Madrid Sociedad Española de Historia Natural.

Anales, Volume 27 online

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reros, con la fidelidad y el gusto que siempre en sus obras se
muestran, raodelaron indios deformados por los efectos de una
enfermedad (uta) que se desarroUa en eiertas regiones calien-
tes y hiimedas de America.

Ademfis de las dificultades siempre inherentes k la recolec-
ci6n, preparaci6n y conservacion de los restos de los animales,
hay en las tierras calientes la imposibilidad de sustraerlos t



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t7) Martinez y Siez.— nota biografica. 213

los terribles efectos de un aire humedo y templado que con
rapidez los destruye, y son muy perniciosas jpara ellos las in-
vasiones de las hormigas de todos tamanos que penetran en
las cajas en que principalmente se gpuardan laspieles, que por
otra parte han de estar expuestas largo tiempo al aire libre,
pues si no, dificilmente se secarlan. Es comun el oir en aque-
lies sitios que cuando las hormig-as invaden en legiones nu-
merosas un tarabo 6 choza, hay que abandonarla. Los terri-
bles destrozos de los ratones y de las ratas. no son solo de te-
mer en las costas, sino en el interior y hasta en los sitios ele-
vados, porque ademis de las especies importadas que viven
en el litoral, las hay propias de 6ste y otras exclusivas de las
variadas reg*iones y de los climas diferentes de tan vasto con-
tinente. De suerte que no hay m&s remedio que suponer que
para haber Uegado el Sr. Espada & reunir en 6sta los objetos
que forraan las colecciones indicadas, ha debido recog-er mu-
chisimo mayor niimero de ellos, contando los irreinediable-
mente perdidos.

Por otra parte, solo un disecador, y no muy activo y poco
habil, fu^ asignado k la Comisi6n de naturalistas del Pacifico,
y se qued6 en Chile para reg'resar despu^s k Espana, y si bien
es cierto que en Santiago, por los conocimientos del Sr. Phi-
lippi y la protecci6n del Gobierno, habia en el Museo de aque-
Ua capital elementos qu6 pudo aprovechar el finado, faltaban
k la Comisi6n entonces, como siempre, abundantes recursos
para comprar colecciones 6 tener k su servicio preparadores,
pues solo habia uno en aquel establecimiento que ensen6 k
desollar los animates k dos mozos, los unicos que k sueldo
acbmpafiaron en sus viajes a los comisionados, hasta que Ue-
garon al Para, desde cuyo punto, como se habia convenido,
hubo que pagarles el regreso k su tierra.

Vease, por consiguieute, si no hay gran m6rito en haber
traido las colecciones que en ^sta fueron expuestas y despu^s
estudiadas por el Sr. Espada; lo cual no es frecuente, pues
generalmente los colectores y viajeros no son hombres de
ciencia.

No se escap6 k su claro entendimiento que, si bien todos los
grupos de animales son interesantes y el estudio de algunos
lo puede ser grandemente para resolver problemas de mucha
transcendencia en auatorala, embriologia, fisiologia, etc., etc..



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214 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (8^

en conjunto, los que m^s interesan al zo61ogo, y sobre todo *k
la gpeneralidad de las personas, en raz6n de servir h las necesi-
dades de su vida, corresponden h los vertebrados. Tampoco es
dudoso que entre 6stos, los m^s complicados y digfnos de estu-
dio son los mamlferos, y k qui^n no llaman su atencioa los
cuadrumanos 6 monos, por la semejanza, siquiera sea en ca-
ricatura 6 grotesca, que tienen con el hombre; y es lo miis
curioso que los que le son mks parecidos por sus 6rg*anos, la
son nienos que otros mis inferiores en su aspecto, y sobre todo
en el carActer, en t^rminos, y es comiin k todos ellos, que asi
como el hombre con la edad aumenta en moderaci6n de §us
actos, los monos, como casi todos los animales, no son suscep-
tibles de educaci6n sino en su edad temprana, y es comiin en-
contrar repugnancia en verse parecidos k los monos graades
y viejos, de horrible rostro, que ya demuestran preparados la
que serAn vivos 6 irritados, cuando con sus ojos abiertos, su
crin en erecci6n, rechinando sus dientes y rugriendo, se arro—
jan con furor contra los que tienen delante, de lo cual es ejem-
plo acabado el gorila, segiin Du Chaillu, indomable por com-
pie to.

Segiin E. L. Trouessart (Catalogus Mammaliura tam viven-
tium quam fossilium, Berolini, 1897), existen conocidas 255
especies, distribuidas en 37 g6neros, pertenecientes 16 de las
primeras k los Simidos, 4 f6siles; 137 k los Cercopit6cidos^
15 f6siles; 74 k los C6bidos, 5 f6siles, y 28 & los Hap&lidos-
Las ocho primeras especies en los simidos son de gran talla;
pero no asi las ocho del g6nero Hylobates, Illig., pero la tienen
casi siempre mayor, asi como los cercopit6cidos, que los c6bi-
dos, y son menores los hap&lidos.

Aun temiendo abusar de vuestra paciencia, no resisto al de-
seo de dar breve noticia de las mks notables especies que exis-
ten en la colecci6n formada principalmente por nuestro con-
socio.

senicuhis L.— Goto, guariba. — Rio Napo, Alto Amazonas.
nrsina Humb. et Bompl.— Provincia de Bahia (Brasil).
A teles E. Geoffr.

variegatus Wagner. — Chuva, coaitfi. — Peruat6 en el Alta
Amazonas.



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\9) Martinez y Sc^ez. — nota biografica. 215

marffinaiMsE, Geoflfr.— Chuva.— Tarapoto en el rio Napo.
Lagoihrix E. Geoflfr.

infumatus Spix.— Araguato (por los indios zdparos y de-
mis habitantes). — Coca en el rio Napo.
lagotricha Humb.— Yurac-aragfuato. — Rio Napo.
Cehus Erxleb.

AzartB Rengger. — Macaco. — Pernambuco.
Pithecia E. Geoflfr.

monachus Humb.— Parahuaco. — Destacamento en el rio
Napo.
Br achy urns Spix.

ruMcundus Is. Geoflfr. et Dev.— Acari, vacari, acari ver-
melho, macaco ingles. — Alto Amazonas, San Paulo
(Brasil).
Callithrix E. Geoflfr.

cuprea Spix. — Tzocallo. - Rio Napo.
Chrysoihfix Kaup.

sciurea L.— Barizo en el Rio Napo, frailecillo en el Perii,
boca preta y macaco de cheio en el Brasil, sai-miri en
lengua tupy.
Nyctipithecus Spix.

tritdrgatiis Humb. — Tuta-kcusillo en lengua quichua. —
Rio Napo.
Midas E. Geoflfr.

adipus L. — Chichico. — Rio Napo.

lagonottis Jimenez de la Espada. — Alto Amazonas.

Ghraellsi Jimenez de la Espada.— Alto Amazonas.

Aun hoy s61o se conocen trece especies en el subg^nero Mi-
daSy p. d., y ya en 1870 describi6 el Sr. Espada las dos bonitas
especies liltimamente designadas,

Tienen los monos americanos un aspecto que, siempre sim-
pitico y nunca repugnante, como es tan frecuente en los del
mundo oriental, se presta mucho al estudio, porque est&n como
repartidos en ellos diferentes caracteres. Timidos, pero sensi-
bles al buen trato, son los cotos, y eso que su cabeza pirami-
dal y barba abundante los da extraiio aspecto, y m&s cuando
en las selvas producen auUidos de tono desagradable y alto,,
cual si estuvieran roncos. De n;iirada suave, pero que aparece
extrafia por ser algo saliente su hocico, y por el raro arreglo



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216 ANALES DE HISTORIA NATURAL. 0^)

y color de los pelos de la cabeza, se hacen por fin muy simpA-
ticos los coaitas 6 chuvas. Aunque de mejor forma de cabeza
y de m&s vientre cuando viejos, y tanto que los llaman barri-
giidos, resultan como tristes y pesados los araguatos. En las 19
especies del g^nero Cehis 6 machines se conserva la cabeza re-
dondeada, cara proporcionada, y una agilidad y astucia que
los hace los tiranos en las jaulas; pues siendo los de los tres
g^neros que antes de ellos he nombrado mucho mAs grandes
y robustos, suelen quedarse sin comer al repartir k todos el
alimento, y no est&n quietos nunca, ni toman aficioii a sus
duenos. El arreglo del pelo de la frentey de la barba dan como
aspecto de viejos k los parahuacos, y suelen estar tranquilos,
sin tratar de hacer dano, y sobre todo los acaris tienen atin
mis extrano aspecto, que justifica el parecido con los ingleses,
que no se ha escapado k la sagacidad de los indios. Solo vi6n-
dolo puede uno formarse idea de la extremosa agilidad de los
barizos, que est&n siempre buscando y cazando insectos, y es
muy gracioso el ver c6mo manejan para esto sus cabecitas y
manitas. Duermen por el dia los tutakcusillos, pero son muy
activos durante la noche en los tambos de los indios, que los
llaman en su lengua monos de ellay los prefieren dotros para
conservarlos en domesticidad. Pequenitos, y aun minimos, son
los titis 6 chichicos, tan dominados siempre de la ira y el es-
panto, que les hace huir hasta de las personas que los cuidan
6 proporcionan alimentos.

Cuando, al cazarlos con dardos untados de ticunas, se veu
privados prontamente de movimientos, antes de quedar sin
vida, es penoso mirar c6mo los monos Americanos manifiestan
sus sufrimientos.

Por ser de climas calientes y hiimedos, en Europa no pode-
mos admirar en domesticidad k los monos americanos, y sola-
mente los machines i Cebus) son los que mas resisten a la muer-
te en los paises templados; pero cuan interesante no seria el
estudiar sus curiosas costumbres en establecimientos de acli-
inataci6n, pues en 6stos pudieran estar vivos y es bien dife-
rente verlos disecados en colecciones 6 pintados en libros.

Uno de los prop6sitos de nuestro consocio era escribir sobre
la fisonomia de los monos, y es lastima que su muerte nos
haya privado de admirar sobre este punto sus pensamientos,
escritos en estilo correcto; y en este ultimo concepto, ya veis



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(11) Martinez y &kez. — nota biogrAfica. sn

la diferencia que hay al presente entre los pocos que hablan
bien y los muchos que nos expresamos mal, lo cual hace pen-
sar si estaremos ya pr6ximos al fin del camino de perder lam-
bi6n el castellano, gracias k la frivola lectura de folletos, folle-
tines y peri6dicos, que hoy tanto priva desgraciadamente.

Sin embarg-o de haber sido el g^nero Thyropiera y su espe-
cie tricolor, descrita en 1823 por Spix, no era tan conocida que
no fuera feliz el hallazgo de ella, porque causa sorpresa el ver-
la subir por superficies lisas verticales con la ayuda de un dis-
co orbicular 6 ventosa colocado en el pulgar de las extremida-
des anteriores, y otro menor en el metatarso de las posteriores,
lo cual justifica el formar con ellas secci6n en los vespertilio-
nidos, 3' no hay otro ejemplo de este medio de locomoci6n ni
en los murci^lagos, ni en los mamiferos. Por observaciones
propias, el Sr. Espada se inclin6 k creer que es m&s general
de lo que se supone la notable costumbre que tienen algunos
quiropteros americanos de chupar la sangre, al trav6s de su
piel, k los vertebrados.

Hasta estos liUimos tiempos los anfibios eran poco estudia-
dos, y sin duda por ser escasos los viajeros que fijaran la aten-
ci6n en ellos, si es que no les eran repulsivos tanto 6 m&s que
los reptiles. Cuando volvi6 k 6sta nuestro companero, trajo
buena colecci6n, y algunos bien extrafios por la forma. Com-
prendi6 que no habia razon para no tomar interns por anima-
les utiles, inofensivos, y que hasta animan, principalmente
en las soledades de la noche, las orillas de las aguas y los bos-
ques tropicales; y los viajeros que oyen en ellos producir rui-
dos muy dife rentes y raros, no pueden menos de interesarse
por ver los seres que con su saco bucal son causa de ellos.

Se dividen generalmente los anfibios 6 batracios en saltado-
res 6 anuros, andadores 6 urodelos y ^podos.

En 1858 h'abla publicado Gilnther el cat^logo de los batra-
cios saltadores del Museo Britanico, en el cual describe 283 es-
pecies, progreso notable, pues Dumeril y Bibron en 1854 lo hi-
cieron s6lo de 164, Tschudi en 1838 conoci6 110, y Shaw en
1802 solamente 51 especies. Se dividen en aglosos, opistoglosos
y proteroglosos. Los aglosos cornprenden tres familias. Los
opistoglosos pueden ser oxid&ctilos 6 platid&ctilos. Los oxid&c-
tilos tienen doce familias, y los platidactilos nueve. Los aglo-
sos s61o una.



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218 ANALES t)E HISTORIA NATURAL. <12>

Siguiendo los principios de la clasificaci6n de Gtinther, for-
m6 el Sr. Espada la familia dendrofripiscidos del gnipo de los
platid&ctilos con el g-^nero nuevo Dendrophryniscns, y la espe-
cie nueva brevipollicattiSj del Brasil. '

En 1882 se public6 por Boulenger la segunda edicidn del
«CatAlogo de los batracios saltadores del Museo Brit&nico», en
el cual se describen 800 especies. Se dividen en fanerog*losos
y aglosos. Los faneroglosos tienen dos series: fimisternos, con
cuatro familias, y arclferos, con ocho. En los aglosos s61o hay
dos.

Se ban confirmado casi todos los descubrimientos publica-
dos por el Sr. Espada, supuesto que figuran en dicho «Cat&lo-
go» los g^neros y las especies siguientes:

Faneroglosos fimisternos.

Hilyxalus Espada.
bocagei Espada. — Ecuador.
fuliginosus Espada. — Ecuador.
Hasta la fecha no habia m^s conocidas en el g6nero.

Phyllodromus Espada.
puIcAelltcs Espada.— Ecuador,
llnico del g6nero.

Faneroglosos arciferos.
Centrole7ie Espada.
geckoideum Espada.— -Ecuador.
Unico del g^nero.

Hylodes Fitz.

galdii Espada. — Ecuador.

cormttus Espada.— Ecuador, Colombia.

verrucosus Espada.

philippi Espada.

diadematus Espada.

rubicundus Espada.

lacrimosus Espada.
CeratopArys Boie.

leyboldii Espada. — Norte de Chile.
Bdalorhina Espada.

perezii Espada. — Ecuador.
Una de las tres especies del g6uero.



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(»3) Martinez y S^ei.— nota biografica. 219

Leptodactylus Fitz.

labrosus Espada. — Ecuador.
Borborocoetes Bell.

hidalgoi Espada. — Chile.

qu%a:eims Esjjada. — Ecuador.
Dendrophryniscus Espada.'

brevipollicatus Espada.— Rio Janeiro.
Unico del g^nero.

Fn^ystomaps Espada.
stentor Espada. — Centro America, Colombia, Ecuador.
petersii Espada.— Este del Ecuador.
Dos de las tres especies del g^nero.

Hyla Laur.

reticulata Espada. — Ecuador.
Nototrema Sthr.

testudineum Espada. — ^Ecuador, Peni.
Una de las cinco de su genera.

Ceratohyla Espada.
probosddea Espada.— Ecuador.
bubalus Espada.— Ecuador.
palmarum Espada. — Ecuador.
braconnieri Espada. — Ecuador.
Cuatro de las cinco del g^nero.

No menos que los descubrimientos de nuevas especies son
de interns los relativos h. las costumbres de los batracios, y
principal mente las refe rentes k los cambios 6 metamorfosis
que experimentan hasta llegar k adultos, una vez fuera del
huevo, pues no es sino accidental y acaso debido k influencias
del calor 6 del estado el6ctrico del aire saturado de humedad
que generalmente reina en los bosques tropicales, el que al
salir de sus huevos aparezcan en su forma adultay de tamafio
microsc6pico, y casi todos k un tiempo, como se confirm6 en
el Hylodes martinicensis Tschudi.

Pero lo que indudablemente reviste una importancia except
clonal es el descubrimiento del Sr. Espada en la reproducci6n
del Rhinoderma Danvini, D. et B. de Valdivia (Chile), que le
permiti6 deshacer la incalificable ligereza con que Gay, en su
Histoina de Chile, supuso que las hembras de esta especie son-



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im ANALES DE HISTORIA NATUUAL. (l-tl

<»,nterameiite viviparas, lo cual ha descaminado el exacto co—
nocimiento de sus funciones reproductoras y de sus analog-ias
fisiolog-icas, que no son, con los urodelos y ipodos, 6rdenes de
su clase, sino con la de los peces.

En la i'eproducci6n del HA. Darmni quedaron sentados por
el Sr. Espada como hechos exclusivishnos, sing-ularisimos has-
ta hoy en los vertebrados, la raanera de encarg^arse los machos
de la prole y de cumplir con el encargo, convirti6ndose su saco
bucal aereo en recept^culos proliferos 6 incubadores, como la
membrana branquiosteg'a y cavidad branquial de los peces del
g6nero Geophagus Heckel.

•Comunic6 estos descubrimientos k esta Sociedad en 1872
(Analks, tomo I, p. 139), y tambien hablo de ellos extensamen-
te en 1875 (Viaje al Paclfico, Batracios), haciendo descripcion
de los ejemplares soraetidos a su examen.

Bien puede asegurarse que las descripciones minuciosas de
las especies publicadas por el autor son modelos acabados de
m^todo y dan la medida de la perfecci6n k que en estos estu-
dios puede llegarse, y no solo en lo referente al exterior, sino
en lo relativo al esqueleto, que siempre de importancia en los
vertebrados, tiene en los batracios curiosidades que llaman la
atenci6n y han servido mucho para la distincion de las fami-
lias, tan dificiles de forraar y caracterizar en un grupo de for-
mas variadas, al mismo tiempo que era posible referir todas
ellas en examen ligero, cuando se conocian pocas -especies, k
tres 6 cuatro tipos principales, cual sucedi6 en las clasificacio-
nes anteriores k los trabajos antes mencionados.

Tiene el Sr. Espada presentado a esta Sociedad el manuscri-
to «Examen descriptivo del grupo de los Hemiphractusy-)^ en el
oual se hacen consideraciones muy atinadas y se dan descrip-
ciones de cinco de las ocho especies de los hemifrictidos, fa-
milia correspondiente k los batracios saltadores.

En la segunda edici6n del cat^logo de batracios del Museo
Britanico, marchadores 6 urodelos y apodos, publicada en 1882,
Boulenger describe 101 especies de los primeros, cuyo niimero
es mucho mayor que el de 63 inscriptas por Gray en la primera
edici6n en 1850 y las 58 por Dumeril y Bibron en 1854. En el
mismo catalogo estan descritos 32 Apodos. Se admite como
buena la especie Urotropu platensis, Espada (Anales de la So-
ciedad E'spa/lola de Historm Natural, t. iv., pag. 70), pero esti



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(15) Martinez y Saez. — nota bioorafica. 22)

colocada en el g6nero Plethodon^ Tschudi, que comprende
otras seis formas, todas de Norte America, cuya circunstancia
hace notable este descubrimiento.

Encargado de dirigir, como ayudante del Museo de Ciencia&
Naturales, la conservaci6n de las colecciones vivas de anima«
les existentes en el Jardin Bot&nico, y que mis que suprimir-
las de repente hubieran debido mejorarse, por ser el linico en-
sayo bien dirigido de Jardin de aclimataci6n en esta capital,
adquiri6 el Sr. Jim6nez de la Espada afici6n k tan interesante
aplicaci6n de la Zoologia y no la olvid6 en America; pero coma
reclama grandes recursos, hubo de limitarse particularmente
k xin ensayo relativo k las especies de los paises templados
sud-americanos, de clima tan seraejante al nuestro, que, da-
das las circunstancias, qued6 reducido k la introducci6n en
Espafia del huanaco, carnero y oveja de Chile, liebre de las
Pampas, tatuejo, cisne de cuello negro, etc., puesto que la de
otras especies de climas c&lidos no dieron el resultado apete-
cido, y casi todas murieron antes de llegar k Europa 6 k Es-
paila.

Por Real orden de 26 de Junio de 1866, se habia dispuesta
fuese nombrado Catedrfitico supernumerario de la Facultad de
Ciencias, y al suprimir por reforma este puesto, se le conserv6
el derecho de aspirar k las ventajas inherentes k 61 por Real
orden de 25 de Febrero de 1867, manteni^ndole siempre la
consideraci6n de Ayudante del Museo de Ciencias Naturales.

En atenci6n k sus conocimientos, y sin que mediara preten-
si6n por su parte, se le nombr6 Juez de oposiciones k c&tedras
de Historia Natural, Entomologia, Antropologla, k plazas de
archiveros, etc., etc.

Muchas son las comisiones que desempeii6, unas oficiales y
otras de Corporaciones cientificas; asi es que fu6 individuo de
la encargada de redactar las memorias del Viaje al Pacifico
en 1866, de la propuesta para mejorar el Gabinete de Historia
Natural y Jardin Botinico en 1873, de la formada para utilizar
documentos hist6ricos existentes en el Ministerio de Ultramar
en 1876, Auxiliar de la redacci^n de una Colecci6n diplom&-
tica espaftola en 1883, Vocal de la Comisi6n de limites entre
las Republicas de Venezuela y Colombia en 1887, Delegado
oficial del Gobierno, de la Real Academia de la Historia y de
la Sociedad Geografica en los Congresos de americanistas de



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•i22 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (J6)

Bruselas en 1879, de Madrid en 1881, de Turin, de Berlin
en 1888 y Paris en 1890, y en el mismo de su Comisi6n de or-
ganizaci6n. Vocal de la Comisi6n nombrada por la Sociedad
Geografica para informar sobre la carta de Chao en 1882,
Auxiliar Delegado t^cnico en la Exposici6n hist6rico-ameri-
cana de 1892 verificada en 6sta.

En 1872 fu6 fundador de la Sociedad espanola de HistoY-ia
Natural, y su Presidente en 1895.

Nombrado Acad^mico corresponsal de la de Ciencias Natu-
rales y Artes de Barcelona en 1873, Socio fundador de la So-
ciedad Geografica de Madrid en 1876, y honorario en 1882,
miembro de la Asociaci6n espa£ioIa para la Exploracion del
Africa en 1877 , de la Sociedad americana de anticuarios
en 1882, electo de niimero de la Real Acadeinia de la Historia
en el mismo ano, miembro honorario del Ateneo y Correspon-
diente de la Sociedad Geogr&fica de Lima, de la Sociedad ber-
linesa de Antropologla, Etnologlay Prehistoria en 1891, electo
numerario de la Real Academia de Ciencias exactas, fisicasy
naturales en 1893, de la Sociedad de Americanistas de Paris
en 1896, Correspondiente honorario de la Sociedad Real de
Geografia de Londres en 1898, etc., ejc.

Tampoco dese6 ni menos pretendi6 honores y condecora-
ciones; pero era Comendador ordinario de la Real Orden Ame-
ricana de Isabel la Cat61ica (1866), Jefe superior honorario de
Administraci6n libre de gastos (1882), oficial de Instruccion
piiblica de Francia; tenia medalla de honor expresamente
acuuada en oro, personal y extraordinaria del Gobierno del
Perii, en recompensa k sus trabajos historicos de aquella re
piiblica por decreto de 5 de Diciembre de 1892, en el cual se
dispone la entrega al interesado por el enviado extraordina-
rio y Ministro plenipotenciario de la Republica en Madrid.

No es posible, hoy m&s que nunca, el adelanto de las cien-
cias naturales sin muchos recursos, y entre nosotros son exi-
guos para ello los oficiales, ni hay afici6n k ellas por los par-
ticulares, ni donaciones de los pudientes 6 magnates, come
sucedi6 cuando en otros siglos fundaron nuestros Colegios y
Universidades, y por el contrario el mal ejemplo dado al apo-
derarse el Estado hace pocos aiios de sus propiedades no es,
ciertamente, estimulo para incitar k los que pudieran ser do-
nantes. En otras naciones, y principalmente en una de cuyo



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<'"') Martines y Saez.— nota biografica. 223

nombre no debemos acordarnos, los muchos que s61o piensan
en los viles intereses redimen frecuentemente el mal de acu-
mularlos cin^eparar en medios, desprendi^ndose k veces de
considerables cantidades para favorecer en sus necesidades &
sus semejantes, y lo que es m&s notable, para favorecer el
desarrollo de ciencias 6 conocimientos, en los que parece no
deberian tener interns siendo k ellos extranos. Con sus estu-
dios contribuy6 no poco el Sr. Jimenez de la Espada k reme-
diar. este abandono en que hoy tenemos k las ciencias natu-
ral es.

Nos ha de ser sensible la p6rdida del que, por su cultura va-
riada, cual corresponde k una intelig'encia que no so acomoda
al litil aunque kvido campo de las especialidades, contribuyo
en varios conceptos al cultivo de muchos conocimientos, y
principalmente de aquellos que demuestran no fuimos lo que
hubo empeno en hacernos en falsas historias de los extranje-
ros, ni en ciencias 6ramos tan atrasados, ni relativamente lo
seriamos hoy si hubi^ramos seguido disfrutando los medios
donados para la ensenanza en pasados tiempos.

Guardemos grata memoria de nuestro entusiasta consocio,
buen amigo y cariiioso compaftero.



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ESTUDIOS PUBLICADOS

PO(t EL SE5}uR

D. MARCOS JIMENEZ DE LA ESPADA.



Algunos datos nuevos 6 curiosos acerca de la fauna del Alto Amazonas

Madrid, 1870. En 8.^ 27 pdgs.
Fauna neotropicalis , species qusedam nondum cogiiitse. Lisboa, 1870.

(Jam, de Scienc. Mathem., Phys. e Natur.^ n** ix.)
Datos para la historia del Jardfn Botdnico. Madrid, 1872. (Av. de la 8oc.

B8P. DB Hist, kat., tomo i, Actaa, p&g, 7.)
£1 voldln de Ansan^o, con un mapa, Madrid, 1872. (Ak. de la Soo. csp. de

Hist, nat., tomo i, pAg. 49.)
Noticia de un trabajo ic^dito de Mutis sobre hormlgas y comejenes ame-

ricanos. Madrid, 1872. (As. de la Soc. esp. pe Hist, nat., tomo i, ActaSt

P^g.31.)
Noticia sobre borradores originales de la RelaciSn del viaje al Peru y

Chile, extractada de los Diarios de D, Hipdliio Ruiz, Madrid, 1872.

(An. db la Sou. esp. de Hist, nat., tomo i, Adas, pig. 8.)
Nuevos batracios americanos. Madrid, 1872. (An. de la Soo. esp. db Hist.

NAT., tomo I, pdg. 86.)
Sobre la reprodacci6n del Rhinodtrma Darwini. Madrid, 1872. (An. db la

Soc. ESP. db Hist, nat., tomo i, pAg. 139.)
Sobre el sentido que debe darse d la palabra zebra, que consta en antiguos



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