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Anales, Volume 27 online

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en el lado derecho que en el izquierdo. Este hecho es un argu-
anento podero^ en contra de los que suponen candidamente
todavia que s61o en el lado izquierdo es donde reside la funci6n
del lenguaje.

Cabo. — Esta parte, denominada triangular por Schwalbe,
^tendiendo k la constancia de su forma, y que nosotros llama-
mos comunmente cuerpo, ofrecla casi siempre dos partes bien
distintas en los hemisferios que hemos examinado; una laver-
daderamente triangular, inferior y posterior, que constante-
mente ofrece por su base 6 borde superior dos anast6mosis,
superficiales 6 profundas (m&s frecuentemente superficiales y
gruesas), con F^, y una depresi6n intermedia continua con/^;
y otra porci6n siipero-anterior, m&s ancha y lobuloide que la
infero-posterior, y que es la que constantemente se anastomosa
por uno 6 dos puntos (m&s frecuentemente por uno), con F^ 6
la parte superior de F'^ por el intermedio de los pliegues anas-
tom6ticos transversos li oblicuos y angulares descritos en F^.

En el seno de la parte de estos pliegues que corresponde k F^,
ha descrito Eberstaller un surco estelar; pero este surco, que
•como tal estrella y de tres radios s61o lo he visto tres veces, es
una parte de /* limitada por los pliegues anaslom6ticos di-
<5hos, y completada por algunas incisuras oblicuas, que ofrecen
las partes adyacentes de F^ y F^,

Cabeza. — Es la parte m&s fija y la que m&s se aeomoda, por
lo mismo, k la disposici6n descrita por todos los tratadistas.
Alguna vez, sin embargo, la he visto sinuosa, otras con inci-
suras miiltiples que abocaban k la cisura de Sylvio, lo mismo
que las que tambi6n existen frecuentemente en el cabo, AaciSn-
doleverdaderamente doble en ciertos casos i^v. niim. 38), y corres-
pondiendo en estos y en otros, k los detalles que caracterizan
el tipo de cerebros que calificamos de confluentes en cisuras,
por las numerosas y extensas comunicacionesque existen entre
ellas.



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326 ANALES DE HISTORIA NATURAL. l'30>

Se dice, generalmente, que es la cabeza la parte mAs desen-
vuelta, la que primero se desarrolla y la que choca mis en el
embri6n, el feto y ciertos sujetos. Nosotros hemos comprobada
en los cerebros de nifto que hemos examinado, que eran mu-
cho m&s reducidos, relativamente, de tarnano la cabeza y el
cabo, que el pie.

Ig'ualmente son muy pocas las F^ pequeftas que hemos en~
contrado; califico asi las que noocultaban laislapor complete,
que no fueron mis que 5 entre las 60 examinadas; y de este
modo veo comprobada la opini6n de la mayorla de anat6micos,
sobre la frecuencia de las P^ voluminosas, en los cadiveres
que ingresan en las salas de diseccl6n.

Finalmente, he visto completamente desdoblada k F^ en la
cara externa, en tres casos; 6 iniciado este desdoblam lento per
duplicidad de la ralz, en otros tres; mas realmente dada la dis-
posici6n de la circunvoluci6n supernumeraria, siempre he
encontrado razones para asimilarla mis bien i F'^ que i F*,
pues con esta no tenia de comiin mis que el origen. Aderais,
en la cara inferior nunca la he visto doble; en cambio no hay
que dejar de tener en cuenta que son perfectamente admisi-
bles indicios de tres circunvoluciones en la regi6n orbitaria
dei^«.

Surcos del Idbulo frontal.

Los destinados i separar, unasde otras, las circunvoluciones
que me han ocupado hasta aqul, se han concebido idealmente,
por los anat6micos clisicos, de un modo muy diStinto de como
se ofrecen fen realidad; se comprende, sin embargo, que tra-
tindose de cerebros muy sencillos tengan una representaci6n
mis parecida i la que se considera como tipica. Caben entre
estos surcos, el pre-rolindico, el central del lobulillo orbitario
6 surco en R, el frontal primero. 6/> +/o' y el frontal segun-
do, 6 /* -f- /o*; todos son surcos compuestos de otros varios, y
yo he de exponer sobre ellos la descripci6n que se deriva de
mis observaciones.

Surco pre-roldndico.—En la mayorfa de los casos esti forraa-
do de tres porciones; se observa, con cierta frecuencia, partido j
en cuatro segmentos 6 solamente en dos, y por excepci6n es
un surco linico y continue costeando todo el Umite anterior



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Oi) Pelaea VillegaB. - ciRCUNvoLucioNES cerebrales. 387

de Fay 6 esti compuesto de m&s de cuatro porciones. Se com-
prende bien que est6 dispuesto del modo indicado, recordando
lo que hemos dicho sobre el origen de /^*, F'^ y F^, Ordinaria-
mente hay dos ralces para F^, otras dos para ^y una para^';
y es por esto por lo que cabe admitir compuesto el surco pre-
rolandico de una primera porci6n entre las dos raices de F^,
otra entre F^ y F*, otra entre las dos raices de F* y otra entre
j^% y F^. Mas la primera de las citadas porciones, corresponde
casi al borde sagital del hemisferio; suele ser, aunque cons-
tan te. una depresi6n superficial, irregular y con forma algo dis-
tinta de la del verdadero surco, y ningiin anat6mico la mencio-
na como perteneciente al pre-rol6ndico, k pesar de que no es
m&s precoz que ella, ni m&s profundo ni inks fijo, el denominado
surco pre-roldndico superior, que corresponde & la segunda de
las porciones citadas; aparece al s^ptimo mes intra-uterino, es
cortical secundario en la clasificaci6n de Pansch, y falta en los
monos inferiores, segiin Charpy.

La tercera porci6n se confunde con la cuarta por todos los
anat6micos, bajo la denominaci6n de surco pre-^oldndico infe-
rioTy porque la ralz inferior de F^ la consideran nacida m&s
frecuentemente de F^ los que la admiten como normal; pero
ya dejamos dicho que hemos observado con mayor frecuencia
su origen en Fa; lo que pasa es que dicha ralz inferior suele
ser mis profunda que la superior, raz6n por la cual el surco
inter-radicular de F^ y el que hay entre F^ y F^ resultan apa-
rentemente continuos; son igualmente profundos y mis pre-
coces que el superior, pues aparecen al sexto mes intra-uterino
y existen, segiin Charpy, en todos los monos. Son, pues, cor-
ticales primarios en la clasificaci6n de Pansch.

El hecho de dirigirse hacia arriba F^ y F^ en la primera
parte de su trayecto, el codo que suele formar F^ poco despu^s
de constituirse su cuerpo y las anast6mosis que normalmente
existen en esas primeras porciones entre F^ y F^ y entre F^
y F^y aisla por completo en muchos oasos todo el conjunto de
surcos pre-rolindicos de /i, /* y /* cuando existen; otraa
veces/^ se continiia con los surcos pre-rolindicos superiores
y P con los inferiores (esto liltimo es mis frecuente); y en
alguna ocasi6n , por liltimo, dichos surcos pre-rol&ndicos ter-
minan por arriba en la cisura sub-frontal 6 unidos al surco pre-
ovalar; y, por abajo, en la cisura de Sylvio, ya por existir el



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928 ANALES DE HISTORIA NATURAL. C»>

surco que divide la raiz de F^, ya por haber adquirido mayor
extensi6n de la normal el surco diagonal.

Surco central del lobulillo orbitario, — Doy este nombre al que
comunmente se designa con el de surco en H, por haberse
observado con esta forma en los dos tercios de los casos en el
liombre adulto y, constantemente, en el feto y en los monos
amerlcanos, segdn Giacomini. Se considera comoun surco fijo
y de aparici6n precoz (sexto mes, segiin His y Pansch, que le
colocan entre los corticales primarios de su clasificaci6n) y le
ban denominado tambi6n cruciformey trirradiado, orbitario, etc.

Puede considerirsele, hasta cierto punto, como paralelo 6
semejante al pre-rol&ndico; pues al cabo, aunque incompleta-
mente, parece destinado k limitar, por lo menos, la mayor
parte de la extremidad intero-inferior de F^.

Ofrece una porci6n de formas; por mi parte pucdo decir que
es menos fija que las dem&s la considerada como normal por
la mayoria de los tratadistas. La rama transversal que, segiin
Giacomini, falta en el macaco y muchas vefces en los monos
antropoides, la he visto tambi6n ausente en muchos de los
cerebros que he examinado; en 6stos y en otros el surco orbi-
tario presentaba formas diversas y no susceptibles en su mayo-
ria de reducir k tipos conocidos; existlan, sin embargo, los
tipos en K, en T, en X, etc. (V6anse las figuras de este trabajo
que representan la cara inferior del cerebro.)

Surco frontal primero. — Se admite compuesto, segiin he
dicho, por P y fo^; pero este liltimo, 6 mrco ol/atorio, es la
parte m&s fija del espacio que separa lo considerado como F^
de lo tenido por /^*. Esto, no obstante, le hemos visto ofrecer
en algunos casos las disposiciones tenidas por los anat6micos
como sus variedades mis frecuentes: ser oblicuo hacia ade-
lante y adentro hasta llegar al borde sagital 6 i un punto muy
pr6ximo y establecer continuaci6n por uno 6 varios puntos
con la rama externa del surco central del lobulillo orbitario.

La porci6n dorsal 6 /* estk constantemente interrumpida,
dos, tres 6 m&s veces, y aun transformada en otros tantos sur-
€os oblicuos, al nivel del tercio anterior de la cara externa,
donde tambi6n le hemos visto alguna vez unirse kj^. Esta
disposici6n se explica perfectamente por la existencia cons-
tante en la mencionada regi6n de los pliegues anastom6ticos
que sustituyen & ^* y que consienten en algiin caso que/* se



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("58) Pelaez Villegas. — circunvoluciones cbrebrales. 329

abra en el surco frouto-marginal, lo cual no he visto nunca
para/o'; concuerdan, pues, en esto las observaciones de Gia-
comini con las mias.

Surco Jrontal segmido. — En su porci6n titulada/* se dispone
de modo mny an&logo k /^, por igual raz6n que existia para
este. Por lo dem&s, gracias h. su continuaci6n con la porci6n
inferior del pre-rolindico, k la disposici6n de F^ y F^ en la
primera parte de su trayecto y al surco que separa los dos pri-
meros pliegues anastom6ticos entre las citadas circunvolucio-
nes,/* y los surcos con quien se continiia ofrecen en muchos
casos una forma en II ya observada por numerosos anat6mi-
cos. A continuaci6n de esta H y sustituy6ndola en parte cier-
tas veces, he visto existir como verdadera porci6n de /^ el
surco estelar de Eberstaller referido por este autor k la parte
intero-superior del cabo de F^,

A /o* le pasa algo semejante k fo^ en cuanto k fijeza y ex-
tensi6n.

Nos faltan numerosas observaciones para poder establecer
conclusiones definitivas sobre la interpretaci6n del tipo cua-
ternario en las circunvoluciones del 16bulo frontal y aun para
la de todo lo relativo k la morfologla cortical de 6ste; de una
parte, el tipo cuaternario tipico s61o lo hemos observado un
•contado niimero de veces, y por otro lado no se nos ocultan
los reducidos limites de la serie sobre que se funda este tra-
bajo. Pero contando con esta aclaraci6n previa y sin negar
que nuestra opini6n es contraria k la de Benedikt (1) y favora-
ble un tanto k la de Giacomini (2) sobre el mismo asunto,
cqnsideramos verosimiles las hipot6ticas ideas que vamos k
exponer:

Creemos con Giacomini que el 16bulo frontal constituye un
agregado de ctrcunvoluciones cuya disposici6n morfologica
ofrece mis tendencia k variar en sentido progresivo que en
sentido regresivo, y creemos tambi6n que el tipo cuaternario
fie encuentra casi coustantemente bosquejado por la muy fre-
-cuente existencia de/'. Pero adem&s se nos ocurre que cada



(1) Este autor ha supuesto que el tipo cuaternario de las circunvolucioQes fronta-
le« era caracleristico del cerebrode los crimi Dales. (Bbnbdikt: /I na/omJ^cA^ SUtdien
An VerbrecAer-Oehirnen. Wien, lffI9.)

(•2) v. OiACOUiNi: Varieta delle Cireonvolusioni, 1882.



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330 ANALES DE HISTORIA NATUR/.L. C^)

una de las tres circunvoluciones Antero-posteriores general-
mente admitidas, y muy particularmente las dos primeraSy
representan k su vez cada una un pequeno grupo de circun-
voluciones: la existencia de los surcos supra-orbitario y meti-
pico, la de los longitudinales de la cara externa de F^, la de/^
y sus derivados, las miiltiples ramas de F^ y las tres lengtletas
en que termina al formar el surco orbitario, autorizan para
pensar en la constituci6n binaria 6 ternaria de F^ y en la
misma ternaria li otra superior para F^.

Por otra parte, se comprende bien la inmensa suma de varia-
clones y variedades individuales que sorprende nuestra aten-
ci6n al observar la corteza cerebral; que adem&s desde el punto
de vista fisiol6g*ico est&n mks justificadas aiin para el 16bula
frontal que para otros territories: el tipo humane se halla
seguramente en estado actual de variaci6n; asi lo demuestran
al menos cuantas observaciones se efectiian sobre cualquiera
de las uumerosas regiones de su organismo; buscar una forma
tipica y creer que alrededor de ella girariin todas las dem6&
susceptibles de observarse, lo consideramos vano empefio;
podri hallarse el tipo de la familia, de la profesi6n, de la cons-
tituci6n, del temperamento; de la localidad, del g6nero de
vida, etc., etc., pero el tipo morfol6gico detallado y minucioso
de la especie, ese serd siempre ideal 6 hijo de meros conven-
cionalismos escol&sticos.

Por fin, volviendo sobre la constituci6n del 16bulo frontal y
la disposici6n de sus circunvoluciones, no debe olvidarse que
si la corteza de cada hemisferio se extendiese, se encontrarfa
seguramente una circunvoluci6n limitante 6 perif6rica que
formaria realmente su limbo, y que el gyrus recto, el trigono
olfativo, el desierto olfativo y toda la regi6n considerada
como F^y formaria parte de ese limbo; no hay que olvidar
tampoco que las circunvoluciones transversales al eje del
hemisferio son justamente consideradas como signo de perfec-
cionamiento; que el surco fronto-marginal es muy profundo y
aparece continue en algunos cases con la cisura de Sylvio^
que el surco del lobulillo orbitario, el pre-rol&ndico inferior/*
y algiin otro, son relativamente precoces, y, en fin, que dentro
del 16bulo frontal pueden caber lobulillos secundarios.



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a&) Pelaes Tillegas.— circunvolucionbs cbrebralbs. asi

III.

l6bulo parietal.

La nomenclatura de Broca ha venido en 6sta, como en otras
regiones de la corteza cerebral, k ordenar los conocimientos
morfol6gicos que se poselan.

Piff. 16.



Extremidad frontal de uq eerebro en el que es muy evidente la dispoaicidn rostral
por la eaal resultan bastante oblicaos loa surcos fronto-marginalee.



Oirciinvolucidn parietal ascendente.

Por iguales razones que la frontal ascendente ha sido deno-
minada de modo anilogo k 6sta: post-roldndica, central poste-
rior, parietal tercera, etc.

Sintesis de nuestras obaervacumes, — 1, 2 y 3. Aunque flezuosa, es m^
rectiHnea que Fa; tiene algonos sorcos oblicaos y pantos eetrechos y
anchos, coincidieodo estos liltimos coc el origen de las otras circonvolu-
clones parietales.

4. No tiene mis que ana inflexi6n caya conyezidad corresponde al
sareo interparietal: en sus extremidades se abalta hacia atr^ tomando en
eon janto la forma de E.

6. Estd diyidida en tres porciones por dos estrecheces sitnadas en la



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1



8« ANALES DE HISTORIA NATURAL. <"»)

nni6n del tercio inferior con el medio y de ^ste con el superior. La^nferior
tiene forma de pirdmide triangular con la base hacia abajo. La central es
prismdtica con la cara externa rectangular. La superior yuelve d ser pira-
midal, de base sdpero-interna. £1 puuto intermedio i las porciones infe-
rior y central, es muy estrecho, tiene d lo sumo Vf nam., y es tambi6n
corto. El que une las porciones central y superior, ofrece doble extension
y espesor.

6 al 15. Tienen cuatro inflexiones y nada ofrecen de notable, distinto
de lo ordinario.

16. Tiene dos puntos estrechos que permiten dividirla en tres segmen-
tos: de estos el m^ extenso corresponde i.los dos cuartos centrales.

17 y 18. Nada ofrecen de notable, distinto de lo ordinario.

19. Es tan compleja que su descrlpci6n detallada y exacta es dificil.
Su figura, sin embargo, puede reducirse d la de la cisura de Rolando, con
varios surcos de distintas (^irecciones.

20 y 21. Mucbo mds estrecha y menos desenvuelta que Fa,

22 al 26. Nada ofrecen de notable, distinto de lo ordinario.

27. Se compone de tres partes: dos extremas triangulares y una cen-
tral en forma de 3.

28. Nada ofrece de notable, distinto de lo ordinario.

29. Tiene la forma de doble 8.

30. Nada ofrece de notable, distinto de lo ordinario.

31. Ofrece un surco longitudinal que la parte en otras dos. Haciendo
abstracci6n de este surco post-roldndico, podria inter pretarse como muy
delgada y sinuosa.

32. (Homotipo del 31.) £s sinuosa y delgada. Estd partida en dos mi-
tades continuas cada una con la circunvoluci6n parietal superior ^ infe-
rior, respectivamente.

33. Tiene tres porciones: superior ^ inferior, triangulares y central
semi-OYoidea. La inferior tiene en su centre un surco de tercer orden.

34. No ofrece nada notable, distinto de lo ordinario.

35. Tiene una porci6n superior en forma de E; y otra que corresponde
al tercio inferior de su extensi6n en forma de C.

36 y 37. Gomo el 34. \

38. Es una doble 8.

39. Gomo el 34.

40. Tiene la forma de E muy abierta.

41. Tiene la forma de E ligeramente modificada.
42 y 43 (nifio). Tiene la forma de S,

44. Es muy irregular. Empieza por una comisura roldndica inferior
muy gruesa: tiene una porci6n inferior romboidea, se abulta considerable-
mente en sus dos cuartos centrales y tormina por arriba en una porci6n
delgada.



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OT) Pelaez Villegas. — circunvoluciones cerebrales. 38»

46. (Homotipo del 44.) Delgada con forma en E, igaal & la de C, de
Rolando.

46. Semejante 6 Fa. En la mitad superior tiene forma de £> y en la
inferior forma de 8.

47. (Homotipo del 46.) Paede dividirse en tree partes: la superior es
comparable 6 on 2 invertido, la central d nn 3 y la inferior & una C.

48. Ofrece cuatro porciones, qae de arriba i aba jo son: 1.*, cuneiforme
y lobalillar; 2.*, en forma de C; 3.*, triangular muy estrecha, y 4.ft, cunei-
forme como la primera.

49. (Homotipo del 48.) Es algo semejante & la anterior, pero la porci6n
conformada k modo de C es mds extensa; la superior no es cuneiforme
sino semicircular, y la inferior es muy delgada.

50 y 51. (Son homotipos.) Su forma es andloga, compleja y muy diffcil
de predsar detalladamente.

62. Esti conformada como una doble S.

63. (Homotipo del 62.) Muy flexuosa, pero diferente de la anterior.

54 y 56. Comparables & Fa. Mds delgada la derecba que la izquierda y
divisibles ambas en tres porciones : la superior y la inferior son lobulilla-
res; la central es menos roluminosa.

56. No ofrece nada notable, distinto de lo ordinario.

57. Tiene tres porciones : I^ superior y la inferior son triangulares, la
inferior es romboidea.

58. Ea irregular, delgada, con una porcidn superior sinuosa y otras dos
central ^ inferior piramidales.

59 Es mds delgada que Fa, S6lo en el tercio inferior, iguala & ^sta en
ancbura; en esta region forma nn lobulillo independiente con una faceta
triangular en el centro. En el tercio medio constituye una porci6n semi-
lunar. En el tercio superior forma otra semilnna, algo raodificada; unidas
estas dos porciones superiores, forman una especie de E,

60. Es muy semejante d la del niimero anterior aunque no es homoti-
pica; bay lobulillo con faceta triangular en el tercio inferior.

Deducciones. — Se ve per lo expuesto que la circunvoluciou
parietal ascendente tiene cierta semejanza con la frontal ascen-
dente, y que de la morfologla y direcci6n de una y otra se de-
rivan, como ya dije, todas las variaciones y variedades de la
cisura de Rolando. En efecto, Fa y Pa^ por su continuidad,
por su di8posici6n paralela y por alguna otra raz6n, podrian
estimarse, sin violencia, como un solo lobulillo separatorio del
frontal y el parietal.

No obstante lo dicho, de nuestras mismas observaciones de-
diicense algunas peculiares de Pa.

1.* Es constantemente flexuosa, pero sus flexuosidades se



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884 ANALES DE HISTORIA NATURAL. W

disponen de varias maneras. En la mayoria de los casos hace
inflexiones alternativas hacia adelante y atras en numero
variable, cuatro en total por lo comiin, y recordando la dispo-
sici6n considerada como normal para la cisura rol&ndica. Bn
otros cerebros adopta formas especiales, susceptibles de reda-
cir & ciertos tipos: la hemos visto cuatro veces en forma de E;
cinco en forma de S simple 6 doble y una en forma de 3 doble.
Por liltimo, algujias veces se dispone de un modo tan com-
plejo, que es muy diflcil describirla: en estos casos, de los cua-
les nosotros hemos observado tres, la forma y direcci6n de Pa
no pueden referirse 4 tipos conocidos.

Fig. 17.



Vista anterior superior de un cerebro en el que eran muy notables las anastdmosiB
transversales de las circunvoluciones frontales.

2.' Su grosor no esimiforme: se ofrece en unos casos muy
ancha, mfts frecuentemente muy estrecha, y por lo comiin con
estrecheces y ensanchamientos alternativos que la hacen sus-
ceptible de dividirse unas veces en dos porciones (3 por 60) y en
otros casos en tres porciones (12 por 60). Estas porciones ad-
quieren formas determinadas : entre ellas domina la triangu-
lar y se observan en ciertos ejemplares la ciitica, la sinuosa, la
lobulillar y algunas otras mds excepcionales y susceptibles de
comparar con una E, un 3, un 2, un rombo, un rectdngulo, etc.

3.' En Pa se observan tambi6n con cierta frecuencia, sur-
cos de tercer orden 6 incisuras que ya corresponden al borde



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<T9) Pelaez Villegas. — circunvoluciones cerebealbs. sk

anterior, al posterior, 6, por el contrario, se ven en el espesor
<ie algunas de sus porciones sin comunicaci6n con ninguno de
los surcos pr6ximos, y contribuyendo en estos casos A la dis-
posici6n lobulillar que heraos indicado.

4/ Mencionaremos como una variedad interesante el hecho
-de ser doble la circunvoluci6n que nos ocupa, por la presencia
-en su espesor de un surco longitudinal y paralelo al de Ro-
lando. Calori la ha visto asi en dos sujetos, y nosotros conta-
mos una observaci6n de esta misma disposici6n.

Fig. J8.




Vista pdstero- superior de un cerebro en el que loe 16bu1oB occipiUles son sencillos
en 0* y O* y notablementa complejos en O'.

Cirounvolucidn parietal primera.

Debe recordarse que tiene cierto paralelismo morfol6gico
con F^ por ser visible en las caras externa 6 interna del hemis-
ferio, y constituir respectivamente los denominados lobuUUo
parietal superior y lobuUllo cuadrildtero 6 preciina.

Sintesis de nuesiras observaciones. — 1. Arranca por dos laices de Pa. La
niz superior corresponde exactamente al borde superiot del hemisferio por
delante de la terminaci6n de la cisura sab-frontal; la raiz inferior empieza
-2 cm. por debajo de la superior. Una vez reunidas estas dos raices, queda
formado en la cara externa un lobulillo piramidal, cuyo v^rtice viene 6,
<x>rresponder al labio anterior de la incisura sagital existente en la cisura
parieto-t^mporo-occipitaL Por la cara interna, forma la precufla que con
«1 surco-sub-parietal y los dos pliegues parieto-Hmbicos, da lugar d la



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396 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (80)

formaci6n de un Burco en forma de H 6 K. El lobulillo parietal sapeiior
tiene dos surcos dntero-posteriores situados en la ba8e de la pirAmide que
figura. Exifite ademds an surco transverso sobre el mismo borde superior
del hemisferio, el cual alcanza d los lobalillos cuadrilAtero y parietal
superior.

2. Tiene tres mlces: una nace en Pa; y las otras dos parecen pariir de
la porci6n inicial de P* y parte mds anterior del surco inter-parietal.

3. Tiene tres rafces y se anastomosa cerca de su v^rtice con P*.

4. £s muy pequefia, nace por dos ralces muy pr6ximas, se anastomosa
con P*, mediante dos pliegues, uno anterior, profundo y estrecbo, y otro
posterior grueso y superficial, y ambos situados en el surco inter-
parietal.

6. Arranca por dos rafces, interna y siipero -externa, de la porcic^n
superior de Pa. Tiene un cuerpo muy estrecbo y se anastomosa tres veces
con P*.

6. Tiene dos rafces y parece doble, continuAndose cad a una de las dns
mitades con cada una de las dos que son admisibles casi constantemente
en la precufia. E) lobulillo parietal superior tiene dos surcos longitudina-
les y muy cortos en la parte media.

7 y 8. Tienen dos anast6mo8is con P\ profunda la primera y super-
ficial la segunda. En lo demds se comportan como de ordinario. Tienen ua
pie ancho.

9. Tiene dos rafces y se continiia con POe^ y POe\

10. Tiene un pie ancho, es piramidal y estA dispuesta como de



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