en dep6si-
tos aislados, sino en restos denudados de capas continuas en
su origen.

El estudio de las relaciones del terreno de que se trata con
el tri&sico nos ha mostrado, como queda dicho, que las car-
fiiolas y brechas reposan tan pronto sobre una como sobre
otra de las tres divisiones del tri&sico, pasando transgresiva-
mente en Molina sobre todas ellas, y asimismo hemos indicado
la existencia de discordancias indudables entre aquellas capas
y las del muschelkalk. Cuando reposan sobre el keuper, como
es lo general, la dificultad de apreciar bien la estratiflcaci6n
de 6ste que las m&s veces se ofrece, no permite afirmar dicha
discordancia, por m&s que algunas veces la hayamos sospe-
chado. Parece indudable que medi6 considerable espacio de
tiempo entre la sedimentaci6n de las capas tri&sicas y las
infrali&sicas, y que aquellas estaban ya bastante denudadas
en ciertos sitios cuando las cubrieron las aguas que dejaron
las segundas.

A veces falta el infrali&sico y las calizas li&sicas reposan
directamente sobre el keuper.

Con respecto k que pudieran referirse tales formaciones al
terreno li&sico, indica bien claramente lo contrario la discor^
dancia observada por Castel en Pinilla, y por Calvo en Alba-
rracln, y el hecho de v6rselas muy rara vez en contacto con
61. Al contrario, en su distribucion general se apartan mucha
las formaciones infrali&sicas de la del li&sico de la regi6n.

Por otra parte el origen continental del infraliisico n:olin6s
(!:ontrasta con el evidentemente marino del tri&sico superior y
del lias con quienes estk en contacto. Es verdaderamente nota-



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(19) Galder6o. — geologia de molina de aragon. 195

ble el desarroUo de esa formaci6n de tobas de fecha tan anti-
guoL qae se presenta al Mediodia de Molina y en otros sitios en
las mesetas poco inclinadas, que fueron un tiempo el fondo de
lag'os 6 pantanos entre sierras paleozoicas pleg^das y alzadas
con anterioridad.

Nos parece tambi^n asunto de reflexi6n el del origen de las
formaciones brechosas descritas oportunamente, las cuales re-
cuerdan extremadamerite otros dep6sitos semejantes del hu-
llero de la Francia central, k los que Elie de Beaumont atribufa
un origen torrencial, que Griiner consider6 como acumula-
ciones en un lago por efecto de derrumbamientos, y Julien,
en un trabajo reciente (1), cree reconocen m&s bien un orig^en
g-laciar. Todos los caracteres que este liltimo ge6logo consig^na
en apoyo de dicha explicaci6n, tienen aplicaci6n &las brechas
de Molina: la forma angulosa de los cantos, su volumen k
veces enorme, la falta de clasificacion, y puede decirse que de
estratificaci6n de los misraos, y su modo de amontonarse en
todos sentidos, convienen exactamente aqui; y si estas sefia-
les son suficientes para calificar aquellas formaciones de mo-
rrenas de la 6poca carb6nica, creemos habrfa que reconocer
en las de Molina formaciones semejantes de fecha infrali&sica.

Admitiendo, como parece inferirse de todas las considera-
ciones que preceden, que las formaciones descritas en este
capitulo representan el infrali&sico 6 r6tico, desaparece la
supuesta anomalia del tri^sico espanol, al menos el del cua-
drante NR. de la Peninsula, todo 61 de tipo vosguiense, y
entra en el orden de lo observado en los Alpes, en Ingla-
terra y en multilud de localidades francesas y alemanas, en
todas las cuales entre el coronamiento del keuper y la base
del sistema jurftsico se encuentra una serie de estratos que no
pueden referirse rigurosamente k ninguno de dichos dos sis-
temas. El terreno k que corresponden (que ha recibido dife-
rentes nombres) es sumamente variable en su composici6n,
espesor y origen de unas k otras localidades: le hay en Euro-
pa, tanto lacustre como marino, y dentro de cada uno de estos
con tal diversidad 6 inconstancia de fauna, que sin salir de



(1) Sur Vorigine glae. des brdches dis d^pdts huill. de la France centrale. (Compt. rend,y
Juillet, 1803.)



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196 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (»))

los Alpes, ha establecido Suess (1) una rica serie Ae fades k la
vez litol6gica y paleontol6gica. Si algiin car&cter general
puede asignarse k este terreno es el de parecerse por sus ma-
teriales al tri&sico y por su fauna al jur&sico, como lo ha pro-
bado una vez m^s Pellat estudiando la regi6n cl&slca en este
respecto de la Borgofia (2).

En Espaiia no ha sido citada la existencia del terreno infra-
li&sico (3); pero en Portugal, al N. del Tajo, hacia la parte
superior del macizo tri&sico que allf se alza, las areniscas se
vuelven mAs finas y alternan con capas de margas y calizas
dolomiticas, encerrando restos org&nicos de caricter m&s bien
li&sico que tri&sico, como lo indlc6 hac3 aiios el insigne Heer,
siendo por tanto dicha formaci6n referida al infralifisico (4).

Si nuestro punto de vista mereciera la consideraci6n de los
ge61ogos y se conviniera en la conveniencia de que el terreno
infraliisico figurase en el futuro mapa geol6gico de la Penin-
sula, habriaque recorrer con este designio toda la vasta regi6n
triasica que parte de los Pirineos aragoneses y catalanes, des-
ciende por estas provincias y varias de Castilla y alcanza la
costa mediterrinea. Es de esperar que esta e>:ploraci6n pro-
porcionarla abundantes pruebas estratigr&ficas y paleontol6-
gicas de nuestro aserto, al mismo tiempo que contribuiria
eficazmente al esclarecimiento de transcendentales cuestiones
referentes k las vicisitudes orog6nicas por que ha atravesado
nuestro suelo; pero es empresa superior k los medios con que
nosotros contamos, y nos dariamos por satisfechos con haber
llamado la atenci6n de quien los posea hacia una cuesti6u
interesante de la geologfa patria.



(1) Die Bntatehung der A Ipen^ 18^.

(2) Bull. Soe. g4ol. de Fr.^ 8.« s^rie, t. iv, pfi^. 740.

(8) Como supuesto hipot6tico referimos hace a&os & este terreno una formaci6n de
calizas de relaciones estratigr^flcas dudosas que aflora en la provi'ncia de Santander,
valle de Cabez6n junto k las areniscas tri&sicas de la cordillera del Bscudo de Cabu6r*
niga; pero no tenia ningun valor esta conjetura referente & un peque&o atloramiento
3' hu^rfana de pruebas paleontoldgicas y estratigr&flcas.

(4) Choffat: Coup d'cHl sur lee mere m^eotoig, de Portugal. (Vierteljahrsch. der
Naturforsch. Oesells* in Zurich, 1896.)



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(21) Calderdn. — geologta de molina de aragon. 197

IV.

FISIOGRAFIA DE LA MESETA DE MOLINA DE ARAG6n.

I. Carficter general de I08 relieves molinesea.— 2. Horizontalidad de los terrenos se-
cundarios.— 8. Los dobleces y torsiones que ofrecen son superficiales. — 4. La de-
nudact6n como agente del relieve: causas que la hao favoreoido. - 5. Persisteucia
del regimen laoustre en la meseta molinesa.— 6. El Aorts de la cordillera Ib^rica.
—7. Conclusiones.

1. El territorio llamado Sierra de Molina consiste en su
raayorla en una vasta meseta jur&sica de mon6tona composi-
ci6n. S61o en la parte representada en el mapa que acompa-
fiamos afloran en un espacio relativaiueYite reducido, plurali-
dad de rocas de diversa edad, que sembradas de mesetas y
picos y surcadas de valles y barrancos, ban aparecido k obser-
vadores poco versados en los procesos geoligicos como testi-
monios de la energia con que las fuerzas internas del globo
obraron sobre esta regi6n.

Basta, sin embargo, fijarse, para reconocer en todo este
relieve la acci6n preponderante de las aguas superficiales, en
que sus llamadas cadenas de montes no son m&s que mesetas,
las cuales enlazadas idealmente darlan planicies, y en que la
misma divisoria de las dos cuencas arag'onesa y castellana es
tan indecisa, que en muchas caiiadas no es posible decidir sin
atento examen 4 cu&l de las dos cuencas vierten, acumulin-
dose i veces las agfuas en pantanos, lo cual sucedi6 en mayor
escala en 6pocas anteriores, cuando era menos hondo el cauce
de las corrientes. No se escap6 4 la sagacidad del insigne
Bowles, verdadero precursor de los modernos actualistas, la
indole de este proceso, pues tratando del relieve molin6s se
burlaba de los que, frente i las obras de la lenta pero conti-
nuada denudaci6n, creen descubrir en seguidalaintervenci6iA
de agentes extraordinarios: volcanes, terremotos, derrumba-
mientos, grandes retiradas del mar 6 el diluvio universal.

2. Cuando en 1874 describiamos la provlncia de Guadala-
jara, desprovistos entonces de las grandes luces que ban sumi-
nistrado los orogenistas actuales, consign&bamos, no sin sor-
presa, el hecho de la horizontalidad que muestran los dep6si-
tos secuudarios en esta elevada regi6n de la Serranla, cuyas



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IW AN ALES DE HISTORIA NATURAL. (22:

mesetas aisladas constituyen las principales alturas y ponen
de manifiesto el antig*uo nivel del terreno. Tambi^n de Ver-
neuil habia dado corno car^cter del triisico de esta parte de
Espana su horizontalidad; circunstancia que/trat4ndose de
formaciones que se asientan k tales alturas, pugnaba con las
ideas sobre los levantamientos, tal como entonces los enteu-
diainos.

3. No es, sin embarg'o, absoluta y constante la horizontali-
dad de los dep6sitos secundarios del partido de Molina, pues
como se ve en los cortes que figuran en la lamina que acompana
k este escrito, los estratos infraliAsicos y tri&sicos afectan buza-
mientos marcados g-eneralraente al WSW., k menudo con
ondulaciones li originando pliegues caprichosos, como acon-
tece en la Canada quese ha fraguado el Gallo en la caliza del
muschelkalk, mks arriba de Castilnuovo. Allf hay ocasi6n de
contemplar dobleces por extremo pintorescos por lo retorcidos
y lo r&pidos, algunos de loscuales han quedado aislados, cons-
tituyendo sus cimas aJbardas, como dicen en la localidad, que
son los crocho7is de los ge61ogos franceses, esto es, vertices de
pliegues bruscamente doblados. La caliza fuertemente com-
primida en estos sitios se hace pizarrosa y se cuartea en forma
de rombos.

En general, en los plegamientos de la regi6n, que afectan k
todas las capas secundarias, domina la direccion N\V. a SE.,
que es la de la falla del Ebro.

Las torsiones han determinado en las calizas compactas de
diversas edades series de grietas, que rellenas despu6s por
secreciones de la misma roca y generalmente cristalizadas,
constituyen sistemas de filoncillos en miniatura. Otras veces
la misma causa ha dado lugar k especies de cavernas achata-
das entre dos estratos sucesivos, de superficie alabeada, que
algunos han atribuldo err6neamente k la acciin de despren-
dimientos gaseosos.

No es raro ver todas estas capas, y senaladamente las triisi-
cas, bastante levantadas en algunos sitios, como sucede,
entre otros, en la Riva de Saelices y Rueda, y el Sr. Castel
representa en su citada Memoria un corte observado entre
Sigiienza y Bujarrabal en el que aparece esta disposici6n muy
manifiesta. Otras veces se ven alternar en reducido espacio
pliegues 6 arrollamientos anchos y de mucho desarrollo con



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(28) Galderdn. — aEOLOGiA db molina db aragon. loo

otros sumaiueate cortos, como acoutece junto k Molina h
Poniente del barranco del Val, donde lacompresi6n de la arci-
lla aprisionada en los segundos entre pianos calizos resisten-
tes la transform6 en pizarra y hasta en un verdadero jaspe.

En la proximidad de las canteras de yeso es frecuente ver
accidentes bruscos y repentinos, como ocurre a Poniente de
Molina, donde las capas estkn verticales; perturbaciones cono-
cidas en semejantes sitios en muchas localidades de la Penin-
sula y del extraujero, y que se sabe resultan del hundimiento
de las capas por faltarles el apoyo, merced k la disoluci6n y
arrastre del yeso sobre que reposaban.

Todos los accidentes mencionados, incluso los plegamientos
tan pintorescos de la Canada de Castilnuovo y otros semejan-
tes, s61o tienen un caracter superficial; asi es que las capas
in^s arrolladas recobran pronto la posicion general del siste-
ma, tendi6ndose levemente para marchar, en fin, casi hori-
zontales en grandes extensiones.

Comprueba tambien esta afirmaci6u del origen somero de
las perturbaciones de la regi6n que examinaraos, la escasez
de fallas, siendo 6stas asimismo meramente superficiales. La
inas importante que conocemos va por el pie meridional del
cerro en que se asienta el Castillo de Molina k la Hoz de Nuestra
Senora, es decir, de NE. k SW., ocasionando el contacto anor-
inal de las calizas infralidsicas con las del muschelkalk, que
representa el corte de la fig. 3.*, l&m. i ; despu^s aparecen
subitamente las brechas a la derecha de la carretera de Ma-
drid, y en la prolongacion son cortadas las pizarras siliiricas
del manchon de Corduente junto k la Hoz de Nuestra SeQora,
por la que penetra el Gallo, el cual ha aprovechado en ella y
en su curso desde Molina, la citada falla.

4. A poco que se fije el observador desprovisto de prejui-
cios en el car&cter dominante en los relieves de la cordillera
Ib6rica y sus anejos, tiene que reconocer que lo saliente en
ellos son las mesetas de diferente extension separadas por
valles, los cerros ra^s 6 menos c6nicos y hoces, 6 sea canadas
por donde corren encajados rios 6 arroyos, para salir k los
valles y los barrancos, ora amplios y profundos, como los que
descienden en Molina de la meseta Infraliisica, ora angostos
y hondos, muchos de los cuales dificultan lascomunicaciones,
en la zona arcillosa sobre todo.



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•iOO ANALES DE HISTORIA NATURAL. (^)

Se asocian varias causas para que la obra de la denudaci6ii
alcance una importancia considerable en la regi6n que estu-
diamos. Unas son meteorol6gicas, dependientes de la falta de
abrigo y del clima destemplado, en invierno con hielos persis-
tentes, que cuartean y hienden las rocas calizasde las alturas,
y nieves y lluvias copiosas, y en verano con tronadas que pro-
ducen crecidas enormes de las corrientes liquidas, aunque
poco duraderas.

Una segunda causa concomitante para favorecer la erosi6n
radica en las copdiciones de las rocas dominantes en la reg'i6n:
en las alturas, calizas que se trituran, pudingas y mantes de
diluvium con cantos rodados, los cuales proporcionan los me-
dios de desg-aste, y en los valles, areniscas, arcillas y margas
tri&sicas, facilmente atacables por los agentes mec^nicos. De
esta §uerte la aspereza de las pendientes va acentu&ndose cada
vez m&s, se desgastan sin tregua las laderas, y apenas llueve,
bajan por los barrancos y ramblas los torrentes cargados de
detritus 6 intensamente tenidos de rojo y gris, comunicados
por el deshecho de las rocas mencionadas.

La tercera circunstancia, eficacisima para dar realce al tra-
bajo erosivo en 6sta y otras regiones que se hallan en su case,
depende de no haber experimentado cambio de nivel desde
remotos tierapos, y en virtud de la ley de la permanencia de
las llneas de desagtte, las corrientes vienen actuandosin inte-
rrupci6n sobre los mismos sitios, y asi los que eran en su ori-
gen ligeros surcos se cambiaron en valles, y ensanch&ndose y
ahond&ndose 6stos, las porciones que las separaban fueron
convertidas en cadenas y hasta en raontes aislados. La erosi6n
persistente empuja la ladera en que la pendiente es misbrusca
y la cuenca entera retrocede hacia el interior de la montafia.
El siguiente perfil da idea de la serie continua de erosiones
que el Gallo ha venido fraguando en El Rinconcillo, cerca de
Molina, donde la resistencia de las rocas. infrali&sicas ha per-
mitido quede indeleble la huella de estos trabajos. La meseta
m&s alta, seftalada con el niim. 1, esti constitulda por caliza
siliciosa infrali&sica, que alcanza alii k 1.070 m., viene des-
pu6s uqa segunda meseta, 2, cubierta de diluvium cuarcitoso,
debido k la descomposici6n in situ de las capas niim. 3, de las
que proceden los mantos diluviales que coronan extensas
superficies elevadas en el partido de Molina. Las cariliolas,



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(•25) Calder6D.— GEOLOGIA DE MOLINA DE ARAGON. 201

num. 4, con enorme desarrollo, sirven de asiento k otra serie
de mesetas, y por I'lltimo, en el cauce actual del rfo se ve la
formaci6n moderna, niim. 5, de turbas, arenas y tobas, denu-
dada tambi^n por el mismo, & 920 m.

Flgrura?.*



5

4



v



En este, corno en todos los dem&s accidentes que presenta
el curso de los rios y arroyos y aun las cafiadas habitualmente
secas, se reconoce el concurso de los dos factores menciona-
dos: la distinta estructura y resistencia de las rocas k la erosi6n
y la permanencia de las llneas de desagQe. Asl se ve k las
corrientfes precipitarse unas veces por canadas que atraviesan
los monies, constituyendo las hoces, y otras marchar lenta y
perezosamente por terreno nivelado por las mismas. El fra-
guado de las hoces es un fen6meno complejo. en cuyo estudio
conviene no olvidar que corresponden k puntos singulares,
donde se ha acumulado y ai\n sigue acumul&ndose, durante
las crecidas, una gran suma de energia. Las cuencas cerradas
en otro tiempo y que en comunicaci6n hoy forman la del
Gallo, deberian precipitar torrentes impetuosos en lo que es
Hoz de Nuestra Senora, sobre todo, si como nosotros creemos,
toda esta parte del pais estuvo cubierta en la 6poca cuaterna-
ria por espeso manto de hielo, como nos proponemos demos-
trar en un ligero trabajo que aparecerA en breve.

Las aparentes anomalias que con tanta frecuencia presen-
tan en su distribuci6n los barrancos transversales, depen-
den asimismo casi siempre de la distinta resistencia k la
acci6n erosiva de los macizos de rocas que estin en contacto,
sobre todo cuando el indice de la denudabilidad es tan diverso
como en las arcillas y las pizarras 6 las calizas compactas. La
gran vuelta que da el Gallo entre Castilnuovo y Cafiizares



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202 ANALES DK HISTOBIA NATURAL. (2d)

pasando por Molina, para salvar el macizo infraliisico repre-
sentado en el corte precedente y seg:uir las arcillas irisadas,
es un buen ejemplo de esta circunstancia. Antes y despu6s del
macizo el rio corre lenta y perezosamente en terreno nivelado



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