Madrid Sociedad Española de Historia Natural.

Anales, Volume 27 online

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16bulo occipital es una parte fundamental del cerebro, de apa-
rici6n precoz y correspondiente al plan de organ izaci6n pri-
mordial que podemos suponer en el maravilloso segmento
encefalico citado.

Ademfts* Cunninghan ha hecho notar que la direcci6n de la
cisura de Sylvio varla seg6n la existencia 6 ausencia del lobulo
occipital, lo cual indica, en el concepto del citado autor, que
la morfologla de toda la corteza cerebral estk interesada con
el desenvolvimiento del citado 16bulo.

Por ultimo, h6 aqul los datos que podemos aportar en apoyo
de la relativa complexidad que el 16bulo occipital ofrece en el
cerebro del hombre adulto.

La disposici^n tipica de circunvoluciones independientes



(I) p. L. PelAez: Observaciones sobre las circnntoluciones cerebrales del cerdo An. db
LA Soc. B8P. DE Hist, nat , t xxv. 1890— Z«* circunvoluciones cerebrales de la cabra.
Actus de la id. Marzo le97.



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018) Pelaez Villegas— ciRCi'NvoLucioNEs cerrbrales. 2m

por completo, coincidiendo con la ausencia de todo detalle
que revelase alguna complicaci6n, s61o la hemos observado
once veces, es decir, en menos de la cuarta parte de los cases.
En cambio, hemos podido apreciar su aspeeto monolobulillar,
biiobulillar, trilobulillar y polilobulillar en casi todos los res-
tantes cerebros examinados; pueshastaeste panto es frecuente
la existencia de surcos v^rtico-transversales, sobre todo en la
cara externa, y mAs aiin, la de anastomosis entre unas y otras
circunvoluciones.

Algfunas veces la complicacion depende de algiin detalle de
mayor importancia. El desdoblaniiento de las circunvolucio-
nes se observa con cierta frecuencia, lleg'ando en un caso a tal
g"rado que pudimos contar nueve completarneute distintas. En
otros cerebros h3mos podido apreciar tambien la existencia de
circunvoluciones transversalos notablemente desenvueltas:
ocupaban en todos los casos la cara externa y eran de ordina-
rio dos las que podfan considerarse conio supernumerarias.
Por ultimo, en este sentido, solo nierece anadirse lafrecuencia
con que se observan en el lubulo occipital circunvoluciones
gruesas, arqueadas, tortuosas y surcadas transversal 6 long-i-
tudinalmente en diversos puntos.

Una variacion notable que afecta al conjunto del lubulo es
la division 6 la triple 6 multiple seg-mentacion de su polo.
Apenas si hemos observado un ejemplar que no presentara esta
notable particularidad; en la mayor parte de los casos era
debida k la prolong-acion de la cisura calcarina, en alg-unos la
motivaban ya solamente o"*, ya 0*, ya un surco supernumera-
rio, ya con mas frecuencia la combinacion de varios de estos
detalles y la continuacion de dos 6 mns de estos surcos, los
cuales segfmentaban en algiin caso de tal modo la extremidad
del hemisferio, que podia considerarse ^ste como pentafido y
con un surco estrellado y bastante profundo.

Un I'lltimo dato debo hacer constar en estas consideraciones
de conjunto: la existencia de un surco sag-ital longitudinal
separando la cufia de la circunvolucion occipital primera; la
he observado en cuatro casos, y aunque este numero es muy
corto, oblig-a k admitir cierta independencia entre 0* y 0^.

No hemos hecho observaciones especiales sobre el volumeu
del lobulo, su topografia y limites respecto de los del cerebelo
y algi'in detalle de conformacion, como la huella del seno lon-

ANAT.ra u" msT. nat. — xxvii. 21



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370 ANALKS Dl*: HISTORIA NATURAL. (114)

gfitudinal superior, la de la protuberancia occipital externa y
alguuos otros que, como los citados, han sido estudiados mi-
nuciosamente por Giacomini, Retius, etc. En cambio, las cir-
cunvoluciones y los surcos han sido objeto preferente de nues-
tra atenci6n.

Circunvohici67i ocdpHal pnmera. — El orig-en es casi constan-
temente polar en uni6n de 0*, 0* y 0' que con ella suelen for-
mar la punta superior en los casos de polo dividido. Esto, no
obstante, por su cortedad, que tambien es frecuente, nace en
algunos casos exclusivamente de 0*, de quien parece enton-
ces una mera e insig-nificante dependencia; me refiero k dos 6
tres cerebros en los cuales la he visto reducida & una estrecha
reg'i6n, correspondiente s61o k la mitad anterior de la cufia,
con la que se continuaba por completo mediante el borde sagi-
tal. Otras veces, aun no llegando al polo, nace de 0*, con la
cual la he visto confundida en ciertos casos, 6 de una de las
circunvoluciones transversales anteriormente citadas.

El cuerpo, ademis de haberle observado revistiendo su dis-
posici6n ordinaria, le hemos visto tambien corto y ancho,
estrecho y largo, rectangular, situado en la cara externa, en
el borde sagital y aun en la cara interna: doble dos v(?ces y
anastomosado once con 0^.

En cuanto k la terininaci6n, hemos observado constante-
mente lo normal; pues si en algiin caso se continuaba con POe^y
no dejaba de hacerlo tambien con POe^,

Circuntohtdon occipital segnnda, — Respecto del origen puede
someterse k anilogas consideraciones que las expuestas
para 0*. Lo mis frecuente es que nazca en el polo, pero nace
tambien de OS simulando en algiin caso una simple rama de
esta. Empieza otras veces en la cuna, con quien se continiia
al nivel de la mitad posterior del borde superior, y se ve em-
pezar en alguna ocasi6n en 0^ 6 en circunvoluciones trans-
versales.

Aparece doble 6 simplemente bifida cinco veces por 60; es
ordinariamente fintero-posterior, pero tambien se presentii
oblicua y aun casi vertical, confundida 6 anastom6tica con C*
las veces citadas, por lo comiin flexuosa, k veces con surcos
transversales 6 ftntero-posteriores y anastom6tica con 0' siete
veces de 60.

La terminaci6n mfis frecuente es continu&ndose con POe^;



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(115) Pelaez Tillegas. — cikcunvoluciones cebebrales. 871

pero & veces este pliegue tiene dos ramas y puede continuarse
-con ambas 6 solo con alguna de ellas; y, en otros casos, conti-
nuo 6 no con PCk^y se continiia tambi^n, ya con T^, ya con T^,
6, al anastomosarae con 0*, forma el labio posterior de un surco
parieto-occipital.

Circttuvolucidn occipital tercera.— For lo g'eneral comienza
por una sola raiz, pero puede presentar dos y aun tres; de
todos modos, este origen es comun con 0^ lo m&s frecuente-
mente, con 0* cierto nilmero de veces, y, en algiin caso, toda-
via alcanza & alguna circunvoluci6n transversal.

La hemos visto doble seis veces, confundida con 0* en tres
casos y arqueada y conc6ntrica k 0* en otros tres; estaba sim-
plemente unida & 0* por pliegues anastom6ticos ocho veces,
jr a 0* en los casos ya citados; ofrecia un surco transversal en
alguno de ellos, y, por lo comiin, es Antero-posterior y ocupa
6 costea el borde inferior externo del hemisferio.

Hacia delante termina igual niimero de veces en T^ que
en T^y y en muchos casos en T* y T^, porque, bifurc^ndose y
habida cuenta de la disposici6n inicial de dichas circunvolu-
nes temporales, se comprende bien la existencia de todas las
disposiciones citadas. Aun en ciertos casos asciende, para ter-
minar, hasta POe^ y en otros, uni6ndosc & 0*, contribuye i
formar la incisura de Meynert6 alguno de los surcos t6mporo-
occipitales.

Ciramtolucidn occipital cuarta, — Ofrece con frecuencia un
origen bis 6 tri-radicular, en uni6n de 0^ que es lo mis fre-
cuente, de 0' y 0' en algunos casos y hasta de una circunvo-
luci6n transversal muy excepcionalmente. En un caso la he
visto arrancar por una punta muy afilada del fondo del surco
occipital cuarto, sin alcanzar al polo.

En unos casos es gruesa y ofrece el aspecto de un lobulillo,
en otros es estrecha y con indicios de desdoblamiento, que se
ve completo en alguno. Por lo comiin es de figura triangular
6 trapezoidal para formar parte del lobulillo fusiforme; y aparte
de las veces ya citadas en que se encuentra anastomosada 6
confundida con 0', se ve tambi6n unida & 0' (7 por 60) y aun
A 0^ y 0', como la he observado dos veces, 6 llegando por
rarisima excepci6n k enviar una lenglieta k la circunvoluci6n
llmbica.

Termina ordinariamente en JT*, en el surco que la separa de



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3T2 ANALKS DE HISTORIA NATURAL. (116>

6sta 6 en T^ y T*, en algiin caso en T* y circunvoluci6n del
hipocampo, 6 unic^ndose ya k 0^ ya k 0' como queda expuesto^

Ciraintolucum occipital quinta. — El origen que m^s frecuen-
temente he observado para esta circunvolucion es el polo del
16biilo en su segmento inferior cuando est& partido y en unl6a
con 0* 6 con 0' en los casos en que 0* no alcanza hasta el
polo. Los tratadistas en general estiman mis frecuente el ori-
gen de 0'^ unida k 0*. porque suponen k la cisura calcarina
sin llegar k la punta, segiin diremos oportunamente. Pero^.
atendiendo nuestras observaciones, resulta que es mis fre-
cuente la prolongacion de dicha cisura hasta el polo que el no
llegar hasta este, y de ahi depende el juicio formulado.

Es ^sta una circunvolucion que suele ser larga y estrecha^
sinuosa, pocas veces doble, aunque la he observado asi en dos
casos, mas comunmente con indicios de bifidez por su extre-
midad anterior, porque constantemente termina en dos colas^
que se unen a dos puntos distintos del lobulillo limbico. Estas
colas suelen ser muy estrechas y reducidas a simples pliegue^
de paso. Se dispone en forma de codo abierto hacia abajo en
muchos casos, pasa tambien con frecuencia k formar parte de
la cara interna y ademis de las anastomosis citadas con 0*, se
anastomosa tambien con 0^ mediante un pliegue estrecho
situado en el fondo de la cisura calcarina, el cual lo he obser-
vado dos veces.

Circunvolucion occipital sexta.—^on pocas las veces en que
esta circunvolucion se separa de su disposicion tipica, pues
el la y la quinta son las que ofrecen mayor fijeza morfologica
y topogrifica en todo el lobulo occipital. Empieza de ordinario
en el polo juntamente ccn 0*, con 0® 6 unida k ambas cuando
la cisura calcarina no divide en dos partes la regi6n polar.
Hay casos, sin embargo, en que este origen cambia, por cor-
tedad de 0* 6 por prolongarse 0^ por la cara externa del hemis-
ferio; entonces 6 nace de 0* y 0^, de 0^ solamente 6 de alguna
de las circunvoluciones occlpito-transversas que suelen existir
en esos casos.

La forma de su cuerpo, aunque casi siempre es triangular,,
la hemos visto una vez cuadrilitera. Por lo demfis, 0^ ofrece
diraensiones variables y presenta en algunos casos surcos d
incisuras, ya procedentes de la cara externa y borde sagital.
del hemisferio, ya emanados de la cisura calcarina; dos veces-



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<\n) Pelaez Villegas.— circunvolucionks cerebrales. 873

con tal motivo la hemos observado dividida por completo en
dos porciones, y aun, en una ocasi6n, una de ellas constituia
una cuila mini^scula. En fin, ya hemos indicado sus anasto-
mosis con 0^ y por delante termina eonstantemente en POe\
que se bifurca para continuarse con ella y 0', y en los otros
pliegues de paso: parieto-occipital interno y ciineo-llmbico.
Todos estos pliegpues pueden ser dobles, segiin tenemos ex-
puesto en pfiginas anteriores.

Surcos occipilales. — Pueden dividirse en dos grupos: intero-
posteriores y transversales.

Los surcos intero-posteriores son casi eonstantemente en
ndmero de cinco o*, o*, o', o*, o', y estkn destinados, como es
sabido, & separar las seis circunvoluciones occipitales de la
de8cripci6n tfpico-esquem&tica aceptada para la regfi6n que me
ocupa. Pero dicho niimero es con frecuencia superior, ya por
la existencia de un surco sagfital que separa 0^ de 0^ (4 por 60),
ya por la de surcos supernumerarios que separan ramas 6
ralces de las circunvoluciones 6 dividen k ^stas por completo
€stableciendo su duplicatura. En alg'iin caso el nilmero, en vez
de aumentar, disminuye, lo cual esdebido, como sesupondrfi,
& la confusi6n, ya citada, para aigunas circunvoluciones dis-
puestas entonces a modo de lobulillos.

Todos estos surcos son ordinariamente tortuosos, hay alg-u-
nos dispuestos en forma de ^ y otros m^s 6 menos ang^ulares.
En cuanto a los pliegrues anastom6ticos que los segmentan en
muchos casos, ya quedan indicados al tratar de las circunvo-
luciones.

De todus ellos el mks notable es el denominado cisura calca-
rina, elevado k este rango por ser un surco total con arreg*lo a
la clasificaci6n de His, puesto que produce el calcar 6 espol6n
-de Morand en el interior del ventrlculo y por su precocidad
ontog-^nica y filog^nica. Aparece, segiin His, bajo la forma de
surco precursor al segundo mes embrionario, desaparece luego
y reaparece definitivamente del quinto al sexto mes. La forma
inicial descrita para esta cisura por Ecker y Broca, constitu-
jendo, en virtud de sus ramas ascendente y descendeute, el
Idbulo extremo 6 gyrus descendens del primero, denominado
pHeffue polar por el segundo, la hemos observado muy pocas
veces, k pesar de considerarla como tipica casi todos los trata-
distas. En cambio, su prolongaci6n hasta la extremidad del



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874 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (118)-

16bulo occipital ,*Jconstituyendo 6 no el sulcus extremus de
Schwalbe, la hemos visto un niimero de veces mucho mis
considerable que el sefialado por Giacomini. Este anat6mico
dice que la cltada disposici6n se ofrece en 5 por 100 de los
casos; nosotrosjla hemos visto 25 veces en los 60 hemisferios
examinados.

Porlo dem&s, la cisuracalcarina ofrece formas variadisimas;
por excepci6n es rectillnea, lo mfis frecuente es que sea curvi-
linea y c6ncava hacia abajo, pero presenta tambi^n ya la
forma angular, ya la flexuosa, en 5 6 en T simple 6 doble y
con 6 sin ramasjcolaterales, siendo esto tiltimo lo que. se
observa el mayor niimero de veces. En alguna ocasi6n la he
visto muy oblicua, nunca vertical, y no he podido comprobar
las observaciones de Giacomini respecto de las relaciones exis-
tentes entre esta direcci6n, la formaci6n del espol6n de Morand
por la cisura perpendicular y la microcefalia. Por liltimo, de
acuerio con la opini6n de Cunningham, su terminaci6n la
hemos visto unas veces en la cisura perpendicular interna y
otras siendo ella la que efectivamente se prolonga hasta la
incisura que separa en la circunvoluci6n llmbica el pliegue
ci'meo-Umbico del occipito-Umbico derivado de 0'.

Los surcos transversal es del 16bulo occipital se observan coa
mucha frecuencia; apenas hay hemisferio que no pre.sente
alguno, y en varios casos son m&s de uno los existentes. Estos
surcos se deben h modificaciones de los &ntero-posteriores 6
bien k la aparici6n de surcos nuevos que segmentan una
determinada regi6n del 16bulo. Entre las variedades que tene-
mos registradas cu^ntanse:

La divisi6n en J' de o* 6 su disposici6n angular, que tarn-
bi6n es frecuente.

La continuaci6n de o* con t^ formando su totalidad un surco
curvilineo.

La existencia de surcos sinuosos entre los&ntero-posteriores*

La anast6mosis en ZT de o^ y o*.

La divisi6n estelar de o*.

Los que separan las circunvoluciones transverso-occipitales
cuando ^stas existen que, 6 son sinuosos 6 independientes, 6
curvillneos y continuos con alguno de los intero-posteriores*

2 surcos que segmentaban 0^ y 0*.

1 que dividia 0* y 0*.



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(119) Pelaez Villegas.— circunvolicionks cuhbbralhs. 3:5

1 que interesaba 0^

4 que interesaban 0* y 0'.

1 quedividia 0', 0^ y 0^

1 angfular que interesaba 0* y 0*.

Varies oblicuos y coufluyentes, ya k la iucisura sag-ital de
la cisura perpendicular, ya k algiin otro de los surcos que
representan esta misma cisura en la cara externa.

Por ultimo, algunos otros semejantes k uno 6 varios de los
citados.

VI.

CONCLUSIONES GENKRALKS.

1.* Conviene persistir en las observaciones relativas k la
eorteza cerebral del hombro, pues aunque en este capltulo de
la morfologla encettlica se ban hecho ya interesantes y exten-
sos estudios, aiin queda por seflalar con exactitud el tipo de
la disposicidn actual, los tipos derivados que 6ste comprende
y las conjeturas que puedan deducirse de los mismos sobre el
autepasado y el futuro.

2.* Estas adquisiciones cientificas solo se obtendr&n cami-
nando las invesiigaciones morfol6gicas paralelas con las de
histologria topogr&fica y con la experimentaci6n y observaci6n
fisiol6gicas y armonizando todos estos conocimientos con Ibh
perseverantes y extensas indagaciones de embriologla y ana-
tomia comparadas. Dentro del tipo humano el estudio mera-
mente antropol6gico de la eorteza cerebral, el profesional, el
sexual, el del g6nero de vida, el de los hibitos orginicos y el
de los sociales, el familiar y el constitucional, diat^sico, etc.^
pueden dar mucha luz para las interpretacioues anat6micas
del asunto.

3.* Couvendrla introducir algunas ligeras reformas en la
nomenclatura c6rtico-cerebral mks aceptada en la actualidad
y acordar definitivamente entre los anat6micos las denomi-
naciones que hayan de emplearse y las bases para los neolo-
gismos que surjan de las nuevas indagaciones.

4." La cisura de Sylvio 6 fronto-t6mporo-parietal ofrece
muchas veces tres ramas cortas: la supernumeraria obedece
casi siempre k alteraciones morfol6gicas de los surcos de la



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876 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (1»)

proximidad (diag-onal, pre-rol6iidico, rol6ndicOy post-roliin-
dico) 6 simplemente k la aparici6n de un nuevo surco sobre
una regi6n pr6xima k la normalmente ocupada por la rama
corta ascendente. Labifidez de todas las ramas 6 de cualquiem
de ellas, asi como el naciiniento de las dos cortas por un tronco
comiin se observa tarabien con mucha frecuencia.

5.* La cisura de Rolando 6 fron to-parietal, asl como las dos
circunvoluciones rol^n«lica3, constituyen una de las reg-iones
m&s variables de la corteza cerebral. En cierto modo podrfan
estiraarse como un iobulillo especial interpuesto al frontal y
al parietal.

6." En el lobulo frontal cabe admitir, por lo menos, una
muy notable tendencia al aumento en el niimero de las cir-
cunvoluciones Antero-posteriores. F^ es la que ofrece mis
constantes indicios de desdoblamiento, sigue despu^s F^ y
ocupa el tercer lugar F^. F* y F'^ parecen casi constantemente
constituldas por mis de dos circunvoluciones secundarias. La
existencia de tres 6 mis circunvoluciones transversales 6 obli-
cuas en la extremidad anterior del liemisferio es un hecho
evidente. El surco fronto-raarginal veroslrailmente tiene el
caricter de cisura interlobular. La reg'i6n orbitaria quizi con.<-
tituye un nuevo 16bulo c6rtico-cerebral.

7." En el 16bulo parietal existe tambi6n una muy notable
tendencia al aumento en el niimero de las circunvoluciones
admitidas. La existencia de las circunvoluciones parietales
supernumerarias puede recaer en tres puntos: en el territorio
del denominado Iobulillo parietal superior, comprendiendo la
precuna; en el surco interparietal en sentido longitudinal, y
en la parte mis anterior del mismo surco en el sentido trans-
versal. Los lobulillos marginal y angular de P^ deben ser
denominados, con arreglo i las indicaciones de Giacomini,
lemporo'parietales anterior y posterior.

8." La cisura parieto-t^mporo-occipital esti constantemente
representada en todos los hemisferios cerebrates; sobre ella es
donde exige reformas con mis premura la nomenclatura c<ir-
tico-cerebral. Hay un surco parieto-occipital, otro t6mporo-
occipital externo, una incisurav^rtico-marginal inferior homo-
loga con la sagital y un surco t^mporo-occipital inferior.
Constantemente existen, por lo menos, dos pliegues parieto-
occipitales internos, otros dos parieto-occipitales externos,



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(121) Pelaez Viliegas. — circl nvoluciones cerebbalks. zn

etros dos t^mporo-occipitales exteruos, uno 6 dos t6mporo-
occipitales inferiores y dos occipito-limbicos. Nos hemos per-
mitido llamar POe^ y POe' k los pliegues parieto-occi pi tales
externoSy asimilando estas denominaciones esquem&ticas& las
empleadas en la nomenclatura de Broca para las circunvolu-
ciones.

9." Del 16bulo temporal disgregamos la circunvoluci6n del
hipocampo, por admitiren el hombre, como en los mamiferos,
un 16bulo llmbico del cual forma parte dicha circunvoluci6n.
jHy j^i forman casi constantemente una sola circunvolttci6n,
6, mejor dicho, una regi6n lobuiillar con pequenas circun-
voluciones transversales separadas por surcos de la misma
direcci6n. T^ y T^ son, por el contrario, independientes de
ordinario, y la ultima no suele Uegar al polo.

10. En el 16bulo occipital s61o cabe admitir seis circunvo-
luciones cuando existe surco sagital longitudinal, que es en
un reducido niimero de casos; por lo comiin la cuna forma
parte de 0* y muchas veces de 0' y 0*. Estas se continiian de
tal modo con los POe^ que & veces les representan en volumen
y direccion; y unidos estos caracteres con la superficialidad de
los niismos POe^ constituyen partes completamente no inte-
rrumpidas de extensas circunvoluciones parieto-occipitales.
En estos casos, 0' y 0* suelen estar anastomosadas por un
pliegue superficial que forma una gruesa circunvoluci6n occi-
pital transversa, y por detrAs de 6sta existe de ordinario en
dichos casos otra li otras dos circunvoluciones de la misma
direcci6n y aspecto. La cisura calcarina se prolonga ordina-
riamente hasta el polo del 16bulo, segment&ndole. Esta seg-
mentaci6n puede ser producida tambi6n por la prolongacion
polar de otros surcos.

11. La cisura Ifmbica, representada por la sub-frontal,
surco sub-parietal, cisura colateral 6 incisura limbica, consti-
tuye un limite evidente entre el l6bulo llmbico y las otras
partes corticales que le son adyacentes. En esta cisura existe,
como en todas, pliegues de paso m&s 6 menos superficiales y
numerosos que disimulan su constituci6n en el hombre. Con
ella pasa, desde luego, lo que con las porciones externa 6
inferior de la cisura parieto-t6mporo-occipital. Entre todas las
circunvoluciones longitudinales existen tambi^n pliegues
anastomiticos mis 6 menos numerosos y superficiales, segiin



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trtS ANALES DE UISTORIA NATURAL. (1&>

los 16bulo9 y regiones. El tipo de circunvoluciones indepen-
dientes es muy raro.

12. A partir del espacio perforado deFoville y continuando
por los labios de la cisura de Sylvio 6 por las partes de la cir-
cunvoluci6n limbica, puede recouocerse otra extensa circun-
voluci6n que forma el limbo total del hemisferio, suponi6n-
dole ligeramente desplegado. De esta extensa orla forman
parte la circunvoluciin frontal tercera, la comisura rol&ndica
inferior, las circunvoluciones parietal inferior, temporal pri-
mera, hipocirapica y callosa y la extremidad polar de la
frontal primera.

Madrid. 11 de Affosto de 18117.



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EXAMEN DESCRIPTIVO



DHL



GRUPO DE LOS HEMIPHRAGTUS



DON MARCOS JIMENEZ DE LA ESPADA.



(Sesidn del 7 de Diciembre de 1898.)



Aunque Spix descubriera el batracio, tipo de dicha agrupa-
ci6n mis natural que sisteinitica, y lo publicara el aiio
de 1824 (1) con el nombre de Hana scutala, no llamo la aten-
ci6n de los herpet6log:os hasta que Wag^ler con la especie des-
cubierta por el naturalista y viajero bivaro, fund6 el g6nero
Hemiphractus en la Isis de 1828 (p6ginas 736-744, 16m. x,
figuras 1-5) seiialando en la diagnosis gen6rica la presencia
de dientes en ambas mandibulas, caso extraordinario y el pri-
mero observado hasta entonces en los Batrachia salientia.

Como Wagler, segiin es fama, aunque la tenia bien sentada
de sabio en la materia, hubo de equivocarse alguna vez en
otras descripciones, por este s61o hecho los autores de gabinete
prefirieron atenerse k la imperfecta 6 insuficiente de Spix, pri-
mero que admitir como cierto un descubrimiento en oposici6n
con los sistemas admitidos en Herpetologia; y es lo mfts curio-
so que, antes de decidirse i esta c6moda soluci6n de la duda, 4
ninguno se le ocurriera consultar 6 examinar el objeto en
cuesti6n, es decir, el linico individuo que hablan tenido k la
vista, tanto Spix como Wagler, y que existla (y aun hoy creo
que existe) en el Museo de Munich.



(1) Anim. nov. site spec. not. (esfudinum ei ranarvm; p. 28 y pi. iv, flg 2.



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880 ANALBS DE HISTOBIA NATURAL. (?)

No es aventurado suponer que el g^uero He^niphracius
hubiera continuado hasta la fecha proscrito de los cat&logos
cientificos, sin el casual envio de otro ejemplar encontrado
por M. Moritz Wagner (viajero cuyos pasos he seguido por
alguna de las comarcas ecuatorianas y he dejado atr&s en mi
ascensi6n al Izalco) k orillas del Pastasa, rio que corre para-
lelo al Napo y bafia una parte de la regi6n septentrional del



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