Madrid Sociedad Española de Historia Natural.

Anales, Volume 27 online

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materiales bastantes para determinar, no s61o el origen 6 pro-
cedencia de las formas filipinas, ya sean peculiares, ya comu-
nes k las tierras que rodean al archipi61ago, sino lo que apa-
recerd mas sorprendente todavia, para determinar las relacio-
nes que ha tenidoy tiene con esas mismas tierras entre las que
se halla colocado, las transformaciones de que su suelo ha
sido asiento hasta quedar constituido como lo encontramos en
la actualidad, y quizA hasta el origen mismo del archipi61ago.
Este grupo, hasta ahora considerado como insignificante, e.<
el de los mamiferos.

H6 aqui, por tanto, el objeto de este trabajo, que no es otro
que el de exponer, siquiera no sea mks que en ligero bosquejo,
ya que los medios de que dispongo no me permitan otra cosa^



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{t) Sinchei.— Lof) mamiferos de pilipinas. w

el cuadro de los mis importantes fen6menos que presentan
los escasos mamiferos que habitan las Filipinas, ya se las con-
sidere aisladamente , ya en sus relaciones con las tierras que
las rodean.

Al sin niimero de dificultades que k esta clase de estudios
opone la escasez 6 imperfecci6n en los datos, de que vengo
haciendo ligera menci6n, afi&dense otras no menos numero-
sas y transcendentales dependientes de causas puramente lo-
cales, con respecto k las cuales, cuantos se ban ocupado de
relaciones geol6gicas, botanicas, zool6gicas, etc., de este ar-
chipi^lago, banse visto precisados k consignar en las prime-
ras piginas de sus respectivos trabajos los grandes obstdcu-
los con que en este pais se tropieza en las exploraciones e
investigaciones cientificas, declarando uninimes que k esa,
mas que k ninguna otra causa, deben atribuirse gran parte
de los errores, deficiencias 6 inexactitudes que no es de extra-
uar se observen con frecuencia cuando de Filipinas se trata.
Y si esa causa acrecienta tanto las dificultades, aun en traba-
jo*^ concretos, limitados k una sola clase de fenomenos k veces
en perimetro muy reducido, ^cuinto no las aumentari en
6ste, que comprende fen6menos tan heterog^neos y abraza,
no solo el arcbipi^lago todo, sino las tierras que le rodean y
las relaciones que entre 6stas y aquel ban existido y existen,
utilizando para ello ilnicamente los materiales que suminis-
tra el mks limitado de los grupos zool6gicos?

El plan que he de seguir en este ligero bosquejo, queda
trazado en la forma siguiente:

Principiar6 por hacer algunas indicaciones generales sobre
el conjunto de la fauna niammal6gica filipina, poniendo de
manifiesto los mks notables fen6menos que la colectividad 6
s61o algunas especies presentan: luego, en unas considera-
ciones particulares sobre los mamiferos, expondr6 mijuicio
sobre las diversas especies admitidas como de este pais y su
respectiva correspondencia, cuando es posible la identifica-
ci6n. Delinear6 despu^s los mka importantes rasgos que carac-
terizan esta pequefia fauna: seguiri una ligera exposici6n
relativa k la procedencia de las especies y k las causas que, k
mi juicio, deben haber determiuado los rasgos caracteristicos
del conjunto; en seguida aducir6 algunas pruebas de las per-
turbaciones sufridas por el suelo, que indudablemente deben

▲IfALBB DB HIST. NAT.- XXVII. 7



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96 AI^ALfiS DE HTSTORTA NATURAL. («)

haber influido mucho sobre las form as progenitoras de que
derivan las actuales, y sus transformacLones respectivas. Ter-
rainar6 con el cat&log'o de las especies designadas del archi-
pi^lago, acompanando k cada una de las indicaciones pre-
cisas que he podido reunir sobre su distribucion g-eogr^fica, y
finalmente dar6 una clave que patentice de un solo golpe de
vista todas las particularidades de esa distribuci6n.



II.



CONSIDERACIONES GENERALES SOBRE LOS MAMIFEROS
DE FILIPINAS.

Aun contando con todos los elementos de que se puede dis-
poner en Manila (1), no me habria sido posible hacer un catA-
logo descriptivo de los pocos mamlferos que habitan este ar-
chipi61ago; porque ni est&n representadas en las colecciones
de los museos todas las especies, ni existen en ellas indivi-
duos en numero suficiente para apreciar las variaciones que
en las distintas localidades afectan k cada forma, ni ejempla-
res que, convenientemente ideutificados, sirviesen como tipos
de comparaci6n, ni obras descriptivas, generales 6 especiales,
ni ninguno, en fin, de los medios indispensables para inten-
tar estudios comparativos de cualquier clase que sean, Y, sin
embargo, semejante catdlogo serla, sin duda alguna, la base
fundamental 6 punto de partida del trabajo que acabo de
plantear; porque s61o asi se pondrian de manifiesto, no sola-
mente los caracteres propios de cada especie, sino tambi^n el
mayor niimero posible de detalles relacionados con los dife-
rentes modos de variaci6n que las del archipi^lago presentan,
comparadas con las formas consideradas como tipos; porque
por ese medio podrian apreciarse k la vez y de manera mis
perfecta las analogias y diferencias de unas respecto de las
otras, y el sentido en que se hayan establecido las desviacio-



U) Me complazco en manifestar mi gratitud, tanto hacia los PP. de la Orden Do-
minicana, como 6, los de la Companla de Jesiis, que ban puesto & mi disposicidn el
material de todas clases existen te en sus respectivos museos, que ouentan con muy
valiosas colecciones.



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(7) S&nchet.— LOS MAMlPEltOS DE FILIPINAS. 69

nes de las primitivas formas para llegar k constituir las pecu-
liares de estas islas.

El conocimiento exacto de esas variaciones seria importan-
tisimo; porque todo induce k creer que los escasos mamlferos
filipinos no son mks que restos de una gran fauna, empobre-
cida aqui tal vez por la acci6n de profundas perturbaciones
de que estas tierras ban sido asiento durante losiiltimos tiem-
pos ^[^^016^1008, conservada m&s completa, 6 casi Integra en
paises no lejanos cuyas relaciones de continuidad con el nues-
tro no seria diflcil demostrar. Por consiguiente, la direcci6n,
extensi6n y valor relativo de esas variaciones son otros tan-
tos factores que conducirlan k la determinaci6n, no s61o de
las formas priraitivas de que nuestras especies derivan, sino
de la epoca aproximada en que, con la separaci6n y aisla-
miento de los individuos, se iniciaron las diferencias produ-
cidas por una primera adaptacion.

De mucho tiempo aca se ha notado la pobreza de mamlfe-
ros, que forma uno de los caracteres mAs f&cilmente recono-
cibles de la fauna filipina; pobreza que contrasta notable-
mente con la profusi6n de los otros grupos organicos, y k
cuyo car&cter no parece haberse atribuido hasta ahora la ver-
dadera importancia que tiene, sin duda por haberlo creldo
linicamente debido k la condici6n insular de las tierras y k
su pequefla extensi6n superficial. Al mismo tiempo, se ob-
serva con no menos facilidad la gran semejanza de sus ma-
mlferos con los que habitan las extensas islas de la Sonda
y hasta una parte importante del continente asi&tico, si bien
en estas regiones, los mamiferos, como los otros grupos zoo-
16gicos, son sumamente numerosos, hasta el punto de cons-
tituir una fauna propia, qnizk la mis rica del mundo. ^C6mo
interpretar ese contraste, esa especie de anomalia que repre-
senta el que solamente la clase superior de los animales sea
pobre en las Filipinas, y que esa pobreza no se extienda, en
apariencia al menos, k los paises pr6ximos tan semejantes k
alias en casi todos los demfis caracteres?

Indudablemente deben haber existido otras causas distintas
de la condici6n insular, capaces de producir la pobreza de
nuestra fauna mastolcigica y que, si han influldo sobre las
tierras que rodean k este archipi^lago, han debido hacerlo con
mucha menos intensidad.



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100 ANALES DE HISTOBIA NATUtlAL. (8)

A la Paleontologla es h la que m&s directamente corresponde
la soluci6n de esos problemas: el conocimiento de las formas
extinguidas y sus relaciones con las actuales indicarlan m&s
claramente los lazos de continuidad 6 discontinuidad que
hayan existido entre unas y otras tierras, asi como la 6poca y
tal vez las causas de la extinci6n.

Desde este punto de vista considerados los animales, ningiin
grupo es tan interesante como el de los mamiferos. De organi-
zaci6n m&s compleja , su vida exige mayor niimero y diversi-
dad de necesidades: el equilibrio se rompe con facilidad cuando
cambian las condiciones en que viven , y de aqui el que para
ellos sean insoportables 6 muy transcendentales cambios de
condiciones en el medio ambiente que para la mayor parte de
los otros seres quiz& pasan inadvertidos 6 no representan mfis
que ligeros accidentes sin importancia. Privados en general de
otros medios de traslaci6n que la locomoci6n terrestre, y pro-
fundamente afectados por los cambios climatologicos, sus emi-
graciones son siempre dificiles por los obst&culos que tienen
que veneer y peligrosas por la lucha que ban de sostener con-
tra las variaciones del medio, vi^ndose casi siempre obliga-
dos k soportar todas las perturbaciones, sin otro recurso que la
adaptaci6n mis 6 menos ripida y completa k las nuevas con-
diciones, 6 la extinci6n total si la lucha resulta insostenible.
Asi es que cualquier cambio sobrevenido en la localidad en
que habitan influye sobre ellos con poderosa energia, y frecuen-
temente sucede que las formas desaparecen con las genera-
ciones, unas veces por extinci6n, y mis comunmente por
desviaci6n 6 diferenciaci6n mis 6 menos radical de los primi-
tivos tipos.

El inmortal G. Cuvier, alfundar la ciencia de los seres extin-
guidos, reconoce esa superioridad de los mamiferos sobre todos
los otros seres, y en el prologo de su obra monumental, en el
Discurso sobre las revoluciones de la superficie del Globo (1),
demuestra esa preponderancia que supera mucho aun k los
moluscos, cuyos restos tienen, sin embargo, un valor grandi-
simo en el estudio de la sucesi6n de las faunas en los diversos
perlodos de la vida animal. Los ge61ogosy paleont61ogos est&n



(1) Qborobs Cutibb: Discountur let revolutions de la surface du Olobe et sur les
ehangements gu*elles oniproduits dans le rigne animal^ 8« M. Paris, 1840.



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(9) Synches. — los mamtfbros de filipinas. loi

perfectamente de acuerdo respecto & ese importante asunto:
bisteme, para ser breve, citar ilnicamente el testimonio del
c6lebre ge61ogo Lyell, que con una claridad y concisi6n envi-
diables, confirma ese mismo modo de ver... «E1 estudio de estas
»asociaciones de f68iles — dice el sabio g'e61og'o — demuestra
»que, cuando nos remontamos k la sucesi6n de los tiempos, la
»fauna mastol6gica diverge m&s r&pidamente que la fauna
»testAcea...» (1).

Desgraciadamente, en lo que & las Filipinas se refiere, ni
aun esa inagotable fuente de conocimientos hist6rico-natura-
les puede prestarnos, por ahora al menos, su valioso auxilio:
la Paleontologla no ha nacido ni nacerii quizi en mucho tiem-
po para este pais en que todo parece conjurarse contra el pro-
greso y adelanto cientifico.

H6 aqui por qu6 aun cuando en este trabajo he de tratar de
grandes perturbaciones del suelo, de antiguas y modernas
relaciones de estas islas con otras porciones de tierra de que
hoy estin completamente separadas, me ver6 precisado k
comparar tan s61o especies vivientes, tan to de nuestras islas,
como de los paises que las rodean. Mas, por fortuna, las revo-
luciones de que estas tierras han sido asiento y que m&s direc-
tamente han debido influir sobre la fauna actual, parecen
haberse cumplido en 6poca bastante moderna para que las
formas que pudieran haber desaparecido del archipi61ago se
conserven, m&s 6 menos puras, en esas otras tierras con que
parece haber estado en comunicaci6n directa 6 inmediata en
un periodo durante el cual debieron desarroUarse los tipos
que, mAs 6 menos modificados, constituyen las formas vivien-
tes de una y otra region.

Cualquiera que fuese el punto de vista desde el que hubie-
sen de considerarse las especies, importaba, ante todo, re-
unirlas en iin catilogo, aunque no fuese m6s que nominativo,
lo mSs completo posible. Mas como ha de haber necesidad de
conocer la relaci6n cuantitativa y hasta cualitativa, si cabe la
expresi6n , de las que habitan las distintas islas 6 grupos de
islas de ntiestro archipi61ago, y las que 6ste guarda con los
paises que le rodean, se hace preciso que k cada especie



(1) Ltsll: Man. de G4oh 4Um. , tomo i, 6.* eclici6n, 1863, pdig . 265.



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102 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (lOj

acompafie el mayor niimero de indicaciones posible sobre su
distribuci6n particular.

En lo que al catAlogo se refiere, abrigo la esperanza de
haber podido reunir todas 6 casi todas las especies hasta ahora
designadas como habitando las Filipinas; y aun cuando es casi
seguro que faltan algunas por descubrir, particularmente en
las islas del Sur, en Mindoro y otras poco exploradas todavia,
no cabe duda de que su niimero ha de ser muy reducido en
comparaci6n de las conocidas, y, por tanto, la lista de estas
es suficiente para dar idea muy aproximada, si no exacta, del
conjunto, y, sobre todo, para poder fijar los rasgos caracteris-
ticos del grupo.

En lo que hace relaci6n & la distribuci6n geogrifica de las
distintas formas, los datos consignados en lasobrasde que me
he auxiliado son escaslsimos, sobre todo, en lo que concierne
al archipi^lago. Si se exceptiian los estudios m6s 6 menos
completos sobre las diversas razas humanas que le habitan, en
algunos de los cuales se ha procurado fijar los llmites del
territorio en que cada una vive, datos que no nos reportan
utilidad alguna, puesto que del hombre no hemos de ocupar-
nos ahora, en la mayor parte de los demds trabajos sobre los
mamiferos, muy pocas veces se han fijado las localidades de
donde proceden los diversos ejemplares que han servido para
determinar las especies. Por regla general los datos de locali-
dad que acompafian k las especies de mamiferos filipinos en
las obras en que se consignan , se reducen a indicar su pre-
sencia en el archipi61ago, y solo en algunas de la mfts moder-
nas se fija la isla 6 islas de que proceden los individuos.

Esta lamentable falta de precisi6n en datos tan importantes
para los estudios comparativos de Historia Natural, ha depen-
dido en gran manera, k mi modo de ver, por una parte, de la
creencia, muy generalizada por cierto, en una distribuci6n
mis regular y uniforme de las especies por todo el archipi6-
lago de lo que en realidad sucede; y , en segundo t^rmino, de
la escasez de las formas que representan cada tipo , circuns-
tancia esta liltima que bien puede haber conducido k aquella
creencia, porque parece 16gico suponer que, siendo tan esca-
sos los representantes de la clase y tan reducido el territorio,
estuvieran uniforme 6 casi uniformemente esparcido en 61.
Pero cuando se exploran con algiin cuidado los distintos gru-



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(11) Sdnchei.— LOS mamIferos de filipinas. los

po6 de islas que forman el archipi^lago, 6 se comparan las
especies que proceden de cada uno de ellos, se descubre una
serie de fen6menos h cual mas interesantes, que revelan gran-
des diferencias entre los representantes de cada una de esas
agrupaciones.

Desde lueg-o llama la ater\ci6n que alg^unas especies vivan
confinadas en un pequefio grupo de islas cercanas, mAs allA
de las cuales no se extienden en el archipi61ago: otras se pre-
sentan solamente en dos islas m6s 6 menos distantes entre si,
6 en un pequeiio grupo y al^una isla lejana sin hacerlo en
las intermedias; algfunas, en tin, viven como recluldas en
una sola isla, k veces muy pequena y sumamente pr6xima k
otras mucho mks extensas, k las que, sin embargo, la especie
no se extiende. Estos hechos son tan conocidos que con fre-
cuencia toman las especies, hasta por el vulgo, el sobrenombre
de la isla 6 islas en que habitan. Asi sucede con el tamdrao de
Mindorb, e\ j)Ua7tdoc de Balabac, el Mo (Manis) de las Cala-
mianes, elpnerco-espi/i, el maiitnron (Arctictis), el pantol (My-
daus), la ardilla toladora de la Paragua, el gato-tigre de la
Paragua 6 de Negros, el cagnang (Galeopithecus) de Bohol y
Samar y otros anftlogos cuya enuraeraci6n seria larga.

Es verdad que algunas veces las especies se extienden mAs
de lo que esos jaombres 6 frases indican ; pero siempre resulta
que sus Areas son comparativamente reducidas en el archi-
pi^lago.

Esos fen6menos son, sin embargo, de indole distinta y me-
recen fijar la atenci6n de muy diversas maneras: el Mydaus
(pantot), por ejemplo, no vive m&s que en lasCalamianes, Pa-
ragua y Balabac; pero es especie peculiar del archipi^lago, y
por tanto, aunque esa limitaci6n sea notabilisima desde el
punto de vista de la extensi6n comparada de las ireas de dis-
per8i6n de las especies, de que constituye un minimum^ puede
incluirse muy bien en la categorla de lo que se llama especia-
lizaci6n de las faunas locales, feu6meno bien conocido y de
que constantemente se saca partido para caracterizar cada re-
gi6n; si bien la especie k que aludo no puede considerarse
como caracterizando todo el territoriofilipino,sino unapeque-
fia porci6n de 61, y en este sentido su importancia aumenta
considerablemente.

Otras varias especies se encuentran en an&logas condiciones.



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104 ANALES DE HISTORIA NATURAL. 0^)

Mas no es s61o en las especies peculiares donde se observa
tan interesante como curiosa liniitaci6n , si bien el fen6meno
tiene significaci6n y valor muy diferente. El Afanis javanica,
por ejemplo, ociupa en este archipi^lago las mismas localida-
des*que el Mydaiis de que acabo de hacer menci6n (Calamia-
nes, Paragua y Balabac); pero aquella especie se extiende por
un Area sumamente extensa que abraza, no s61o las islas de
la Sonda, sino una gran porci6n del continente asi&tico. Y
m&s notable quiz& es lo que se observa en el pilandoc (Tragu-
lus), cuya distribuci6n en nuestras islas se reduce exclusi-
vamente k la pequena isla de Balabac, sin que se extienda ni
aun k la Paragua, 4 pesar de la insignificancia aparente del
canal que las separa: y sin embargo, la especie se esparce
hasta Borneo, si no es que tambi^n se halla en sus vecinas de
la Sonda.

Aunque no con Areas tan excesivamente reducidas como en
el pilandoc, obs6rvanse fen6menos anilogos en otras varias
especies, entre las que pueden citarse como no menos intere-
santes el Arctutis binturong, el Feli^ mhiuta, etc.

Y no es solamente en lo que hace referencia k la distribucion
geogr&fica y amplitud relativa de las Areas donde se observan
esas tan notables partlcularidades; fen6menos de naturaleza
muy distinta, pero igualraente dignos de particular conside-
raci6n , sorprenden al naturalista cuando revisa diferentes ca-
t&logos de mamiferos filipinos.

^No es verdaderamente extrafio que en Mindoro y s61o en
Mindoro habite una especie, de gran tamafio por cierto, que
se ha considerado id^ntica al Anoa depressicomis de Celebes?
^,No lo es tambi6n que en Jol6 se encuentre un ciervo que se
ha identificado con el Axis maculatm de la India? /,No llama la
atenci6n sobremanera el que al pretender fijar las localidades
en que habita, dentro del archipi61ago, el Cynopithectis 7iiger,
tantas veces citado como habitando en 61, se susciten siempre
dudas y dificultades insuperables hasta el punto de no poder
indicarle con seguridad ni de una sola de nuestras islas?

Hechos como estos no pueden pasar inadvertidos k quien se
haya ocupado, siquiera haya sido muy A la ligera, en el estu-
dio de las especies filipinas, y demuestran por si solos hasta
qu6 punto es necesario estudiar con detenimiento, no s61o los
mamiferos, sino los dem&s grupos orgAnicos, para rectificar



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(18) Sdnchei.— LOS MAMfFEROS DE FILIPINAS. 105

muchas veces y ampliar otras los actuates conocimientos.
gC6mo no ha de sorprender ver citadas repetidas veces como
de Filipinas esas especies, cuando ni el Anoa, ni el Axis, ni el
Cynopit/iecus habiUin e\ archipi61ag-o? Por lo menos se puede
afirmar con seguridad que el tamarao de Mindoro no es Anoa
y que los ciervos dp Jol6 no son Axis mamJatus. En cuanto al
Cynopithecmniger, ciertamente no me cabe duda de que & esa
especie pertenecen los ejemplares que en Filipinas se han cla-
sificado asl; pero lo que si me permito dudar es que semejante
especie habite naturalmente nuestro archipi^lago. A mi juicio,
todos los individuos han sido y son importados en cautividad.
Mas sobre este importante punto he de insistir mis adelante.

Seiialar^, por liltimo, otro fen6meno que seguramente tiene
tanta importancia como el que mis de los que dejo enumera-
dos. En nuestras islas del Sudoeste (Paragua y Balabac) no
existen los ciervos, hecho tanto mis digno de notar cuanto que
6ste es seguramente el grupo mis general y uiformemente
esparcido .^or todo el archipi^lago, sin que desde este punto
de vista le aventajen mis que los Macaciis y los S2iidos, Esta
circunstancia, que puede constituir por si sola una especializa-
ci6n suficiente de esa regi6n, parece, sin embargo, poco co-
nocida, si bien no es de extrafiar que asl suceda, porque los
caracteres negativos, particularmente los de la indole del que
senalamos, son i veces diflciles de apreciar.

Aun cuando en otro lugar he de ocuparme en esta cuesti6n,
s6ame permitido adelantar aqul la idea de que 6ste es uno de
los problemas, i mi modo de ver, sin soluci6n satisfactoria en
el estado actual de nuestros conocimientos.

Si los hechos que acabo de consignar, i los que podriaagre-
gar otros muchos de naturaleza muy diversa, se refiriesen i
un grupo rico y numeroso, quizi parecerian menos impor-
tantes; pero tratindose de una fauna en que la escasez de
formas ha sido y es, i no dudarlo, uno de los caracteres que
mis han llamado con justo motivo la atenci6n, esos fen6me-
nos se hacen verdaderamente sorprendentes, porque de una
li otra manera atectan i todas 6 casi todas las especies.

Mis que una sola fauna, la raastol6gica filipina, parece
como formada de un niimero considerable de fiunulas extre-
madamente pequeiias, pero independientes, 6 de fragmentos
de una gran fauna que hubiese sido dividida y subdividida,



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lOe ANALES DE HISTORIA NATURAL. (H)

desapareciendo muchos de sus elementos y conservindose los
otros separados en las diversas islas 6 grupos de islas que
constituyen el archipi61ago Parece como que, k consecuen-
cia de un gran cataclismo 6 de larga serie de trastomos que
dieran por resultado uu fraccionamiento general de las tie-
rras, la fauna mastol6gica , en otro tiempo variada y m6s
uniformemente distribulda que ahora, hubiese sido quebran-
tada y casi destrulda, quedando linicamente, como elementos
esparcidos y aislados, escasos restos de su pasada opulencia.

Cierto que la lista de los mamlferos que habitan el archi-
pi61ago se encuentra considerablemente aumentada en com -
paraci6n de las que hasta hace poco tiempo se conoclan; cierto
que probablemente habri de enriquecerse algo mks a expen-
sas de especies que falten por descubrir; cierto igualment^
que quizi algunas de las hoy consideradas como peculiares
de determinadas islas 6 de ciertas regiones se encuentren en
otras m4s 6 menos cercanas; pero k pesar de todo, el car&cter
de pobreza que le es propio, no desapareceri, ni defeaparecerA
tampoco la importancia de esos tan notables fen6menos que
se observan en su distribuci6n geogrifica; porque desde luego
podemos suponer que las especies que se descubran en lo su-
cesivo, sobre ser pocas en niimero no ban de ser en manera
alguna de Indole tal que puedan hacer cambiar los caracteres
generales del conjunto, ni sus rasgos caracteristicos. Por otra
parte, las Filipinas son recorridas hoy en todas direcciones
por naturalistas, colectores y aficionados, y las relaciones que
existen entre las diversas islas son tan frecuentes, que segu-
ramente han de ser pocas las formas de mamiferos, sobre
todo de algiin tamafio, que falten por conocer.

Las especies hasta ahora indicadas como habitando este ar-
chipi61ago, 6 mejor dicho, las de que poseo noticias y datos
mis seguros, que forman el cat&logo adjunto, constituyen un
total de 85 li 86.

Entre ellas no figuran las que han sido introducidas y viven
en domesticidad 6 cautividad; y las he excluldo, porque sobre
no ofrecer, en mi concepto, ningiin interns para el principal
objeto de este trabajo, quiz& originasen alguna confusi6n.
Figura, sin embargo, el biifalo comiin, porque, si bien soy de
parecer que es especie introducida en domesticidad, no faltan



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