Madrid Sociedad Española de Historia Natural.

Anales, Volume 27 online

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ordinario.

11. Tiene un pie ancho, y en lo demds nada ofrece de notable que se
separe de lo ordinario.

12. Es cuadrildtero el lobulillo parietal superior.

13. Como el niim. 11.

14. Tiene una anastomosis con P*y nn pie ancho.

15. Como el nUm. 11.

16 (nifio). Ofrece dos rafces. La superior constituye el lobulillo parie-
tal superior y la precufia que tiene en este case tres porciones. La infe-
rior se nne con el cuerpo del lobulillo parietal superior, pero tiende a la
formaci6n de una circanvolaci6n parietal intermediaria.

17. Se continiia con las dos POe, y tiene una sola rafz bastante gruesa.

18. Nada ofrece de notable distinto de lo ordinario. Tiene on pie ancho.
10. Se continiia con las dos POe y tiende i. la formaci6n de una P in-
termediaria. Arranca por una sola rafz muy gruesa.

20. Como en el niim. 18.

21. Tiene dos rafces. La mds alta nace en la extremidad superior
de Pa y en el borde sagital del hemisferio: la otra un poco por debajoy
ambas se fusionan en dicho borde sagital y se continiian respect! vamente



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<8i) Pelaez Villegas.— ciRCLNvoLvcioNEs cerebrales. 837

con cada una de las mitades de precufia y con POe\ De la cara inferior
<le la raiz inf ero-extema , nace una prolongaci6n que se oculta al prin-
cipio en el aurco interparietal y se bif urea luego, paraterminar continudn-
<lo8e con FOe\ median te la rama superior; mediante la inferior se une k
la parte m&s alta de T* y forma una pequefia parte de la region angu-
lar. (V. cisura parieto-t^mporo-ocdpital.)

22. Es doble y cada una de sus porcioues so continiia con un FOe, «

23. £st4 tambi^u desdoblada.

24. Tiene la forma triangular perfecta, el lobuliUo parietal superior,
cuyo y^rtice corresponde al borde sagital. Tiene un pie grueso.

25. Es divisible en tres partes transversal men te colocadas, pero nace
por una sola raiz.

26. Tiene dos raices que nacen ea la parte mds alta de Pa y se conti-
niia cada una de ellas con cada una de las dos porciones de la precufia,
pero antes forman un solo cuerpo que se anastomosa con P* y envia una
prolongaci6n 4 continuarse con POe*.

27. £st4 dividida en dos lobulillos: el mayor tiene dos raices en Pa y
termina continudndose con la mitad anterior de la precufia que tiene dos
estrechas porciones. El menor empieza tambi^n por dos puntos, pero en
el mayor se continiia con la mitad posterior de la precufia y con POe*.

28. Nac^t ofrece de notable distinto de lo ordinario. Tiene un pie
ancho.

29. Es notablemente lobulillar: tiene dos raices, una anast6mosi8
eon P\ dos ramas internas constitutivas de la precufia y dos ramas
^zternas que van d terminar cada una en un POe.

30. Como el niim. 28.

31. Tiene dos raices que nacen en la Pa posterior de las dos que tiene
^ste heminferio.

32. Tiene dos raices, una precufia con tres partes y aspecto lobulillar.

33. Tiene dos raices y dos cuerpos conformados d modo de U y con-
c6ntrico el uno al otro; el inferior se anastomosa con P*; la precufia tiene
tres porcio^ies y una incisura sagital en el centre.

34. Como el ntim. 28.

35. Es lobulillar, tiene dos raices separadas por una depresidn estelar:
su cuerpo se divide en dos ramas que pasan i la cara interna del hemis-
ferio continudndose con las dos ramas de la precufia; estas son aqui hori-
zon tales y separadas por una incisura que termina en la cisura perpendi-
cular intt^rna: la inferior se anastomosa en dos puntos con la circunvolu-
^i6n limhica, y de la superior nacen dos colas que se continiiau ecu
POe« y POe*.

36. Como el niim. 28.

37. Tiene una precufia con tres ramas. Arranca por un solo pie.

38. Tiene dos raices y una precufia con cuatro ramas.

ANALE8 DE HIST. NAT. — XXVII. 22



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8S8 ANALES DE HISTORIA NATURAL. («>

89. £8 un doble lobulillo cuadrilitero en la cara externa, linica en
el borde sagital y tiene tres ramas en precufia.

40. Es cuadrilitera, tiene tres rafces, un surco en H en el centre de la
porci6n externa, una precufia indiyisa y se continiia con los dos POe,

41. Estd dividida en dos porciones por an surco que empieza en la
parte media del surco sub- parietal, divide por completo en dos mitades
la precufia, Uega al borde sagital del hemisferio y se continiia por la por-
ci6n externa durante cierto trecho. La mitad anterior de la precufia esti
dividida por una incisura, en otras dos. Existe, por liltimo, una pequefia

Fig. IP.




L6bulo8 occipitales de un cerebro en el que es dificil precisar cod ezaetitu<f
las correspondencias topogra fleas de las circunvoluciones por su extremada

com plicae ion.

circunYoluciiSn parietal intermediaria que empieza en Fa y termina
en P« y P«.

42 y 48 (nifio). Es triangular, con dos raices y una precufia con dos
ramas.

44 y 45. (Homotipos.) Tienen dos rafces , un solo cuerpo y dos ramas
precuneal es. La del 46 es mucho m^s flexuosa que la del 44.

46, 47, 48, 49, 60 y 51. No ofrecen nada notable distinto de lo ordina-
rio. Tienen un pie ancho.

52 y 63. (Homotipos.) Es grande, triangular, tiene un solo pie y estd
conformada, en ambos lados, como de ordinario; pero en el derecho ofrece
uoa prolongacidn susceptible de estimarse como circunvoluci6n parietal
intermediaria.

64. Tiene dos raices, es pequefia y triangular.

66. Tiene dos rafces, un cuerpo con un surco dntero-potterior en la



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(83) Pelaez Villegas. — circunvolucionks ckrbbrales. 389

cara externa, una precufia de tree porciones y surco crucial, y anastdmo-
sis profundas con P*.

56, 57, 68 y 59. Nada ofrecen de notable distinto de lo ordinario.
Tienen un pie ancho.

60. Estd unlda d P* por dos anastdmosiB Buperficlales y la precufia
tiene tres porciones. Tiene una sola rafz.

Deducciones.—kXQnAiQuAQ k los anteriores datos P^ nace, en
la mayoria de los casos, por un pie indiviso que ordinaria-
mente es ancho y no merece el nombre de raiz. Sin embargt),
hemos observado la existencia de dos raices en 25 casos, y
existian tres orlgpenes distintos, en tres de los hemisferios exa-
minados. Cuando eran dos las raices, lo mismo que cuando
fueron tres, existia una constante, naciendo de Pa en el borde
sagfital del hemisferio; la otra, en el caso de ser doble, proce-
dla Unas veces de la parte interna, y otras de la externa de la
raisma Pa; y en el caso de ser triple, siempre las vi arrancar
de la parte externa de la citada circunvolucion.

La porci6n externa 6 lobulillo parietal superior tiene bien
justificado el nombre de lobulillo; por lo comiin es simple, y
con la forma de un tri&ngulo is6sceles con el v^rtice corres-
pondiente al borde sagital del hemisferio; en algunos casos es
cuadril&tero, en otros, por hallarse partido k beneficio de sur-
cos bastante profundos, resulta con la forma de un doble cua-
dril&tero 6 con la de dos cuadril&teros y un triingulo y hemos
observado uno en que tenia la forma de dos ues, encajadas la
una dentro de la otra. Pero de un modo 6 de otro, siempre pre-
sen'ta esta porci6n externa cierto niimero de inflexiones y de
surcos e incisuras que acentuan su aspecto lobulillar.

Eutre los surcos m&s notables que suele presentar la porci6n
exierftft, deben mencionarse: 1.** el que en forma de incisura
sagital se prolonga unas veces por la cara interna y otras se
limita k dicho borde y cierto trecho de la cara externa; 2.**, uno
longitudinal, ya intero-posterior, ya ligeramente oblicuo, que
parece servir de indicio de desdoblamiento para esta circun-
voluci6n; 3.**, otros surcos de tercero y cuarto orden, estelares
en forma de ZT, 6 longitudinales que se derivan de la forma
lobulillar de P^ 6 contribuyen k ella.

He observado desdoblada por completo la referida porcion
externa en cuatro casos y presentaban indicios de desdobla-
miento otros siete hemisferios. Ahora bien; verdadera circun-



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340 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (8I>

voluci6n parietal intermediaria que terminaba por anasto-
mosarse con P^ y P^, s61o he visto una.

La precuiia termina, por lo general, mediante los dos plie-
gues parieto-limbicos, "pero no dejan de observarse otras dis-
posiciones: la m&s frecuente variaci6n (la he visto nueve veces)
consiste en terminar por tres ramas, gracias k la divisi6tt en
dos segmentos del surco sub-parietal, cada uno de los cuales,
lo mismo que en el caso de que aquel sea linico, suele emitir
una prolongaci6n superficial hacia arriba, destinada & servir
de limite k las ramas 6 ramitas, susceptibles de admitirse per
este raotivo en la cara interna de PK Las otras variacionesque
he observado han sido: disponerse las dos porciones de la pre-
cuna en sentido horizontal (una vez), por la existencia de uu
surco que seabria en la cisura perpendicular interna; sercom-
pletamente indivisa la citada precuna en otro s61o caso, y ofre-
cer cuatro ramas 6 porciones en otro hemisferio.

Es digno de notarse el hecho de que k veces alcance la divi-
si6n de la precuna hasta el borde sagital del hemisferio, m
como tambi^n el no menos interesante de que cuando P^ tiene
dos raices 6 estk desdoblada en la mitad posterior de la cam
externa, parezcan continuarse estas dos circunvoluciones se-
cundarias, apenas bosquejadas, con el indicio que de la exis-
tencia de las mismas puede admitirse en las dos ramas 6 por-
ciones que constituyen la disposici6n mks frecuente de la
precuna.

Adem&s de esta continuaci6n 6 enlace parietal interno, ypor
ende parieto-limbico, existe constantemente la continuaci6n
de P' con uno 6 con los dos pliegues parieto-occipitales exter-
nos de Gratiolet; lo mks frecuente es que s6lo se continiie cou
Poe^; pero en ocho de mis observaciones se continuaba tam-
bl6n con Poe^, y en una de estas illtimas con T^,

Por fin, existen con frecuencia anast6mosis entre P^ y P-:
era una sola en cinco casos, dos en otros tres y tres en dos.

Circunvolucion parietal segunda.

Es bastante semejante k P^, raz6n que explica el que se la
conozca con el nombre de lohilillo parietal inferior; pero se
diferencia tambien notablemente de la parietal superior. Lo
que m&s debe tenerse presente para lo que dcspu^s digamo:>,



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(85) Pelaez Villegas. — circunvoluciones ckrebrales. 341

es que es de regla el que se continue con T^ y T^^ y que al
rodear la terminacion de la raraa larg'a y ascendente de la
cisura de Sylvio, como al rodear la de la terminacion de TK
forma una inflexion, mayor la anterior que la posterior, y co-
nocidas desde Gratiolet con los nombres de lobulillos marginal
y angular respectivamente; pero de ellos, el primero se ha de-
nominado tambien lobuliUo del pliegue ciino, y el segundo
pJiegue curro simplemente, raz6n por la cual con frecuencia se
confunden al designar cualquier detalle topogr&fico que a
ellos se refiera. Giacomini ha propuesto denominarlos anterior
y postenor, pero estas denominaciones, a pesar de su evidente
bondad, no han prevalecido.

Fiff. 20.



Cara externa de un hemisferio izquienlo, en el cual el pie de f*^ es un rectAng-ulo

estrecho y carece de surco diagonal. F^ esU desdoblada, y la cisura rol&ndica tiene

una forma algo irregulaok

Sintesis de mis observaciones, — 1 y 2. Nace en ambos por dos raices qoe
arrancan de Fa; constituye un lobiilillo piramidal de base anterior y tieno
cuatro BUi^os: do8 en la base semilunares y de direcci6n opuesta; otro en
cl lobuiilo marginal tambien semilunar y c6ncayo hacia atrds y otro mds
pequefio en el lobulillo angular y cerca del v^rtice. Este v^rtice se conti-
niia directamente FOe^.

3. Ofrece dos raices. En lo derads se com porta como de ordinario.

4. Ofrece una sola ralz y se abulta considerable mente despu6s de su
origen.

6. Tiene dos raices que nacen profundamente de la porci6n inferior
<Ie las tres que en este caso tiene Fa, Se continiia con T* en dos puntos
cx)n FOe* haci^ndose 6ste muy prof u ado y convexo hacia abajo y con J*
por el intermedio del 16bulo occipital.



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342 ANALES DK HISTORIA NATURAL. (>«)

0. Nace por una sola ralz y se coDtinda con los doa POe* que en este
caso ezisten.

7 y 8. Tiene dos ralces: el lobulillo marginal ocupa su parte media;
entre ^ste y el angular hay un surco bastante prof undo.

9. Tiene dos rafces y tree ramas; de ^tas, una se dirige hacia arriba
y se bif urea para continuarse con P* y FOe*; y de las otras dos, la anterior,
bifida tambi^n, forma dos raices i T* y la posterior es el origen de 7*.

10. Es gruesa, con dos raices, de las cuales la superior parece una cir-
cunvoluci6n parietal intermediaria.

11. Nada ofrece de notable distinto de lo ordinarlo.

] 2. Tiene el aspecto de un lobulillo cuadrildtero, con una sola raiz.

13. Oomo en el ni!im. 10.

14. Es tan lobulillar que tiene un surco rectilfneo y vertical en la base;
otros dos andlogos & ^ste pero mis cortos en el lobulillo marginal; eatre
^ste y el angular, otro en forma de K y, en el lobulillo angular, otro en
forma de T.

15. Tiene la disposicidn ordinaria.

16 (niflo). Tiene un surco estelar en el lobulillo marginal; y otro surco
en Y en el lobulillo angular.

17 y 18. Tienen la di8posici6n ordinaria.

19. Tiene una sola raiz y una zona rectangular entre los lobulillos
marginal y angular.

20. Como el niim. 16.

21. Despu^s de nacer por una sola ralz, se encorva en forma de U
abierta hacia arriba: luego se bif urea y, una de sus ramas, asdende para
continuarse por medio de un pliegue oculto, con P*, la otra rama es descen-
dente, curvillnea y continua con T*, T* y FOc*.

22. Se continiia solamente con T^ El lobulillo angular estd partido
mediante un surco curvilineo.

23. Tiene en el lobulillo marginal un surco estelar, y en el angular
otro arqueado.

24. Tiene dos ramas: la superior, que es muy estrecha, se hunde en
el surco interparietal y se continda con FOe^; la inferior forma ^\ resto de
la circunvoluci6n, pero parece partida en otras dos por la existencia de uu
8urco entre los lobulillos marginal y angular: en el primero de estos bay
un surco estelar; en el segundo hay otro arqueado.

25 y 26. Es mds voluminosa que P* y tiene un surco , en F, en rada
uno de los lobulillos marginal y angular.
27 al 32. Tienen lobulillos muy voluminosos.

33. Tiene un surco estelar en cad a uno de los lobulillos: el angalar
esti separado de T* por una incisura.

34, 35 y 36. Tienen la di3po8ici6n ordinaria.
37. Tiene dos ramas para T'.



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-s



<87) Pelaez Villegas.— circunvoluciones cerebralbs. 348

38. £1 lobulillo marginal es muy grueso.

39. £1 lobulillo marginal tiene un surco estelar, j el angular, arqueado.

40. Nada of rece de notable.

41. £Btd completamente dividida en dos segmentoB por un surco que
«epara dos raices que hay para T*. La mitad anterior es el yerdadero
lobulillo marginal que tiene un surco arqueado y convezo hacia atrds. La
mitad posterior se continiia con el lobulillo angular que tiene otro surco
en forma de flecha dirigida hacia delante.

42. £8 triangular y se continiia formando una U con POe * : tiene bien
deeenvueltos sus dos lobuliilos, pero aparece' como una circunvoluci6n
«8trecha apelotonada.

43. Nada of rece de notable.

44. Tiene un surco estelar de tres radios en el lobulillo marginal y
otro en forma de X en el angular. Ademds existe otro en la regi6n inter-
media d ambos lobulillos.

45. Se coutiniia en dos pnntos con T^ entre los lobulillos marginal y
aogolar, parece bosquejado un tercer lobulillo; por detrds del origen
de T* parece continuarse hasta el origen de T*.

46. £s triangular y de lobulillos surcados.

47 y 48. No forma verdaderos lobulillos, pues el origen de T* se hace
muy d continuaci6n de el de T* y el pliegue curvo de ambos, es muy poco
sensible.

49 y 60. Parecen trif urcarse para establecer su continuaci6n con POe^,
2M y yt. y iq m^ notable que ofrecen es la existencia de nnmerosas inci-
suras que se abren en la cisura de Sylvio, en el surco inter-parietal , en el
paralelo sylviano y en los pre-occipitales representantes de la cisura per-
pendicular externa.

51 y 52. En la regi6n del lobulillo angular, ofrece ciertas inflexiones
que recuerdaa la di8po8ici6n del pie y cabo de F^,

53 y 54. El lobulillo marginal es mucho mayor que el angular : 6sto
ofrece un surco rectilineo y aquel otro en forma de S. Entre ambos hay
una regi6n en U semejante al cabo de /*'.

55. El lobulillo marginal tiene un surco estelar de tres radios: el angu-
lar tiene otro en forma de H, y entre los dos lobulillos citados queda un
espacio triangular con un surco rectilineo.

66. El lobulillo marginal estd partido porque T* nace en este caso en
doe puntos de P*, y el lobulillo angular en triangular y estd perfectamente
limitado por dos snrcos pre-occipitales.

57. £1 espacio inter-lobulillar es triangular, emite una prolongaci6n
pnntiagnda entre T* y T* y tiene un surco estelar.

58. El lobulillo marginal es cuadrildtero; el angular tiene la forma de
un triiuKulo is68celes.

59 y 60. Nada ofrecen de notable.



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344 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (8R>

Deducciones. — La circiinvoluci6n parietal inferior tiene en
general un aspecto lobulillar, pero varia la figura de su con-
junto; la m^s frecuente es la triangular de v6rtice anterior, e»
decir, inversa k la de P^\ pero tambi^n se observa la cuadrila-
tera, la circular y la comparable k una U, En un corto niimero
de casos se ve dividida en dos por un surco vertical, 6 i>or la
existencia de una raiz supernumeraria, bosquejAndose de este
ultimo modo un desdoblamiento que es aqui mucho menos
frecuente que en PK Tanto 6ste como aquel ban sido interpre-
tados por los m&s fervientes filogenistas como un recuerdo del
tipo cuaternario peculiar de los mamlferos; pero aqul podria
recordarse lo que decimos k prop6sito del tipo cuat<»rnario del
16bulo frontal. AdemSs, Rtidinger (1), que ha estudiado las
variaciones que presenta el 16bulo parietal segiin los sexos y
segiin el desenvolvimiento intelectual, ha establecido como
una de sus conclusiones que es notablemente m^sancho dicho
16bulo en sentido vertical en los cerebros que han pertenecido
k hombres notables por su inteligencia; lo cual equivale a
decir que, en los sujetos considerados como superiores, hay
cierta tendencia, por lo menos al desdoblamiento de las cir-
cunvolucionesparietales, puesto que al extenderse en anchura,
es natural que aumenten en tortuosidad y se bifurquen.

Ordinariamente P^ nace por una sola raiz, pero no deja de
ofrecerse con cierta frecuencia el nacimiento por dos raices:
nosotros lo hemos observado nueve veces.

El pie 6 parte inicial suele formaralguna inflexi6n y ofrecer
algunos surcos rectillneos 6 arqueados poco profundos, pero en
general no ofrece nada de notable.

Lo que es mds digno de llamar la atenci6n es lo relativo k
la morfologia de los lobulillos y regi6u inter-lobulillar. Por la
comiin, lo mismo el lobulillo marginal que el angular ofrecen
una 6 varias incisuras que se disponen de un modo particular:
en el primer caso, puede tratarse de un surquito rectilineo,
pero m&s frecuentemente es arqueado; en el segundo caso,
domina la forma en 1'6 la estelar de tres radios, por mfts quo
en alguna ocasi6n hemos visto tambien la crucial 6 en J, la
en S, la en F, la en ZT, y hasta dos surquitos rectilineos para-



U) RO dinger: Zur Anatomie der AJTenspalte iind det' Intcparietalfurcht!^ \



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(89) Pelaez ViUegas.— circunvoluciones cerebrales. 3i:>

lelos y niuy pr6ximos. La forma arqueada de este surco para
el lobulillo marginal y la partici6a de 6ste en otros dos, asi
como el doble orig-en de T*, ha sido interpretada como el
recuerdo de una disposici6n aniloga en los carnivoros; nos-
otros nada diremos sobre 6sto m&s que hacer constar el hecho
de que el surco arqueado lo mismo lo hemos visto en el lobu-
lillo marginal que en el angular, y aun mas veces en esto
ultimo que en el primero (dos veces en el uno y tres en el otro),
y que, independientemente de la existencia 6 ausencia de
dicho surco, hemos visto nacer k T^ en dos puntos distintoj^
de P'^ seis veces. En uno de los casos el lobulillo marginal
estaba completamente dividido en otros dos por un surco
profundo.

Los lobulillos ofrecen notables variaciones de forma y volu-
men. Ordinariamente son redondeados, pero tambien se obser-
van cuadiliteros, triangulares, semilunares, etc. Los hay muy
voluminosos, de mas de 1 cm. de di&metro mayor, sobre todo
el marginal, que siempre es superior en volumen al angular;
pero los hay tambi6n la mitad mAs pequefxos, y aun en algu-
nos casos parecen faltar, porque la continuaci6n deP'^ con T^
y T"^ se hace por una simple inflexi6n, sin ensanchamiento.
En algiin caso la ausencia es evidente, pues existe un surco
que separa el lobulillo angular del origen de T^ y parece la
continuaci6n, de /*; en el linico caso en que yo he observado
esta disposici6n se trataba de un surco muy superficial. Otras
veces ofrecen, por el contrario, formas complejas: he visto un
hemisferio en el cual el lobulillo angular era comparable coii
la disposici6n ordinaria del pie y cabo de F^, si bien notable-
mente menos extenso que estos.

El espacio inter-lobulillar se ofrece tambien con formas
variadas y surcado 6 no; por lo comiln es una region estrecha
en la que s6lo cabe seilalar idealmente una llnea separatoria
de los lobulillos marginal y angular; pero, en otros casos, es
un espacio mfts extenso, triangular, rectangular y aun con
aspecto lobulillar y ofreciendo ya un surco rectilineo, ya otro
encorvado 6 algunos mds complejos; he tenido ocasi6n de
observar uno estelar y otro comparable a una K.

Constantemente se aprecia bien la continuaci6n de P-
con 7", T'^ y Poe'^^ pero esta continuaci6n se establece, algu-
nas veces, por verdadera trifurcaci6n de P-; lo cual, unido en



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ANALES DE HISTORIA NATURAL.



(90)



ulgin caso k un segundo y muy superficial pliegue anasto-
in6tico entre P^ y P*j Simula hasta una cuadrifurcaci6n y
ensancha notablemente la mitad externa de P^ que, en algriin
caso, por detr&s del lobulillo angular, se prolonga todavia
hasta continuarse con T^.

Por ultimo, existen P"^ con numerosas incisuras por sus caras
y extremidad posterior, recordando esta disposici6n la de los
cerebros que hemos considerado como pertenecientes al grupo
de los que ofrecen cisuras confluentes. La disposici6n conside-
rada como tipica por la mayoria de los tratadistas s61o la he-
mos eacontrado doce veces.

Fig. 21.




Cara externa de un hemisferio izquierdo eo el que la cisura de Rolando ingresa en

el pie de F\ y el surco diaj?onal de 6sta cr tan extenso que aboca por arriba 6/*y por

abajo casi Uega i, la cisura de Sylvio.



Surcos del lobulo parietal.

Hemos observado todas las variedades sefialadas por Giaco-
mini, Cunningham, Zernoff y otros anat6micos. Se explica
bien la dependencia de todas ellas de la disposici6n morfol6-
gica ofrecida por las tres circunvoluciones parietales y la de
los pliegues anastom6ticos existentes entre P^ y i>*. H6 aqul
un brevisimo resumen de nuestras observaciones:

1. Tipo considerado como primitivo: mitad inferior del
surco post-rol&ndico unida en arco con el inter-parietal; mitad
superior del surco post-rolindico independiente. La frecuencia
de esta disposicion que, segiin Giacomini, se encuentra en



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<9i) Pelaez Villegas. — circunvoluciones cerkbrales. 347

todos los monos y en el embri^n humano del sexto mes, se
explica recordando que son muchas las veces en que P^ nace
por dos raices, de las cuales una corresponde al tercio supe-
rior 6 medio de Pa^ quedando por tanto un espacio inter-
radicular que es el estimado como parte superior 6 descen-
dente del surco post-rol&ndico y como una formaci6n indepen-
diente por el hecho de que su misi6n con el resto del surco
interparietal se hace en una 6poca ulterior y puede estimarse
como adquirida. Nosotros entendemos, sin embargo de lo
dicho, que la citada mitad superior del surco post^rolindico
representa el espacio que debe quedar entre dos circunvolu-
ciones que por lo general s6lo estAn bosquejadas, pero que en
algunos casos se ofrecen completamente diferenciadas 6 inde-
pendientes.

2. Surco post-rolandico independiente del interparietal
intero posterior. Hemos observado un solo caso, pues como
tal puede considerarse el seiialado como duplicatura de Pa)
es debido k la existencia de un pliegue anastom6tico, muy
grueso y superficial entre P^ y P'^, situado en unaregi6n muy
pr6xima al pie de estas circunvoluciones, cuyas raices no son



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